LA DISCIPLINA

EL ABUELO SALOMÓN

Los hijos siempre se quejan y a veces amargamente, cuando sus padres los reprenden. Seguramente no saben, que esa es una de las mejores demostraciones de amor que puedan recibir.

Los humanos concebimos el amor de los padres, con gestos de cariño, con regalos, con actitudes obsequiosas. Pero nos equivocamos totalmente pensando así.

Yo he reprendido a mis hijos porque los amo!

Si no fuera así, simplemente me hubiera desentendido de cualquier situación en las que debería haber actuado, para hacerles comprender sus errores.

El padre y la madre, son los que más sufren cuando deben disciplinar a sus hijos, porque por naturaleza, no deberíamos hacerlo. De allí la importancia que tiene la firmeza.

No me arrepiento de la disciplina que apliqué a mis hijos y espero qué en su madurez, siendo ellos son padres, tengan la misma visión de lo que significa el amor hacia ellos.

El padre que reprende con amor, evita que sus hijos sean corregidos con rigor, por cualquier persona del mundo.

Diego Acosta

 

 

PADRES HASTA EL FINAL

DEVOCIONAL

Inesperadamente tuve que asumir la condición de padre, hablando con suma claridad a uno de mis hijos, acerca de un tema que me preocupaba.

Asumí el riesgo de que reaccionara mal, por cuanto no solamente hace muchos años que tiene la mayoría de edad sino que además ya tiene gracias a Dios, su propia familia.

Respetuoso de lo que nos enseña la Biblia y entendiendo el significado de que el hombre debe abandonar a sus padres para ir a vivir con su mujer y formar una sola carne con el matrimonio, aún así obré para aportar una palabra de consejo sobre una cuestión muy seria.

Guiado por el Espíritu mis palabras fueron pocas y contundentes y fueron bien recibidas. Comprendí, que aún con los años, sigo siendo padre.

Que el Mandato de enseñar a los hijos es indeclinable y por tanto no podemos olvidarnos de lo que el Eterno ha establecido.

Job 12:30
Con Dios está la sabiduría y el poder;
suyo es el consejo y la inteligencia.

Diego Acosta / Neide Ferreira

 

QUE HAGO…?

CONSIGNA: SER PRUDENTE Y ESCUDRIÑAR

<< DEVOCIONAL

Pensaba en el uso que le he dado a estos días tan especiales que nos toca vivir. Y la respuesta es francamente preocupante.

He pensado mucho en mí, me he preocupado bastante por mí y sigo pensando y preocupado por la persona más importante, que soy yo.

Egocentrismo puro! Egoísmo perfecto!

Pero me pregunté: Que le contestaría al Señor en el Día del Juicio sobre lo que hice en estos tiempos tan complejos?

Y entonces advertí la magnitud de mi error, de solamente haberme dado Amor a mí mismo, olvidando que Jesús nos mandó también a amar al prójimo con la misma intensidad.

Y también me pregunté: Cómo he ayudado y cuidado a mi esposa? Cuánto tiempo le dediqué a mis hijos? Cómo he cuidado a mi familia?

Demasiadas preguntas con pobrísimas respuestas.

Hoy he comenzado a ayudar a mi esposa, a cuidar a mis hijos, a llamar a mis padres, a comunicarme con mis amigos, mis compañeros y hasta a quienes no forman parte de mis relaciones preferidas.

Si el Señor me pregunta qué hago, tendré otras respuestas.

Mateo 25:40
Y respondiendo el Rey, les dirá:
De cierto os digo
que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños,
a mí lo hicisteis.
Mateus 25:40
E, respondendo o Rei, lhes dirá:
Em verdade vos digo que,
quando o fizestes a um destes meus pequeninos irmãos,
a mim o fizestes.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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