AMOR…QUE AMOR?

 Si pudiéramos hacer una encuesta relacionada con el amor, nos podríamos llevar una mayúscula sorpresa con los resultados. Esta afirmación está basada en las evidencias de todos los días.

La palabra amor quizás sea una de las más devaluadas de todo el diccionario, porque su uso habitual se lo relaciona con las más variadas actividades del hombre.

Amamos desde el dinero hasta nuestra propia persona, desde nuestros hijos a nuestro coche, desde un equipo de futbol hasta aquellos lejanos recuerdos de nuestra niñez.

Amamos todo y amamos a todos… Pero eso es amor? En que pliegue de nuestra memoria se ha quedado el concepto del verdadero amor? En qué lugar recóndito de nuestra mente está el significado del amor?

Sería bueno que repensáramos todo lo relacionado con el amor, desde lo más simple a lo más complejo, pensando en que el verdadero amor no lo encontraremos en venta por mucho que podamos pagar por él.

El verdadero amor no está sujeto a especulaciones de ningún tipo, ni se puede negociar ni se puede canjear, el verdadero amor es superior a todas las mezquindades humanas.

El verdadero amor es el que Dios nos brinda a pesar de ser como somos, a pesar de que no somos capaces de amar a nuestros enemigos y a veces a nosotros mismos. El verdadero amor es el que Dios tiene por cada uno de nosotros.

Jeremías 31:3
Diego Acosta García

DESTERREMOS EL DOBLE ÁNIMO


En la ficción podemos ver como hay hombres y mujeres que aparentan  ser de una determinada manera y resultan que nos sorprenden, porque son completamente diferente de lo que pensamos que eran.

En la ficción esta habilidad para ser una cosa y hacernos creer que son otra diferentes, nos suele parecer muy atractiva porque nos parece ingenioso o talentoso que alguien pueda hacer cosas semejantes.

En la ficción nos entretiene que una persona tenga una vida o comportamientos completamente diferentes de la que nos estaba mostrando, incluso de la que podíamos imaginar.

Pero eso en la ficción. Que nos ocurre cuando descubrimos que una persona no es lo que ella decía que era? Que ocurre cuando descubrimos que una persona nos ha estado engañando con una apariencia distinta a la verdadera?

En la ficción la irrealidad nos hace dispensar cualquier engaño, pero en la vida de todos los días la realidad nos duele y nos hace reflexionar acerca de lo que es bueno y de lo que es malo.

Quién miente, quién engaña, quién se oculta tras una máscara, puede hacer mucho daño a quienes lo rodean y por eso estamos advertidos acerca de estas personas.

Luchemos contra el doble ánimo, luchemos contra quienes nos muestran dos caras, mostrándonos como realmente somos y amando a quienes un día nos engañaron para que puedan ser libres con la Verdad.

Santiago 4:8
Diego acosta García

COMO PREDICAMOS?…

Se cuenta que al poco tiempo de haberse iniciado el Movimiento de la Reforma un maestro despidió a uno de sus discípulos, que iniciaba la Gran Comisión por los caminos de Europa.

El anciano se enfrentaba a la partida de su joven alumno y con gran emoción lo bendijo y le dio un último consejo: Hijo mío, ve y predica y si es necesario… habla.

Puede parecer un gran contrasentido bendecir y enviar a evangelizar a alguien y decirle que si finalmente le resultara necesario, hablara, es decir usara de la palabra para transmitir el mensaje.

En realidad: que estaba queriendo decir el anciano maestro con su consejo? Podemos interpretar como una exageración sus palabras? O podemos encontrar un sabio mensaje en esa despedida?

Sin la menor duda podemos encontrar en este episodio un maravilloso mensaje relacionado con nuestras actitudes, que serán siempre más expresivas e importantes que nuestras propias palabras.

El maestro le estaba diciendo a su alumno, que era mucho más trascendente lo que el hiciera que lo que pudiera decir en cualquier circunstancia y en cualquier lugar que se encontrara.

La elocuencia de nuestras palabras, siempre será menor que el más simple de nuestros gestos. La condición de cristianos la proclamamos con más autoridad con nuestros hechos que con el mejor de los discursos.

Proverbios 20:11
Diego Acosta García

SEREMOS PERSEGUIDOS

Fuimos enseñados que seríamos perseguidos por nuestras creencias y mirando las circunstancias que nos rodean podemos llegar a creer que estas advertencias nos son muy lejanas y hasta ajenas.

