langostas

LIBERTAD

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Cuando demandamos y luchamos por la libertad, raramente recordamos que estamos demandando la libertad que nos concedemos nosotros mismos, los humanos.

Dios nos hizo libres, tanto que podemos escoger entre ser libres siguiendo sus mandamientos o ser esclavos siguiendo nuestros propios deseos.

Deberíamos impresionarnos con esta revelación acerca de la libertad!

Si fuimos creados libres, por qué demandamos libertad?

La Biblia nos enseña que ese es uno de los grandes interrogantes que debemos responder los hombres, como especie superior que somos.

Dios nos concede la posibilidad de escoger como deseamos vivir: Bajo la Gracia de la Bendición o bajo la Maldición.

Pablo dedica una parte importante de su Carta a los Romanos, enseñando sobre esta cuestión que resulta tan fundamental como a veces ignorada.

La Misericordia del Supremo es tan grande, que se demora en derramar su ira legítima sobre quienes una y otra vez nos rebelamos contra ÉL.

Demora su castigo para darnos la oportunidad de que cambiemos de actitud, para que utilicemos la libertad que tenemos en nuestro propio beneficio.

Pero, lamentablemente, nos olvidamos del ejemplo de Faraón, que endureció su corazón ante la grandiosa demostración de Poder de las cinco plagas que había sufrido.

Tanto lo endureció que finalmente Dios permitió que Faraón hiciera su voluntad personal, que es lo mismo que decir que finalmente Dios nos permite hacer aquello que deseamos, por muy errado que sea.

Es falta de Amor?

No. Es simplemente la demostración de que aún la Misericordia del Todopoderoso tiene un límite. Y cuando lo traspasamos, no hay posibilidad de retorno.

Recordemos y apliquemos esta enseñanza, porque está en juego nuestro futuro eterno.

Romanos 9:22

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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Mariage

VÍNCULO

A todos nos llena de alegría y de seguridad, saber que cada día se renueva la Misericordia del Señor. Cada día, para siempre…

Esta certeza debe ser un estímulo para afrontar la dureza del mundo en que vivimos, aunque muchas veces la disfracemos con miradas complacientes.

Pensando en nuestra relación con Dios, debemos de tener presente que así como su Misericordia su renueva para cada día, también nosotros debemos renovar nuestro compromiso cada día.

Para explicarlo de otra forma, podríamos decir que nuestra relación con el Eterno debe ser como el matrimonio.

Es necesario renovarlo cada día, con sus momentos maravillosos y también con sus momentos difíciles, que muchas veces parecen comprometer su futuro.

Renovar el VÍNCULO forma parte de nuestra relación con nuestra esposa, con nuestro esposo. Del mismo modo debemos proceder con el Todopoderoso.

Si no lo hiciéramos estaríamos en la situación de que una de las partes brinda todo y la otra no aporta nada a la relación.

Dios nos concede su Misericordia y nosotros no hacemos nada, permanecemos impasibles ante su Amor e ignoramos cuánto le debemos por eso.

Si en el matrimonio una de las partes entrega todo y la otra se reserva su porción, diríamos que hay algo que está marchando mal, muy mal.

Del mismo modo debemos proceder con nuestra relación con Creador de todas las cosas. Renovar el VÍNCULO significa fortalecerlo, profundizarlo.

Hagamos de nuestro matrimonio un espejo de nuestra relación con Dios. Así lo preservaremos y así lo exaltaremos, por encima de todas las circunstancias y todos los problemas.

Salmo 101:6

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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CONGREGACIÓN SÉPTIMO MILENIO

Mideast Syria

OREMOS POR LOS PERSEGUIDOS

 

En este Día del Señor, hagamos una pausa para hacer MEMORIA

 de los cristianos perseguidos a causa de su fe.

Hagamos Memoria de los hombrres y los mujeres que no pueden ejercer con libertad su creencia.

Hagamos Memoria de los judíos perseguidos a causa de su condición.

No seamos indiferenttes al dolor de las minorías religiosas que no son respetadas, como nosotros

respetamos a las minorías religiosas.

Enseñemos a nuestros hijos el valor de la Memoria y a ser parte del dolor que sufren los cristianos

perseguidos!

