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MIRAR…

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Un refrán muy repetido dice más o menos textualmente: Mirar hacia otra parte…!

Como casi siempre la sabiduría popular nos llama a reflexionar para encontrar en qué punto la Verdad aparece o…desaparece.

Lo de mirar…está más que claro. La cuestión es: Por qué mirar hacia otra parte…?

Ocurre simplemente que no deseamos ver lo que tenemos delante de nuestros ojos, pero en lugar de enfrentar la situación optamos por lo más fácil…desviar la mirada.

Jesús nunca desvió la mirada ni fue ajeno a las intenciones de quienes lo rodeaban. Alguna vez nos preguntamos por qué?

El Hijo del Hombre vino al mundo a buscar a quienes lo precisaban, no a quienes en su arrogancia, declararon y siguen declarando que no precisan a nadie que los ayude.

Seguramente entre estas personas se encuentren los que… miran hacia otra parte, los que utilizan este recurso como un medio idóneo para cumplir con sus objetivos.

Si nos decidimos a obrar como obró Jesús, dejaremos de desviar la mirada y afrontaremos las situaciones con decisión. No con nuestra valentía, sino con la firmeza que solo el Espíritu nos puede dar.

Recordemos como Pedro luego de negar tres veces a Jesús, enfrentó con valentía del Espíritu a los judíos para defender al Mesías.

Mirar hacia otra parte…puede darnos grandes resultados pensando cómo piensa el mundo. Pero puede ser desastroso para nuestra relación con el Eterno.

Si nos declaramos sus hijos, no podemos obrar con la cobardía propia de quienes tienen pequeños objetivos. Tan pequeños que probablemente no les alcance ni siquiera para ver la Verdad.

Mateo 9:20

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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REBELIONES

 

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La Biblia es prácticamente, un relato de todas las veces en la que el pueblo de Israel, se opuso con sus actitudes a lo que había dispuesto Jehová.

Es significativo que el Eterno a pesar de esas conductas siempre fue fiel a su Palabra de liberarlos de la cautividad de Egipto.

Dios cumple siempre su Palabra!

Es una referencia para nosotros que en estos días de muchas dudas y continuos cambios, somos propensos a mantenernos en una actitud que está bordeando la rebelión.

Las abominaciones de las que Jehová le manda hablar al profeta Ezequiel, tienen mucho que ver con nuestras propias abominaciones.

Tienen que ver con nuestras idolatrías, distintas a la de los judíos con relación a Egipto y sus dioses, pero muy similares en sus consecuencias.

La abominación siempre será abominación y la idolatría siempre será idolatría!

Por mucho que los judíos intentaron cambiar el sentido de la acusación, los hechos demostraron todo lo contrario.

Mantuvieron la desobediencia con relación a los decretos y estatutos establecidos por Jehová, a pesar de sus anuncios de que derramaría su ira sobre los rebeldes.

Es importante que no olvidemos que Dios es un Dios de Justicia y que su mano un día se alzará contra quienes caigan en la abominación o en la idolatría.

Pensemos que si no lo hiciera estaría incumpliendo su propia Palabra, lo cual es absolutamente imposible que ocurra.

Mientras estemos a tiempo, cambiemos nuestras formas de proceder. La ira del Todopoderoso todavía no se ha derramado contra nosotros.

Seamos sabios y aprovechemos este tiempo de Misericordia!

Ezequiel 20:8

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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CRISPACIÓN

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Alguna vez nos hemos preguntado si es normal vivir bajo un permanente estado de enfado, de nervios, de tensión frente a todo y a todos?

Que tiene de normal vivir en estado de CRISPACIÓN?

Deberíamos examinar nuestra vida interior para tratar de entender que es lo que nos está ocurriendo, sin ánimo de crítica personal.

Tan importante como eso, sería importante analizar la situación en la que estamos, sin caer en críticas para con nadie.

En otras palabras: Debemos pensar serenamente o buscar la serenidad, para encontrar la causa que provoca nuestro desasosiego.

Como evidentemente no encontraremos una sola, oremos para que el Señor nos muestre en su infinita Misericordia, cuál es el Camino correcto y cuáles son los equivocados en nuestra vida.

