NUESTROS PLANES

Es sorprendente con cuanta frecuencia elaboramos planes que nos parecen perfectos o rozando la perfección y que luego se van complicando hasta llegar a desaparecer.

Entonces nos preguntamos sobre las razones para que un plan tan minucioso no pudiera concretarse y nos rebelamos contra las causas que impidieron que se materializaran.

En esa actitud persistimos e incluso comenzamos una nueva y peligrosa fase de nuestra rebeldía, porque ahora la dirigimos no solo contra las razones sino contra el propio Dios.

No podemos llegar a entender porqué si hemos sido tan perfeccionistas en elaborar un determinado plan, porqué Dios no lo ha respaldado con su Gracia.

Iniciamos un debate interior que va saltando desde las esferas materiales a las espirituales, de lo que se concibe con nuestro raciocinio hasta lo que solamente se puede entender desde el Espíritu.

Pero no apreciamos lo evidente. En qué momento de la elaboración de nuestro plan consultamos a Dios? En qué lugar dejamos a Dios cuando nuestra inteligencia o nuestro saber hacer estaban trabajando?

Cuánto nos cuesta entender que lo primero es saber lo que Dios tiene para nosotros y luego elaborar los planes para ejecutarlo. Nunca debemos pedir a Dios que bendiga lo que nosotros hayamos dispuesto hacer.

Si obramos según nuestras decisiones corremos el riesgo no solo de enfadarnos sino de cometer graves errores en nuestra vida. Dios perdona nuestra arrogancia pero no nos libra de sus consecuencias.

1 Pedro 4:2
Diego Acosta García

SEÑOREAR O DAÑAR LA TIERRA?

Nuestros padres Adán y Eva recibieron el mandato de Dios de señorear sobre todo lo creado en la tierra, un mandato que lleva implícito la gran responsabilidad de la mayordomía.

Este mandato se prolonga a través de las generaciones  a todos los hombres y las mujeres que en distintos tiempos históricos habitamos la tierra.

Si observamos los resultados podremos afirmar que hemos sido malos mayordomos sobre todo lo creado y que además insistimos en seguir dañando la tierra.

Es tan grave la violación del mandato recibido, que hasta se han inventado artimañas supuestamente legales por las cuáles se cambian daños por dinero.

Los países que causan daño pagan a los países que por distintas razones no son contaminantes, con lo cual se establece una especie de acuerdo para seguir dañando el planeta.

Este perverso sistema lo único que facilita es seguir manteniendo las actuales condiciones, en las que progresivamente la tierra sufre la acción del hombre en su condición de máximo predador.

Por mucho que encontremos fórmulas más o menos ingeniosas, lo cierto es que los hombres y las mujeres estamos violando el mandato de señorear la tierra, que supone que seamos mayordomos fieles delante del Creador.

Debemos pensar que señorear la tierra es responsabilidad de cada uno de nosotros y la mayordomía que está implícita, es también una responsabilidad personal por la tendremos que responder ante Dios.

Génesis 1:28
Diego Acosta García

LA HORA DE LA PRUEBA

Hace algún tiempo alguien comentó que creía que estaba viviendo el tiempo de la prueba que el Señor nos pone y en esa afirmación estaba implícito el peso que constituía para él ese momento.

En el fondo este amigo estaba buscando el apoyo y la solidaridad de quienes estábamos a su lado, para que intentáramos hacer más llevadero ese enfrentarse con la realidad.

Me sorprendió cuando uno de los que escuchábamos el relato de los “porque” y de los “como” relacionados con la prueba, tuvo una palabra de sabiduría que siempre recordaré.

Le dijo: puedes estar muy contento porque esta prueba significa que Dios te tiene muy presente y de que te ama mucho, porque caso contrario no se estaría ocupando de tí.

Fue tan impactante este mensaje que nadie permaneció impasible y todos comprendimos que esa frase encerraba una profunda reflexión vinculada con las pruebas de Dios.

Nos quedó claro que el Señor siempre está atento a nosotros y así como en determinados momentos sentimos su Gracia en otros nos toca vivir su preocupación y amor por cada uno de nosotros.

Recordemos siempre en la hora de la prueba que nunca deberemos soportar nada que sea superior a nuestras fuerzas y que siempre en esos momentos su Gracia estará con nosotros.

2 Corintios 12:9
Diego Acosta García

LA TRAGEDIA DEL GÉNERO

Como se angustia nuestro corazón cuando escuchamos que ha sido muerta una mujer por quién había sido su compañero o quién lo era en el momento de la tragedia.

Como se angustia nuestro corazón, porque entendemos que la muerte de cada mujer es un poco responsabilidad de todos, porque no fuimos capaces de advertir la inminencia del drama.

