EL BUEN CONSEJO

Cada uno de nosotros debemos de tener la seguridad que Dios está pendiente de todas nuestras necesidades, por complejas y difíciles que sean y en los lugares y momentos más insospechados.

Por esa razón ÉL sabe cuando el Espíritu Santo debe obrar en nuestras vidas con la palabra de sabiduría, con el consejo necesario para que no nos desviemos del camino correcto.

La cuestión es tener la capacidad para discernir cuál es la Palabra que el Espíritu nos trae y para saber diferenciarla de aquella que nuestros pensamientos puedan creer que es la correcta.

El Espíritu nunca nos aturdirá con su mensaje, por el contrario nos hablará como un susurro para que podamos recibir la profunda enseñanza que nos guiará por el rumbo mejor.

No nos deben importar las circunstancias ni los problemas que estemos atravesando. E incluso hasta es probable que no advirtamos que estamos en dificultades o haciendo cosas que nos perjudican.

El Espíritu siempre nos hablará. La cuestión es saber escuchar y por encima de todo, ser sabios para hacer lo que se nos sugiere, para obrar en consecuencia. Eso es lo que llamamos el buen consejo, como el que recibió Moisés de su suegro.

Éxodo 18:20

Diego Acosta García

EL DON DE LA CREATIVIDAD

En estos días el mundo despide a uno de los hombres que con su creatividad recrearon la tecnología, para demostrar que los dones naturales son un auténtico regalo.

Por esa creatividad se le han rendido homenajes prácticamente en todos los países del mundo, lo que revela la magnitud de su aporte.

Incluso es notable como se destacan también sus facetas menos ponderables, aquellas que lo revelan no solamente como un talento genial sino como hombre con claroscuros como todos los hombres.

Pero es importante rescatar como enseñanza espiritual, que este hombre siendo tan dotado por dones y talentos, nunca se envaneció como para atribuirse toda la capacidad y negar a Dios.

Por el contrario exaltó la importancia de la fe como instrumento para transitar por la vida, buscando los horizontes mejores y los desafíos mayores.

Tal vez nunca se pudo imaginar que con su mensaje de fe se estaba acercando al Creador de todos y al Creador que le otorgó su propio talento.

De todas las circunstancias podemos extraer enseñanzas que nos lleven a entender cuál es el propósito que Dios ha determinado para cada uno de nosotros y como en este caso, aprendamos la lección de sabiduría de no negar al Supremo.

Proverbios 3:13

Diego Acosta García

RETOQUES ESPIRITUALES

En estos tiempos es muy frecuente escuchar sobre retoques que se hacen sobre las fotografías de las personas para mejorar su aspecto, para disimular defectos y para hacerlas más atractivas.

Esta práctica no solo que está extendida sino que tiene sus admiradores y también sus detractores, por cuánto hay quienes entienden que con esos retoques se está falseando la realidad.

En nuestra vida espiritual corremos el riesgo de estar haciendo ex
actamente lo mismo: vamos retocando determinados aspectos hasta que finalmente comenzamos a dar una imagen agradable.

Tenemos las características de los hermanos simpáticos, amables, considerados, afectuosos  y más o menos dispuestos a ayudar a los demás aunque con determinados límites.

Lo peligroso de esta cuestión es que nos podemos llegar a confundir y no saber exactamente quienes somos. Somos los que en realidad somos o somos los retocados?

En nuestra vida espiritual no puede haber retoques porque debemos ser íntegros y cabales guiados en todo momento por el Espíritu Santo para obrar como lo que verdaderamente somos.
No podemos engañar a Dios, pero corremos el grave riesgo de engañarnos a nosotros mismos.

Salmos 15:2

Diego Acosta García

NO SEAMOS ESTANQUES

Si miramos con franqueza nuestro interior, tal vez descubramos que poco a poco nos hemos ido convirtiendo en un estanque donde las aguas permanecen quietas.

Nos podemos preguntar: Que ha pasado para que las aguas dejen de fluir y se conviertan en un estanque? Que ha ocurrido en nosotros para que nos hayamos convertido en un estanque espiritual?

Cada cual tendrá su respuesta, pero podemos decir que no es bueno que seamos estanques porque si las aguas dejan de fluir, lentamente van perdiendo su pureza y se convierten en algo peligroso y contaminado.

Busquemos en qué lugar y en qué momento las aguas dejaron de fluir, dejaron de ser aguas vivas llenas de bendición y se convirtieron en un estanque oscuro y cada vez más denso.

