PERSEGUIDOS POR CRISTIANOS

Prácticamente todos los días se verifican informaciones de cómo se persiguen a los cristianos en distintos lugares del mundo, pero siempre por el mismo motivo: la fidelidad al Señor.

Especialmente en Asia y África la condición de cristiano supone un riesgo para la vida de las personas y esa amenaza puede elevarse a la categoría de riesgo de muerte.

Incluso en potencias mundiales como China por ejemplo, la falta de libertad religiosa se comparece con la falta de una real aplicación de los derechos humanos.

Frente a estas situaciones debemos abandonar nuestra actitud de pasividad y advertir que estas realidades no solo nos pueden afectar, sino que podemos tener la certeza de que finalmente nos afectarán.

El Señor Jesús habló acerca de que seremos perseguidos por ser sus seguidores y en los tiempos finales ese acoso será especialmente virulento, por lo que nos debemos preparar para esas pruebas que nos esperan.

Con toda seguridad esos tiempos nos confrontaran seriamente con nuestras afirmaciones de que somos continuadores de la obra del Señor Jesús, hasta sus últimas consecuencias.

En las pruebas también podremos comprobar cómo las promesas de que nunca seremos abandonados serán cumplidas y que cuando pongamos en riesgo nuestra existencia, tendremos la gran recompensa de la Vida Eterna.

1 Corintios 15:58
Diego Acosta García

EL CONSEJO

Un domingo en el Culto de la Iglesia un hermano se acercó a otro y le preguntó si estaba nervioso y éste le respondió que no y que además estaba extrañado por la pregunta.

Entonces llegó la explicación, de que había sido el Espíritu el que le había llevado a  preguntarle cómo se encontraba, a pesar de que era la primera vez que hablaban.

Decidieron compartir un café y entonces el hombre abrió su corazón y le dijo que sí, que estaba muy nervioso pero que más que nervioso, estaba desolado.

La razón era que en la Iglesia se sentía como un extraño, como un desconocido al que nadie se dirigía para comentarle nada o interesarse por su vida.

El hermano le comentó que era necesario siempre buscar la relación con otras personas en la Iglesia, precisamente para no sentirse extraño ni poco atendido.

Esta frase cambió el semblante del hombre que entonces comprendió que  era también parte de la Iglesia y que así como esperaba que otros se acercaran a él, él también debía acercarse a otros hermanos.

Este sencillo consejo cambió la vida de un hombre porque otro cumplió el mandato que había recibido del Espíritu. No seamos reacios a la relación personal.

El Señor quieres que seamos Su familia dentro de Su Iglesia y por eso nos debemos los unos a los otros.

Proverbios 4:13
Diego Acosta García

ORAR Y CLAMAR

En el impresionante sueño en el que Jacob vio a los ángeles subir y bajar una escalera, puede quedar patentizado que la escalera es prototípica del Señor Jesús.

Solamente a través de Él podemos llegar al Padre y simbólicamente podemos pensar que eran lo que hacían los ángeles, cuando subían y bajaban las escaleras.

Cuando subían llevaban las oraciones de los hombres y cuando bajaban traían las respuestas de Dios, en una irrepetible secuencia de lo que podríamos llamar acción-reacción.

Por eso cuando oramos debemos tener especialmente en cuenta lo que pedimos y cuánto tiempo le dedicamos a ese momento tan sublimemente importante en que nos acercamos al Padre.

Es necesario que entendamos que nos estamos presentando frente al Creador de todas las cosas y por el ÚNICO Intercesor que tenemos, podemos llegar hasta Él con nuestros pedidos o nuestra intercesión.

Nuestras oraciones para ser respondidas deben ser oídas y en eso consiste uno de los mayores secretos de esta relación tan personal con Dios, en saber que Él nos escucha.

Por tanto debemos poner todo nuestro empeño en el momento de las oraciones, levantar un auténtico clamor para llegar al Soberano sobre todas las cosas y aguardar  confidamente a que sean respondidas.

En la Biblia hay pasajes que nos recuerdan que el pueblo elegido por Dios esperó casi de 200 años para que el Creador escuchara sus oraciones. Clamemos para que nuestra oración sea eficaz!

Jeremías 29:12
Diego Acosta García

LOS PAJARITOS

Una mañana pude ver como desde una ventana una señora abría las suyas y arrojaba migas hacia el jardín, cosa que me sorprendió bastante e incluso me pareció fuera de lugar.

Pero este juicio apresurado quedó desvirtuado cuando a los pocos momentos aparecieron varios gorriones que muy gustosamente se dieron a la tarea de buscar y comer las migas.

