ESCUCHEMOS… SOLAMENTE ESCUCHEMOS

En el fragor de nuestra vida estamos inundados por toda clase de ruidos, de palabras, de sonidos, de voces confusas, que nos llevan a una especia de aturdimiento y distracción.

Con ese fragor nos volvemos insensibles a las palabras que deberíamos escuchar y de tanto escuchar lo que no debemos, nos convertimos en nuestros propios oidores.

No hay palabra más importante que la nuestra, nos agrada escuchar voz porque la mayoría de las veces solamente nos dice lo que nos gusta oír, sin reprensiones y siempre justificándonos.

Así vivimos días tras días, alejándonos por completo de las enseñanzas que recibimos, de las palabras sabias que en algún momento nos fueron  dadas como mensaje.

La dimensión espiritual comienza a carecer de sentido, porque solamente nos rodeamos del ruido que ahoga el silencio y que ensombrece nuestro entendimiento.

No dejamos ninguna oportunidad para escuchar al Dios que nos rescató, al Dios que por misericordia nos llamó a su lado, al Dios que siempre tiene memoria de nuestro nombre.

Debemos dar un paso de firmeza para abandonar esta forma de vivir. Escuchar la Palabra de Dios cada día es lo más importante que debemos hacer para que nuestras vidas sean transformadas y llenas del Espíritu, porque para eso fuimos creados.

Proverbios 1:33

Diego Acosta García

SEAMOS ÁGUILAS

Es curioso cuando de tanto mirar nuestros propios problemas, nuestras circunstancias, de tanto centrarnos en lo que llamamos nuestra realidad, comenzamos a caminar mirando hacia abajo.

Dejamos de tener la perspectiva del horizonte y en cambio dirigimos nuestros ojos hacia abajo, y obrando de esta manera inevitablemente nos sentiremos agobiados, cansados.

Y por qué ocurre esto? Porque al convertirnos en el centro de toda nuestra atención, dejamos de percibir lo que ocurre a nuestro alrededor y solamente permitimos que lleguen hasta nosotros las señales de alarma o de preocupación.

No somos capaces de advertir que así como es verdad que existen problemas, situaciones muy graves, también hay bellos momentos que se nos pasan desapercibidos por nuestra egolatría.

Debemos abandonar esta actitud que se parece en mucho a la de las aves de corral, que solamente dan pequeños saltitos a pesar de que podrían utilizar sus alas para realizar aunque sea pequeños vuelos.

Dejemos de ser el centro de nuestro propio mundo, y seamos capaces de dirigir nuestra mirada hacia lo alto, para poder mirar a quienes nos rodean y comprobar cuánto nos necesitan.

Abramos las alas de nuestros pensamientos, de nuestra fe y aprendamos a volar como las águilas y entonces y solo entonces podremos ser diferentes, podremos comenzar a comprender lo que Dios tiene para nosotros.

Estamos a tiempo para advertir las grandes cosas que Dios nos quiere mostrar y que no podemos ver porque estamos centrados en nosotros mismos.

Isaías 40:31

Diego Acosta García

EL FALSO PROFETA (1)

Con insistencia casi obsesiva se menciona constantemente al anticristo, que se ha convertido en uno de los personajes más demandado por la atracción que ejercer particularmente entre los medios de comunicación y la mayoría de las personas del mundo.

Incluso esta atención también la ha conseguido entre quienes nos llamamos hijos de Dios, que entramos frecuentemente en debates o consideraciones relacionadas con este personaje y nos preguntamos: ¿si ha nacido cuántos años puede llegar a tener?.

La atención que ponemos en el anticristo se puede justificar en las personas del mundo a quienes podríamos llamar incrédulos. Pero no se explica que los creyentes no mencionemos  a personaje que tendremos entre nosotros cuando aparezca el anticristo.

No solo que aparecerá junto con el anticristo, sino que será el personaje que se encargará de preparar el camino de quién se convertirá en el gran enemigo de nuestro Salvador cuando se cumplan los tiempos que nos ha Revelado el Señor Jesús.

