QUIÉN LIMPIARÁ…?

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Es más que habitual que se nos exhorte a obrar ante cada situación, pensando en cómo lo haría Jesús.

Creo que de tanto usar este argumento lo hemos desvirtuado y ha pasado a ser, una fórmula más de un tipo de mensaje pretendidamente constructivo.

Si de verdad debiéramos obrar como el Hijo del Hombre, muchas de nuestras tradiciones cambiarían y de un modo rotundo.

Una de ellas sería la de especular con la forma de decir determinadas cosas, para tratar de hacerlas más suaves y más fáciles de asimilar por quienes las reciben.

Es decir: Tratamos que aquellas decisiones que son duras pero ineludibles, sean expresadas de una manera más atemperada, para que no resulten tan ásperas.

Ahora bien: Es así como obraría Jesús?

Rotundamente NO!

El Mesías nunca usó medias palabras ni las dulcificó. Cuando consideró que debía ser directo, lo hizo sin ninguna clase de contemplaciones.

Soy yo, el creyente de este tiempo, el que trata de que las palabras sean menos contundentes, menos claras y por tanto, corro el riesgo de que no sean todo lo eficaces que deberían ser.

Las congregaciones no son reuniones sociales!

Las congregaciones son constituidas por personas que debemos ser exhortadas, alentadas y también corregidas. Sin juzgar a nadie y siendo generosos con quienes se apartan de los mandatos del Supremo.

Si no procedemos como Jesús lo haría, estamos desvirtuando sus propias Palabras y las estamos convirtiendo en tristes remedos que no ayudan a nadie, salvo a la obra destructiva del enemigo.

Quién limpiará el templo como Jesús?

Mateo 21:12-13

Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;

y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Diego Acosta / Neide Ferreira

ECONOMIZAR E DESPERDIÇAR pt

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As pessoas que, como eu, estamos vivendo os tempos finais da própria existência, temos tempo para analisar quilo que fizemos e o que deixamos de fazer.

Pensar sobre o pouco que fizemos certo e o muito que fizemos errado.

Eu, como quase todas as pessoas, um dia dei valor ao dinheiro e, a partir daí, todas as minhas preocupações se focalizaram em ter mais e guardar tudo o que pudesse.

O grande preço que estava pagando por isso – ignorei totalmente. Estava desperdiçando meu tempo em uma coisa que não tem o menor valor, exceto de usá-lo o necessário para viver.

Foi assim que muitos anos da minha vida foram investidos assim, desse jeito errado e desde essa perspectiva mesquinha – para dar valor ao dinheiro, tirei daquilo que realmente tinha e tem importância.

Em outras palavras: tentei economizar no que não devia e desperdicei loucamente o que deveria ter administrado com sabedoria.

É o dilema da nossa era: vamos em busca do dinheiro a qualquer tempo e desperdiçamos a única coisa valiosa que os seres humanos têm: o tempo!

É incrível como um afinal chegamos à conclusão de que, do mesmo jeito que temos o dinheiro, um dia o perdemos e mais tarde até podemos recuperá-lo.

Mas o tempo, esse escasso período de vida que nós, os humanos, temos, NUNCA poderemos recuperar!

Como sempre estamos em tempo de aprender, portanto, aprendamos!

A única coisa valiosa que temos e que deveríamos conversar e administrar com a máxima sabedoria é o nosso tempo de vida – aquele que dedicamos a Deus, nossa família e à Igreja no sentido que Jesus expressou.

Não desperdicemos a única coisa que temos de verdade!

 

Salmos 103:15-16

 Porque o homem, são seus dias como a erva;
como a flor do campo, assim floresce;

pois, passando por ela o vento, logo se vai,
e o seu lugar não conhece mais.

Diego Acosta / Salma Ferreira

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AHORRAR Y MALGASTAR

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Los que vivimos los tiempos finales de la existencia, tenemos calma para analizar lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer.

Sobre lo poco que hicimos bien y sobre lo mucho que obramos mal.

Como casi todas las personas, un día le concedí valor al dinero y a partir de entonces centré todos mis afanes en tenerlo y en la medida de lo posible de atesorarlo.

El gran precio que estaba pagando, yo lo ignoraba por completo. Estaba malgastando mi tiempo en algo que no tiene el menor valor, como no sea de aquel que precisamos para vivir.

Así fue que invertí muchos años de mi vida, desde esa errada y mezquina perspectiva. Dándole valor al dinero, se lo resté de lo que verdaderamente tenía y tiene importancia.

Para expresarlo de otra manera: Busqué ahorrar en lo que no debía y malgasté alocadamente lo que si debía administrar con sabiduría.

Es el dilema de nuestro tiempo: Buscamos el dinero a cualquier precio, malgastando lo único valioso que tenemos los humanos: El tiempo!

Es sorprendente como un día nos podemos dar cuenta que el dinero así como lo tenemos, otro lo perdemos y luego lo podemos volver a recuperar.

Pero el tiempo, este escaso período de vida que tenemos los humanos, no lo podemos recuperar NUNCA!

Como siempre estamos a tiempo de aprender: Aprendamos!

Lo único valioso que tenemos y que debemos preservar y administrar con la máxima Sabiduría, es nuestro tiempo de vida.

El que le dedicamos a Dios, a nuestra familia y a la Iglesia, en el sentido de servir como lo expresó Jesús.

No malgastemos lo único que de verdad tenemos!

Salmo 103:15-16

El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,

Que pasó el viento por ella, y pereció,
y su lugar no la conocerá más.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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