NOVEDOSO Y PELIGROSO?

EL ABUELO SALOMÓN

No cabe la menor duda en que vivimos un tiempo complejo y lleno de continuas novedades. Algunas asombrosas y otras no tanto, pero que tienen el común denominador de lo impactantes que nos resultan.

La cuestión es saber si verdaderamente son novedosas y también tratar de determinar que pueden tener de bueno o de malo para nuestra vida.

Debemos tener especial cuidado en todo aquello que consideramos novedoso, porque podría haber sucedido en el pasado. No estamos hablando de cuestiones vinculadas con cualquier forma de tecnología.

Pero sí de consideraciones que se relacionan con la naturaleza humana y sus cambios. También de las conductas y de todo ese tipo de cuestiones que puedan resultar enormemente sorprendentes.

Pensemos: Esto es bueno para mí?

Lo acepto sin discusiones o por el contrario, me tomo mi tiempo para analizar cada cosa en concreto. Seguramente nos sorprenderemos cuantas cosas novedosas tienen sus antecedentes en el pasado y no resultaron buenas.

Diego Acosta

LOS DESECHADORES

EL ABUELO SALOMÓN

Quizás nos podamos sorprender cuando nos llamamos a nosotros mismos: desechadores.

Desechadores, de qué?

Pues desechadores de todo, principalmente de lo que nos dicen  nuestros padres o nuestros verdaderos amigos, cuando nos hacen reflexiones sobre algunas de nuestras decisiones.

Esto ocurre, porque nos consideramos más sabios que los sabios y por tanto no precisamos que nadie nos diga nada y mucho menos si se trata de cuestionar o modificar alguna idea que consideramos como la verdad absoluta.

Lo triste es que cuando nos damos cuenta de qué aquellos consejos o sugerencias estaban acertados y los nuestros muy equivocados, ya es tarde porque estaremos ante situaciones irreparables.

Ser sabio es una virtud que nuestra soberbia nos impide que tengamos, porque entender que el patrimonio de la sabiduría no lo tiene nadie, es el comienzo de una nueva forma de vivir. Mejor, claro está.

Diego Acosta

YO, EL PRÓJIMO

EL ABUELO SALOMÓN

Hace un tiempo estuve pensando acerca de lo que significa ayudar al Prójimo, ayudar a quién lo necesite, porque es un principio de solidaridad fundamental.

Y siguiendo con el hilo del pensamiento, vino a mi mente la idea de que un día, el prójimo puedo ser yo mismo. Y entonces, es cuando cambia la perspectiva y todo tiene otro sentido.

La idea de ayudar al Prójimo, sin limitaciones y sin especulaciones, tiene su importancia porque debemos pensar que nadie está exento de sufrir alguna situación, en la que precise de los demás.

O de una sola persona que extienda la mano solidaria, en momentos en los que a lo mejor lo único que pueda llegar a necesitar es alguien que me escuche.

No solo es de sabios ayudar al Prójimo, sino también el fundamento sobre el que un día, tal vez yo mismo sea el prójimo y entonces pediré, lo que a lo mejor he negado en más de una ocasión.

Diego Acosta

MUCHO O POCO

EL ABUELO SALOMÓN

Es curioso como el que mucho tiene siempre estará bajo sospecha cuando tiene un acto de generosidad. Siempre se dudará sobre lo que ha salido de su mano.

Se dirá que ha sido poco, que no ha sido generoso sino más bien lo contrario, rozando la categoría de miserable. Por mucho que haya dado.

En cambio el que poco o nada tiene, todo lo que ponga en la mano de otro, será siempre mucho. Simplemente, porque nadie pondrá en duda que está dando de lo que falta y no de lo que le sobra.

Pensando en esto, viene al caso saber que en el fondo se trata de tener buenos actos, no por el placer de hacerlo, sino por la necesidad espiritual de ayudar al Prójimo.

De allí que haya dadores alegres y personas que se piensan muy bien cuanto ofrecerán porque tratan de asegurar que ese hecho no afecte su tranquilidad futura.

La mano abierta siempre será generosa, aunque solamente tenga lo indispensable. Pero en una mano abierta, siempre es posible recibir de la generosidad de otro.

Diego Acosta

NO TE MIENTAS

EL ABUELO SALOMÓN

Seguramente todos sabemos lo que significa la mentira y sus efectos y consecuencias.

Por una elemental cuestión de lógica debemos comprender que el mentir es algo que llevamos no solo en nuestra mente sino también en nuestro corazón.

Sabiendo esto, pensemos como sería el mundo, nuestro mundo, si todos habláramos mintiendo. Sería imposible vivir de esa manera, porque terminaríamos por confundir lo real con la mentira.

De allí la importancia de corregir con decisión el hábito de mentir, pensando en la cuestión de fondo: Por qué razón mentimos? Qué nos impulsa a mentir?

