A GRANDES LUCHAS…

Cierta vez una joven mujer se quejaba amargamente por las luchas que estaba enfrentando y pensaba que solamente a ella le podían pasar las cosas que le estaban ocurriendo.

Incluso llegó a decir que era la madre de todas las desgracias y cosas por el estilo, que revelaban no solo las luchas que estaba soportando, sino también como las estaba enfrentando.

Mirando desde una perspectiva más serena la situación, era verdad que la joven estaba viviendo momentos muy complicados, muy propios de su edad.

Sin embargo lo más complicado, no era tanto la magnitud de sus problemas, sino el creer que era digna de que los demás sintieran pena por sus vicisitudes.

Entonces el Espíritu nos dio una palabra que tocó profundamente su corazón. Solamente le dijimos: A grandes batallas… grandes victorias. Estas cinco palabras fueron un detonante en su ánimo!

Ella dejó de quejarse y simplemente entendió que sus luchas eran con toda seguridad una prueba que el Señor le ponía, para que aprendiera a creer en Él y para que creciera como hija suya que era.

Desde entonces todas las veces que hablamos, en lugar de decir estoy luchando, dice sonriendo: estoy buscando grandes victorias! Ha comprendido que el Señor la acompaña siempre y mucho más en sus luchas!

1 Corintios 15:57
Diego Acosta García

ANTE LA INCERTIDUMBRE…

Cada uno de nosotros ha tenido en algún momento de su vida algún tiempo de profunda incertidumbre, un tiempo muy complicado donde las preguntas quedan sin respuestas.

Podríamos pensar que es absolutamente natural que esto ocurra, puesto que los seres humanos estamos rodeados por el mundo que solo nos transmite frivolidad y dejadez.

La vana gloria de la vida de estos tiempos induce a que no reflexionemos sobre nada y por esta razón, en el momento en que rompemos ese esquema de no pensar, es que nos encontramos con la incertidumbre.

La vida tal y como nos la presenta la sociedad de la que formamos parte, es una continua sucesión de emociones, de luchas, de desengaños, de alegrías pasajeras y frustraciones duraderas.

Pero es a esto para lo que fuimos llamados? Desde luego que no, porque cuando fuimos elegidos por el Señor para ser sus hijos nuestros propósitos cambiaron de manera rotunda.

Y entonces por qué tenemos incertidumbre ante el futuro, por ejemplo? La respuesta más directa y contundente es porque siendo hijos de Dios nos comportamos como si no lo fuéramos.

Por eso debemos de obrar de una manera diferente. Ante la incertidumbre…debemos oponer… la certeza. Esta es una de las razones para cambiar de vida!

Hebreos 6:11
Diego Acosta García

EL VALOR SUPREMO


La liberación de un soldado israelí cruelmente secuestrado durante más de cinco años por terroristas islamistas, nos debe hacer reflexionar acerca de la verdadera importancia del ser humano.

La sencilla visión del caso nos mueve a pensar que algo muy importante debe ser para el Pueblo de Dios la vida de una sola persona, cuando se cambia su libertad por la de más de mil hombres, muchos de los cuales son asesinos de judíos.

Cuando Dios creó al hombre le dio su aliento para que viviera, para que el polvo se convirtiera en la prodigiosa realidad que somos los seres humanos, joyas maravillosas de la Creación.

Ante la majestuosidad de la Voluntad de Dios de crearnos como hombres y como mujeres, debemos entender que esa decisión encierra un mensaje cuyo contenido no podemos ni debemos ignorar.

Dios es la fuente de la que emana la Vida y solamente Él puede tomar decisiones sobre nuestra condición de seres vivientes. No hay poder humano que contradiga esto.

Otra cosa es lo que los hombres hagamos con la vida de nuestros semejantes y por tanto estamos todos sometidos al Juicio en el que serán confrontados nuestros actos.

La Vida es el valor supremo. Respetarla y cuidarla es una tremenda responsabilidad, que no puede verse limitada ni por las razones políticas ni por las razones de nuestros pensamientos.

Génesis 2:7
Diego Acosta García

NO TEMER

Una joven a punto de ser madre se preguntaba con mucha preocupación en qué mundo nacería su hija, que cosas le tocarían vivir y que otras tendría que enfrentar en pocos años más.

Esta preocupación es natural cuando se está en el tiempo final del proceso de gestación  y también es normal cuando se trata del primogénito, por cuánto son muchas las situaciones desconocidas.

A esta joven vinieron las palabras de aliento, de sabiduría, de conocimiento de otras mujeres que habían pasado por momentos parecidos antes de ser madres por primera vez.