Como se angustia nuestro corazón porque tarde comprendimos que pudimos haber obrado y nos callamos o nos desentendimos de una situación tormentosa.

De poco valen las explicaciones cuando están en juego la vida de personas, que viven el doble fracaso de haber apostado por la vida y de correr el riesgo de perderla.

Es necesario que asumamos como propia cada situación de la que somos testigos, para que la muerte no llegue a triunfar sobre un hogar, sobre una familia, sobre los hijos que se quedan sin madre.

Pensemos que la misericordia y el amor que se nos reclama para el prójimo, deben ser aplicados en estas situaciones donde las relaciones fallidas pueden desembocar en muertes sobrecogedoras.

Seamos parte del problema ayudando al que lo precisa con consejos sabios, con palabras meditadas, con humildad sin acusaciones. Seamos fieles al llamado de defender la Vida.

1 Tesalonicenses 4:4
Diego Acosta García

GUARDEMOS EL FUTURO

Los hijos son un preciado tesoro que se ha puesto en nuestras manos para que los cuidemos y los guiemos, pensando que serán ellos quienes nos sucedan como futuras generaciones.

La guía y el cuidado han cambiado según los tiempos pero nunca han dejado de ser una alta responsabilidad que debemos asumir con amor y sabiduría.

Los adelantos tecnológicos han puesto a nuestros hijos en el medio de una auténtica marejada de productos de todo tipo, que los influyen y los llevan a tener determinados comportamientos.

Los más simples y elementales cuidados nos deberían hacer preocupar por todo lo que llega a nuestros hijos, por todo lo que ven y por todo lo que oyen, así como nuestros padres hicieron con nosotros.

Ser desaprensivos en el ejercicio de nuestras obligaciones y tolerantes por comodidad o complacientes por mantener una supuesta armonía, nos pueden llevar a situaciones imprevisibles.

Especialmente cuando nuestros niños no tienen la capacidad de discernir por sí mismos acerca de lo que está bien o de lo que está mal, es decir con relación al bien y al mal.

El Señor Jesús dijo que debemos dejar que los niños se acerquen a Él y ese mandato establece que no ignoremos que Él es quién los recibe y es a Él a quién debemos de tener como referencia para nuestros hijos.

2 Timoteo 3:14-15
Diego Acosta García

VAMOS AL CULTO

Coloquialmente decimos que vamos a la Iglesia, cuando deseamos expresar  que vamos al Culto, especialmente los de los días domingos que son los más especiales.

De esta manera estamos asociando al lugar de Culto con la Iglesia, cuando en realidad se trata de dos cosas completamente diferentes si las analizamos desde la perspectiva bíblica.

El Señor Jesús luego de Pentecostés nos hizo depositarios del Espíritu Santo y por tanto a partir de ese momento nos convertimos en Su Iglesia y en ese sentido somos el Templo.

Distinto es el lugar de Culto porque bien puede ocurrir que el sitio físico donde se celebra, aunque sea un lugar que reúna mínimas condiciones materiales, pero sin embargo la presencia del Señor lo transforma divinamente.

Incluso debemos recordar que los lugares de Culto pueden estar cerrados, precintados o directamente prohibidos como ocurre en algunos países donde no existe la libertad religiosa.

Por tanto debemos entender que al ser nosotros Iglesia, lo somos en cualquier circunstancia y lugar, allí mismo donde nos encontremos por cuánto el Espíritu Santo está en nosotros.

Podríamos cambiar nuestra manera de hablar y en lugar de decir que vamos a la Iglesia, deberíamos afirmar que vamos al Culto. Estaríamos hablando con más rigor y acercándonos a la enseñanza de Jesús.

Efesios 3:17
Diego Acosta García

LAS ADVERTENCIAS

Cuando los discípulos le pidieron al Señor Jesús señales antes del fin, tuvieron como respuesta indicaciones precisas que son verdaderas señales que debemos reconocer.

Lo cierto es que muchas de esas señales se han repetido a lo largo de los siglos y cada generación las interpretó a su manera, valorando que estaban dirigidos para su tiempo.

Esto tiene que ver más que con el tiempo medido en años, con el tiempo de vida de las personas y por eso debemos vivir pensando en que el fin se acerca y por tanto debemos ser fieles con los mandatos recibidos.

Esta compleja relación entre el tiempo relacionado con el fin y con el tiempo relacionado con la duración de nuestra vida, nos debe llevar a la conclusión, que las señales del fin se relacionan con nuestras obras en la tierra.

Por tanto todas las advertencias que hemos recibido las debemos transformar en hechos que nos impulsen a vivir de una manera diferente, acercándonos cada vez más al modelo Supremo.