Esto supone un ejercicio de gran honradez porque para llegar a profundizar en el tema, lo primero que tenemos que hacer es no mentirnos a nosotros mismos.

El día en que dejemos de mentirnos, es decir a nosotros mismos, comenzaremos a comprender el principio de que siempre debemos hablar la verdad. Aunque nos duela, no nos guste o nos comprometa.

Diego Acosta

EL BURLADOR

EL ABUELO SALOMÓN

Es sorprendente como las personas que se burlan de los demás, nunca aceptan que nadie les diga algo en el mismo sentido.

Generalmente reaccionan con gestos y palabras que son desmedidos con relación a lo que se les dijo. Qué es lo que provoca estas actitudes?

Es muy difícil comprender porque la disposición a la burla, casi nunca admite contradicciones ni tampoco reacciones. Es como si alguien dijera: Yo me puedo burlar…tú no.

Esta es la raíz del problema: El burlador o el escarnecedor se cree con derecho a obrar como mejor le parezca, sin respetar ni tampoco considerar la sensibilidad de la otra persona.

Ese sentimiento de superioridad se traduce en prepotencia, porque casi nunca un burlador o escarnecedor, aceptará que otra persona pueda burlarse de él.

Quizás haya que pensar que quienes se burlan de los demás, en el fondo tienen miedo de las opiniones y por eso atacan primero y se defienden no aceptando la burla personal.

Una forma de solucionar esta cuestión, es alejarse del burlador o escarnecedor. Así no sufriremos sus ataques ni caeremos en la tentación de responderle.

Diego Acosta

LAS HORMIGAS

EL ABUELO SALOMÓN

En mis solitarios juegos de la infancia, me inventaba amigos, viajes y cosas parecidas. Buscaba que las horas pasaran y llegara el momento en el que mi padre volviera por la noche.

En esas largas horas un día descubrí a las hormigas. Y se convirtieron en mis mejores compañeras, porque en el patio de tierra de mi casa, las podía ver todos los días con sus idas y venidas.

De tanto verlas, me sabía el caminito que hacían desde las plantas hasta su hormiguero y como se cruzaban, siempre rápido y sin descansar.

A veces me llamaba la atención las pesadas cargas que llevaban y más me sorprendía, como en algunas ocasiones las cargas eran tan grandes que eran dos o tres las que se esforzaban para llegar hasta su casa.

Cuando le pregunté a mi padre por qué trabajaban tanto, me dijo que era para darles de comer a sus hijos y para guardar comida para cuando llegara el invierno y para qué en ese tiempo, no les faltara nada.

Ellas me enseñaron que había que ser laborioso y cumplidor, porque siempre habrá alguien confiando en nosotros.

Diego Acosta

IMAGINEMOS

EL ABUELO SALOMÓN

Los buenos consejos a veces no los entendemos o no los queremos entender. Entonces seguimos obrando, ignorando lo que podría ser bueno para nuestra vida.

Cuando hablamos del Prójimo, deberíamos ser generosos no solo con nuestros pensamientos, sino también con la obra de nuestras manos.

Porque tenemos la idea de sentirnos superiores, al poder ayudar a alguien que está en necesidad y nos convertimos en seres capaces de hacer el bien casi sin límites.

Pero algún día deberíamos poner estas ideas por pasiva y pensar que somos nosotros los que precisamos ayuda. Que somos nosotros los que precisamos que alguien nos tienda una mano no con soberbia sino con Misericordia.

Tal vez entonces nos gustaría imaginar que la persona que llegue hasta nosotros tenga la bondad en su corazón y no la soberbia que hay en el nuestro.

Cuando pensemos en el Prójimo, pensemos que tal vez un día el que precise de un corazón compasivo, seamos nosotros mismos.

Diego Acosta

NECIO NO ESCUCHA

EL ABUELO SALOMÓN

Recordando algunos momentos de mis tiempos de estudiante, comprendí algunos errores, que son muy difíciles de entender.

Cuántas veces dejé de prestar atención a la enseñanza de los maestros, creyéndome superior y lo que es peor, que lo sabía todo o casi todo.

Esta soberbia al final no demuestra otra cosa que un alto grado de ignorancia, porque solo los ignorantes se niegan a ser enseñados, como era mi caso.

Un ignorante comienza a dar este tipo de pasos sin advertir que se dirige a convertirse en un auténtico necio, porque en lugar a saber cada día más, sabe cada día menos.

Además de demostrar que dejar de prestar atención a un maestro es una gran falta de respeto, hacia quién no solo que ha aprendido de otros maestros, sino que nos enseña sus propias experiencias.

Pienso en los errores que me podría haber evitado de haber sido menos petulante y más humilde, para escuchar con atención lo que otra persona me estaba enseñando.