ESTUDIAR

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Una de las demandas que recibimos, siendo como somos hijos de Dios, es la de estudiar el Texto Sagrado.

Con qué propósito?

Es perfectamente lícito entender que se trata de llegar a un conocimiento cada vez más profundo, para poder trasladar ese conocimiento a quienes son más jóvenes que nosotros en la fe.

Si tenemos como fin conocer la Palabra para enseñarla y para que sea una Guía cada vez más eficaz en nuestra vida, entonces estamos en lo cierto.

Pero, hay riesgo de equivocarse?

La posibilidad es muy grande y está relacionada como siempre con nuestro corazón y lo que guardamos en él, como fin último.

Si deseamos ser conocedores de la Biblia para ser un auténtico río de aguas vivas, es más que bueno. Pero si deseamos ser sabios para ser reconocidos como tales estamos al borde del abismo espiritual.

Tomando el ejemplo de Jesús, cuando eligió a quienes serían sus discípulos, la mayoría de ellos eran hombres más que simples.

Si pensamos en tiempos más cercanos, podemos comprobar cómo algunos de los grandes hombres del Evangelio tampoco eran grandes sabios. Y lo más importante: Tampoco deseaban serlo.

Las ambiciones personales muchas veces pueden desvirtuar, incluso los talentos que podamos tener para ser realmente hombres sabios.

Quienes verdaderamente han sido elegidos para ser sabios, primero fueron humildes y luego fueron más humildes todavía. No cayeron en la vana-gloria.

En eso consiste el gran secreto de aprender: Tener muy claro el propósito final que tenemos.

Romanos 15:4

Diego Acosta / Neide Ferreira

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