LUGARES ALTOS…

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En el Libro de Números se deja constancia de la marcha de los israelitas desde el desierto hacia la Tierra Prometida. En cumplimiento de su Plan el Eterno da instrucciones precisas a Moisés.

Una vez pasado el Jordán debían llevar a cabo tareas de gran simbolismo. Tareas que aplicadas a nuestra vida, nos pueden revelar la magnitud de la Obra que el Señor debe realizar en cada uno de nosotros.

Esencialmente se debían destruir todos los ídolos cananeos y todos sus… lugares altos. Que significan los lugares altos? Tienen el valor de representar las pequeñas elevaciones de la región en donde los cananeos tenían elementos muy importantes.

Esos elementos eran los altares y los santuarios donde ofrecían sacrificios a sus ídolos y a sus dioses. Su destrucción representa una cuestión fundamental, para que los judíos recordaran que tenían un solo Dios.

Y cuáles son nuestros lugares altos?

Están representados por todas aquellas cosas que nos recuerdan partes de nuestro pasado en donde sabiéndolo o ignorándolo, hicimos consagraciones a nuestros dioses.

Hicimos promesas de todo tipo para lograr objetivos que creíamos fundamentales para nuestra vida, hicimos consagraciones incluso hasta de nuestros propios hijos. Por duro que resulte, debemos admitirlo!

Es preciso que entremos en la Tierra Prometida, sin ataduras ni pactos de idolatría!
Así como los judíos cruzaron el Jordán hacia Canaán, nosotros también debemos cruzar el Jordán espiritual para llegar hasta la nueva Jerusalén, donde se establecerá el Reino de los Cielos!

Debemos cruzar ese Jordán libres de cargas del pasado y renovando nuestro Pacto con el Señor!

Números 33:52

Diego Acosta

Mísica: Neide Ferreira

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SÉPTIMO MILENIO: A 20 AÑOS DEL ATENTADO MAS IMPORTANTE CONTRA LOS JUDÍOS

En este día tan especial, reproducimos el reportaje del Diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina.

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AMIA, a 20 años: el dolor de las familias, sin consuelo ni justicia
Hoy, en el aniversario del atentado a la sede de la mutual judía en Buenos Aires, habrá diversos actos
Por Jaime Rosemberg | LA NACION