Las aguas vivas deben alimentar nuestro interior, para purificarlo y convertirlo a su vez en otra fuente de vida, para ser capaces de alimentar de vida a quienes lo necesitan.

Los ríos de aguas vivas deben de correr libres, impetuosos, saludables en nuestro espíritu, para que la renovación sea posible y podamos servir con alegría a quienes nos rodean.

No seamos estanques. No impidamos que las aguas vivas sean aguas de bendición.

Jeremías 17:13

Diego Acosta García

Y SI ES NECESARIO…

Se cuenta que pocos años después de iniciado el proceso de la Reforma un maestro le dijo a su discípulo al despedirlo: Ve y predica… y si es necesario habla.

La historia breve y contundente nos debe hacer reflexionar acerca de la necesidad de observar como son nuestras actitudes cuando estamos en presencia de otras personas.

Puede ocurrir que con un simple gesto amistoso, un gesto considerado, un gesto solidario, podamos impactar a otras personas y generar hacia nuestra fe una atracción importante.

Hemos sido mandados a cumplir la Gran Comisión y debemos entender que también podemos predicar con nuestras actitudes y que muchas veces no tendremos oportunidad de hablar.

Y lo que es más importante: que nuestras actitudes hablen por nosotros, para así poder extender el mensaje del Reino hasta los confines de la tierra y a todos los hombres.

Recordemos que si es necesario… hablemos, pero mientras tanto que nuestras actitudes reflejen que nos sentimos hijos amados de Dios y que deseamos que ese mismo amor lo puedan recibir en sus vidas los hombres y mujeres con los que nos cruzamos en nuestro cotidiano devenir.

Filipenses 3:17

Diego Acosta García

ESCUCHEMOS… SOLAMENTE ESCUCHEMOS

En el fragor de nuestra vida estamos inundados por toda clase de ruidos, de palabras, de sonidos, de voces confusas, que nos llevan a una especia de aturdimiento y distracción.

Con ese fragor nos volvemos insensibles a las palabras que deberíamos escuchar y de tanto escuchar lo que no debemos, nos convertimos en nuestros propios oidores.

No hay palabra más importante que la nuestra, nos agrada escuchar voz porque la mayoría de las veces solamente nos dice lo que nos gusta oír, sin reprensiones y siempre justificándonos.

Así vivimos días tras días, alejándonos por completo de las enseñanzas que recibimos, de las palabras sabias que en algún momento nos fueron  dadas como mensaje.

La dimensión espiritual comienza a carecer de sentido, porque solamente nos rodeamos del ruido que ahoga el silencio y que ensombrece nuestro entendimiento.

No dejamos ninguna oportunidad para escuchar al Dios que nos rescató, al Dios que por misericordia nos llamó a su lado, al Dios que siempre tiene memoria de nuestro nombre.

Debemos dar un paso de firmeza para abandonar esta forma de vivir. Escuchar la Palabra de Dios cada día es lo más importante que debemos hacer para que nuestras vidas sean transformadas y llenas del Espíritu, porque para eso fuimos creados.

Proverbios 1:33

Diego Acosta García

SEAMOS ÁGUILAS

Es curioso cuando de tanto mirar nuestros propios problemas, nuestras circunstancias, de tanto centrarnos en lo que llamamos nuestra realidad, comenzamos a caminar mirando hacia abajo.

Dejamos de tener la perspectiva del horizonte y en cambio dirigimos nuestros ojos hacia abajo, y obrando de esta manera inevitablemente nos sentiremos agobiados, cansados.

Y por qué ocurre esto? Porque al convertirnos en el centro de toda nuestra atención, dejamos de percibir lo que ocurre a nuestro alrededor y solamente permitimos que lleguen hasta nosotros las señales de alarma o de preocupación.

No somos capaces de advertir que así como es verdad que existen problemas, situaciones muy graves, también hay bellos momentos que se nos pasan desapercibidos por nuestra egolatría.

Debemos abandonar esta actitud que se parece en mucho a la de las aves de corral, que solamente dan pequeños saltitos a pesar de que podrían utilizar sus alas para realizar aunque sea pequeños vuelos.

Dejemos de ser el centro de nuestro propio mundo, y seamos capaces de dirigir nuestra mirada hacia lo alto, para poder mirar a quienes nos rodean y comprobar cuánto nos necesitan.

Abramos las alas de nuestros pensamientos, de nuestra fe y aprendamos a volar como las águilas y entonces y solo entonces podremos ser diferentes, podremos comenzar a comprender lo que Dios tiene para nosotros.