Inequívocamente el inspirador de Juan para la redacción del Libro del Apocalipsis, anuncia en el Capítulo XIII que luego de la aparición de la primera bestia que es el anticristo, aparecerá la segunda bestia pero en este caso desde la tierra y no del mar.

Esta segunda bestia es el falso profeta, que hablará como un dragón y que ejercerá toda la autoridad de la primera y hará que los habitantes de la tierra adoren al anticristo, cuya supuesta herida mortal será sanada.

Este falso profeta será precedido a su vez por otros muchos falsos profetas que tendrán la misión de engañar a muchos. Nos podríamos preguntar: ¿Estos falsos profetas ya están obrando entre los hombres del mundo?

La respuesta es categórica: por supuesto que sí. No solo en este tiempo sino en los pasados, porque siempre hubo hombres que eran portadores de engaños y siempre hubo hombres que insensatamente los escucharon con terribles consecuencias para ellos.

Y nos podemos preguntar: ¿Acaso no es un falso profeta el que predica que un hombre o una mujer se puede divorciar de su esposa o de su esposo si alguno se enferma gravemente? ¿No es ésta una falsa profecía? Estamos advertidos! ¡Es tiempo de velar!

Diego Acosta García

GUARDEMOS EL CORAZÓN

Un sabio maestro enseñaba acerca de la necesidad de guardar el corazón. Sus discípulos entonces le preguntaron si estaba hablando en sentido figurado.

El maestro les dijo que no, que estaba hablando en sentido literal acerca de la necesidad de guardar el corazón. Nuevamente le preguntaron acerca de lo que significaba su afirmación.

El maestro les explicó que se trataba de que debíamos de tener cuidado para que nada nos produjera rasguños que con el tiempo se pudieran convertir en graves heridas.

Por que debíamos de evitar esas heridas? Porque corremos el peligro que no solo sean graves sino que pueden terminar envenenando todo nuestro cuerpo y lo que es más grave, nuestro espíritu.

Los discípulos le preguntaron: como se podía envenenar el espíritu a partir de un simple rasguño? Acaso una herida superficial puede ser tan grave como para envenenarnos?

La cuestión es que un simple rasguño en realidad no es nada importante, pero lo grave es que sepamos entender que es solamente eso, un simple rasguño.

Si no somos capaces de comprender esta realidad lo convertiremos en un auténtico veneno que nos llevará rápidamente de la amargura al odio más profundo.

Por eso es necesario guardar el corazón para que nuestro amor a Dios no quede expuesto a nuestro resentimiento o a nuestra necesidad de venganza sin apelar a Su Justicia.

Mateo 6:1

Diego Acosta García

EL AFÁN

Tenemos tendencia a confundir el interés y la voluntad de trabajar con el afán, tal vez porque la diferencia entre unas actitudes y otra sea muy sutil casi imperceptible.

Es bueno que aprendamos a distinguir aquello que define nuestra capacidad de poner todo nuestro empeño en un fin determinado, a lo que significa el afán.

El afán por definición es entregarse a una actividad con todo interés, y también puede agregarse para ampliar el concepto cuando hacemos algo de manera excesiva y penosa.

Podríamos decir que el afán es confiar plenamente en nuestras fuerzas, en nuestra capacidad basándonos en el orgullo y la vanidad y en el desafío que hacemos a los demás por nuestros logros.

Pero que significa el afán espiritualmente? Desde luego que el afán por las razones expuestas no es bueno para nuestras vidas, porque nos aleja de los principios que Dios ha establecido.

En qué sentido nos aleja? Ponemos distancias con Dios cuando confiamos en nosotros mismos haciendo apología de la doctrina humanista y no aceptamos que Dios es el Señor de nuestras vidas.

Debemos recordar que Él siempre estará a nuestro lado, precisamente para que no nos afanemos en nuestros vanos esfuerzos y aprendamos a confiar en que Él es el proveedor en todos los sentidos.

Desterremos toda forma de afán y aprendamos a vivir cogidos de la mano del Señor.