El Señor Jesús les dijo que habría acontecimientos muy importantes pero que no eran el fin, así que en nuestra vida habrá hechos trascendentes, pero que no serán el fin de los tiempos.

Los hechos trascendentes se vinculan con nuestro fin personal y en eso debemos entender como advertencia, que debemos prepararnos para el momento del Juicio. No despreciemos las advertencias.

Mateo 24:6
Diego Acosta García

NO AL TEMOR

Generalmente utilizamos distintas palabras para expresar una idea, pero en el caso del miedo y del temor, no son sinónimos y por tanto no representan lo mismo.

El miedo está relacionado con lo físico, con el dolor que podamos sufrir corporalmente o con lo que nos pueda pasar en una situación problemática pero siempre relacionada con nuestra integridad.

El temor tiene otro carácter y está relacionado con la inquietud que nos producen determinadas situaciones que nos puedan afectar no en lo físico sino en lo espiritual.

El temor se hace mayor cuando se trata de enfrentar a situaciones que son difíciles de entender, como cuando nos enfrentamos con fuerzas ocultas o poderes que sabemos que existen pero que no podamos ver.

El miedo se relaciona como lo opuesto a la valentía, que se dice que es una forma superior del miedo. El temor está relacionado con la confianza que tengamos no en nuestras fuerzas sino en el propio Dios.

Por eso somos reiteradamente advertidos de que no debemos temer, porque mayor es el que está con nosotros que los que están contra nosotros.

Esta verdad espiritual nos debe acompañar en cada momento de nuestra vida, cuando nos tengamos que enfrentar a las fuerzas ocultas que siempre serán derrotadas por el Poder Soberano de Dios.

Proverbios 14:26
Diego Acosta García

NI UN SEGUNDO ANTES

Los hombres nos afanamos continuamente por tratar de dominar el tiempo, por atrasarlo o por adelantarlo, como si con esos intentos pudiéramos hacernos soberanos de algo tan importante.

Si somos jóvenes pretendemos que los días pasen a un ritmo mayor que el de nuestra ansiedad y si somos mayores pretendemos que los días se alarguen para que no llegue el final.

En esos vanos propósitos invertimos nuestros mejores esfuerzos, olvidando que no podemos modificar el tiempo, por mucho que nos empeñemos y nos alteremos.

Más sabio será comprender que somos administradores del tiempo, que somos mayordomos de nuestro propio tiempo y en eso sí que tenemos que ser más que fieles.

Debemos comprender que hemos sido llamados a disfrutar de nuestro tiempo, a utilizarlo sabiamente y a no gastarlo neciamente, sabiendo que nada ocurrirá ni un segundo antes de que lo haya dispuesto Dios.

Es verdad que no sabemos el momento de nuestro final, pero en ese desconocimiento podemos darle sentido a nuestra vida, viviendo cada día sin pensar en el pasado ni desvelarnos por el de mañana.

Vivamos el tiempo que Dios nos proporciona con entrega, no dejando para mañana las buenas acciones que podemos hacer hoy, para que no nos sorprenda el momento postrero sin haber sido útiles y misericordiosos con el prójimo.

Levítico 26:4
Diego Acosta García

LA PERVERSIÓN DEL CHISME

Pareciera que uno de los grandes atractivos que tiene para nuestra sociedad es la de saber las intimidades de la vida de los demás, tanto que se ha convertido en un gran negocio esta auténtica debilidad.

Incluso hay personas que venden sus derechos como seres humanos y sacan rédito de sus propias miserias, de lo peor de sus vidas para convertirlos en ganancias fáciles.

En otra escala siempre habrá quienes esté dispuestos a hablar de la vida de los demás y siempre habrá quienes estén dispuestos a escuchar cosas que muchas veces no tienen la menor importancia, sin distinción de sexos.

Y si la tuvieran, no llegan a despertar la menor misericordia hacia la persona que vive determinadas situaciones y por el contrario, disfrutamos de los tropiezos y de los avatares de las vidas en graves riesgos espirituales.

El chisme destruye al que lo crea o lo repite y al que lo escucha o divulga, destruye a las personas que son objeto de esta forma inmisericorde de violar su intimidad o su vida,  aún cuando esas personas lucren con su intimidad.

Esencialmente el chisme es lo opuesto a muchas de las enseñanzas que hemos recibido, porque se escuda en la maledicencia, en el doble ánimo o en la voluntad de hacer daño.

Desterremos toda forma de chisme en nuestra vida, no lo aceptemos ni siquiera como oyentes circunstanciales y mucho menos lo entendamos como una diversión. Busquemos solamente la Verdad.

Levítico 19:16
Diego Acosta García

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