Bien podríamos estar haciendo lo malo, intentando hacer lo bueno, como nos enseñaba Pablo. Y esa puede ser una de las razones de nuestro estado de crispación.

Estas reflexiones las debemos acompañar con la oración constante sobre nosotros mismos, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos, por el trabajo que tenemos o por el que no tenemos y que precisamos tener.

Porque no son solamente las cuestiones materiales las que nos puedan estar afectando, sino pueden ser las espirituales, que son mucho más difíciles de establecer y también de solucionar.

Pensemos que esta lucha personal que tenemos nos puede llevar a una gran victoria. Pensemos que la CRISPACIÓN puede ser una advertencia o una demostración de que estamos cometiendo errores.

Clamemos al Eterno para que por su Gracia nos ayude a encontrar de nuevo el buen Camino y entonces recuperar el Gozo.

Eclesiastés 2:26

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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ESPUMA…

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Los hombres pecamos ante la mujer del prójimo, envidiamos la vida de los demás, afectamos nuestro corazón, siempre con los ojos.

Algunos refranes populares parecen confirmar esta realidad: Se come, se lastima, se ofende, se daña, se maldice, siempre con nuestros ojos.

Del mismo modo nos sentimos atraídos a través de la mirada de una copa rebosante de espuma cuando hace calor.

Que miramos? La espuma…

Siempre la atracción está relacionada con lo superficial, nunca con lo profundo y mucho menos con lo verdadero, como debería ser.

Jesús no se dejó engañar, cuando lo llamaban Señor, porque esa forma de expresarse no hacía otra cosa que cubrir las apariencias.

El llamarle Señor no implicaba respeto, ni tampoco reconocimiento hacia su Deidad o a su condición de Mesías.

El Señor, era una simple formalidad que se decía con demasiada ligereza, con el único propósito de intentar engañar al Hijo del Hombre.

Sabiendo esto, pensemos cuantas veces nos deleitamos con el atractivo de una copa helada, cuando sufrimos el calor en nuestro cuerpo?

Es la espuma lo que supuestamente nos calma la sed?

Si profundizáramos nuestros pensamientos en esta dirección rápidamente comprobaríamos que estamos equivocados.

Entre otras cosas porque algunas bebidas heladas y llenas de espuma, ocultan una verdad: Las de buena calidad no se sirven nunca heladas, porque si lo hicieran perderían sus atributos.

No dejemos que nuestros ojos nos engañen, no dejemos que afecten nuestro corazón o que nos llenen de envidia los sentimientos.

No permitamos que la ESPUMA nos aparte de la realidad y no nos permita ver lo que es verdaderamente trascendente!

Salmo 101:3

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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DIFICULTAD

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Puede resultarnos sorprendente el problema que tenían los judíos, para reconocer a Jesús en su condición del Mesías esperado.

Singularmente difícil les resultaba además, admitir que Jesús hablaba de arrepentimiento como una cuestión fundamental para la Vida Eterna, para todos los hombres.

Más notable todavía resulta que admirándonos de esa dificultad de los judíos, no reconozcamos nuestro problema de comprensión con relación al arrepentimiento.

Por definición se trata del sentimiento de pesar que podemos tener, frente a daños, acciones o faltas cometidas en el pasado.

Hablando de la vida interior de cada persona, estaríamos frente al pesar que produce el reconocer el haber realizado actos que no fueron buenos. Principalmente los relacionados con las normas de Dios.

Podemos advertir que lo primero que está relacionado con el pesar por los actos cometidos, es el poder declarar que algo hemos hecho mal.

Somos conscientes de que algo de nuestro pasado no está bien y por tanto nos invade el pesar por los hechos cometidos, voluntaria o involuntariamente.

Sin ese reconocimiento no surgirá en nuestro ánimo el pesar, porque si seguimos convencidos de que no hay nada de lo que tengamos que reprocharnos, con toda seguridad no tendremos el pesar por algo de nuestra vida pasada.

Los judíos tenían el problema de reconocer que el arrepentimiento no solamente estaba dirigido a ellos, sino también a los gentiles.

La cuestión imprescindible para lograr la Vida Eterna, pasa por el arrepentimiento y en el grandioso Plan de Salvación de Dios para los hombres, no hay distinciones entre judíos y quienes no lo son.

