PAN DE VIDA – Testimonio
JESÚS nos dice:
Escudriñad las
Escrituras;
porque a vosotros os
parece que en ellas
tenéis la vida eterna;
y ellas son las que dan
testimonio de mí;
y no queréis venir a mí
para que tengáis vida.
JESÚS nos dice:
Escudriñad las
Escrituras;
porque a vosotros os
parece que en ellas
tenéis la vida eterna;
y ellas son las que dan
testimonio de mí;
y no queréis venir a mí
para que tengáis vida.
Dos amigos de mis tiempos de vida mundana, me contaban sus problemas con algunas inversiones que habían realizado.
Me limité a escucharlos, entendiendo que no tenía mucho para comentarles sobre el tema. Pero ellos insistieron y me dijeron: Lo que ocurre es que tú te conformas con cualquier cosa y no quieres prosperar.
Como siempre hago, busqué ayuda en el Espíritu y entonces les dije que yo no me conformaba, simplemente aceptaba lo que recibía porque era exactamente lo que necesitaba para vivir.
Entonces insistieron con la cuestión de prosperar. Recordé la historia del joven rico y su diálogo con Jesús y les expliqué que el concepto de prosperar no tenía relación con las cosas de Dios.
Por tanto prosperar para mí tenía el sentido, de recibir lo que el Eterno me daba y con eso me contentaba. Tengo todo lo que me gustaría? No, pero tengo todo lo que preciso.
Mis amigos no comprendieron o no quisieron entender lo que les dije. Siguieron con sus problemas y yo, orando por ellos para que el Señor tenga Misericordia de sus vidas.
Marcos 10:24
ES –Los discípulos se asombraron de sus palabras;
pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles:
Hijos, !!cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían
en las riquezas!
PT – E os discípulos se admiraram destas suas palavras;
mas Jesus, tornando a falar, disse-lhes:
Filhos, quão difícil é, para os que confiam nas riquezas, entrar no
Reino de Deus!
Diego Acosta / Neide Ferreira
Histórico discurso de Martin Luther King. A los 50 años de su asesinato, es importante recordar sus pensamientos sobre los derechos del hombre, de todos los hombres! Quién fuera pastor bautista, defendió los mismos derechos que defendió Jesús y reclamó para los ciudadanos negros de su país el respeto y la igualdad que enseñó el Hijo de Dios.
Estoy contento de reunirme hoy con vosotros y con vosotras en la que pasará a la historia como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación.
Hace un siglo, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nos encontramos, firmó la Proclamación de Emancipación. Este trascendental decreto llegó como un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros y esclavas negras, que habían sido quemados en las llamas de una injusticia aniquiladora. Llegó como un amanecer dichoso para acabar con la larga noche de su cautividad.
Pero cien años después, las personas negras todavía no son libres. Cien años después, la vida de las personas negras sigue todavía tristemente atenazada por los grilletes de la segregación y por las cadenas de la discriminación. Cien años después, las personas negras viven en una isla solitaria de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, las personas negras todavía siguen languideciendo en los rincones de la sociedad americana y se sienten como exiliadas en su propia tierra. Así que hemos venido hoy aquí a mostrar unas condiciones vergonzosas.
Hemos venido a la capital de nuestra nación en cierto sentido para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magnificientes palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, estaban firmando un pagaré del que todo americano iba a ser heredero. Este pagaré era una promesa de que a todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos— se les garantizarían los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
Hoy es obvio que América ha defraudado en este pagaré en lo que se refiere a sus ciudadanos y ciudadanas de color. En vez de cumplir con esta sagrada obligación, América ha dado al pueblo negro un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado “sin fondos”.
Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de esta nación. Así que hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dé mediante reclamación las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. También hemos venido a este santo lugar para recordar a América la intensa urgencia de este momento. No es tiempo de darse al lujo de refrescarse o de tomar el tranquilizante del gradualismo. Ahora es tiempo de hacer que las promesas de democracia sean reales. Ahora es tiempo de subir desde el oscuro y desolado valle de la segregación al soleado sendero de la justicia racial. Ahora es tiempo de alzar a nuestra nación desde las arenas movedizas de la injusticia racial a la sólida roca de la fraternidad. Ahora es tiempo de hacer que la justicia sea una realidad para todos los hijos de Dios.
Sería desastroso para la nación pasar por alto la urgencia del momento y subestimar la determinación de las personas negras. Este asfixiante verano del legítimo descontento de las personas negras no pasará hasta que haya un estimulante otoño de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es un fin, sino un comienzo. Quienes esperaban que las personas negras necesitaran soltar vapor y que ahora estarán contentos, tendrán un brusco despertar si la nación vuelve a su actividad como si nada hubiera pasado. No habrá descanso ni tranquilidad en América hasta que las personas negras tengan garantizados sus derechos como ciudadanas y ciudadanos. Los torbellinos de revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que nazca el día brillante de la justicia.
