SÉPTIMO MILENIO: MÁS CRISTIANOS ASESINADOS EN ÁFRICA


Poco tiempo después de los episodios de violencia en Nigeria con decenas de cristianos que perdieron la vida a mano de sus agresores, Kenia ocupa la actualidad sobre este dramático tema.
Kenia tiene alrededor de 30 millones de habitantes y cuatro etnias africanas, de las cuales alrededor del 70 por ciento son cristianos, el 20 pertenecen a las religiones tradicionales y en torno al 6 por ciento son musulmanes.
En la ciudad de Garissa al noroeste del país, mientras se realizaba el acto litúrgico fueron lanzadas dos granadas entre los 150 asistentes, que provocaron las previsibles escenas de pánico.
Los agresores continuaron entonces con su ataque, cuando tres o cuatro hombres armados con ametralladoras abrieron fuego sobre los hombres, mujeres y niños que asistían al culto.
La brutalidad de la acción se reflejó especialmente en tres niños que fueron asesinados de una manera tremenda, mientras sus padres y los demás feligreses eran obligados a ponerse contra las paredes de la iglesia.
Luego de más de 15 minutos de pánico el cobarde ataque dejó un saldo de más de 17 muertos y 60 heridos, en lo que constituye una escalada que hasta ahora parecía no haberse extendido hasta Kenia.
Se piensa que este ataque es respuesta al ingreso de efectivos del ejército de Kenia en territorio de Somalia, para castigar el secuestro de ciudadanos extranjeros, entre ellos dos españolas.
Las milicias musulmanas habían advertido que esta operación militar sería respondida y por esta razón se cree, que el ataque a la iglesia cristiana forma parte de esas amenazas.
Esta hipótesis se robustece porque otros militantes islamitas atacaron otra iglesia de la ciudad de Garissa, aunque sin causar víctimas. Hay quienes prefieren no hablar de guerra de religiones, pero los hechos son los que son.
Jesús advirtió que en los tiempos finales se acentuarían los ataques contra quienes fueran sus seguidores. Estamos pues en el inicio de esos tiempos finales?

Fuentes: ABC – España
Diego Acosta García

LA MURMURACIÓN


En una congregación un día cualquiera se comenzó a extender un rumor que tenía ciertos indicios de ser ciertos, pero que nadie corroboraba o desmentía.

El rumor con los días se transformó en murmuración y pronto eran muy pocos los que no se habían hecho eco de esa contagiosa enfermedad, tan peligrosa como cobarde.

Peligrosa porque afectaba la dignidad de algunas personas y cobarde porque nadie se atrevía a manifestar públicamente lo que se decía en secreto o a escondidas de los afectados.

Uno de los ancianos de la congregación decidió enfrentar la situación y lo hizo de la manera más sorprendente y eficaz, actuando con sabiduría y firmeza.

Contó en el estudio bíblico que en una oportunidad se había comentado que los miembros de la congregación, eran faltos de entendimiento y también faltos de sensatez.

Este comentario despertó la inmediata reacción de todos los presentes, que comenzamos a argumentar que la historia además de no ser cierta encerraba una acusación sin fundamentos.

El anciano lejos de aplacar los ánimos permitió que los razonamientos subieran de tono, hasta llegar el momento en el que se reclamó justicia por las acusaciones.

Entonces el anciano hizo mención a la murmuración que había en la congregación y preguntó si también  reclamábamos justicia para quienes habían acusado y ofendido a otros hermanos. Esa pregunta acabó con la murmuración!

2 Corintios 12:20
Diego Acosta García

EDUCAR

Una de las mayores responsabilidades que asumimos los padres es la de educar a nuestros hijos, sobre todo porque no estamos preparados para semejante tarea.

Todavía resulta más complicado para quienes somos creyentes, porque no podemos aplicar los supuestos métodos que adoptan quienes no lo son, por lo que debemos de avanzar por caminos diferentes.

Por mucho que nos cueste, es imposible eludir la gran tarea de formar a un niño, porque tampoco podemos trasladar esta altísima responsabilidad a sus maestros.

Entonces como educamos a nuestros hijos? Tal vez la primera respuesta que nos podamos dar, es que nada tiene más eficacia que nuestros comportamientos.