Hechos 11:18

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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LIBERTAD

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Cuando demandamos y luchamos por la libertad, raramente recordamos que estamos demandando la libertad que nos concedemos nosotros mismos, los humanos.

Dios nos hizo libres, tanto que podemos escoger entre ser libres siguiendo sus mandamientos o ser esclavos siguiendo nuestros propios deseos.

Deberíamos impresionarnos con esta revelación acerca de la libertad!

Si fuimos creados libres, por qué demandamos libertad?

La Biblia nos enseña que ese es uno de los grandes interrogantes que debemos responder los hombres, como especie superior que somos.

Dios nos concede la posibilidad de escoger como deseamos vivir: Bajo la Gracia de la Bendición o bajo la Maldición.

Pablo dedica una parte importante de su Carta a los Romanos, enseñando sobre esta cuestión que resulta tan fundamental como a veces ignorada.

La Misericordia del Supremo es tan grande, que se demora en derramar su ira legítima sobre quienes una y otra vez nos rebelamos contra ÉL.

Demora su castigo para darnos la oportunidad de que cambiemos de actitud, para que utilicemos la libertad que tenemos en nuestro propio beneficio.

Pero, lamentablemente, nos olvidamos del ejemplo de Faraón, que endureció su corazón ante la grandiosa demostración de Poder de las cinco plagas que había sufrido.

Tanto lo endureció que finalmente Dios permitió que Faraón hiciera su voluntad personal, que es lo mismo que decir que finalmente Dios nos permite hacer aquello que deseamos, por muy errado que sea.

Es falta de Amor?

No. Es simplemente la demostración de que aún la Misericordia del Todopoderoso tiene un límite. Y cuando lo traspasamos, no hay posibilidad de retorno.

Recordemos y apliquemos esta enseñanza, porque está en juego nuestro futuro eterno.

Romanos 9:22

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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VÍNCULO

A todos nos llena de alegría y de seguridad, saber que cada día se renueva la Misericordia del Señor. Cada día, para siempre…

Esta certeza debe ser un estímulo para afrontar la dureza del mundo en que vivimos, aunque muchas veces la disfracemos con miradas complacientes.

Pensando en nuestra relación con Dios, debemos de tener presente que así como su Misericordia su renueva para cada día, también nosotros debemos renovar nuestro compromiso cada día.

Para explicarlo de otra forma, podríamos decir que nuestra relación con el Eterno debe ser como el matrimonio.

Es necesario renovarlo cada día, con sus momentos maravillosos y también con sus momentos difíciles, que muchas veces parecen comprometer su futuro.

Renovar el VÍNCULO forma parte de nuestra relación con nuestra esposa, con nuestro esposo. Del mismo modo debemos proceder con el Todopoderoso.

Si no lo hiciéramos estaríamos en la situación de que una de las partes brinda todo y la otra no aporta nada a la relación.

Dios nos concede su Misericordia y nosotros no hacemos nada, permanecemos impasibles ante su Amor e ignoramos cuánto le debemos por eso.

Si en el matrimonio una de las partes entrega todo y la otra se reserva su porción, diríamos que hay algo que está marchando mal, muy mal.

Del mismo modo debemos proceder con nuestra relación con Creador de todas las cosas. Renovar el VÍNCULO significa fortalecerlo, profundizarlo.

Hagamos de nuestro matrimonio un espejo de nuestra relación con Dios. Así lo preservaremos y así lo exaltaremos, por encima de todas las circunstancias y todos los problemas.

Salmo 101:6

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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RAÍCES III

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Recuerdo que cuando era niño cerca de mi casa había un árbol muy grande, cuyo tronco solo podía ser abrazado por varias personas.

Para mi imaginación me parecía uno de esos gigantes buenos sobre los que escuchaba hablar en los cuentos, que algunas veces llegaban hasta mis oídos.

Muchos años después recordé aquel árbol de mi niñez, que por supuesto, sigue existiendo y sigue siendo una referencia en el pequeño parque de mis juegos infantiles.

Seguramente bajo ese árbol encontraron cobijo los cansados, hogar los pájaros y sosiego los necesitados de tranquilidad.

Bajo su sombra generosa los niños siguen jugando y las madres disfrutando de esa serena armonía que transmite un gran árbol.