Sin embargo debemos advertir lo que ocurre en varios países en donde se pensó que llegaría una primavera y lo que ha llegado es un sombrío otoño amenazante de tormentas.

Esto sin contar los países en donde la persecución a los cristianos no solo se ha incrementado sino que parece ser un objetivo de primera magnitud, para los radicales islámicos.

Entonces, podemos pensar que las advertencias del Señor Jesús no eran para nosotros? Podemos seguir viviendo en una especie de burbuja pensando que nada nos habrá de afectar?

O no son formas de persecución que se cierren templos o no se permita la apertura de otros? O no es una persecución que los creyentes seamos discriminados cuando intentamos realizar reuniones públicas?

Creemos que no son horas para estar adormecidos pensando que nada nos afectará, que los acontecimientos que prácticamente a diario nos conmueven nunca llegarán hasta nosotros.

Estos son tiempos de tomar las enseñanzas con todo rigor y estar firmes al lado de quienes en estos tiempos son perseguidos por su fe, acosados por defender sus creencias y amenazados por no negar al Señor Jesús.

Juan 15:19
Diego Acosta García

LAS FALSAS OPCIONES

En la vida se nos presentan situaciones que somos tentados a resolver con decisiones que suponen desde el principio, un error de cálculo que consideramos que podemos asumir.

Recordamos en una oportunidad cuando estábamos por hacer una maniobra equivocada en la vía pública, en el momento en el que la íbamos a practicar apareció un vehículo de la policía que nos disuadió del intento.

Pero lo cierto es que si no hubiera aparecido, con toda seguridad nos hubiéramos convertido en infractores, con el único propósito de utilizar las falsas opciones.

Cuáles son esas falsas opciones? En la mayoría de los casos son los atajos que pensamos nos pueden aliviar de hacer más kilómetros en la vida práctica o menos esfuerzos en la vida espiritual.

Ahorrarnos kilómetros tal vez signifique que ganamos tiempo, que llegamos antes a nuestro destino, que evitamos atascos o que simplemente nos parece bien hacer determinadas maniobras.

Esto que pareciera que no tiene más importancia que la de haber incurrido en una simple infracción, se convierte en una grave situación cuando ignoramos al Espíritu Santo.

No fuimos llamados a utilizar ninguna clase de atajos, sino que fuimos llamados a recorrer el camino estrecho que es el único por el que llegaremos a la Salvación. Porque el Señor es el Camino.

Salmos 37:5
Diego Acosta García

LO ESENCIAL…

En los tiempos en lo que todo se relativiza y que nada es absoluto es bastante difícil recuperar la capacidad de discernir entre lo que es esencial y lo que no lo es.

Estamos viviendo de una manera en la que las zonas grises van ocupando los mayores espacios, entre lo que es blanco y lo que es negro, llevándonos a una situación de confusión permanente.

Es necesario que advirtamos esta situación, porque caso contrario nos llevaremos la amarga sorpresa que nuestra vida está regida por las normas del mundo, cada vez más ambiguo y sin valores.

Las zonas grises nos evitan la visión de lo que es blanco y de lo que es negro, que es lo mismo que decir, entre la Luz y la oscuridad, entre lo que es bueno y lo que es malo.

Los tímidos mensajes que recibimos acerca de los comportamientos que aprueba el mundo, están definiendo que nuestra responsabilidad en la Gran Comisión está menguando constantemente.

Fuimos llamados a llevar el mensaje de Salvación, de Esperanza y ese llamado lo cumpliremos cuando dejemos de estar cautivos por los encantos del mundo y por la frivolidad que lo domina.

Lo esencial y lo importante siempre prevalecerá sobre lo que es circunstancial y pasajero, porque la Luz siempre prevalecerá sobre el mundo de las tinieblas.

Salmos 97:11
Diego Acosta García

PORQUE UN NIÑO NOS ES NACIDO

En este día a distintas horas según donde vivamos, conmemoraremos el más grande acontecimiento de la Historia de la humanidad: El nacimiento del Hijo de Dios hecho Hombre.

En este día no nos abandonemos al paganismo del mundo celebrando por celebrar, sino que nos recojamos en la intimidad de nuestro hogar y oremos.

Oremos por las viudas, por los huérfanos, por los extranjeros, por los que no tienen nada que celebrar o por los que no tienen con qué celebrar. Oremos por los que se empeñan en no creer.

Oremos por nuestros hermanos y por nuestros enemigos, por nuestros amados cercanos y lejanos, por los países y por los gobernantes, oremos pidiendo para todos nosotros que se renueve más que nunca la Misericordia del Señor.

Oremos recordando la sencillez y grandeza de la profecía de Isaías:

Porque un niño nos es nacido,
Hijo nos es dado,
y el principado sobre su hombro;
y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,
Príncipe de Paz.

Isaías 9:6
Diego Acosta García

EL DEDO ACUSADOR

En cualquier situación imaginable y en cualquier lugar, estamos prestos para levantar nuestro dedo acusador como si fuéramos los dueños de la verdad absoluta.

El dedo acusador lo levantamos tanto si tenemos razón como si no la tenemos y lo más sorprendente de esta actitud, es que nos empeñamos en acusar mucho más cuando en realidad somos los culpables.

Podemos repasar distintos hechos en los que hemos visto o nos hemos visto, tratando de descargar nuestra responsabilidad sobre otras personas en un intento de desligarnos de cualquier cargo.

Este es precisamente el fondo del problema espiritual: tratamos de eludir la carga de nuestro proceder,  buscando siempre a alguien a quién podamos culpar de nuestras faltas.

Es así como podemos llegar a manipular situaciones, tergiversar los hechos buscando siempre el objetivo de que no se nos impute nada que nos pueda afectar.

Estamos pues ante una verdadera crisis de nuestra realidad de ser creyentes y comportarnos como cualquier persona del mundo se puede comportar en idénticas situaciones.

Nunca podremos ser perdonados por nuestros errores si no los asumimos como propios, confrontando cualquier situación con la Verdad establecida en la Palabra de Dios.

Salmos 32:2
Diego Acosta García

CUANDO CONFIAMOS…

Qué cosas notables ocurren cuando en los momentos difíciles, sabemos que tenemos en quién confiar y por encima de todo sabemos que no seremos defraudados.

Por grande que sea la dificultad o preocupante que sea el momento que debemos soportar, siempre es importante confiar sabiendo que no seremos abandonados.

En estas horas ante un problema inesperado, sin saber muy bien su origen pero debiendo afrontar una situación que no habíamos imaginado, nos tocó poner a prueba todo aquello que decimos.

Tuvimos oportunidad de pasar largos minutos en la soledad de una sala de espera, orando sin cesar para que la situación que enfrentábamos se resolviera con la Misericordia de Dios.

En esos largos minutos advertimos que si no contáramos con Dios, estaríamos en la misma situación que muchas de las personas que nos rodeaban que precisaban tener confianza y no sabían en quién depositarla.

En el impactante movimiento de un hospital, pudimos tener la certeza de que todo aquello que habíamos proclamado, se hacía realidad en un determinado momento.

Cuando hablamos que debíamos confiar, no solo era una expresión de exhortación o de aliento, sino que también era una realidad en nuestras vidas.

Cuando confiamos ocurren hechos espirituales  tremendos que pueden transformar situaciones angustiantes, en esa certeza de que Dios nos acompaña con su Amor y su Misericordia.

1 Juan 5:14
Diego Acosta García

QUE ES LA OFRENDA?

Cuando tenemos la oportunidad de enseñar a nuestros hijos lo que significa la ofrenda, podemos decirles que es una obligación, que es un mandato que hemos recibido y por tanto lo debemos cumplir.

Es una buena explicación, pero quizás no es lo suficientemente profunda como para definir lo que en verdad significa la ofrenda que damos a nuestro Dios, en la Iglesia de la que somos miembros.

Es necesario que interpretemos que la Iglesia en la que congregamos es el instrumento del que nos servimos para llevar nuestras ofrendas y por tanto la Iglesia las traslada simbólicamente a Dios.

Si analizamos desde esta perspectiva lo que significa la ofrenda, comenzaremos a advertir que estamos ante una nueva dimensión de este acto reverencial de profundo significado espiritual.

No estamos dando nuestra ofrenda porque se la recoge todos los domingos en la Iglesia, junto con nuestros diezmos, el dar la ofrenda adquiere otro valor completamente diferente.

Estamos dando a Dios una parte de lo que recibimos con gratitud pero sin esperar nada a cambio, sin reclamar nada que ni remotamente sea proporcional a lo que ofrendamos.

Dios no precisa del valor de nuestras ofrendas, precisa un corazón agradecido y reconocido por todo lo que nos ha dado, especialmente si se trata de cuestiones espirituales. Hagamos de la ofrenda un acto de amor!

Deuteronomio 16:17
Diego Acosta García