El ejemplo será para nuestros hijos el mayor elemento formativo, porque con su notable capacidad de observación advertirán rápidamente que vivimos según como hablamos.

Esa será nuestra base para formar a niños y niñas, en los principios bajo los cuales vivimos y bajo los cuales declaramos vivir y en esto debe haber una rigurosa armonía.

Nuestros hijos serán los hombres y mujeres del mañana y así como los formemos serán ellos formadores de sus hijos. No eludamos esta gran responsabilidad.

Pensemos que nuestros hechos serán los que refrenden ante los ojos de ellos, que nos llamamos hijos de Dios y nos comportamos cada día en esa condición.

Deuteronomio 4:9
Diego Acosta García

CIUDADANOS

 

Hace poco tiempo dos creyentes discutían con mucha vehemencia y de forma cada vez más acalorada, tanto que consiguieron llamar la atención de las personas que estábamos cercanos.

Al subir el tono de sus palabras y la acritud de sus gestos, decidimos intervenir, pero antes lo hizo una vieja maestra de la escuela bíblica, que primeramente hizo prevalecer sus años.

Les preguntó quienes discutían tan airadamente, cuál era el motivo de sus diferencias y ellos le contestaron casi a dúo, que discutían sobre temas relacionados con el futbol.

Entonces ella les preguntó: Discuten así sobre el futbol? Cuesta trabajo comprender que ese sea el verdadero motivo. Ellos ampliaron el concepto: Estamos discutiendo sobre las selecciones nacionales…de futbol.

Entonces no están hablando de futbol… están hablando de nacionalidades y esa es la verdadera causa de la discusión. Los dos hombres quedaron sorprendidos por esta afirmación.

Se miraron y finalmente terminaron aceptando que las diferencias que tenían, en el fondo estaban motivadas por la nacionalidad de cada uno, representada en este caso, por las selecciones de futbol de cada país.

Este reconocimiento motivó un cambio sustancial en la situación, provocando que la maestra les llamara a la reflexión a propósito de la nacionalidad.

Si ustedes se llaman hijos de Dios, son ciudadanos del Reino y por tanto deben considerar que el país donde nacieron no determina su verdadera identidad. Acaso es más importante ser ciudadano de un país que del Reino?

Lucas 11:2

Diego Acosta García

LA RECOMPENSA


Qué ocurriría si pudiéramos escuchar nuevamente el Sermón del Monte? Nos resultaría fácil o cómodo recibirlo o nos molestaría que lo tuviéramos que confrontar con nuestra realidad?

Pocas veces hacemos un ejercicio de realismo porque estamos limitados por nuestros afanes y porque tal vez porque podemos intuir que ese ejercicio, no nos resultará conveniente.

La realidad es problemática porque está basada en nuestras obras no en nuestros dichos, porque está basada en lo que se puede comprobar no en lo que es simplemente una forma de hablar.

Jesús vino a advertir a los hombres acerca de cómo estaban viviendo y a enseñar acerca de cómo deben vivir para formar parte del Reino de los Cielos o lo que es lo mismo, del Reino de Dios.

Entre la fatuidad de nuestros hechos y la humildad de nuestros dichos hay tanta contradicción, que difícilmente seríamos capaces de asumir que estamos obrando diferente de lo que predicó Jesús con su Sermón.

Cotejar nuestros mensajes con el Sermón es sumamente fácil. Cotejar nuestros hechos con el Sermón, nos puede llevar a enfrentarnos con una realidad muy difícil de justificar.

Jesús habló acerca de la recompensa que recibiremos en el Reino, no en la tierra. Jesús habló del Reino, no de las obras vanas que muchos de nosotros hacemos en la tierra…aspirando al reconocimiento personal.

Mateo 5:12
Diego Acosta García

AGRADAR


Es probable que la gran mayoría de nosotros vivamos pensando en lo que los demás opinan de nosotros, lo que genera una especial forma de vivir y de comportarnos.

Buscamos agradar para ser admitidos, para ser reconocidos, porque es un rasgo esencial de la condición humana el sabernos valorados por las demás personas.