Un estruendo inexplicable, como de otro mundo. Pies vacilantes e incrédulos que con esfuerzo llegan hasta el sitio en el que reina «un olor raro, nuevo, mezcla de remedio y de algo que se ha quemado».
Escombros, polvo, gritos, llantos desgarradores, camillas que van y vienen, corridas y la sensación permanente: «Esto no puede estar pasando».
Hoy se cumplen 20 años del atentado terrorista que voló la vieja sede que la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina)tenía en la calle Pasteur al 600. El saldo: 85 muertos. Pero los olores, las imágenes y los sonidos de aquella mañana de horror y muerte siguen ahí, intactos en la memoria de quienes perdieron a sus seres queridos.
Una de esas 85 vidas truncadas la mañana del 18 de julio de 1994 fue la de Abraham Plaksin, maestro polaco que llegó al país a los 7 años escapando de las garras del nazismo. A los veintipico viajó a Israel para defender al naciente Estado judío, y encontró la muerte en la AMIA a los 61. Hoy, sus hijos Sandra y Gabriel siguen sintiendo la misma orfandad, el mismo desconcierto y la misma desazón que aquel lunes en el que sus vidas cambiaron para siempre.
Sandra, psicóloga y empleada en un juzgado, ofrece té y una sonrisa amable y algo triste en la cocina de su departamento de Caballito. Beto, su marido, y su hija menor la acompañan dando vueltas por la casa, junto a su perra, Sasha, que ladra con cada timbre del portero eléctrico. Gabriel llega, pero no se sienta a la mesa, ni lo hará en el largo rato que dure la charla con LA NACION. Se queja de una contractura. «Yo también estoy contracturada», le dice, amorosa, la hermana mayor.
Con mamá Aída en su casa, pero presente en los diálogos casi a cada rato, los recuerdos fluyen, dolorosos pero sin esfuerzo. «Todos los años en estas fechas me acuerdo de qué hacía a cada hora, si me vi o no con mi papá el día anterior, todo», dice Sandra.
De inmediato llega el momento crucial. «Vivía a la vuelta de la AMIA, en Larrea y Viamonte, y estaba durmiendo con mi hija mayor, que con tres años se había pasado a mi cama. Escuchamos el estruendo y Beto se tiró encima nuestro para protegernos. Se levantó y salió a la calle. Volvió diciendo que sí, que había sido la AMIA. Y que no había quedado nada», monologa la dueña de casa.
Gabriel se recuerda levantándose en la casa que aún compartía con sus padres en Palermo. Se recuerda llegando a los humeantes escombros en los que se había convertido la AMIA pasadas las diez de la mañana. A diferencia de su hermana, que buscaba entre las ruinas, él tenía la certeza de que su padre, que trabajaba allí, no había sobrevivido. «Si hubiera estado bien, nos habría llamado para avisarnos de alguna manera. Lo encontramos enseguida», dice el hermano menor.
¿Cómo? Con los ojos vidriosos, Gabriel cuenta que lo vio pasar en una camilla. «Lo vi mientras intentábamos ayudar a sacar gente atrapada. Estaba tapado con una manta, pero le reconocí una mano y un brazo cuando lo conducían hacia una ambulancia. No quise creerlo y seguí ayudando. Pero lo sabía», dice sin levantar la voz. «Cuando nos vimos, al rato, me abrazó, no hizo falta que me dijera nada», rememora Sandra.
Los hermanos cuentan casi a coro lo que pasó después. «Tuvimos que ir a casa a decirle a mami. Eso fue lo peor», dice Gabriel. El Hospital de Clínicas, la morgue judicial, el reconocimiento del cuerpo. «Me parece que no tendría que haber venido acá», se arrepiente Gabriel, sin ocultar las huellas que le deja el doloroso repaso.
De inmediato, ambos parecen recuperarse. Hablan de lo que siguió al peor momento de sus existencias. «Papá hubiese vivido muchísimos años, era un tipo sano. Y cada vez que pasa algo lindo no podés dejar de pensar: ¡que bronca que no está!», dice Sandra. «Y cuando pasa algo feo también pensás: qué lástima que no está para apoyar en todo, como él lo hacía», complementa Gabriel.
Lo que ambos quieren es hablar de su papá, Abraham, al que perdieron cuando ella tenía 31 y él, 27. «Era un tipo muy especial, decía la palabra justa en el momento indicado. Era una presencia muy fuerte que contenía a mi mamá», comienza Sandra. «Me acuerdo mucho de ir a jugar al billar con él. También de un día, yo era chico, cuando encontramos un reloj tirado y nos pasamos horas tratando de encontrar al dueño», dice Gabriel, que también recuerda a su padre yendo al placar y sacar de él un pulóver para dárselo a un linyera que pedía ayuda. «Tenía esas cosas», resume con simpleza.
Abraham trabajaba en el departamento de cultura de la AMIA. Pero era, ante todo, un maestro: enseñaba Biblia, hebreo, nociones de Cábala en el templo de la calle Libertad. «Disfrutaba mucho la docencia, le encantaba enseñar. Era dos personas distintas: en casa era muy gracioso, jugaba con las palabras, nos reíamos mucho. Fuera de casa era muy serio, parecía antipático», cuenta Sandra.
Ella también trae sus anécdotas. «El día anterior al que me casé, fui con él a un bar porque quería que yo tomara el último café de soltera con él», dice lagrimeando. «Al poquito tiempo del atentado soñé que mi papá bajaba de un taxi, me abrazaba y se volvía a subir. Como diciendo quedate tranquila que estoy bien», dice. Su hermano la escucha con la mirada en el piso.
¿Alguna explicación para lo ocurrido, después de tantos años? «Creo que es el destino, tenía que ser él, no sé por qué», dice Sandra. «La tradición dice que cuando uno muere por Kidush ha Shem (santificando el nombre de Dios), va directamente al paraíso. Esa explicación me calza más», agrega Gabriel después de pensar un rato.
¿No hay enojo con Dios, entonces? «Mi relación con Dios no cambió», dice, cortante, Gabriel. «Yo sí tuve crisis, fui y volví, estaba enojada. Hoy prendo velas en sabbat, voy al templo, cumplimos Pesaj (pascua), soy como mi papá quería que fuera. Igual me pregunto dónde estaba Dios ese día. Mi papá no le hizo mal a nadie, nos decía que no hiciéramos pasar vergüenza al prójimo», se queja.
De las cuentas con Dios a las cuentas pendientes de la justicia argentina pasa un rato. «Siento bronca por momentos. Y desilusión de estar en un país donde das y recibís mucho, pero donde nadie nos ayudó. Sé que no me cambiará nada si esta gente está presa, no me devolverán a mi papá, pero tiene que existir un castigo ejemplar, porque si no parece que aquí se puede hacer cualquier cosa», pide Sandra.
«Nos dan su solidaridad, pero sólo los 18 de julio. ¡Durante el año están el Día del Padre, cumpleaños, fiestas! Yo la ausencia de mi papá la siento siempre», agrega, casi con furia. «Nunca esperé nada y tampoco espero. Si algún día ponen preso al que lo hizo, tampoco estaré seguro. Creo en Dios y creo que habrá Justicia, si es que él ya no la hizo. Pero pido verlo, en algún momento, en 120 años», acota Gabriel.
¿Y el acuerdo del Gobierno con Irán que motivó rechazos en la comunidad y fuera de ella? «Trato de no escuchar. Me agarra indignación, me sale la parte emocional, no la racional», dice Sandra. «A la gente que tiene el poder para decir qué pasó no le interesa decirlo. Y quienes quisiéramos saber no tenemos acceso ni forma de saberlo», dice Gabriel, con escepticismo inamovible.
Aída participó durante un tiempo del grupo Familiares y Amigos de las Víctimas, que encabeza, entre otros, Sofía Guterman, pero su hija prefiere mantenerse al margen de las agrupaciones. «No veo mal los discursos políticos, pero no me puedo enganchar con eso. Quiero que mis hijos les cuenten a mis nietos que el zeide (abuelo) era un tipo honesto, divertido, que nos enseñaba cosas», resume Sandra.
Se los ve unidos por un hilo de afecto casi visible, aunque decidieron pasar el día de aniversario separados: Gabriel, con mamá Aída en el cementerio. Sandra estará en plaza Lavalle, en el acto de Memoria Activa, aunque el miedo siga ahí, latente y vivo. «Al acto voy a ir, tengo miedo, pero lo tengo que enfrentar. Hice terapia mucho tiempo, pero un médico también se enferma», reconoce con una sonrisa.
Antes del final de la entrevista, quiere dejar un mensaje. «Tengo dos hijas que viven con miedo. Si se castiga a los culpables, ellas van a poder caminar por la vida más tranquilas», pide. Mientras Gabriel se resiste a la sesión fotográfica, su hermana se dispone a abrir la puerta de calle. Y sostiene, muy segura, que a pesar de los años transcurridos le resulta imposible perdonar. «Seguro que 84 familias están hoy igual que nosotros», dice Sandra, con las mismas preguntas sin respuestas, veinte años después..