Pero hay algo que debo decir a mi pueblo, que está en el caluroso umbral que lleva al interior del palacio de justicia. En el proceso de conseguir nuestro legítimo lugar, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra fecunda protesta degenere en violencia física. Una y otra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza física con la fuerza espiritual. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe llevarnos a desconfiar de todas las personas blancas, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como su presencia hoy aquí evidencia, han llegado a ser conscientes de que su destino está atado a nuestro destino. Han llegado a darse cuenta de que su libertad está inextricablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos.
Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siempre caminaremos hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay quienes están preguntando a los defensores de los derechos civiles: “¿Cuándo estaréis satisfechos?” No podemos estar satisfechos mientras las personas negras sean víctimas de los indecibles horrores de la brutalidad de la policía. No podemos estar satisfechos mientras nuestros cuerpos, cargados con la fatiga del viaje, no puedan conseguir alojamiento en los moteles de las autopistas ni en los hoteles de las ciudades. No podemos estar satisfechos mientras la movilidad básica de las personas negras sea de un ghetto más pequeño a otro más amplio. No podemos estar satisfechos mientras nuestros hijos sean despojados de su personalidad y privados de su dignidad por letreros que digan “sólo para blancos”. No podemos estar satisfechos mientras una persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no, no estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente.
No soy inconsciente de que algunos de vosotros y vosotras habéis venido aquí después de grandes procesos y tribulaciones. Algunos de vosotros y vosotras habéis salido recientemente de estrechas celdas de una prisión. Algunos de vosotros y vosotras habéis venido de zonas donde vuestra búsqueda de la libertad os dejó golpeados por las tormentas de la persecución y tambaleantes por los vientos de la brutalidad de la policía. Habéis sido los veteranos del sufrimiento fecundo. Continuad trabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redención.
Volved a Mississippi, volved a Alabama, volved a Carolina del Sur, volved a Georgia, volved a Luisiana, volved a los suburbios y a los ghettos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de un modo u otro esta situación puede y va a ser cambiada.
La defensa por los derechos continúa!
Martin Luther King, vive porque su legado esta presente en la Memoria de
su pueblo.
HACIENDO MEMORIA – MXXIV
4 de Abril de 1507
Martin Lutero es ordenado sacerdote y miembro de los agustinos, una de las órdenes mendicantes de la iglesia católica.
La decisión de convertirse en sacerdote es rechazada por su padre, pero la mantiene y al año siguiente de su ingreso comenzó a estudiar Teología en la Universidad de Wittenberg, de Alemania.
Se iniciaba así el proceso que llevaría a Martin Lutero a ser el inspirador de la Reforma, que cambiaría el curso de la historia.
Diego Acosta
Leyendo sobre las situaciones que afrontó Jesús por sanar a quienes lo precisaban, durante el Shabat, vino a mí una severa advertencia.
Acaso no me parecía a los fariseos que recriminaban al Hijo del Hombre, sanar en un día tan especial?
Por qué eran tan inflexibles frente a la necesidad de los hombres?
Se podían compadecer por una oveja, pero no frente al sufrimiento de un enfermo?
Ocurre que en el día a día, mis comportamientos están más cercanos a esa dureza de los fariseos, que al Amor que enseño Jesús.
Por eso me resultó muy difícil de admitir que ciertamente me parezco más a los fariseos que al humilde Hijo de Dios que llegó desde Nazaret hasta Jerusalén.
Es fundamental respetar la Ley, pero también es primordial que nunca nos olvidemos que quién sufre, debe ser aliviado sin esperar a que el Shabat de nuestra mente, lo determine.
Solamente así, podremos comenzar a ser Semejanza del Eterno!
Mateo 12:10-14
Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?[a]
El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante?
Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.
Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.
Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
Mateus 12:10-14
E estava ali um homem que tinha uma das mãos mirrada; e eles, para acusarem Jesus, o interrogaram, dizendo: É lícito curar nos sábados?
E ele lhes disse: Qual dentre vós será o homem que, tendo uma ovelha, se num sábado ela cair numa cova, não lançará mão dela e a levantará?
Pois quanto mais vale um homem do que uma ovelha? É, por consequência, lícito fazer bem nos sábados.
Então disse àquele homem: Estende a mão. E ele a estendeu, e ficou sã como a outra.
E os fariseus, tendo saído, formaram conselho contra ele, para o matarem.
Diego Acosta / Neide Ferreira
LA OTRA HISTORIA
Recordamos el mensaje de Paul-Henri Spaak, que fuera Presidente de la Asamblea General de las Naciones y Secretario General de la OTAN – Organización del Tratado del Atlántico Norte.
El doctor Spaak se recibió de abogado y se dedicó al derecho laboralista y se afilió al partido socialista belga. Cumplió luego una intensa labor en los tiempos iniciales de la que luego sería la actual Unión Europea.
El mensaje que recordamos constituye una evidencia de su pensamiento político y nos acerca a los tiempos del fin!
Diego Acosta
Atenta para a obra de Deus; porque
quem poderá endireitar o que ele fez
torto?
No dia da prosperidade, goza do
bem, mas, no dia da adversidade,
considera;
porque também Deus fez este em
oposição àquele,
para que o homem nada ache que
tenha de vir depois dele.