LOS PROPIOS CONSEJOS

EL ABUELO SALOMÓN

Recuerdo con especial cariño las cosas que me decía mi padre en mis años más jóvenes, porque encerraban la riqueza que pensaba eran unas simples ideas de una persona mayor.

Uno de los argumentos que repetía, era algo que me causaba un especial rechazo: Yo no entiendo para que te empeñas en atravesar las paredes, si pasando por la puerta en mucho más fácil y menos doloroso.

La razón de mi rechazo era que por aquellos tiempos, me dolía muchísimo la cabeza, a causa de pretender atravesar las paredes, en lugar de seguir el sencillo consejo paterno.

Con los años comprendí cuántos pesares me hubiera evitado si hubiera sido menos soberbio y hubiera prestado oídos a mi padre, que con su amor trataba de evitarme los dolores que el mismo sufrió.

Cuando se es joven se pierde la noción de la sabiduría y creemos que esa virtud es de nuestro patrimonio exclusivo. Solo que aprendemos bastante más tarde y en la dura y dolorosa escuela de la frustración, que estábamos equivocados

Diego Acosta

PADRES HASTA EL FINAL

DEVOCIONAL

Inesperadamente tuve que asumir la condición de padre, hablando con suma claridad a uno de mis hijos, acerca de un tema que me preocupaba.

Asumí el riesgo de que reaccionara mal, por cuanto no solamente hace muchos años que tiene la mayoría de edad sino que además ya tiene gracias a Dios, su propia familia.

Respetuoso de lo que nos enseña la Biblia y entendiendo el significado de que el hombre debe abandonar a sus padres para ir a vivir con su mujer y formar una sola carne con el matrimonio, aún así obré para aportar una palabra de consejo sobre una cuestión muy seria.

Guiado por el Espíritu mis palabras fueron pocas y contundentes y fueron bien recibidas. Comprendí, que aún con los años, sigo siendo padre.

Que el Mandato de enseñar a los hijos es indeclinable y por tanto no podemos olvidarnos de lo que el Eterno ha establecido.

Job 12:30
Con Dios está la sabiduría y el poder;
suyo es el consejo y la inteligencia.

Diego Acosta / Neide Ferreira