CUANDO DEJAMOS DE APRENDER?


Pareciera que nuestra capacidad de aprendizaje tiene un límite, a partir del cual ya no es necesario que sigamos recibiendo más conocimientos porque los que tenemos nos bastan.

Ese es el momento en el que nuestra soberbia determina que ha llegado el momento de no comportarnos como alumnos, sino que debemos pasar a ser maestros.

Un paso tan arriesgado como poco conveniente, porque la Palabra de Dios nos enseña repetidamente que debemos estar prestos a seguir creciendo, sin importar nuestras circunstancias.

No importa que seamos importantes según nuestra opinión, ni relevantes según los cargos que ocupemos, siempre debemos de seguir creciendo, porque nunca estaremos en el nivel que se nos reclama.

Dejar de ser alumnos nos priva además, de los preciosos momentos en que la persona más inesperada, nos brinda un mensaje de sabiduría, de reflexión, de exhortación.

Dios utiliza los medios más variados y sorprendentes para hablarnos y cuando nos cerramos en nuestra postura de ser lo suficientemente conocedores, nos perdemos sus mensajes.

Es importante que reflexionemos sobre esta cuestión. No caigamos en la vanidosa postura de saberlo todo y seamos humildes para que nuestras vidas puedan enseñar a los demás.

Salmos 119:73
Diego Acosta García

 

LOS SEMBRADORES

Los hombres y mujeres que formamos la especie humana, es probable que tengamos una cosa en común: Que a todos nos gusta ver los resultados de nuestro trabajo.

Este criterio parece esencial en la vida de cada uno de nosotros y se manifiesta en una mayor o en una menor medida, pero finalmente se traduce en lo mismo: Queremos ver los frutos de nuestras obras.

Este afán muchas veces nos conduce a la apatía y a la desmotivación porque dudamos si una determinada tarea, nos puede brindar lo que estamos buscando.

Si hablamos de llevar el mensaje de Salvación, muchas veces dejamos de hacerlo, porque de antemano descartamos que podamos haber dado con la persona adecuada para recibirlo.

Es decir: nos convertimos en los jueces de nuestros propios actos, negando a otro ser humano la posibilidad de escuchar el mensaje de Jesús, el mismo que nos fue dado para nuestra salvación.

Debemos abandonar esta actitud egoísta y sin fundamento espiritual, porque hemos sido enseñados que quienes siembren no siempre serán los que recojan las cosechas.

Seremos juzgados por nuestras obras como reflejo de la medida de nuestra fe y por tanto no debemos ser mezquinos con nuestro trabajo porque solamente Dios lo podrá honrar. Nunca dejemos de sembrar!

Salmos 126:5
Diego Acosta García

Y LA MAYORDOMÍA?

Cuando se anuncian los grandes cambios que se están registrando en la tierra como consecuencia de la obra del hombre, es bueno preguntarse por nuestra responsabilidad.

El propósito de Dios es que el hombre señoreara sobre todo lo creado y sojuzgara a toda la Creación, por lo que nos constituyó en mayordomos de su Obra.

Es evidente que nos cuesta entender el sentido de la responsabilidad personal que tenemos en esta cuestión, porque siempre lo relacionamos con la responsabilidad que tenemos los 7 mil millones de habitantes.

Sin embargo cada uno de nosotros ha sido hecho responsable de todo lo que le ocurra a la Tierra, por lo que no podemos eludir la carga que tenemos sobre lo que le suceda al planeta en el que vivimos.

De allí la importancia de hacernos cargo de este mandato recibido, siendo ejemplares en su cumplimiento para que las personas que nos rodean, lo comprendan y obren en consecuencia.

Tan importante como esto, es la primordial tarea de enseñar a nuestros hijos, para que sean ellos los portadores en el futuro de la alta misión que tenemos como mayordomos.

Ser hijos de Dios nos compromete doblemente en esta cuestión de guardar y preservar la Creación, porque formamos parte de ella y porque al estar en su cúspide, tenemos una más grande responsabilidad.

Génesis 2:27-28
Diego Acosta García

NEGARSE


Pocas cosas en la vida son más difíciles de entender como nuestra negativa a aceptar la realidad, luchamos contra ella y nos enfrentamos a retos que son verdaderamente inalcanzables.

A pesar de las evidencias nos debatimos y nos negamos a aceptar lo que para muchos, son verdades que prácticamente no tienen discusión, porque están basadas en sólidos fundamentos.

Podemos pensar que la lucha contra la realidad forma parte de un momento de nuestra vida, quizás porque somos muy jóvenes o porque tenemos poca experiencia.