Estamos a tiempo para advertir las grandes cosas que Dios nos quiere mostrar y que no podemos ver porque estamos centrados en nosotros mismos.

Isaías 40:31

Diego Acosta García

GUARDEMOS EL CORAZÓN

Un sabio maestro enseñaba acerca de la necesidad de guardar el corazón. Sus discípulos entonces le preguntaron si estaba hablando en sentido figurado.

El maestro les dijo que no, que estaba hablando en sentido literal acerca de la necesidad de guardar el corazón. Nuevamente le preguntaron acerca de lo que significaba su afirmación.

El maestro les explicó que se trataba de que debíamos de tener cuidado para que nada nos produjera rasguños que con el tiempo se pudieran convertir en graves heridas.

Por que debíamos de evitar esas heridas? Porque corremos el peligro que no solo sean graves sino que pueden terminar envenenando todo nuestro cuerpo y lo que es más grave, nuestro espíritu.

Los discípulos le preguntaron: como se podía envenenar el espíritu a partir de un simple rasguño? Acaso una herida superficial puede ser tan grave como para envenenarnos?

La cuestión es que un simple rasguño en realidad no es nada importante, pero lo grave es que sepamos entender que es solamente eso, un simple rasguño.

Si no somos capaces de comprender esta realidad lo convertiremos en un auténtico veneno que nos llevará rápidamente de la amargura al odio más profundo.

Por eso es necesario guardar el corazón para que nuestro amor a Dios no quede expuesto a nuestro resentimiento o a nuestra necesidad de venganza sin apelar a Su Justicia.

Mateo 6:1

Diego Acosta García

EL AFÁN

Tenemos tendencia a confundir el interés y la voluntad de trabajar con el afán, tal vez porque la diferencia entre unas actitudes y otra sea muy sutil casi imperceptible.

Es bueno que aprendamos a distinguir aquello que define nuestra capacidad de poner todo nuestro empeño en un fin determinado, a lo que significa el afán.

El afán por definición es entregarse a una actividad con todo interés, y también puede agregarse para ampliar el concepto cuando hacemos algo de manera excesiva y penosa.

Podríamos decir que el afán es confiar plenamente en nuestras fuerzas, en nuestra capacidad basándonos en el orgullo y la vanidad y en el desafío que hacemos a los demás por nuestros logros.

Pero que significa el afán espiritualmente? Desde luego que el afán por las razones expuestas no es bueno para nuestras vidas, porque nos aleja de los principios que Dios ha establecido.

En qué sentido nos aleja? Ponemos distancias con Dios cuando confiamos en nosotros mismos haciendo apología de la doctrina humanista y no aceptamos que Dios es el Señor de nuestras vidas.

Debemos recordar que Él siempre estará a nuestro lado, precisamente para que no nos afanemos en nuestros vanos esfuerzos y aprendamos a confiar en que Él es el proveedor en todos los sentidos.

Desterremos toda forma de afán y aprendamos a vivir cogidos de la mano del Señor.

Marcos 4:19

Diego Acosta García

LA SUAVE BRISA

En el tiempo en el que la tormenta de los problemas, las aflicciones y las pruebas se abaten sobre nuestras vidas es necesario recordar que siempre ese tiempo pasa.

Es preciso que comprendamos que el ciclo de la tormenta se completa con el tiempo del sosiego, de la calma, que solo apreciamos luego de haber sido sacudidos  casi hasta el límite de nuestras fuerzas.

Ese momento que sigue a la violencia de la tormenta en el que se debe inundar de fe y esperanza nuestra conciencia, con la suave brisa del Espíritu Santo obrando con benignidad hasta lo más profundo de nuestro interior.

La promesa de la obra del Espíritu nos fue dada por el Señor Jesús para que nos acompañe todos los días de nuestra vida, hasta nuestro último aliento que nos sea dado.

Esa suave brisa del Espíritu nos dará las fuerzas para que cuando nuevas tormentas lleguen para agitar nuestras vidas, sepamos que no estamos solos y que siempre estará a nuestro lado.

Disfrutemos de la suave brisa del Espíritu porque es el bálsamo que calmará nuestro interior y que nos hará reflexionar de la importancia que guardemos nuestro cuerpo porque debe ser el Templo santificado para recibirlo.

Demos gracias por la suave brisa del Espíritu porque es la Gracia de Dios en cada día de nuestra vida.

Isaías 57:15

Diego Acosta García