Este fue un episodio sencillo y seguramente repetido a lo largo de días y días, convirtiendo en una deliciosa rutina el hecho de que alguien se preocupara por dar de comer a los modestos pajaritos.

Como es de suponer tuve oportunidad de arrepentirme del juicio sobre la señora y también pude reflexionar acerca de lo que significaba el hecho de tener en su corazón ese acto de misericordia.

De esta manera me acordé de cuantos días estuve preocupado por la cuestión de la provisión, mayoritariamente de la física y más concretamente de la económica.

La señora a la que había criticado me había dado una gran doble lección. La del amor al prójimo, en este caso los gorriones y la de la provisión, en este caso a esos pequeños seres de la Creación.

Nunca debemos olvidarnos que el Señor sabe de todas nuestras necesidades, porque Él como nadie sabe cómo y en qué momento deben ser satisfechas. Él es nuestro Proveedor.

Salmos 68:10-11
Diego Acosta García

INFLUIR AL MUNDO

Ser influyentes en la sociedad y en el tiempo que nos toca vivir, es uno de los grandes mandamientos que debemos de poner en práctica cotidianamente.

Es nuestra responsabilidad hacerlo en el ámbito de nuestras actividades, para ser referencias en la sociedad que vive sin rumbo, entregada al hedonismo y la frivolidad.

Todos sabemos que no es una misión de fácil cumplimiento, la de influir al mundo, pero contamos con la ayuda y la guía del Espíritu Santo que nos hará obrar siempre en la dirección adecuada.

En esa misión de influir debemos de tener especial cuidado en no caer en las trampas del mundo y correr el riesgo de pasar de ser influyentes a influenciados.

Todos conocemos los atractivos que nos ofrece el mundo y sobre todo todos sabemos lo seductor que resulta no tener que preocuparn por nuestras malas acciones y menos por nuestros pecados personales.

Debemos ser entonces fieles ejecutores de una misión que tiene sus riesgos pero que tiene como elemento esencial, la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas para guardarnos y guiarnos en este difícil camino.

Debemos influir siendo Luz y Sal, con dominio propio, la valentía que Dios nos concede y el buen ánimo para estar siempre dispuestos a mostrar que verdaderamente somos hijos del Altísimo.

Mateo 13:38
Diego Acosta García

EL CAMINO RECTO

Somos enseñados que el camino más recto es el que une dos puntos en línea recta y de esta manera se nos explica una realidad que puede tener su respaldo en la práctica.

Estas enseñanzas pueden ser aplicadas en algunos momentos de nuestras vidas, pero con el tiempo llegamos a la conclusión que no siempre la menor distancia es el camino más atractivo.

En otras palabras, descubrimos que hay atajos, desviaciones interesantes, salidas del camino justificadas e incluso descubrimos que en algunas oportunidades hasta podemos llegar a hacer trampa acortando distancias.

Un día nos preguntamos: Cuál es el verdadero camino? Porque ni las más modernas tecnologías pueden ser lo suficientemente precisas para darnos una respuesta que nos sea aceptable.

Luego de mucho andar nos damos cuenta que nos hemos alejado del Único Camino posible, del Camino que es el verdadero porque es el propio Señor Jesús.

Él es el Camino, el Camino cierto el que siempre nos llevará al destino final con rectitud, sin equivocaciones y sin falsas opciones, aunque sea el Camino más difícil, el más estrecho e incluso el hasta el menos atractivo.

El Camino recto no nos permite justificaciones por abandonarlo aunque sea por razones que más o menos podamos argumentar. El Camino recto nos obliga a una vida recta aunque tengamos las tentaciones de los atajos.

Juan 14:6
Diego Acosta García

NEGAMOS A JESUS?

 

Seguramente todos recordamos como Pedro negó a Cristo y como lloró amargamente por haberlo hecho, en uno de los pasajes más impactantes de la vida del apóstol.

Alguna vez hemos negado a Cristo? Alguna vez hicimos lo mismo que Pedro de negar a Jesús en los momentos difíciles? Nos hemos hecho alguna vez estas preguntas?

Lo más probable es que no y además también es probable que sean preguntas que nunca desearíamos hacernos, porque el problema pueden ser las respuestas.

En lo personal, diría que negué a Cristo cuando callé en lugar de hablar del Evangelio de Salvación. Negué a Cristo cuando consentí con mi silencio las críticas destructivas a Su Iglesia.