Oremos!

Diego Acosta

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CONGREGACIÓN SÉPTIMO MILENIO

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FANTASÍAS

Cuando éramos niños dejábamos que nuestras mentes nos llevaran por lugares de asombro, con personajes no menos notables, que en la mayoría de los casos éramos nosotros mismos.
En estos tiempos nos puede llamar la atención la fertilidad de nuestra imaginación, que distaba mucho de la sencilla realidad de nuestras vidas.
Un castillo tal vez fuera un pequeño montoncito de arena y un caballo algo más que un palo de escoba, pedido a nuestras madres para poder jugar.
Tal vez para aproximarnos a esos momentos, nos baste pensar cuando asistimos a una película, donde lo primero que consideramos necesario es que se oscurezca la sala, para entonces podernos adentrar en la fantasía que estamos dispuestos a ver.
Los niños no precisábamos de la oscuridad, pero sí precisábamos que nada afectara a nuestros juegos, nada que no fuera la fantasía total en la que nos sumergíamos.
Algunos éramos héroes y otros villanos, algunos éramos príncipes y otras princesas, algunos éramos buenos y otros malos.
Si recordamos tanto los juegos infantiles como esa necesidad de oscuridad para poder ver una historia a la que llamamos película, tal vez podamos comprender algunas cosas de nuestra vida.
Si fantaseamos sobre nuestra realidad cotidiana y nos imaginamos situaciones diferentes a las que vivimos, es porque hay algo que está mal.
Probablemente sea porque nuestro día a día nos disguste, porque nuestros sueños se confrontan duramente con lo que nos toca enfrentar cada mañana.
Si esto fuera así, deberíamos profundizar más todavía en nuestro interior para tratar de establecer en qué momento se produce esa ruptura, entre lo que nos gustaría ser y lo que somos.
Es entonces cuando debemos recordar nuestra condición de cristianos, de hombres y mujeres que fuimos elegidos como sus hijos por el propio Dios.
Si nuestra vida no es la que nos gustaría que fuera, estaríamos contradiciendo a quién nos ha elegido, al Eterno que es Soberano sobre todas las cosas.
Y evidentemente nos estamos olvidando de algo fundamental: Por mucho que nuestra imaginación cree fantasías, serán todas buenas, según nuestra medida. Pero serán mucho menores que lo que Dios ha dispuesto para nosotros.
La explicación para esto es tan sencilla como concluyente: Lo que es bueno para nosotros, es escaso para Dios. Lo que es bueno para nosotros, es una muestra de nuestra pequeñez frente a la Grandiosidad del Eterno.
Si fuéramos capaces de entender estos conceptos, seremos capaces de entender que lo que es bueno para Dios es lo mejor para nosotros.
Que no hay nada que podamos imaginar que sea mejor que lo que Dios ha dispuesto para nuestras vidas. Que su Plan siempre será infinitamente mejor que el mayor de los nuestros.
Por esta razón seamos sabios y tratemos de entender cuál es el Propósito que Dios tiene para nosotros. Y aunque no lo lleguemos a percibir en toda su magnitud, la obediencia nos hará vivir con alegría.
Esto es lo que se nos enseña en el Libro de Proverbios Capítulo 3 versículo 1.
No lo olvidemos!

Diego Acosta

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RAÍCES III

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Recuerdo que cuando era niño cerca de mi casa había un árbol muy grande, cuyo tronco solo podía ser abrazado por varias personas.

Para mi imaginación me parecía uno de esos gigantes buenos sobre los que escuchaba hablar en los cuentos, que algunas veces llegaban hasta mis oídos.

Muchos años después recordé aquel árbol de mi niñez, que por supuesto, sigue existiendo y sigue siendo una referencia en el pequeño parque de mis juegos infantiles.

Seguramente bajo ese árbol encontraron cobijo los cansados, hogar los pájaros y sosiego los necesitados de tranquilidad.

Bajo su sombra generosa los niños siguen jugando y las madres disfrutando de esa serena armonía que transmite un gran árbol.

Hoy pienso y me declaro que feliz sería, si yo fuera un árbol de fe como el de mi niñez!

