SEPTIMO MILENIO

 

Pretendemos escudriñar la realidad de nuestro tiempo, desde la perspectiva de quienes nos consideramos Evangélicos o Protestantes.

Cuando el Señor Jesús cumplió su Ministerio Terrenal, el pueblo al que pertenecía, había vivido dos mil años sin la Torá y otros dos mil años con la Torá. Casi han pasado ya otros dos mil años.

Por tanto, podemos creer que estamos iniciando la cuenta atrás, con relación a la instauración del Reino del Milenio, que tendrá a Jesús como su Rey.

Es razonable desde esta visión, entender que muchos de los hechos que están ocurriendo en nuestro tiempo, están relacionados con el Glorioso Segundo Advenimiento del Salvador.

A quienes el Espíritu Santo, nos ha mostrado esta realidad, se nos demandará no haberla compartido con otras personas, para que comprendan que el comienzo del fin se está acercando.

No podemos caer en el facilismo contemplativo ni tampoco en la exageración profética, pero sí analizar con detenimiento todos los acontecimientos y contrastarlos con la Palabra de Dios.

Precisamente por esta razón, debemos poner en práctica el llamar a las cosas por su nombre, como hizo el Señor Jesús y como debemos hacer quienes nos llamamos sus seguidores.

Debemos obrar de manera que no nos llame “Hipócritas ni tampoco hombres de poca fe”, porque lo uno como lo otro, será grave para nuestra vida espiritual.

Debemos obrar, sabiendo que la Revelación del Señor, en el último Libro de la Biblia, se cumplirá inexorablemente y que cada día que pasa, es uno menos para cumplir con la Gran Comisión.

Seamos militantes de la Gran Comisión, sin olvidar que por cada vida que no se salve, podremos ser requeridos, porque en algún momento, callamos lo que debíamos hablar, por conveniencia, temor o simplemente por desidia.

SEPTIMO MILENIO, es una voz que se alza, para que podamos escudriñar lo que ocurre a nuestro alrededor, tratando de Ver con los Ojos de Cristo y de Oír con sus Oídos.

En esta labor, nos encomendamos al Espíritu Santo, para pedir Sabiduría de lo Alto, para no engañarnos ni engañar a nadie, sabiendo que La Verdad nos hará libres.