Hoy pienso y me declaro que feliz sería, si yo fuera un árbol de fe como el de mi niñez!

No solo por la copa frondosa que sirve de casa a los pajarillos, sino por todo lo que representa para mucha gente, incluso como una referencia para reunirse.

Lo que más me impresiona de ese gran árbol es la solidez que transmiten sus raíces, firmemente arraigadas en la tierra donde un día fue un pequeño vástago.

Si mi vida como cristiano fuera como esas raíces que penetraron en la tierra, mis raíces estarían firmemente afirmadas en la Biblia.

Sería entonces un árbol que serviría a muchas personas y a los débiles de la Creación, libre del temor a las tormentas y a las adversidades y también cobijo seguro para el necesitado.

Que buen árbol sería yo si estuviera sólidamente amarrado a la Palabra de Dios!

Oseas 14:5-6

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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RAÍCES II

 

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Así como ver crecer semillas o pequeñas plantas es una enorme alegría, es una enorme tristeza cuando vemos a un árbol arrancado por la fuerza del viento.

Lo primero que pensamos es en la fuerza de las ráfagas que fueron capaces de mover semejante maza de la naturaleza.

Pero, haciendo memoria llegamos a la conclusión que efectivamente hubo un viento muy fuerte y que no todos los árboles cedieron ante su potencia.

Por qué algunos árboles caen y otros no?

No deja de ser algo chocante intentar encontrar una respuesta concreta, porque desde niños asociamos a de los árboles con la idea de la fortaleza.

Mayor es la semejanza si la comparamos con la pequeñez de los hombres y más concretamente con nuestra propia imagen.

Si profundizamos en el tema podríamos llegar a la conclusión que la caída de los grandes árboles se debe esencialmente a que tiene gran desarrollo visible y pocas raíces.

Troncos más o menos gruesos, alturas importantes y frondosas copas, que en los tiempos de suaves brisas se mueven orgullosamente y en la calma tienen una forma arrogante.

Esto nos debería recordar a nuestra propia vida de cristianos, que somos visiblemente arrogantes, pero nuestras raíces son más que endebles.

Son pequeñas para la imagen que proyectamos y por eso quedamos expuestos a que un viento de adversidad, más o menos fuerte nos pueda derribar.

Pensemos en esto como si tuviéramos un cuadro delante de nosotros, donde se nos muestra que hay árboles más fuertes y que no se caen.

Qué clase de árbol somos?

Lucas 8:13

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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RAÍCES I

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Cuando decidimos plantar un árbol nos imaginamos muchas cosas, pero lo más concreto que hacemos es plantearnos qué tipo de planta deseamos.

Nos ocupamos de las semillas, del lugar donde lo plantaremos e incluso nos alegramos pensando en cómo será cuando crezca.

Estas ideas son básicamente muy buenas, pero nos olvidamos de lo más importante: En qué tierra plantaremos nuestro árbol.

Por muy buenas que sean las semillas que utilicemos o por excelentes que sean las plantitas que nos propongamos desarrollar, todo dependerá de cómo sea de bueno el suelo donde las plantemos.

Jesús en su ministerio terrenal nos enseñó sobre esta cuestión. Todo lo que puede ocurrir con las semillas, que solo crecerán bien cuando encuentren una tierra apropiada.

Pensando en eso podemos hacernos la idea de lo necesario que es plantar árboles, casi tan importante como plantar semillas del Evangelio.

Donde plantaríamos las semillas del Evangelio?

Seguramente nos preocuparíamos tanto como por plantar las semillas o los pequeños retoños. Pero todo dependerá de cómo sea el corazón de quienes reciben el Mensaje.

El corazón del hombre es la buena tierra!

Y por empezar por la base, es también nuestro corazón, el que debe ser la buena tierra. Solamente si sembramos con amor habrá frutos.

No solo depende de lo que hagamos sino también que según el corazón con el que lo hagamos, el Espíritu se moverá con mayor fuerza.

Seamos buenos sembradores!

No pensemos tanto en ver los frutos sino en sembrar con la alegría de hacer la obra encomendada por el Señor.

La buena tierra donde caigan las semillas es su decisión!

Lucas 8:15

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira