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SÉPTIMO MILENIO: LOS MUSULMANES FRANCESES SIGUEN DEBATIENDO SI CONDENAN LA MASACRE DE PARÍS

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Se espera que más de un millón de adictos al Islam concurran a los lugares de culto y también se espera que se pueda leer un documento que explicite la posición de los musulmanes frente a la tragedia de hace una semana.
En la región de París se podría leer un documento conjunto bajo titulado: Sigamos unidos y solidarios, pero resulta evidente que se no tratará de una condena explícita como se reclama por la sociedad francesa.
Incluso el presidente del consejo musulmán, expresó su preocupación por los potenciales excesos que puedan producirse por la aplicación de la ley de emergencia y la persecución violenta en las mezquitas.
Desde la matanza en el semanario Charlie los musulmanes franceses debaten, sin ponerse de acuerdo, si condenan al terrorismo islamista.

Diego Acosta

Fuentes: Liberation / Le Monde – Francia

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Zumbi

HACIENDO MEMORIA – CLXIX

Zumbi
20 de Noviembre de 1965 – ES ASESINADO ZUMBI EL LÍDER DEL QUILOMBO DOS PALMARES

Zumbi era desde 1680 el jefe de los quilombos establecidos en la Sierra de la Barriga al oeste de Pernambuco y al nordeste brasilero, donde se refugiaban los africanos y sus descendientes que habían huido de las grandes haciendas que producían azúcar.
Zumbi fue esclavizado por los portugueses pero logró huir cuando tenía 15 años y retornó al quilombo donde era autoridad su tío Gamga Zumba.
Zumbi fue un hábil administrador, logrando tener relaciones comerciales con los portugueses. Pero la ruptura de su pacto con los conquistadores europeos, determinó que éstos decidieran combatir frontalmente a los africanos y sus descendientes.
Zumbi debió cambiar de estrategia, pero finalmente pasó a la defensiva y en un ataque de los bandeirantes portugueses fue traicionado por sus propios compañeros y fue asesinado. Su cabeza fue expuesta en Recife.
El movimiento de los quilombos fue aplastado en el año 1710.

Diego Acosta

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Colón

HACIENDO MEMORIA – CLXVIII

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20 de Noviembre de 1500 – CRISTÓBAL COLÓN Y SUS HERMANOS LLEGAN PRESOS A CÁDIZ

El hombre al que se le atribuyó haber descubierto un nuevo mundo, fue detenido como consecuencia de las graves acusaciones que se hicieron contra él y sus hermanos en la isla la Española.
Los reyes de España enviaron un inquisidor quién pudo comprobar in situ las acusaciones ordenando primero la detención de Diego Colón.
El inquisidor Bobadilla tomó declaración a Cristóbal, tras lo cual ordenó su detención junto con su hermano Bartolomé.
Fueron enviados a España y entregados al obispo de Burgos, que era el encargado de los negocios del Reino en América.
Los reyes a pesar de todo trataron con suma cordialidad a Colón y sus parientes y ordenaron que fueran liberados. Así terminó un oscuro episodio en la vida del navegante.

Diego Acosta

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SÉPTIMO MILENIO: ATAQUES MUSULMANES CAUSAN POR LO MENOS 5 MUERTOS EN ISRAEL

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En un violento episodio un ciudadano americano, otro israelí y un palestino murieron en un ataque a tiros, con un coche embistiendo a otro en Gush Etzion.
El joven americano tenía 18 años y resultó muerto ante el ataque de un palestino armado con una ametralladora, que hizo fuego contra el automóvil en el que viajaban los tres muertos.
Este gravísimo hecho ocurrió en Cisjoradania, región que se encuentra fuertemente vigilada por las fuerzas israelíes.
En Tel Aviv dos ciudadanos hebreos fueron muertos por acuchillamiento. Además hay por lo menos cinco heridos más, reiterando que también el número de muertos es de cinco.

Diego Acosta

Fuente: Haaretz – Israel

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TERROR

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Un amigo me preguntó en los días amargos que vivimos, si la maldad no podría llegar hasta él o sus amados.

También quiso saber si era legítimo tener miedo, si era legítimo que un hombre que creía en el Supremo, tuviera tanta ansiedad ante la brutal ansia de sangre.

Confieso que tuve que reflexionar y pedir Gracia al Señor para dar respuestas adecuadas y sobre todo, que fueran fundamentadas en su Palabra.

El miedo, por definición, es lo que podríamos llamar la preocupación por el daño que puede sufrir nuestro cuerpo, por la acción de algo ajeno a nosotros.

Esto es precisamente lo que mi amigo preguntaba. Él tenía miedo porque un día alguien que ni siquiera lo conocía, atentara contra su vida.

Desde esa perspectiva, le comenté que el miedo es legítimo porque se trata de algo ajeno a nosotros y al que estamos expuestos cada día.

Los que nos llamamos hijos de Dios, podemos sentir miedo, el miedo físico, el miedo al daño personal, es decir el miedo a sufrir en nuestro cuerpo la maldad de otros hombres.

Sin embargo frente al miedo se antepone la Confianza que debemos de tener en el Eterno. Tanto para librarnos del mal, como para el caso en el que efectivamente suframos en nuestro cuerpo la locura asesina.

En todo caso, siempre se cumplirá su Voluntad Soberana y sea lo que sea que nos ocurra, no debemos de tener miedo, porque todo depende de ÉL.

Francamente ignoro si estos argumentos calmaron a mi amigo, pero si le dieron serenidad a mi ánimo y aliento para seguir orando por Justicia.

Salmo 37:22

Diego Acosta / Neide Ferreira

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HACIENDO MEMORIA – CLXVII

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19 de Noviembre de 1969 – EL MÍTICO PELÉ MARCA EL GOL NÚMERO 1.000

Con un marco adecuado: El legendario estadio Maracaná de Río de Janeiro, Edson Arantes do Nascimento, ingresaba en la historia logrando el millar de goles en su carrera profesional.
Considerado como el mejor jugador de todos los tiempos, Pelé lograba otra hazaña en su incomparable presencia en los estadios de futbol de todo el mundo.
Recordarlo es un gesto de reconocimiento a un hombre que cambió la memoria del futbol.

Diego Acosta

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LA REFORMA – VIII

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El primer punto de las TESIS de Martín Lutero está relacionado con el arrepentimiento.

1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: “Arrepentíos…”, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera de arrepentimiento.
Queda rotundamente aclarado que JESÚS no dijo ni haced penitencia, ni convertíos, como se puede comprobar en Mateo 4:17.
2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
Este punto debe entenderse con el mandato de Jesús: ARREPENTÍOS…
Es evidente que tanto la confesión como la satisfacción quedaban cuestionadas por Lutero, al igual que el ministerio de los sacerdotes, que eran propios de la iglesia católica romana.

3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.

Tanto la penitencia como las mortificaciones o sacrificios, quedan excluidas desde la visión de Lutero.

4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.

Es necesario destacar que desde la perspectiva de Lutero, la penitencia es un concepto ajeno a los cristianos evangélicos.

Diego Acosta

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Press SM: COMENTARIO DE UN HISTORIADOR SOBRE LA MASACRE EN PARÍS

Reproducimos un comentario relacionado con los últimos y tremendos acontecimientos registrados en Francia. Está publicado en el Diario El País, de España.