En esa búsqueda invertimos muchos esfuerzos y afanosamente no solamente buscamos agradar sino que también intentamos ser como las otras personas querrían que fuéramos.

Curiosamente contra más nos esforzamos menos resultados logramos porque comienza a operarse en nuestro interior, un cambio realmente peligroso.

Podemos llegar a un estado en el que somos más como los demás suponemos que desearían, que como realmente somos y se nos plantean auténticos problemas de lo que podríamos llamar la identidad.

La búsqueda de agradar a los demás es un afán además de peligroso inútil, porque nunca conseguiremos nuestros objetivos así como tampoco nos mostraremos como realmente somos.
La verdadera raíz del problema es que el afán de agradar domina nuestros actos y nos olvidamos que somos seres únicos e incomparables y por tanto somos una joya de la Creación.
Agradar a los demás es completamente diferente de ser una referencia para los demás, que es lo que se nos demanda porque Dios tiene un propósito único e intransferible para cada uno de nosotros.

Efesios 6:6
Diego Acosta García

LOS CONSEJOS

La Palabra de Dios nos enseña por la activa y la pasiva acerca de la necesidad de pedir consejos para enfrentar situaciones o para tomas decisiones relevantes.

Esta enseñanza de que busquemos consejos es más que sabia, porque nos permitirá cotejar opiniones de personas en las que confiamos y también personas reconocidas por su prudencia.

Es evidente que recibir consejos nos permitirá aclarar nuestras dudas y también nos ayudará a formarnos una opinión sobre el tema que nos preocupa.

Con pedir consejos hemos acabado con la cuestión? Decididamente no, porque la Biblia nos enseña a que debemos escudriñar todo lo que leemos y todo lo que se nos dice.

Y por qué entonces pedimos consejos? Porque de ellos recibiremos sabiduría, pero de escudriñar y contrastar esos consejos, tendremos la certeza de que hemos adoptado la decisión correcta. 

Podríamos decir que todavía falta lo más importante: Saber si luego de haber escuchado los consejos y después de haberlos escudriñado, estamos obrando según la Voluntad Soberana del Señor.

Y para buscarla debemos poner nuestra decisión ante su presencia, clamando para que nos indique su Voluntad y obrar entonces en consecuencia, sabiendo que estamos haciendo lo correcto.

En la hora de las decisiones es bueno buscar consejos, pero siempre será lo más importante saber lo que Dios quiere de nosotros y hacer lo que Él quiere que hagamos.

Isaías 25:1
Diego Acosta García

SÉPTIMO MILENIO: HACEDORES DE MALDAD


Hace unos pocos años fuimos reprendidos con un cierto rigor por haber manifestado que afrontábamos la penúltima crisis económica. En realidad estábamos tan convencidos como lo estamos ahora, que no estábamos frente al último problema creado por la economía, por lo que en ese momento le pregunté a mí superior, si el error fue haber dicho penúltima, en lugar de antepenúltima. No estoy fomentando las malas maneras y mucho menos la falta de respeto hacia un superior, solamente estamos reflejando un hecho que lamentablemente confirma que a pesar de los tres o cuatro años transcurridos sigue teniendo vigencia la respuesta.
Quizás haya que hacer una reflexión acerca de la naturaleza de las crisis para demostrar que aunque parezcan relativamente iguales, son cada vez más diferentes. Por mencionar la más importante de todas, la del crac del 29 ocurrida el siglo pasado en los Estados Unidos se solucionó con la entrada en la guerra del país frente al eje Alemania-Japón. Bastó esa intervención que sumada a los aportes realizados a Europa para su reconstrucción, para que Estados Unidos no solamente superara la crisis económica sino que se convirtiera en la primera potencia mundial en todos los órdenes.
Luego vinieron otras crisis provocadas por la carestía del petróleo y finalmente las que se registraron en la primera decena de años del tercer milenio. Una de las agencias de calificación otorgó la triple AAA, la mejor posible, sobre su estado económico a Lehmann Brothers, que quebraría al día siguiente arrastrando a las bolsas y a los bancos a una crisis de proporciones globales. Cuando nos parecía que nos estábamos reponiendo del impacto resulta que ahora nos enfrentamos a la debilidad de las economías de los países que forman parte de la Unión Europea, principalmente.
Estas reflexiones sobre las crisis no apuntan a explicarlos teóricamente, pero si intentan demostrar que a lo largo de los tiempos siempre hubo y los habrá, los hombres hacedores del mal. Hombres que están perfectamente caracterizados por unas pocas palabras: necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.
Son necios, porque solo responden a las normas dictadas por su avaricia por las riquezas.
Son desleales, porque no tienen dudas de arruinar a quienes son sus connacionales.
Son sin afecto natural, porque condenan a sus propios países con sus maniobras especulatorias.
Son implacables porque sus objetivos originados en la avaricia no tienen ninguna clase de condicionantes ni de límites.
Son sin misericordia, porque con sus acciones han llevado a la ruina física y personal a millones de personas, han creados caos económico, quiebras y pérdidas de lugares de trabajo. E incluso han causado la muerte de personas que se quitaron la vida a causa de no soportar los acontecimientos que vivían.
Seguramente muchos pensarán en los especuladores, en aquellos que obran en los límites de las leyes, con la complicidad por omisión de los funcionarios que deberían controlarlos y por la manifiesta ineficacia de los gobiernos que deberían perseguirlos.
¿Quedarán impunes los especuladores y sus seguidores?
No, porque quienes practique tales cosas son dignos de condenación.
¿Lo decimos nosotros? No. Lo afirma la Palabra de Dios. Siempre debemos recordar que nadie por poderoso que sea o por poderoso que se sienta eludirá el Juicio de Dios.

