FINAL…

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Todo lo que comienza, termina.

Todo tiene un final.

Estos pensamientos están relacionados con el tiempo, que medimos desde los segundos hasta los meses y los años.

Un día nacemos y un día termina nuestra vida.

Es así de inexorable lo que le espera a la especie, luego del pecado de nuestros padres en el Edén. Fuimos Creados para ser eternos y el pecado, transformó para siempre esa condición.

Tal vez pensando en esto, es que advierto todo lo que se relaciona con el final de algo. Y las distintas reacciones que provoca.

Por esto es que pensando en la Grandiosidad de Dios, me veo pequeño y débil, precisamente las condiciones en donde se Glorifica el Señor.

En mi pequeñez y en mi debilidad, en mi fragilidad. Porque así somos los humanos, débiles y frágiles, por mucho que pretendamos lo contrario.

Por eso me recuerdo que alguien que dijo que ser sabio no es saber más, sino saber interpretar todo lo que me ocurre y reconocer que todo es producto de la Voluntad Soberana del Poderoso de Israel.

Recuerdo que cuando era niño pensaba, cuando tendré 50 años, como seré, tendré esposa e hijos, nietos…Pensamientos propios de niño al que le costaba entender muchas cosas que ocurrían.

Hoy puedo dar gracias al Eterno porque comprendo o creo comprender, que hay un tiempo para todo, para el comienzo y también para el fin.

Soy más sabio por eso?

No, pero seguramente pueda decir que he transformado mi mente como estableció Pablo, para no conformarme con las cosas del mundo y ansiar todo lo de Dios.

Por eso en este final, pensemos que mañana llega lo nuevo de Dios.

Eclesiastés 3:1

Diego Acosta / Neide Ferreira

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