Marcos 4:19

Diego Acosta García

LA SUAVE BRISA

En el tiempo en el que la tormenta de los problemas, las aflicciones y las pruebas se abaten sobre nuestras vidas es necesario recordar que siempre ese tiempo pasa.

Es preciso que comprendamos que el ciclo de la tormenta se completa con el tiempo del sosiego, de la calma, que solo apreciamos luego de haber sido sacudidos  casi hasta el límite de nuestras fuerzas.

Ese momento que sigue a la violencia de la tormenta en el que se debe inundar de fe y esperanza nuestra conciencia, con la suave brisa del Espíritu Santo obrando con benignidad hasta lo más profundo de nuestro interior.

La promesa de la obra del Espíritu nos fue dada por el Señor Jesús para que nos acompañe todos los días de nuestra vida, hasta nuestro último aliento que nos sea dado.

Esa suave brisa del Espíritu nos dará las fuerzas para que cuando nuevas tormentas lleguen para agitar nuestras vidas, sepamos que no estamos solos y que siempre estará a nuestro lado.

Disfrutemos de la suave brisa del Espíritu porque es el bálsamo que calmará nuestro interior y que nos hará reflexionar de la importancia que guardemos nuestro cuerpo porque debe ser el Templo santificado para recibirlo.

Demos gracias por la suave brisa del Espíritu porque es la Gracia de Dios en cada día de nuestra vida.

Isaías 57:15

Diego Acosta García

DESPUES DE ORAR…OREMOS

Cada vez que levantamos una oración estamos honrando a quién nos ha Creado, lo estamos alabando y lo estamos bendiciendo porque Él es el Señor.

Podemos orar por muchas causas, la mayoría de ellas por situaciones personales afligentes, por necesidades concretas y también por la incertidumbre que tenemos frente a determinados hechos que se proyectan hacia el futuro.

Podemos orar por nuestros hermanos, por nuestros pastores, por nuestra Iglesia y por todos los hermanos y por todos los pastores y por todas las Iglesias.

Podemos orar por las amenazas que se ciernen sobre la libertad de culto en muchos países y por dura represión que hay en otros países contra los que no profesan la fe mayoritaria.

Podemos orar por los enfermos, por quienes están atribulados, por quienes están dominados por las drogas, por las ataduras de los vicios, por las ataduras espirituales que les impiden ver la Verdad.

Podemos orar por el Reino, por su extensión, para que cada día más la Palabra llegue a más personas y a más lugares lejanos, hasta los confines de la tierra cumpliendo la Gran Comisión.

Y cuando hayamos orado por todas estas cuestiones, perseveremos y sigamos orando, para que nuestro clamor realizado en la intimidad de nuestro espacio o en el silencio de nuestro espíritu, llegue al Dios Padre. Le recordemos en oración cuánto le agradecemos porque nos ame.

Jeremías 29:12

Diego Acosta García

NO JUZGUEMOS

Uno de los hábitos más peligrosos que tenemos los seres humanos es nuestra capacidad para juzgar absolutamente todo lo que hacen todos los demás.

Nuestro juicio no se detiene ante nada ni ante nadie, porque nuestra vocación para enjuiciar es más poderosa de lo que nosotros mismos nos imaginamos.

Sería muy importante para nuestra vida espiritual tratar de encontrar la razón profunda por la que juzgamos, porque de esta manera comenzaremos a andar el camino que nos llevará a liberarnos de esta pesada carga.

Juzgamos porque  nos sentimos superiores? Juzgamos porque nos sentimos inferiores? Juzgamos porque estamos dominador por un espíritu de juicio que no nos abandona?

Cualquiera sean las respuestas que nos podamos dar, las pongamos delante del Espíritu para que nos guíe, nos aconseje, nos enseñe y nos muestre el camino del arrepentimiento para luego ser perdonados.

Pensemos cuánto daño podemos haber causado con nuestros juicios, acertados o no, pero fuera de todo ámbito espiritual, porque no hemos sido mandados a juzgar.

Hemos sido mandados a ayudar a nuestros hermanos en dificultades,a nuestros hermanos que pueden estar cometiendo errores pequeños o importantes, pero siempre merecedores de nuestra misericordia y no de nuestro juicio.

