LAS BUENAS PALABRAS

Podemos llegar a creer que mientras no caigamos en la maledicencia, todo lo que sale de nuestra boca son buenas palabras y que reflejan nuestros verdaderos sentimientos.

Pero pronunciando buenas palabras, queda la duda de si son auténticas o son palabras que aún pareciendo buenas tienen intenciones ocultas, como lo que llevamos en el interior de nuestro corazón.

Las buenas palabras no deben de tener la intención de halagar a la persona que las escucha. Sobre eso fuimos advertidos por Pablo, sobre no agradar a quién nos oye.

Las buenas palabras tampoco tienen que llevar la intención de ser agradables, comedidas, bien humoradas y dadas al cumplimiento de las buenas maneras. Es decir, no debemos ser hipócritas.

Las buenas palabras tampoco deben tener la intencionalidad de llegar a la persona que las recibe con el dulce envoltorio de la lisonja gratuita o el elogio injustificado.

Las buenas palabras deben provenir de nuestros mejores sentimientos y si corresponde que sean de estímulo, deberán ser de ayuda y si corresponde que sean de advertencia, tendrán que ser serias y siempre con amor.

Que nuestras buenas palabras sean mensajes verdaderos y comprometidos, para que sean de bendición y no de maldición.

Proverbios 18:4

Diego Acosta García

REGOCIJO Y RECUERDO

Hoy es el día que consagramos al Señor para honrarlo y adorarlo y también el día en el que nos preparamos para escuchar su Palabra para renovar nuestro compromiso y para profundizar nuestra fe.

Pero hoy debe ser también un día especial, de recuerdo a quienes por la normas de los hombres no podrán asistir al lugar de Culto para congregarse porque sus Templos están precintados, clausurados.

Hermanos de distintos lugares del país hacen llegar sus reclamos para que seamos solidarios con quienes  tienen que enfrentar situaciones serias, que no solamente comprometen el cierre de un lugar de Culto sino que comprometen la propia libertad de ejercer el derecho a congregarnos.

Tal vez en un día como hoy debamos comenzar a pensar en estas situaciones que nos son ajenas en lo personal, pero que no podemos ignorar en cuánto que somos parte de la familia que reconoce a un mismo Padre celestial.

No dejemos que nuestra comodidad o seguridad afecte nuestro compromiso con quienes están pasando horas de gran preocupación. Porque tampoco podemos negar que nuestra seguridad de hoy se puede convertir en una grave situación mañana.

Los tiempos que nos toca vivir serán cada vez más difíciles y serán por esa misma razón la oportunidad que tendremos como hijos de Dios de asumir nuestras  responsabilidades. En un día como hoy honremos al Señor y honremos nuestros compromisos con nuestros hermanos de la fe.

Eclesiastés 7:14

Diego Acosta García

NO NOS CONFORMEMOS

En tiempos de bonanza los hombres nos sentimos tan poderosos que miramos con un cierto desdén todo lo relacionado con las cosas de Dios. Nos creemos verdaderamente importantes y vivimos de acuerdo con ese alto concepto que tenemos de nosotros mismos.

En tiempos de dificultad o de crisis para que se comprenda mejor el argumento, nos acordamos que Dios existe y tratamos de buscarle quizás para buscar la seguridad que hemos perdido a causa de los problemas de dinero mayormente.

En este peligroso juego participan las personas que solo se interesan por las cosas del mundo, ajenas por completo a la realidad espiritual que es la que debería estar por encima de todas las cosas.

Sin embargo quienes nos llamamos hijos de Dios tenemos el deber de ser fieles a esa condición y no dejarnos llevar por los movimientos pendulares del mundo.

Es decir, no nos conformemos a las cosas del mundo. No las aceptemos como válidas o como buenas para nuestras vidas. No permitamos que los falsos modelos o las ideologías erradas comprometan nuestra vida espiritual. Cuidemos a nuestros hijos de las influencias mundanas.

No hemos sido llamados a conformarnos sino a todo lo contrario. Debemos impactar al mundo y no dejarnos impactar por las cosas del mundo. Este argumento  que hemos escuchado tantas veces es necesario que sea transformador de nuestras vidas.

Romanos 12:2

Diego Acosta García

LA FALSA HUMILDAD

Pensando en nosotros mismos podemos comprobar lo poco que se habla de uno de los grandes problemas que tenemos los hombres en nuestra relación con otros hombres y desde luego con relación a Dios.

Hablamos de la falsa humildad de aquellos que siendo vanidosos u arrogantes, orgullosos o prepotentes, ocultamos con actitudes hipócritas lo que verdaderamente somos.