2:Pedro 2:32
Diego Acosta García

LA TECNO IGLESIA

Alguna vez nos imaginamos a Jesús en el Sermón del Monte? Alguna vez pensamos en ese prodigioso momento en el que transmitía su mensaje a miles de personas?

Es probable que nos podamos dar una idea de cómo fue posible que se concretara ese tiempo en el que el Autor de nuestra fe, expusiera los fundamentos del Reino.

Tal vez en lo que no hayamos reparado es que ese mensaje histórico para los hombres, fue dado sin la intervención de ninguna tecnología, sin la ayuda de toda la parafernalia de nuestros tiempos.

Por esta razón debemos reflexionar acerca de lo que está ocurriendo en nuestros días, cuando podemos ver en las iglesias más y más elementos técnicos.

El mundo del sonido y de las imágenes, de los más modernos y eficaces métodos de difusión, están puestos al servicio de quienes buscan impactar a las congregaciones.

Es esto bueno o malo? Bueno si se actúa con mesura, malo si caemos en el efectismo. Mucho nos tememos que lo que sería una buena utilización de los recursos tecnológicos, se está convirtiendo en un auténtico objetivo.

La prudencia debe regir todos nuestros actos. No nos oponemos a la tecnología, pero si declaramos que sea utilizada con sabiduría para que no se convierta en un fin en sí misma.

Proverbios 2:2
Diego Acosta García

CUANDO DEJAMOS DE APRENDER?


Pareciera que nuestra capacidad de aprendizaje tiene un límite, a partir del cual ya no es necesario que sigamos recibiendo más conocimientos porque los que tenemos nos bastan.

Ese es el momento en el que nuestra soberbia determina que ha llegado el momento de no comportarnos como alumnos, sino que debemos pasar a ser maestros.

Un paso tan arriesgado como poco conveniente, porque la Palabra de Dios nos enseña repetidamente que debemos estar prestos a seguir creciendo, sin importar nuestras circunstancias.

No importa que seamos importantes según nuestra opinión, ni relevantes según los cargos que ocupemos, siempre debemos de seguir creciendo, porque nunca estaremos en el nivel que se nos reclama.

Dejar de ser alumnos nos priva además, de los preciosos momentos en que la persona más inesperada, nos brinda un mensaje de sabiduría, de reflexión, de exhortación.

Dios utiliza los medios más variados y sorprendentes para hablarnos y cuando nos cerramos en nuestra postura de ser lo suficientemente conocedores, nos perdemos sus mensajes.

Es importante que reflexionemos sobre esta cuestión. No caigamos en la vanidosa postura de saberlo todo y seamos humildes para que nuestras vidas puedan enseñar a los demás.

Salmos 119:73
Diego Acosta García