ADORAR…?

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A quién debemos adorar?

A los seres humanos exitosos?

A los grandes hombres del Evangelio?

A los líderes influyentes?

Estas preguntas pueden resultar un tanto retóricas, pero en el fondo están revelando que hay mucha confusión en nuestras actitudes.

Alguna vez tuvimos oportunidad de ser testigos de una peligrosa forma de adoración personal de un discípulo para con un líder relevante.

Este episodio tuvo varias consecuencias.

Una de ellas, afectó directamente a quién se declaraba poco menos que un adorador de alguien que tenía una alta responsabilidad.

Esto resultó muy malo, porque con el tiempo se produjo el inevitable desencanto, al comprobar que el líder era otro hombre falible como él mismo.

Curiosamente tampoco fue bueno para quién recibió los halagos, porque en un primer momento pueden resultar exagerados, pero desde la humana condición, terminó siendo apreciado.

De allí la importancia que tiene la cuestión de la adoración. Es evidente que cuando se trata de una persona, corre el grave riesgo de ser perturbada por demostraciones que resultan demasiado importantes para ser comprendidas en su verdadera dimensión.

La Palabra de Dios nos enseña categóricamente sobre esta cuestión. Incluso la adoración, puede esconder una tremenda manipulación, para lograr beneficios personales.

Debemos ser perfectamente conscientes a Quién debemos adorar!

Como el caso que comentaba, la exageración en las demostraciones de obediencia, se convierten en servilismo y lo que es peor, pueden afectar el equilibrio de quién resulta el objeto de las atenciones.

Toda forma de adulación a los hombres, es una forma perversa de actuar y completamente contraria a las enseñanzas bíblicas.

Apocaliipsis 19:10

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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