Tal vez obremos así porque la humildad es más fácil de aparentar, con lo que podemos engañar más fácilmente a las personas que nos rodean o en aquellas en las que podamos influenciar.

Lo más peligroso de esta situación es que el falso humilde finalmente se terminará convenciendo de que de verdad es humilde y entonces ya no estará engañando a los demás, sino que se estará engañando a sí mismo.

Siendo sensatos deberíamos escudriñar nuestro interior para tratar de saber lo que verdaderamente somos, a estar menos pendientes de lo que los demás creen que somos y acercarnos a la única Verdad posible que es ser como Dios quiere que seamos.

Entonces y solo entonces llegaremos a ser hombres y mujeres equilibrados que estaremos en condiciones de valorar lo que sabemos y de reconocer lo que no sabemos, quitándonos esa peligrosa máscara de lo que no somos.

El ejercicio de la humildad comienza por no creernos superiores o inferiores con relación a los demás. Solamente así viviremos como nos enseñó el Divino Maestro.

Mateo 11:29

Diego Acosta García

EL PUÑO CERRADO

Por una simple experiencia física podemos comprobar que si tenemos el puño cerrado, difícilmente nos podrán sacar algo que tengamos encerrado en nuestra mano.

Casi podemos tener la seguridad que eso que conservamos tan celosamente no estará al alcance de nadie. En otras palabras: si tenemos el puño cerrado nadie nos podrá quitar nada.

Esta seguridad se confronta con otra realidad. Si tenemos el puño cerrado nadie, aunque quisiera, nos podrá dar nada. Por nuestra propia decisión estamos evitando que alguien por amor, por misericordia, por gratitud o por afecto nos pueda dar algo.

La actitud del puño cerrado también revela que nos estamos guardando aquellos dones o talentos que recibimos, no para que los disfrutemos personalmente o en la intimidad, sino para que sean una bendición para quienes nos rodean y más específicamente para la congregación a la que pertenecemos.

Abrir la mano supone no solo ser generosos con lo que ya hemos recibido por gracia, sino que también nos estamos brindando la oportunidad para que nos sean dados nuevos dones y ser bendición para los demás.

Meditar sobre esta cuestión nos llevará a conclusiones que impulsarán nuestra vida espiritual hacia otra dimensión, nos hará crecer y nos permitirá poner en práctica las enseñanzas del Apóstol Pablo. Abramos nuevas manos para dar con alegría y para recibir con agradecimiento.

Mateo 10:8

Diego Acosta García

VOLVER AL PASADO

Frecuentemente nos sorprendemos pensando en los días en que vivimos, en los buenos momentos que pasamos, en los gratos que nos resultaron determinados momentos. Frecuentemente miramos hacia el pasado.

Pareciera ser una forma de olvidarnos del presente, de escaparnos de la realidad que tenemos que afrontar cada día, de refugiarnos frente a hechos que nos preocupan y que no son de nuestro agrado.

Demasiado frecuentemente el pasado ocupa el presente de nuestra vida y esto afecta también a nuestro futuro. La cuestión es: ¿Por qué miramos hacia el pasado y no miramos hacia el futuro?

Seguramente habrá tantas respuestas como personas contesten, pero nos atrevemos a asegurar que en el fondo se trata de una fuga hacia lo conocido en lugar de afrontar lo que desconocemos.

Una fuga hacia lo que vivimos en el pasado, aunque no nos sea demasiado grato porque no nos atrevemos a afrontar la realidad de este día y mucho menos la incertidumbre del futuro.

Debemos romper con esta costumbre de mirar hacia atrás. Debemos recordar que la misericordia de Dios se renueva cada día y que mañana también la tendremos, nueva y amorosa como la tenemos hoy. No volvamos nuestra mirada al pasado. Lo mejor está por venir.

Eclesiastés 7:10

Diego Acosta García

PRESTAR OIDOS

Escuchar puede ser un acto misericordioso cuando lo hacemos con amor fraterno, para que alguien pueda aliviar su corazón contando sus penas, sus dudas, sus temores. Es también una oportunidad para que le llevemos el mensaje de Paz y de consuelo que solo Jesús puede dar a los hombres.

Escuchar también puede ser un acto poco sensato de nuestra parte, cuando advertimos que lo que estamos oyendo no nos edifica y que por el contrario estamos compartiendo con nuestro silencio lo que otra persona pueda decirnos.

Es necesario obrar con sabiduría para que nuestros actos sean verdaderamente de amor y de misericordia por el prójimo, por nuestros hermanos y aún por los que se niegan a reconocer a Dios. Escuchar siempre será un acto deseable, porque también puede edificarnos grandemente.