No juzguemos porque con el mismo rigor con que lo hagamos seremos juzgados. Tengamos misericordia y amor y no pensamientos de juicio.

Romanos 14:10

Diego Acosta García

ISRAEL: CUESTIÓN DE DIOS

Es notable como a lo largo de la historia siempre hubo hombres que trataron de dominar, sojuzgar e incluso de imaginaron que podían hacer desaparecer de la faz de la tierra al Pueblo de Dios. Y también es notable como los hombres nunca entendieron ni tampoco aceptaron que en estas circunstancias hay una inexorabilidad que no está al alcance de la voluntad humana.

Solamente Dios es quién toma determinaciones sobre su Pueblo. Por esta razón deberíamos los hombres de este tiempo aprender las lecciones del pasado y entender que  si no aceptamos esta realidad tampoco seremos capaces de valorarla en toda su magnitud.
Desde siempre hubo quienes intentaron hacer desaparecer a Israel, a su pueblo y a su memoria y desde siempre todos estos intentos fracasaron uno tras otro.

Por esta razón cuando se ha iniciado el trámite dereconocimiento del estado de Palestina debemos de tener presente, que nada pueden hacer los hombres ante las decisiones de Dios.
Cuando el Templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 desapareció el último símbolo de Israel y de su seña de entidad espiritual.

Han pasado más de 1.900 años y los historia de los hebreos es un largo y muchas veces penoso éxodo cuando no persecuciones y muertes.

Las Naciones Unidas deben hacer respetar primero el pleno derecho de uno de sus Estados miembros en contra de las continuas agresiones que sufre, ejerciendo por tanto el legítimo derecho a la defensa. Entonces y solo entonces podrán los hombres buscar una solución al estado palestino.

Desde 1.948 Israel ha debido enfrentarse a sus agresores en seis guerras ganadas ante enemigos notablemente más numerosos y con el férreo propósito de hacer desaparecer a los hebreos. Estas seis guerras demuestran que Dios cuida de su pueblo?

Las circunstancias nos acercan a los tiempos del Séptimo Milenio. Desde 1.948 luego de casi 1.900 años los judíos recuperaron su Estado, desde 1.967 recuperaron el pleno poder sobre la indivisa Jerusalén y desde la guerra de ese año también recuperaron parte de la Tierra Prometida.

Israel, es cuestión de Dios. Recordamos para propios y extraños la profecía formulada hace alrededor de 2.800 años: Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación.

Diego Acosta García

IMPORTAN LOS RESULTADOS?

Muchos nos preguntamos cuando veremos los pequeños verdes brotes de nuestra siembra, especialmente si esa siembra es espiritual y proclamando el Evangelio.

Estamos ansiosos por ver un día cuántos hombres y cuántas mujeres creyeron en el Salvador como consecuencia de nuestro esfuerzo, de nuestra perseverancia.

Y ese afán que puede ser legítimo, se transforma poco a poco en un desencadenante de una serie de emociones que finalmente nos podrían hacer dejar la tarea que emprendimos con tanto amor y dedicación.

Estamos preparados para no ver los frutos de nuestra siembra? Por qué necesitamos ver los frutos de nuestro trabajo? Es que buscamos la recompensa de los hombres?

Estas preguntas son necesarias para que nos respondamos con el máximo de sinceridad, sin pretender engañarnos con argumentos que pueden ser válidos para los demás, pero que son inválidos delante de Dios.

Un viejo evangelista declaró que en más de 30 años de predicar la Palabra nunca tuvo constancia de que siquiera una sola persona se hubiera convertido por haber recibido su mensaje. Pero él proclamaba que durante más de 30 años había sido fiel al mandato que Dios le había dado y que con eso le bastaba.

Este viejo evangelista no buscaba ni precisaba la honra que podemos dar los hombres. Él buscaba que fuera Dios quién lo honrara. Con este ejemplo pensemos en nosotros mismos y recordemos que es lo verdadero.

Juan 4:37

Diego Acosta García

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