París, víctima de la complacencia

Europa ha dejado, como el Imperio Romano, que sus defensas se derrumben. La mayoría de los musulmanes que vive en el continente no son violentos, pero muchos tienen convicciones distintas de los principios de las democracias liberales
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No voy a repetir lo que ya han leído u oído. No voy a decir que lo que sucedió en París el viernes por la noche fue de un horror sin precedentes, porque no es verdad. No voy a decir que el mundo está junto a Francia, porque son palabras vacías. Ni voy a aplaudir la promesa de François Hollande de que va a ejercer una venganza “sin piedad”, porque no me lo creo. Lo que sí voy a decir es que así es exactamente como caen las civilizaciones.
Así describió Edward Gibbon el saqueo de Roma a manos de los godos en agosto del año 410 después de Cristo: “En la hora de salvaje licencia, cuando toda pasión se inflamaba y toda restricción se levantaba (…) se hizo una cruel matanza de los romanos; y (…) las calles de la ciudad se llenaron de cadáveres (…). Cuando los bárbaros se sintieron provocados por la oposición, extendieron la masacre indiscriminada a los débiles, los inocentes y los desamparados”.
¿No describen estas palabras las escenas que vimos en París el viernes por la noche? Si bien la Historia de la decadencia y la caída del Imperio Romano, publicada por Gibbon en seis volúmenes entre 1776 y 1788, presentaba el declive de Roma como un lento proceso. Entre las causas que alegaba había desde trastornos de personalidad de determinados emperadores hasta el poder de la guardia pretoriana y el ascenso de la Persia sasánida. La decadencia se convirtió en caída y el monoteísmo fue como un hongo que contribuyó a pudrir el imperio.
Durante muchos años, los historiadores del fin de la Era Antigua solían estar de acuerdo con Gibbon sobre el carácter gradual del proceso. Algunos incluso dijeron que decadencia era un término anacrónico, igual que bárbaro. El Imperio Romano, decían, no había sufrido la decadencia y la desaparición, sino que se había fundido de forma imperceptible con las tribus germánicas, en un idilio posimperial que no merecía el triste nombre de oscurantismo. En los últimos tiempos, sin embargo, nuevos historiadores han planteado la posibilidad de que el declive de Roma no fuera progresivo, sino repentino y sangriento.
Para Bryan Ward-Perkins, se produjo “una toma violenta a manos de los invasores bárbaros”. El fin del Imperio de Occidente, escribe en La caída de Roma (2005), “experimentó horrores y disturbios como espero no tener que experimentar jamás; destruyó una civilización compleja y arrastró a los habitantes de Occidente a un nivel de vida propio de la era prehistórica”.
En cinco decenios, la población de Roma disminuyó en tres cuartas partes. Los restos arqueológicos de finales del siglo V —peores viviendas, cerámica más primitiva, menos monedas, animales más pequeños— indican que la influencia benigna de Roma en el resto de Europa también desapareció. “El fin de la civilización”, en palabras de Ward-Perkins, se produjo en el plazo de una sola generación.
La UE abre las puertas a los extranjeros que codician su riqueza sin renunciar a su fe ancestral
El libro de Peter Heather La caída del Imperio Romano destaca las consecuencias desastrosas de la gran migración y la violencia organizada: primero, el viaje hacia el oeste de los hunos de Asia Central y luego la irrupción germánica en territorio romano. Según él, los visigodos que se establecieron en Aquitania y los vándalos que conquistaron Cartago se sintieron atraídos por la riqueza del Imperio Romano y pudieron apoderarse de ella gracias a las armas y las aptitudes adquiridas de los propios romanos.
“Para los intrépidos”, escribe Heather, “el Imperio Romano, pese a ser una amenaza para su existencia, era también una increíble oportunidad de prosperar… Una vez que los hunos expulsaron a gran número [de grupos extranjeros], el peor enemigo del Estado romano pasó a ser él mismo. Su poder militar y complejidad económica aceleraron el proceso, al permitir que los recién llegados se convirtieran en fuerzas coherentes, capaces de crear sus propios reinos en aquel cuerpo político”.
Unos procesos extraordinariamente similares están destruyendo hoy la Unión Europea, aunque pocos estemos dispuestos a reconocerlo. Como el Imperio Romano a principios del siglo V, Europa ha dejado que sus defensas se derrumbaran. A medida que aumentaba su riqueza han disminuido su capacidad militar y su fe en sí misma. Se ha vuelto decadente, con sus centros comerciales y sus estadios. Al mismo tiempo, ha abierto las puertas a los extranjeros que codician su riqueza sin renunciar a su fe ancestral.
La lejana conmoción que ha sacudido el débil edificio es la guerra civil siria, que ha sido catalizador y causa directa de la gran Völkerwanderung de 2015. Como entonces, proceden de toda la periferia imperial —el norte de África, el Levante, el sur de Asia—, pero esta vez no son decenas de miles, sino millones.
Como decía Gibbon, los monoteístas convencidos son una grave amenaza para un imperio laico
Por supuesto, la mayoría viene solo con la esperanza de tener una vida mejor. Las condiciones económicas en sus países han mejorado lo justo para permitirles marcharse y las políticas han empeorado tanto que deciden arriesgarse a hacerlo. Pero no pueden viajar hacia el norte y el oeste sin traer consigo parte de este malestar político. Como decía Gibbon, los monoteístas convencidos son una grave amenaza para un imperio laico.
Es indudable que los musulmanes que viven en Europa no son, en su inmensa mayoría, violentos. Pero también es verdad que casi todos tienen unas convicciones difíciles de conciliar con los principios de nuestras democracias liberales, incluidas nuestras ideas modernas sobre igualdad entre los sexos y tolerancia ante la diversidad religiosa y ante casi todas las tendencias sexuales. Por eso es muy fácil que una minoría violenta adquiera sus armas y prepare sus ataques a la civilización en el seno de esas comunidades pacíficas.
No sé lo suficiente sobre el siglo V como para poder citar a los romanos que se asombraban ante cada nuevo acto de barbarie, pese a que fuera similar a otros muchos anteriores, ni a los que hacían santurrones llamamientos a la solidaridad tras la caída de Roma, aunque alzarse juntos significara caer juntos; ni a quienes lanzaban huecas amenazas de venganza sin piedad, cuando no eran más que bravuconadas melodramáticas.
Sí sé que la culpa del embrollo en el que se encuentra la Europa del siglo XXI es de ella misma. En ningún lugar del mundo se ha estudiado la historia tanto como en la Europa moderna. Cuando llegué a Oxford hace más de 30 años, daba por sentado que en primero estudiaría a Gibbon. No. Aprendimos un montón de tonterías de que el nacionalismo era malo, las naciones-Estado, peores y los imperios, lo peor de todo.
“Antes de la caída”, escribe Ward-Perkins, “los romanos estaban tan seguros como estamos nosotros hoy de que su mundo seguiría siempre igual. Se equivocaron. Haríamos bien en no reproducir su autocomplacencia”.
Pobre París. Víctima de la complacencia.

Niall Ferguson

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