Sin embargo los dos argumentos se rebaten por sí mismos, al constatar cuantos casos hay de personas mayores que también están entregados a la lucha contra la realidad.

Contra qué realidad luchamos? Qué realidad negamos? Se trata de debatirnos contra la peor de las realidades: que es la que sabemos que es la Verdad y no lo que nosotros argumentamos.

Quienes un día conocieron a Dios y luego lo niegan, están luchando contra la realidad más absoluta y por eso libran batallas que están perdidas desde antes de comenzar.

Tengamos amor y misericordia por las personas que se encuentran en esta situación, ayudándolas con el ejemplo de nuestras vidas y con lo que Dios ha hecho en nosotros.

Difícilmente podamos utilizar otros argumentos distintos a éstos, porque las palabras siempre originan debates, pero los hechos siempre se demuestran por sí mismos y es prácticamente imposible negarlos.

2 Timoteo 2:13
Diego Acosta García

POR QUÉ LEER?

Es sorprendente el tiempo que le dedicamos a todas aquellas cosas que nos gustan o que nos entretienen y el que le dedicamos a lo que verdaderamente tiene importancia.

En realidad de lo que se trata es de utilizar con sabiduría nuestro tiempo, para administrarlo de una manera diferente a la forma en que lo hemos hecho hasta el presente.

Podríamos pensar: Por qué habíamos de cambiar de un momento para otro? La respuesta es: Simplemente porque un día hemos advertido que estábamos equivocados y llegó la oportunidad de enmendar el error.

Es necesario aclarar que es bueno tener cosas que nos gusten y nos entretengan, lo que es malo es que ocupen un lugar desmedido a lo largo de cada día.

Todos estos juicios están relacionados con el tiempo que le dedicamos a la Palabra de Dios, a estudiarla, escudriñarla y por encima de todas las cosas, a ser capaces de entender porqué  debe ser nuestra Guía.

Muchas veces nos debatimos en la incertidumbre, sin saber qué hacer, qué decisión tomar y como resolver los problemas que nos afligen o nos preocupan.

Debemos aprender a tener la certeza que la mejor Guía que podamos tener es la Biblia, porque en ellas están contenidas la Sabiduría y el Amor de Dios por todos nosotros.

Salmos 73:24
Diego Acosta García

ANTE EL DESÁNIMO

Muchas veces nos podemos encontrar ante una situación que nos lleve al desánimo, mucho más cuando es inesperada y cuando se origina por causa de una persona amada.

Estamos hablando de esos problemas que nos pueden surgir con nuestros cónyugues, hijos, hermanos u otros familiares directos, con quienes las confrontaciones son más difíciles.

Nos podemos preguntar: Ante un problema, nos podemos desanimar? La respuesta es afirmativa, pero nos debe llevar a la reflexión.

A pensar que en nuestra condición de hijos de Dios, el desánimo es un sentimiento, una emoción, que de ninguna manera debe mezclarse con nuestras reacciones.

Es comprensible el desánimo e incluso el enfado, pero en ningún caso debemos permitir que una situación de este tipo se convierta en algo que controle nuestros pensamientos y nuestras decisiones.

Dejarnos llevar por los sentimientos, por las reacciones que surgen de hechos inesperados, nos puede conducir a otros hechos y a otras situaciones peores aún, que la que provocó el problema inicial.
Nuestra reacción frente al desánimo es orar para que sea Dios quién obre, para que sea

Él quien resuelva cualquier situación que pueda haberse originado, entre hombres que somos falibles y sentimentales.

1 Crónicas 22:13
Diego Acosta García

LA RESTAURACIÓN

Una de las más sorprendentes promesas que recibimos los seres humanos, es la de la restauración espiritual y física. Es algo que nos cuesta entender y en muchos casos aceptar.

La restauración supone un cambio que devuelve a un objeto a su apariencia original, lo que en términos de valoración de la sociedad eleva al grado de arte, algunos resultados.

Este concepto se entiende perfectamente, pero nos cuesta interpretar lo que significa que una persona pueda ser restaurada. Y las dudas se amplían cuando se trata de una relación restaurada.

La complejidad de las emociones humanas tornan muchas veces en algo fuera de toda lógica, que los vínculos entre dos personas puedan ser restaurados.

Sin embargo, la restauración de las relaciones entre un hombre y una mujer,  por ejemplo, es absolutamente posible desde la perspectiva espiritual.

