Durante la Regencia de María Cristina de Borbón se emitió el decreto por el cual se abolía oficialmente el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición o como se le conocía, la inquisición española.
Fue establecida por los reyes católicos en 1478 y en principio solo tenía jurisdicción sobre los cristianos bautizados.
Sin embargo al no existir en España la libertad de culto, el Tribunal del Santo Oficio tenía jurisdicción sobre todos los súbitos de la corona, de quién dependía.
En el mundo existe una exaltación de lo personal que puede llegar a asombrar, pero no es otra cosa que la obra pertinaz y exitosa de lo que se llama humanismo.
Como bien se afirma en Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol y en estos tiempos volvemos a elevar al hombre por sobre todas las cosas, como comenzara a hacerse en los centenios de 1.300 y 1.400.
Pero aplicado a nuestros días todo está potenciado al máximo y en los sencillos argumentos publicitarios aparecen las frases: Porque yo lo valgo, porque me lo merezco…
Repetidos una y otra vez estos argumentos parecen penetrar a la mente y los corazones de muchos hombres y mujeres, que adoptan estos mensajes como si se tratara de una auténtica doctrina de vida.
Si esto es tremendo, no lo es menos que los quienes nos llamamos hijos de Dios, también aceptamos estos criterios que nos alejan de las enseñanzas que hemos recibidos.
Merezco…?
Alguien puede decir que se merece algo, delante del Eterno?
Porque yo lo valgo, se puede argumentar delante del Todopoderoso?
Es evidente que nuestra condición de humanos nos lleva a realizar acciones que superan todo lo razonable, solamente por el hecho de insistir una y otra vez sobre lo mismo.
Distinta es la perseverancia!
Una cosa es insistir y otra perseverar, porque sabemos que estamos en el Camino correcto y se nos demanda ser fieles a esa certeza y no abandonar ante las dificultades.
Pero cuando insistimos por nuestras propias convicciones, la cuestión cambia porque estamos dejando de confiar en el Eterno y poniendo nuestro afán por encima de toda consideración.
Más de una vez me he visto sorprendido por situaciones en las que luego de un tiempo, advierto con tristeza, que los malos resultados solo son consecuencia de mi error inicial, el de insistir confiando solamente en mis fuerzas.
En momentos precisos, es necesario reflexionar siempre, para no cometer errores que bien podrían haber sido evitados. Trato de recordar esta advertencia, para no tropezar tantas veces en la misma piedra.
Salmo 31:3
ES – Porque tú eres mi roca y mi castillo;
por tu nombre me guiarás
y me encaminarás.
PT – Porque tu és a minha rocha e a minha fortaleza;
pelo que, por amor do teu nome,
guia-me e encaminha-me.