Sin embargo este episodio trasciende el caso de la maternidad y se proyecta a la vida de cualquiera de nosotros, cuando tenemos miedo por lo que está por venir, más concretamente por el futuro.

Nos afligen las noticias del mundo, de todos los hechos tremendos que nos impactan y que nos hacen perder la serenidad y se van convirtiendo en una auténtica fuente de malos presagios.

Sin embargo, es en esos momentos cuando debemos recordar la promesa del Señor cuando nos llamó para ser sus hijos. Él estará siempre a nuestro lado, no nos abandonará nunca. Por esta razón les dijo a sus discípulos que no temieran.

Y es exactamente lo que debemos hacer: No temer, porque Él está con nosotros. Para siempre.

Salmos 23:4
Diego Acosta García

LA RUTINA TAN TEMIDA

En un determinado momento sin causa ninguna, advertimos que estamos viviendo sumergidos por completo en la rutina, y que cada día es igual al anterior y posiblemente similar al de mañana.

Puede ser que esto en principio nos produzca una cierta sensación de seguridad, el saber que todos los días iguales, por lo que significaría que tenemos nuestra vida controlada.

Y en este caso nos preguntamos: Controlada para qué o por qué? Y bien puede ocurrir que entonces advirtamos que no tenemos una respuesta concreta, ni siquiera aproximada.

Lo cierto que la rutina es casi por definición la costumbre de hacer algo habitualmente sin ninguna razón especial, a lo que podríamos agregar sin ninguna motivación en especial.

Ante esta situación deberían sonar todas nuestras alarmas interiores, porque si estamos viviendo rutinariamente, nos estamos perdiendo los mejores momentos de la vida.

Aquellos momentos en los que vivimos porque sabemos que tenemos un propósito, porque sabemos que podemos servir a los demás, porque sabemos que nuestra vida es preciosa!

Solamente alcanzamos esa plenitud, cuando nos olvidamos de nuestra propia vida y sus circunstancias y pasamos a formar parte de quienes ponen todo su esfuerzo para ayudar a los demás.

En ese momento también advertiremos que ya no estamos alejados de Dios, que hemos vencido a la rutina que es uno de los peores enemigos que podamos enfrentar.

Marcos 9:49
Diego Acosta García

LA FIESTA DE LAS CABAÑAS

En estos días el pueblo judío celebra la Fiesta de los Tabernáculos o de las Cabañas o la Fiesta de Sucot, a la que nosotros debemos adherir con júbilo pues somos coherederos de las promesas del Señor a Abraham.

Esta fiesta tiene la singularidad que determina que todos los participantes deben vivir en precarias cabañas durante siete días, para recordar el tiempo pasado en el desierto por los judíos al salir de Egipto.

Es por tanto una fiesta de alegría, de reconocimiento a Dios por haber otorgado la libertad a su pueblo y también de agradecimiento por los frutos de las cosechas pasadas.

Si pensamos en nuestra vida personal, también debemos de alegrarnos por haber sido liberados de la esclavitud del pecado y también debemos de alegrarnos por todo lo que el Señor nos ha dado.

Y también podríamos pensar sobre porque está fiesta se debe celebrar en el comienzo del otoño y no en la primavera? Qué razones tiene Dios para que esto sea así?

Seguramente nuestra lógica entendería que vivir durante siete días en una cabaña más que precaria, lo más natural sería hacerlo en primavera y no en otoño, cuando se insinúan los primeros fríos y las primeras lluvias.

Dios quiere enseñarnos acerca de la precariedad de todas las cosas en las que confiamos, en todo aquello que creemos que es bueno para nosotros, para que aprendamos a entender que confiar solo en ÉL es lo único importante para nuestras vidas.

Levítico 23:41-42
Diego Acosta García

LA BUENA MEDIDA

Como nos impacta advertir que nuestro hermano de fe progresa sin cesar y que todo lo que sabemos de él nos revela que Dios lo bendice grandemente en todo lo que hace.

Nos preguntamos qué tiene de diferente con relación a nosotros? Nos preguntamos por qué Dios lo bendice con todas cosas? Por qué él tiene tanto y nosotros tan poco?

Con tantas preguntas incluso podemos llegar a dudar de la justicia del propio Dios, porque no entendemos porque hay tantas diferencias entre algunas personas y otras.

Y este sentimiento de incredulidad se agranda hasta límites insospechados, cuando se trata de ver la realidad de un hermano de la fe o de un hombre del mundo comparada con nuestra realidad personal.

Cuando llegamos a este punto es necesario reflexionar de otra manera, cambiar la perspectiva del análisis y en lugar de hacernos tantas preguntas, simplemente aceptar que la vida de cada persona es diferente.