No solo por la copa frondosa que sirve de casa a los pajarillos, sino por todo lo que representa para mucha gente, incluso como una referencia para reunirse.

Lo que más me impresiona de ese gran árbol es la solidez que transmiten sus raíces, firmemente arraigadas en la tierra donde un día fue un pequeño vástago.

Si mi vida como cristiano fuera como esas raíces que penetraron en la tierra, mis raíces estarían firmemente afirmadas en la Biblia.

Sería entonces un árbol que serviría a muchas personas y a los débiles de la Creación, libre del temor a las tormentas y a las adversidades y también cobijo seguro para el necesitado.

Que buen árbol sería yo si estuviera sólidamente amarrado a la Palabra de Dios!

Oseas 14:5-6

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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RAÍCES II

 

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Así como ver crecer semillas o pequeñas plantas es una enorme alegría, es una enorme tristeza cuando vemos a un árbol arrancado por la fuerza del viento.

Lo primero que pensamos es en la fuerza de las ráfagas que fueron capaces de mover semejante maza de la naturaleza.

Pero, haciendo memoria llegamos a la conclusión que efectivamente hubo un viento muy fuerte y que no todos los árboles cedieron ante su potencia.

Por qué algunos árboles caen y otros no?

No deja de ser algo chocante intentar encontrar una respuesta concreta, porque desde niños asociamos a de los árboles con la idea de la fortaleza.

Mayor es la semejanza si la comparamos con la pequeñez de los hombres y más concretamente con nuestra propia imagen.

Si profundizamos en el tema podríamos llegar a la conclusión que la caída de los grandes árboles se debe esencialmente a que tiene gran desarrollo visible y pocas raíces.

Troncos más o menos gruesos, alturas importantes y frondosas copas, que en los tiempos de suaves brisas se mueven orgullosamente y en la calma tienen una forma arrogante.

Esto nos debería recordar a nuestra propia vida de cristianos, que somos visiblemente arrogantes, pero nuestras raíces son más que endebles.

Son pequeñas para la imagen que proyectamos y por eso quedamos expuestos a que un viento de adversidad, más o menos fuerte nos pueda derribar.

Pensemos en esto como si tuviéramos un cuadro delante de nosotros, donde se nos muestra que hay árboles más fuertes y que no se caen.

Qué clase de árbol somos?

Lucas 8:13

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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SÉPTIMO MILENIO: A CIEN AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO

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El 24 de Abril se recordará el primer centenario del Genocidio Armenio. Ese día se hará Memoria de los miles de armenios que murieron por la acción de las fuerzas turcas.

Para recordarlo, hoy significativamente, se realiza un Concierto en el Teatro de Jerusalén, con la actuación de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad Santa.

El Director del concierto, recuerda que esta es una recordación que representa una trágica herida en la historia de su pueblo, una herida que todos llevan en el corazón.

Stepan Rostomyan destaca que este recuerdo es una herida abierta, no solo por la pérdida de vidas humanas, sino también por nuestras ciudades que ahora están en Turquía y por nuestros monumentos nacionales que fueron destruidos.

Rostomyan declara que no tiene nada contra el pueblo turco. Pero el mundo y Turquía tienen que aceptar el hecho de que esta cosa terrible ocurrió. De lo contrario se podrá repetir y ese es el miedo que sienten los armenios.

Hagamos Memoria del Genocidio, de sus víctimas y de sus familias.
Oremos!

Diego Acosta

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RAÍCES I

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Cuando decidimos plantar un árbol nos imaginamos muchas cosas, pero lo más concreto que hacemos es plantearnos qué tipo de planta deseamos.

Nos ocupamos de las semillas, del lugar donde lo plantaremos e incluso nos alegramos pensando en cómo será cuando crezca.

Estas ideas son básicamente muy buenas, pero nos olvidamos de lo más importante: En qué tierra plantaremos nuestro árbol.

Por muy buenas que sean las semillas que utilicemos o por excelentes que sean las plantitas que nos propongamos desarrollar, todo dependerá de cómo sea de bueno el suelo donde las plantemos.

Jesús en su ministerio terrenal nos enseñó sobre esta cuestión. Todo lo que puede ocurrir con las semillas, que solo crecerán bien cuando encuentren una tierra apropiada.

