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PRIMERO DIOS


CONGREGACIÓN

del SÉPTIMO MILENIO

Cuándo le preguntaron a Jesús cuál es el gran mandamiento de la ley, él contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente», Mateo 32:27.
Este es el grande y primer mandamiento, parece fácil pero no lo es, podemos pensar que lo cumplimos pero fallamos constantemente. ¿Es fácil amar a quién no ves y ponerle en primer lugar? ¿ Preferir a Dios antes que a padre o madre, hijos, o antes que la pareja? ¿Antes que el trabajo? ¿Antes que los amigos?¿Antes que las posesiones?
¡¡Si, antes y ante todo!!
Es difícil cumplir con este mandamiento, no voy a hablar de nadie, puedo ponerme a mí misma de ejemplo. Para mí es un reto diario, no poner a nadie ni nada antes que a Dios, pero también reconozco mí cobardía a la hora de tener que recordarle a personas queridas y especiales para mí, que se están equivocando, que están dejando a Dios en un segundo o tercer plano; que cuándo ponen a sus hijos, a su pareja, su trabajo, antes que a Dios le están deshonrando.
Siempre me digo a mi misma ¡Eres una cobarde! Porque lo que no quieres es molestar a la otra persona, también me digo: ¡Eres una sentimentalona!! Porque como la tal o cual persona es tu amiga no quieres enfadarla.
Los cobardes no le gustan nada al Señor, la cobardía es un síntoma de miedo, Proverbios 29:25 dice: “El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el SEÑOR estará seguro”. Por cobardía Elí perdió su sacerdocio por cubrir y no amonestar a sus hijos. Pero lo más rotundo es lo que nos advierte Apocalipsis 21:8 los cobardes no entrarán al Reino.
Los sentimentales tampoco le agradan al Señor, el sentimentalismo es un mal consejero. Cuándo Jesús anuncia a sus discípulos que le es necesario ir a Jerusalén y allí padecer mucho, Pedro le quiso disuadir diciéndole: «Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca», Mt.16:22.
Pedro le estaba hablando al amigo, al maestro, al compañero que les había acercado el Reino de Dios, con el que se deleitaba, no quería perderle, ya no podía imaginarse su vida sin él.
La respuesta de Jesús fue contundente: !!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:23
Poner la mira en las cosas de Dios es darle a Él las primicias, el primero en todo.
Por eso hoy quiero decirte a ti que lees, escudríñate, ¿qué es lo primero para ti? Dejas de orar? Dejas de acudir a la iglesia? Dejas de cumplir con el compromiso adquirido con Dios?
También quiero pedirte que te examines ¿ eres cobarde? ¿ eres sentimental? Pues tú cobardía y sentimentalismo le desagradan a Dios tanto como el que lo relega a un segundo plano.
De tal manera te ama Dios que dio a su único Hijo para que no te pierdas y tengas vida eterna, pero Jesús fue a la cruz primero porque amaba al Padre y no quería desobedecerle y después por amor a ti. Pon a Dios en primer lugar y todo lo que amas, lo que necesitas o lo que quieres, Él, lo tendrá en sus manos y lo guardará para ti.
Jesús lo tuvo claro, su decisión le llevó a negarse a si mismo. Decide.

Lourdes Diaz

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LA PALABRA

Dios le reveló a Moisés como fue la Creación y destacó de manera muy especial, que todo fue hecho con el Poder de su Palabra

El Eterno estaba magnificando ante los hombres el Poder de su propia existencia, antes de la Eternidad y antes de que comenzara el Principio, como se escribió en Génesis.

Por esta razón debemos de tener especial cuidado con la Palabra. Con la Palabra de Dios para estudiarla, comprenderla y vivirla y también con nuestras propias palabras.

Es sorprendente como el Soberano nos concedió el uso de la palabra, tal vez lo único en lo que nos podemos  aproximar a su Grandeza.

ÉL habló y Creó todo lo que conocemos y lo que desconocemos.

Nosotros hablamos y podemos dar vida o dar muerte a lo que sí conocemos.

Es decir: Si bendecimos a una persona, a una situación, a una iglesia, a un país, estamos dando vida a través de la palabra viva que trae consigo el Poder de Dios.

Si maldecimos, estamos desatando las fuerzas oscuras, opuestas a la Santidad del Altísimo y generamos muerte a los mismos que antes podríamos haber bendecido.

De allí la importancia de la Palabra.

La de Dios porque es la del Omnipotente y del Justo de Israel y la nuestra, porque puede ser la expresión de lo mejor o de lo peor de hombres y mujeres que somos una parte imperfecta de la Creación.

Reflexionemos sobre esta cuestión, porque es necesario advertir que cuando bendecimos también estamos trayendo bendiciones a nuestra propia vida.

Pero cuando hacemos lo contrario, estamos llevando el mal a otros y trayéndolo a nuestra propia vida y a nuestra casa.

No en vano Jesús nos advirtió que en el final de los tiempos, tengamos cuidado para que nadie nos engañe. Y tal vez debemos hacerlo para cuidarnos de nosotros mismos.

De nuestro engañoso corazón que nos puede llevar a decir cosas, que lamentaremos el resto de nuestra existencia.

Diego Acosta

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