PEQUEÑO

Un joven recién convertido se mostraba abatido y con poca voluntad para seguir estudiando la Palabra y también para servir en la congregación.

Guiado por el Espíritu y la experiencia que dan los años, decidí hablar con este joven que desde el primer momento había impresionado favorablemente a todos los que teníamos responsabilidades.

Me dijo con mucha franqueza que se sentía tan pequeño que pensaba que nunca haría nada para Dios, precisamente a causa de esa condición.

Le expliqué con paciencia y Sabiduría de lo Alto, que precisamente es a los pequeños a los que el Eterno usa para cumplir con sus Propósitos.

Difícilmente el Creador pondría en manos de un presuntuoso alguna parte de su Obra, porque no haría otra cosa que aumentar su vanidad.

Le sugerí que estudiara en el Antiguo Testamento para que advirtiera como el Todopoderoso creó de un grupito de personas a todo un Pueblo al que le dio identidad en el desierto luego de sacarlo de la esclavitud de Egipto.

Acaso es Israel un pueblo numeroso? No es un pequeño pueblo? El joven comprendió el mensaje y pronto recuperó todo aquello que demostraba que era un apartado del Señor!

Isaías 60:22

ES – El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte.

       Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.

PT – O menor virá a ser mil, e o mínimo, um povo grandíssimo.

       Eu, o Senhor, a seu tempo o farei prontamente.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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EL CUIDADO

Como una norma general de la especie, cuidamos de nuestros hijos.

Es algo que naturalmente hacemos la gran mayoría de los humanos y que también hacen la inmensa mayoría de las otras especies de la Creación.

Por estas razones es que nos llama tanto la atención, cuando conocemos casos de niños maltratados por sus padres.

Pero el cuidado tiene sus matices. Cuidar significa alimentar, vestir, proteger y en la mayoría de los casos también significa educar?

Probablemente la respuesta mayoritaria sería una rotunda afirmación. Pero sigue existiendo algo más que debemos considerar: Se trata de lo que enseñamos a nuestros hijos.

En primer lugar con nuestro ejemplo cotidiano y luego con lo que forma parte del diario vivir.

Si hablamos de respeto, debemos respetar, si hablamos de consideración, debemos considerar, si hablamos de humildad obviamente debemos ser humildes.

Pero sigue faltando lo más importante: Si nos expresamos a través de nuestro ejemplo diario, también nos debemos manifestar a través de enseñar acerca de nuestro Dios.

El mismo que nos ha Creado, nos ha dado la vida y lo que somos. Y debemos hablar de su Grandeza y de la entrega de Jesús por todos nosotros.

Si no hablamos a nuestros hijos del Hijo del Hombre, estaremos faltando seriamente a una de nuestras principales obligaciones. Una que nos será especialmente reclamada en el Juicio.

Si anhelamos que nuestros hijos sean personas saludables tanto en lo físico como en lo espiritual, debemos proporcionarles los alimentos indispensables.

Y el principal de ellos para que sean hombres y mujeres gratas y fieles al Señor, es hablarles de Jesús y sus enseñanzas.

Deuteronomio 4:9

Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.

Deuteronômio 4:9

Tão somente guarda-te a ti mesmo e guarda bem a tua alma, que te não esqueças daquelas coisas que os teus olhos têm visto, e se não apartem do teu coração todos os dias da tua vida, e as farás saber a teus filhos e aos filhos de teus filhos.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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IMPACIENCIA

Si la paciencia es una virtud, lo contrario es una necedad.

Esencialmente porque demuestra el poco crecimiento espiritual, la falta de confianza en el Señor y la incomprensión de verdades fundamentales.

Una de ellas, es que el Tiempo es de Dios y que todo lo que ocurre está sujeto a su Voluntad. Incluso aquello que esperamos con un afán desmedido.

Los pequeños hechos cotidianos demuestran y nos demuestran, lo equivocados que estamos cuando pensamos que hemos alcanzado una determinada estatura como seguidores del Eterno.

Somos un poco infantiles, un poco torpes, pensando que todo debe ocurrir y debe ser satisfecho en el momento en el que se nos ocurra.

La impaciencia, la ira, nos pone muchas veces al borde de los peores arrebatos, de los que luego nos tendremos que arrepentir.

Aprendamos a ser buenos hacedores de la Palabra, para que nada nos afecte y podamos someter nuestro ímpetu y nuestro afán, a nuestra condición de hijos de Dios.

Proverbios 14:29

El que tarda en airarse es grande de entendimiento;
mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.

Provérbios 14:29

O longânimo é grande em entendimento,

mas o de ânimo precipitado exalta a loucura.

Diego Acosta / Neide Ferreira

SUPERFICIAL

La profundidad de nuestra lectura de la Biblia queda demostrada en nuestras obras.

Muy poco es lo que demostramos con nuestros hechos, porque muy poco es lo que tratamos de buscar como enseñanza y como revelación en la Palabra de Dios.

Es evidente que nos quedamos en la superficie y que no tratamos de ahondar en ningún tema ni esperamos que el Espíritu nos revele un mensaje, en algún versículo.

Esto me lo aplico en toda su extensión a mis contactos diarios con el Texto Sagrado, porque mucho es lo que leo y poco es lo que recojo.

Me planteo constantemente cambiar esta actitud, porque tengo la certeza de que cuánto más profundice en la Palabra, más me acercaré al Señor.

Es necesario dejar de hacer pompas de jabón con los versículos y tratar de encontrar en ellos la Guía, que solo el Espíritu puede darnos.

Cada día en el que cambiemos de actitud, también cambiará nuestra vida y nos haremos merecedores de llamarnos hijos de Dios.

Deuteronomio 17:19

Y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra.

Deuteronômio 17:19

 E o terá consigo e nele lerá todos os dias da sua vida, para que aprenda a temer ao Senhor, seu Deus, para guardar todas as palavras desta lei e estes estatutos, para fazê-los.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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