Es una de las más notables obras que puede realizar el Espíritu Santo, cuando actúa sobre una determinada situación, produciendo un cambio tan significativo como duradero.

Quizás la medida de nuestra incapacidad para modificar separaciones o divorcios, es lo que determina dudar de la restauración espiritual. No limitemos al Espíritu Santo en su obra maravillosa de reconciliación!

Zacarías 9:12
Diego Acosta García

AHORA…

Los hombres y mujeres de nuestro tiempo deseamos lograr todo lo que deseamos en el momento… podríamos decir que estamos viviendo en la civilización del “ahora”.

Casi frenéticamente avanzamos hacia nuestros objetivos, no importan las circunstancias ni los medios que empleemos para lograrlos, la cuestión es obtener todo… ahora.

El “ahorismo” se ha convertido en el signo de la sociedad que ha perdido la capacidad de esperar ni un solo minuto, incluso cuando esta actitud está en contra de toda razonabilidad.

Por qué vivimos de esta manera? Que nos está pasando a los seres humanos? Si tuviéramos que responder por nosotros mismos, diríamos que nuestra incapacidad para esperar está relacionada con nuestras dudas.

La apremiante necesidad de resolver todo en el momento, descubre que tenemos miedo en saber lo que nos depara el futuro y por eso queremos saber todo rápido.

No tenemos capacidad de esperar porque el ansia nos domina y el ansia está relacionada con nuestra falta de confianza en nosotros mismos. El vértigo controla por completo nuestra capacidad de entendimiento.

Lo más preocupante es que ni aún así, volvemos nuestra mirada a Dios. Nos olvidamos que Jesús nos dejó un mensaje de Esperanza que sigue vigente. Abandonemos el ahora y pensemos en la Eternidad!

2 Crónicas 7:15
Diego Acosta García

LA ECONOMÍA ESPIRITUAL

Hace un cierto tiempo, predicábamos sobre la avaricia y pusimos como ejemplo lo que ocurriría si en una Iglesia, milagrosamente tuviéramos 100 millones de dólares o de euros para repartir entre los presentes.

La sorpresa fue generalizada cuando descubrimos que todos quienes asistíamos al Culto, lamentábamos no haber traído a nuestros familiares para que participaran de semejante acontecimiento.

Las conclusiones a las que llegamos nos llenaron de preocupación. Nadie se alegró de recibir una parte de esa cantidad, sino de la parte que pudieron haber recibido de haber pedido a sus familiares que los acompañaran.

Nos lamentábamos por no tener una parte mayor del reparto de dinero y no por el hecho de no haber puesto nuestro empeño en que otras personas vinieran a la Iglesia.

Quedó perfectamente claro que estábamos siendo víctimas de la avaricia, uno de los grandes males que afecta a la especie humana desde la Creación, según lo podemos constatar en el pasado como en el presente. Y podemos agregar que en el futuro.

Que nos sucede a los seres humanos con el dinero? Simplemente que nos domina la avaricia, el ansia incontenible de tener más de lo que Dios nos concede.

Nunca pensamos que Su medida es infinitamente mejor que la nuestra, porque nos conoce y sabe nuestros límites y sabe también el daño que nos podríamos hacer si nos permitiera obrar con avaricia.

Hebreos 13:5
Diego Acosta García

LA LEPRA ESPIRITUAL

Históricamente la lepra ha sido una de las enfermedades más terribles que podían soportar los seres humanos, al punto que dos Capítulos del Libro de Levíticos en la Biblia, le dedican una especial atención.

Puede suponerse que con los adelantos de la ciencia médica la lepra ha sido derrotada, pero estamos como casi siempre frente a un grave error en base a enfocar todo desde un simple punto de vista material.

La lepra de la que nos habló Jesús, es mucho más graves que la física y también mucho más presente de lo que nos podamos imaginar o reconocer, en nuestra vida cotidiana.

El pueblo hebreo hablaba de la lepra como la enfermedad de las tres muertes y se estaban refiriendo a los estragos tremendos que causa la lepra espiritual, que no es otra cosa que la maledicencia.

Las tres muertes de la maledicencia afectaban a quién murmuraba, calumniaba o denigraba, afectaba a quién prestaba sus oídos para escuchar cosas tremendas y finalmente dañaba cruelmente a quién era objeto de esas palabras.

Se nos advierte que podemos bendecir o maldecir, dar vida o dar muerte, con la maledicencia que no es otra cosa que la lepra espiritual. Cuidemos nuestras palabras, las dichas y las oídas para no padecer y no hacer padecer gravemente.

Mateo 8:3
Diego Acosta García