DESESPERANZA

Dv2Se14Un evangelista se quejaba amargamente de la falta de resultados de su labor, en la que se esforzaba y trataba de poner lo mejor de sí.

Hay motivos para quejarse sirviendo al Señor?

Esta es la gran pregunta que muchos de nosotros nos habremos formulado en algún momento del proceso de crecimiento en el Evangelio, que sabemos que prácticamente nunca se acabará.

Nos quejamos fundamentalmente, porque somos hombres y los hombres deseamos ver los frutos de nuestro trabajo, queremos ver los resultados de lo que hacemos.

Podríamos decir que ese afán por ver los resultados, nos hace perder de vista muchas de las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Jesús enseñaba a quienes lo seguían de la necesidad de perseverar, pero nunca enseñó que deberíamos esperar ver los frutos de nuestro trabajo.

Por eso el Hijo del Hombre, explicó que unos siembran y otros siegan. Y si sembramos, por qué esperamos segar? Es evidente que el verdadero trasfondo de nuestras quejas, no es otro que el de la vana-gloria.

Ansiamos la notoriedad y cuánto mayores resultados podamos exhibir, mejor para nuestro orgullo, para nuestro ego insaciable.

Seguramente porque el Eterno conoce nuestro corazón, muchas veces impide que veamos los frutos de nuestra siembra.

Somos nosotros mismos los que provocamos con nuestro anhelo desmesurado, que finalmente no tengamos oportunidad de ver como las semillas que plantamos han caído en la buena tierra.

Seamos sabios. No caigamos en la desesperanza, porque es una demostración de nuestra propia ansiedad. Dejemos que cada cosa ocurra a su tiempo perfecto.

No olvidemos que la única honra verdadera es la que otorga el Señor!

Isaías 32:20

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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