EL ADIÓS A ANGELA MERKEL

CARTA DE ALEMANIA

La singular forma de despedir a altos cargos del Estado que tiene Alemania, adquirió en el acto brindado a la Canciller Angela Merkel notables características.

Esencialmente porque una ceremonia preparada con exquisito rigor se convirtió en un homenaje que la propia Canciller se encargó de conferirle especial emotividad, a causa de los sentimientos que consiguió dominar durante todo el acto.

En varios pasajes sus ojos revelaron que estaba sujetando el llanto lo que hizo elevar el sentido de un acto protocolario. No en vano se estaba despidiendo a quién había servido durante 16 años a su país.

Sin entrar en valoraciones políticas, si resulta importante destacar como la señora Merkel, una vez más ratificó su condición de evangélica y sus vivencias en el sector que dominaba el comunismo en Alemania.

Ella recordó a Nina Hagen con su tema: Olvidaste la película en color, un éxito en los difíciles años de los 70 y una canción con gran sentido de la vida por venir, llamada: Deberían llover rosas rojas para mí, de HIldegard Knef.

Como final de las tres canciones que las autoridades homenajeadas pueden pedir, la banda militar ejecutó el himno evangélico Gran Dios, te alabamos, del siglo XVII.

Lo que se ha ignorado en las crónicas del acto, es que hubo en el final un tiempo de oración que se concretó con la ejecución del himno evangélico del siglo XVIII Yo me rindo al poder del Amor.

En su despedida, Angela Merkel fue fiel a sus creencias y no las escondió como hizo a lo largo de su dilatada vida pública. Muchos la recordarán por sus hechos y muchos también, por no ocultar su fe.

Como lo demostró en el final de sus grandes discursos: Con la ayuda de Dios, yo lo haré.