PARA EL REINO

DEVOCIONAL

Pertenezco al grupo de personas que cada tanto se pregunto: para quién estoy trabajando?

Y no busco las respuestas fáciles ni las oportunas, sino aquellas profundas que sin ninguna clase de dudas, puedo presentar ante el Santo de Israel.

Esta forma de proceder solo busca controlar mi corazón, para que las influencias del mundo no me afecten ni me hagan acomodar a lo que resulta mejor para mis propios intereses.

En eso consisten las trampas que las seducciones mundanas nos pueden llegar a influir, porque dejamos de lado lo esencial y nos preocupamos por los mezquinos afanes de vana-gloria.

Cuando no tengo claro que las respuestas no son las correctas, me preocupo y pido ayuda al Eterno, para que me haga volver al Camino verdadero y poder esquivar los traicioneros atajos de Satanás.

Trabajar para el Reino y es lo único válido que debemos hacer, aunque todo lo demás nos pueda resultar conveniente o satisfacer nuestra vanidad.

Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,
y todas estas cosas os serán añadidas.

Diego Acosta / Neide Ferreira

Para quién trabajo…?

DEVOCIONAL

El líder de la alabanza de una iglesia americana, se dirigió a la congregación para decirle que amaba a todos sus miembros, pero que todo lo que hacía no era para ellos sino para Jesús.

Este episodio poco frecuente, me provocó una pregunta: Para quién trabajo, en lo que hago todos los días?

Es un cuestionamiento necesario y conveniente porque marca los límites entre las vivencias del mundo y lo que significa todo lo espiritual que es la vida con Jesús.

Si vivo en el mundo, seguramente estaré trabajando para seguir aquello que se me indique que haga, aunque rodeado del perverso disfraz de la libertad.

Si trabajo para Jesús mis pensamientos serán otros, mis objetivos serán distintos y lo más importante de todo, no seguiré a nadie que no sea el Hijo del Hombre. Y para ÉL trabajo y trabajaré hasta el último aliento.

Proverbios 4:11-12
Por el camino de la sabiduría te he encaminado,
Y por veredas derechas te he hecho andar.
Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos,
Y si corrieres, no tropezarás.

Provérbios 4:11-12
No caminho da sabedoria, te ensinei e,
pelas carreiras direitas, te fiz andar.
Por elas andando, não se embaraçarão os teus passos;
e, se correres, não tropeçarás.

Diego Acosta / Neide Ferreira

La alegría de servir

DEVOCIONAL

En el mundo uno de los grandes objetivos es la alegría, aunque sea puramente externa, lo que equivale a decir, completamente superficial.

Pero lo grave, es que en el mundo espiritual hay quienes se niegan a disfrutar de esta forma de alegría superior, que es el hecho de servir a los demás.

Por qué?

Simplemente porque la influencia mundana nos lleva a pensar que una persona que está en liderazgo, debe ser servida y porque la honra de su cargo le impide servir a quienes están por debajo de su nivel.

Pero está en contra del Mandato establecido por Jesús y además, confunde y desvirtúa el rol que cada líder debe tener en su comunidad.

La alegría de servir es única, insustituible. Por eso cuando sirvo, no me siento más importante, me siento más humilde porque me acerco a Jesús.

Marcos 10:43
ES –
Pero no será así entre vosotros,
sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros
será vuestro servidor,

 

PT – Mas entre vós não será assim;
antes, qualquer que, entre vós,
quiser ser grande será vosso serviçal.

 

Diego Acosta / Neide Ferreira

 

SERVIR A JESÚS

Blog del… TIEMPO!

Cuando el Hijo del Hombre declaró que había venido a servir y no a ser servido, dejó una grandiosa lección de humildad.

Recuperar el sentido de su actitud es uno de los compromisos que debemos asumir quienes nos llamamos sus seguidores y aspiramos a ser sus discípulos.

Servir representa lo contrario de lo que muchos líderes hacen en sus congregaciones, donde solamente buscan ser servidos olvidando el mandato de Jesús.

Estamos advertidos una vez más. En el Juicio no podremos alegar ignorancia y por el contrario, más se nos reclamará porque sabemos, que debemos servir y no ser servidos.

Diego Acosta

www.septimomilenio.com