Lo que no debemos hacer nunca es prestar oídos a palabras necias, a acusaciones maliciosas, a críticas o juicios contra quienes son autoridades espirituales o contra la propia Iglesia.

Como hijos de Dios que somos debemos ser extremadamente prudentes para no convertir una acción legítima desde la perspectiva espiritual, en algo que nos puede perjudicar y hacernos responsables por omisión de cuestiones muy serias. Seamos sabios al prestar oídos.

Pr 10:32

Diego acosta García

UN DOMINGO ESPECIAL

¿Para qué hacemos un devocional? ¿Para acercarnos a Dios? ¿Para sentir su presencia en el lugar donde nos encontramos? ¿Para sentirnos un poco más hijos suyos?

El devocional puede asumir múltiples maneras y también múltiples formas de acercarnos a Dios. Y esto es así porque se trata de algo estrictamente personal y que idealmente debemos realizar en la intimidad.

Pero hoy es un día especial, por ser domingo y consagrarlo al Señor y porque hoy recordamos con tribulación los 10 años del atentado del 11 S. Y al recordarlo debemos pensar en las vidas vilmente asesinadas, en sus familias destrozadas y en los héroes que se sacrificaron hasta la muerte para salvar otras vidas.

Por tanto en este día debemos reflexionar sobre el valor supremo de la vida, debemos de recordar que solo Dios es quién la otorga y solo Él quién la quita. Oremos por los caídos y oremos por los autores de la masacre.

Oremos para que Dios nos fortalezca en nuestra fe y no cedamos ante el chantaje del terror y no tengamos temor frente a quienes son los apóstoles de la ideología de la muerte.

Hoy más que nunca intercedamos por los que sufren, pidamos justicia a Dios por este acto monstruoso y defendamos la vida como bien que se nos ha dado por Gracia.

Job 12:10

Diego Acosta García

LAS PEQUEÑAS DESOBEDIENCIAS

Es probable que cada uno de nosotros conozca a alguna persona que afirma que él solo obedece a Dios y de Dios para abajo, obedece según la ocasión y caso por caso.

Esta extravagante interpretación de la obediencia es una desobediencia total, porque obedecer a Dios se manifiesta en cada uno de nuestros actos y somos obedientes aún en aquellas cosas que aparentemente no tienen la menor importancia.

Si cuando entramos a nuestra Iglesia no respetamos las sugerencias de los ujieres para que nos ubiquemos en determinados lugares, estamos siendo desobedientes. ¿Por qué? Porque ellos fueron puestos para que se cumplan normas de orden que mejoran el Culto, desde su inicio.

Debemos ser plenamente conscientes que la obediencia no es ni optativa ni puede ser selectiva. La obediencia es una forma de relación con nuestro Dios, que se hace manifiesto en cada uno de nuestros actos cotidianos.

Lo más grave de las pequeñas desobediencias es que voluntariamente decidimos apartarnos de la Gracia que tenemos sobre nuestras vidas, cada vez que somos obedientes aún en aquello que nos parece sin importancia.

La pequeña desobediencia es como el robo de un euro. Siempre será desobediencia aunque sea pequeña y siempre será robo aunque represente una pequeña cantidad.

Proverbios 3:1

Diego Acosta García

LA SABIDURIA DE ESCUDRIÑAR

El ritmo frenético en el que vivimos nos aleja de la posibilidad de pensar en las cosas de Dios. Nos aleja de la necesidad que tenemos de analizar todo lo que ocurre a nuestro alrededor desde la perspectiva de su Palabra.

Si esto es así con las cosas que nos rodean, cuánto más será con nuestra propia relación con el Señor de nuestras vidas. Debemos confrontar nuestros pensamientos y nuestras decisiones con aquello que Él quiere de nosotros, con el propósito que sabemos Él tiene para nosotros.

Por tanto debemos escudriñar lo que nos ocurre y lo que ocurre, lo que es evidente y lo que está oculto, lo que es del espíritu y lo que es de la carne. Solamente escudriñando podremos evitar apartarnos de las cosas de Dios.

En estos tiempos tan complejos no tengamos miedo de detenernos el tiempo que haga falta para escudriñar dentro de nosotros lo que estamos haciendo, para diferenciar con la sabiduría que viene de lo Alto, lo que es  Verdad y lo que proviene de nuestras emociones, de nuestros sentimientos.

Solamente así evitaremos ser engañados por los falsos profetas de los tiempos finales. Evitaremos que las cosas que no son de Dios las aceptemos porque vienen escondidas bajo atractivos envoltorios. Lo que es de Dios es diáfano y transparente, tan diáfano y transparente que muchas veces no queremos ver lo que Él nos muestra.

Lm 3:40

Diego Acosta García