Y esto es así porque Dios nos hizo diferentes y porque para cada uno de nosotros Dios ha establecido un propósito diferente y en consecuencia las realidades de cada uno de nosotros serán diferente.

Debemos de aceptar que Dios tiene amor por cada uno de nosotros, que no se olvida de nosotros y en esa aceptación también está implícita que la medida con que Dios nos bendice, es la buena medida!

Salmos 94:19
Diego Acosta García

LA ESCALERA

Simbólicamente la escalera nos permite ejemplificar el nivel de nuestra relación personal con Dios, porque muchas veces nos encontramos con dos alternativas posibles.

Algunas veces nos encontramos espiritualmente alejados de Dios y entonces tenemos la sensación de que estamos descendiendo por escalones que nos apartan cada vez un poco más del Creador.

Estas ocasiones son las que se producen cuando estamos pasando un tiempo de confusión o de pruebas que no comprendemos y que nos colocan en situaciones difíciles que no sabemos afrontar.

También nos sucede que en determinados momentos nuestra relación con Dios se incrementa cada día y entonces subimos por los escalones imaginarios y nos acercamos al Trono de la Gloria.

Estos ascensos y descensos podríamos considerar que son normales en la vida de los creyentes, porque continuamente estamos experimentando las tribulaciones y la alegría que son propias de los seres humanos.

Estos cambios nos deben hacer reflexionar acerca de cómo es nuestra vida espiritual, cómo y porqué permitimos que la influyan demasiadas cosas del mundo.

No es bueno que seamos influenciados por nuestras circunstancias porque nos arrastrarán a descender los escalones de la fe, en lugar de subir hacia el Creador.

Juan 16:32-33
Diego Acosta García

LA NUEVA IDOLATRIA

Existe en estos tiempos la peligrosa tendencia de llevar a niveles de idolatría nuestro apoyo a Israel y también a sus símbolos. Tendencia que incluso está adoptando formas de teología.

Amar a Israel forma parte de nuestra seña de identidad como cristianos, pues somos por Cristo, coherederos de todas las promesas que el Señor hizo a Su Pueblo a través de Abraham.

Y nuestro amor por Cristo no debe derivar como estamos haciendo, en tratar de ser judíos como el Señor lo fue, porque no somos judíos ni tampoco lo seremos.

Estas formas idólatras pueden perjudicar seriamente nuestras convicciones con respeto a la Palabra de Dios y a su contenido más profundo, pues si caemos en ellas nos estaremos alejando de sus fundamentos.

La idolatría tiene el peligro de esconderse en nobles sentimientos, como pueden ser el amor a Israel y su Pueblo y también por nuestro amor y fidelidad a nuestro Salvador.

No podemos ser idólatras ni en lo personal ni como miembros de las congregaciones de las Iglesias del Señor. Debemos ser sabios para aprender a distinguir el amor por lo verdadero y la confusión de convertirlo en idolatría.

La nueva idolatría en resumen, es la misma de siempre. Relacionada con nuestros tiempos, pero igualmente peligrosa.

Éxodo 20:4
Diego Acosta García

EL CANSANCIO

Hace muchos años un miembro del máximo Tribunal de Justicia de un país sudamericano, renunció por “cansancio moral” y su decisión provocó un auténtico terremoto en la sociedad.

Desde entonces la idea del cansancio nos acompaña con relación a la vida cotidiana y también con relación a la vida espiritual. El cansancio es podríamos decir una necesidad física saludable.

Cuando el cansancio afecta lo espiritual, deja de ser bueno y hasta saludable, para convertirse en un auténtico problema que tiene además muy difícil solución.

El cansancio espiritual la mayoría de las veces lo podemos detectar cuando asumimos responsabilidades o tareas, desde nuestras propias fuerzas, confiando en nuestro talento o en nuestra sabiduría.

Cuando obramos así sobreviene el desgaste tanto físico como mental, que paulatinamente se va convirtiendo en un desgaste que afecta nuestra relación con la Iglesia y con nuestros hermanos, y finalmente con Dios.

Como podemos evitar el cansancio espiritual? Esa es la gran pregunta y la respuesta es: simplemente aceptar que somos instrumentos del Señor y que sus propósitos se manifestarán en nuestras vidas.

Por tanto no debemos asumir nunca ninguna acción, sino tenemos la certeza de que estamos obrando dentro de la Voluntad Soberana del Creador y entonces y solamente entonces, habremos derrotado el cansancio espiritual.

Isaías 40:28
Diego Acosta García

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