Pensando en eso podemos hacernos la idea de lo necesario que es plantar árboles, casi tan importante como plantar semillas del Evangelio.

Donde plantaríamos las semillas del Evangelio?

Seguramente nos preocuparíamos tanto como por plantar las semillas o los pequeños retoños. Pero todo dependerá de cómo sea el corazón de quienes reciben el Mensaje.

El corazón del hombre es la buena tierra!

Y por empezar por la base, es también nuestro corazón, el que debe ser la buena tierra. Solamente si sembramos con amor habrá frutos.

No solo depende de lo que hagamos sino también que según el corazón con el que lo hagamos, el Espíritu se moverá con mayor fuerza.

Seamos buenos sembradores!

No pensemos tanto en ver los frutos sino en sembrar con la alegría de hacer la obra encomendada por el Señor.

La buena tierra donde caigan las semillas es su decisión!

Lucas 8:15

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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ESTÉTICA

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Una imagen impactante nos puede hacer perder de vista lo más importante: El significado que tiene en la vida de las personas.

Una de las adicciones que los hombres hemos aceptado como parte de la vida de relación, es la de beber para formar parte de un grupo.

La bebida se presenta así como un instrumento para desarrollar la vida social de las personas y por eso se sugiere la moderación en el consumo.

Estas expresiones formales nos desvían del otro gran problema que encierra la bebida como cualquier otra adicción: Las razones por las que se bebe.

Alguien dijo hace algunos años: Detrás de una adicción hay un drama humano!

Y es en este punto donde como creyentes tenemos una gran responsabilidad. Una persona con problemas de consumo de cualquier sustancia, no precisa de nuestro juicio precisa de nuestra ayuda.

La Biblia nos manda constantemente a que prestemos atención a los débiles y en esa condición debemos de estar junto a quienes no tienen la suficiente fortaleza como para vivir en una sociedad como la nuestra.

La adicción puede convertirse en un refugio para tratar de sobrellevar la dureza del mundo que nos rodea, razón por la que esas personas precisan de nuestra Misericordia.

Quién bebe en sociedad es distinto de quién bebe en soledad!

Pensemos con Amor en esas personas que están clamando aún sin saberlo, porque alguien se acerque a brindarles lo que están necesitando.

Jesús nos manda a estar no con los poderosos de la Tierra, sino con los débiles, con los eslabones más frágiles de la cadena de la sociedad.

1 Tesalonicenses 5:14

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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ENTENDER

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Pablo fue quién aclaró algunos de los misterios relacionados con Jesús, poniendo de manifiesto la Grandiosidad del significado del ministerio terrenal del Hijo del Hombre.

Esta impresionante revelación del Apóstol nos debe llevar a pensar quienes son los profetas y cuando obran en condición de tales.

Pablo fue profeta porque reveló una Verdad desconocida, por lo que todos debemos estar pendientes de las revelaciones que el Espíritu pueda darnos.

De allí la importancia de ENTENDER que es lo que se revela para que pueda ser aplicado correctamente y sobre todo comprendido en su verdadera dimensión.

El Misterio del que habló Pablo está relacionado con que en la Iglesia de Cristo, no habría distinciones espirituales y tampoco sociales o raciales.

Esto significa que tanto judíos como nuevos creyentes, a partir de Pentecostés, todos somos uno en el marco de la Iglesia de Jesús.

Entender esto nos llevará a aplicar esta revelación en toda su extensión, por cuánto hombres y mujeres de cualquier condición, seremos parte de la familia eclesial, con el único requisito de reconocer a Jesús como Señor y Salvador.

En otras palabras: No somos los hombres los que determinamos quienes pueden formar parte de la Iglesia de Cristo, sino que ÉL mismo lo ha hecho con su Multiforme Sabiduría.

Pablo nos enseñó a ENTENDER lo que significan algunas revelaciones, para que podamos a su vez ser eficaces en transmitir el mensaje de Salvación.

La Iglesia de Cristo no precisa de grandes hombres, sino de hombres y mujeres capaces de cumplir con el mandato de la Gran Comisión.

La Iglesia de Cristo, es una visión de Su dominio sobre el Universo!

Efesios 3:3-5

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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