ALMA MÍA…

arpa
David tuvo un diálogo maravilloso con su alma, que muchos de nosotros tal vez hayamos tenido aunque sin habernos percatado.

El Rey le planteó a su alma algunas cuestiones que muchas veces no me han dejado dormir, me han quitado la paz y también el gozo.

Y cuando esas cosas ocurren tienen como consecuencia lo que el hijo de Isaí le pregunta: Por qué te abates dentro de mí?

Y vuelve a preguntarle al alma: Por qué te turbas dentro de mí?

Debo confesar que en muchas ocasiones que he leído estos versículos, me han resultado asombrosos, pero impracticables…

Asombrosos porque me resultó siempre conmovedora la actitud que el gran Rey de Israel tenía para con el auténtico Soberano.

Pero me resultaban impracticables, porque evidentemente yo no tenía esa confianza tan radical que él tenía en Jehová.

Es que David era muy diferente de mí, de nosotros?

Bien podríamos decir que ni fue mejor ni fue peor que yo, ni que de ninguno de nosotros. Solamente que el Poderoso le confió grandes cosas.

Eso lo torna diferente?

NO, simplemente que él tuvo que afrontar situaciones y yo y cada uno de nosotros las nuestras, todas distintas y en su medida, todas difíciles.

Por eso cuando David habla con su alma le pide que espere, lo cual significa que toda su confianza estaba puesta en el Todopoderoso.

Luego le dice que repose y que despierte. Lo que significa primero descansar y luego estar listo para hacer aquello que se nos mande.

Aprendamos de David!

Que nuestra alma sepa en Quién tenemos depositada la confianza!

Salmo 62:5

Diego Acosta / Neide Ferreira

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