LA BIBLIA ENSEÑA

EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD – IX

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Génesis 2:18

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

Jehová estableció que no es bueno que el ser humano estuviera solo, sin la compañía de un semejante. Estaba solo Adán? Evidentemente que sí, observándolo en el Edén como único miembro de una especie superior, con el agregado que fue creado con la edad y la madurez física necesaria y suficiente como para estar en condiciones de cumplir la grandiosa tarea de poblar la tierra, es decir estaba apto para la reproducción. Era un ser adulto.
Dios agrega a su pensamiento que creará a alguien como su igual, según registra Martín Lutero en su traducción de la Biblia al alemán. Esto complementa las traducciones que señalan que esa nueva creación será ayuda idónea y que le corresponderá.
El hombre por lo tanto, es un ser que solo es incompleto y la mujer, suple su deficiencia y es su complemento. Esa es la razón por la que no es bueno que esté solo y la mujer es su réplica y el motivo para depositar su amor como parte de su misma especie.

Génesis 2:19

Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Jehová modeló de la tierra junto con el agua, lo que llamamos barro, a los animales salvajes, las aves de los cielos y los presentó a Adán para que les pusiese el nombre con el que se los llamaría en el futuro.
El Soberano otorgó al hombre el grado de discernimiento suficiente como para distinguir a todo lo que había sido Creado, dividiéndolo no solo por especie, sino también identificando de manera concreta a cada ser viviente.
Con ese acto Dios estaba ratificando la autoridad y dominio que otorgaba al hombre sobre las especies menores de la Creación. Pero también establecía la responsabilidad que tenía el hombre del cuidado sobre todo lo que el Eterno había creado. Una vez más queda expuesta la alta misión de la mayordomía.

Génesis 2:20

Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Así el primer hombre puso nombre a todos los animales, los salvajes y los domésticos y a las aves de los cielos. Cumplía el gran cometido que le había encomendado el Todopoderoso.
Podemos preguntarnos: Precisaba Dios que el hombre interviniese de esa forma, en lo relacionado con los nombres de la Creación?
Categóricamente No. Pero si estaba determinando el rol tan significativo que había otorgado a los seres humanos.
Dios también tenía certeza de que Adán seguía sin tener otro ser igual, de la misma especie, que cooperase con él y que le correspondiese íntimamente.

Diego Acosta

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