Negué a Cristo cuando pude ayudar a la viuda y al huérfano, cuando pude haberlo hecho y no lo hice. Negué a Cristo cuando fui cobarde y no defendí la Verdad absoluta.

Negué a Cristo cuando me escondí en mis debilidades para no afrontar las realidades de la vida. Negué a Cristo cuando no fui capaz de anteponer mi fe a mis intereses personales.

Admito que negué a Cristo. Pero luego de haber llorado amargamente como Pedro, he pedido perdón y reconocido mi falta. Desde este día no negaré más a Jesús, con su Poder y ayuda y con mi debilidad.

Mateo 26:75
Diego Acosta García

LA SANA ENVIDIA?

Las explicaciones que pueden darse sobre lo que significa la envidia pueden ser bastante clarificadoras, pero no resultan del todo concretas con relación a lo que verdaderamente representa desde el punto de vista espiritual.

Se puede tener envidia por el éxito de alguien, porque es más reconocido aunque con menos méritos personales o porque tiene cosas de las que nosotros carecemos.

Quién siente envidia es el primer perjudicado porque no está conforme con lo que es, con lo que tiene y con el reconocimiento que recibe de las personas más cercanas.

Este sentimiento afecta al corazón y cuando tenemos afectado el corazón todo lo que expresamos está impregnado de frustración, de amargura, de resentimiento.

Y eso es lo que verdaderamente ocurre cuando sentimos envidia y el siguiente paso es tratar de destruir a la persona que origina esos sentimientos amargos muy cercanos al odio.

Debemos de pensar que cada uno de nosotros somos exactamente como Dios ha querido que seamos y que sus propósitos para nuestras vidas se cumplirán porque Dios nos ha creado de una determinada manera.

El primer antídoto contra la envidia es agradecer a Dios por ser tal como somos y agradecer también que le haya placido tener para nuestra vida un propósito completamente distinto al de todas las demás personas.

Eclesiastés 4:4
Diego Acosta García

SEPTIMO MILENIO: SER TERCOS

Hay tiempos de nuestra vida en la que pareciera que disfrutamos siendo tercos, que disfrutamos teniendo una actitud en la que nos oponemos a todo y a todos.

Esos tiempos pueden ser más largos o más cortos pero siempre tienen una singularidad, que cuando la analizamos quedamos perplejos porque no sabemos muy bien a qué obedece nuestra terquedad.

En cierta forma en el SEPTIMO MILENIO estamos obrando como obró el pueblo de Israel con Dios, cuando persistió en su obstinada desobediencia y en su reiterada falta de cumplimiento a lo que se le mandaba.

Es curioso apreciar como los hombres en distintos tiempos históricos somos capaces de tener los mismos comportamientos que nos hacen caer en la desobediencia.

Por qué somos tercos? Tal vez porque nos empeñamos en defender cuestiones que sabemos que están erradas, pero nuestro orgullo o nuestra vanidad nos impiden aceptarlo.

En el fondo detrás de toda actitud de terquedad se esconde nuestra exagerada valoración personal, que nos impide ser humildes y por tanto tener actitudes de humildad.

No dejemos que la terquedad domine nuestra vida, porque somos los grandes perjudicados, esencialmente porque nos alejamos de Dios, de su protección y de su sabiduría.

Deuteronomio 10:12
Diego Acosta García

FALSO DILEMA

La cuestión de la muerte digna es actualizada cada cierto tiempo y  ahora se nos advierte que la persona que decide practicar la eutanasia hace una obra de bien, en determinadas circunstancias.

Ese buen gesto se lo relaciona con la donación  de los órganos de la persona que decide morir con la ayuda de otros, lo que haría todavía más loable la situación.

Sin embargo es evidente que no solo que estamos frente a una decisión que nos puede presentar algún dilema, sino que además ese dilema es absolutamente falso.

Es necesario tener el más grande amor por las personas que sufren hasta límites que nos puedan conmover, pero todos sabemos que nadie será sometido a una prueba mayor de la que pueda soportar.

También conocemos casos de personas que afrontan situaciones límites con la máxima entereza e incluso se convierten en un auténtico ejemplo de su vocación por vivir.

Y también conocemos casos de personas que aún en estado de coma, retornan a la vida por un milagro que la ciencia ni los hombres  comprenden, pero que los creyentes sabemos a quién atribuirlo.

El falso dilema de la muerte digna debe ser rebatido con el argumento del amor por el que sufre y por la certeza de que es Dios quién da y quién quita la vida.

Génesis 2:7
Diego Acosta García