El pueblo judío es el pueblo de la Memoria.
Hagamos memoria de este día para recordar la infamia, impune ante la justicia de los hombres. Pero no impune ante la Justicia del Eterno.

Diego Acosta

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LEGATO…

 

Wagner
Uno de los grandes músicos del género clásico, incorporó en sus creaciones operísticas, un término técnico que se denomina legato.

Para explicar su significado, podríamos decir que el autor establece que el sonido de cada nota comienza exactamente donde terminó la anterior y así sucesivamente hasta darle a la melodía el denominado sonido largo.

Sin entrar en más detalles sobre algo que desconocemos, podríamos utilizar esta formar de escribir de Wagner, para explicar y explicarnos, como es la vida cristiana con relación al tiempo.

Todos hemos leído que cada día tiene su afán… y su propio mal. Seguramente no solo lo hemos leído, sino también utilizado en alguna situación para explicar la importancia de cada día.

De allí la asimilación de ideas con el legato de Wagner, porque ese es precisamente el fundamento de cómo debemos de vivir. La Palabra de Dios nos revela que su Misericordia se renueva cada día.

Si su Misericordia se renueva cada día, es evidente que no podemos utilizar hoy la que correspondía a la de ayer y por lógica consecuencia no podemos guardar un poco de Misericordia para mañana.

Nuestra vida debe tener la intensidad necesaria para que cada día en sí mismo se convierta en un objetivo primordial para cada uno de nosotros.

El legato nos sugiere una continuidad total entre el sonido de una nota y la siguiente y en ese sentido podemos decir que los días están relacionados. No comenzará el día de mañana hasta que haya terminado el de hoy.

Demos a cada día la importancia que tiene, como nos enseña la Palabra de Dios!

Salmos 74:16-17

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

FINES

hands7La Biblia nos advierte repetidamente acerca de muchas situaciones en las que se pondrá a prueba la profundidad de nuestras convicciones.

Tal vez la forma más sutil del engaño sea la de proponer argumentos basados en principios errados, que lucen muy alhajados para quienes quieren oír palabras bonitas y que detestan enfrentarse con la realidad.

Se nos dice que para conseguir fines buenos, muchas veces hay que contar con medios moralmente dudosos. Esta manipulación puede llevarnos a pensar que como se trata de fines buenos, tienen prioridad sobre lo demás. Incluso sobre los principios.

Es exactamente como argumentar que Dios en determinadas condiciones aceptaría el pecado, para que se consiguieran fines buenos.

Es esto posible?

Específicamente la Palabra de Dios nos alerta de que no nos dejemos engañar por los falsos profetas o por quienes obran como tales.

Jesús fue lo primero que determinó cuando se le preguntaron por las señales de los tiempos del fin. Vendrán hombres a engañarnos y nuestra responsabilidad es no permitirles que lo hagan.

En estos tiempos claramente veremos más el color gris de lo indefinido, que probablemente se convierta en el color de una época en la que los hombres tendremos muchas ocasiones de perder el rumbo.

Jesús nos advirtió acerca de que nos dejemos engañar!

Cada uno de nosotros debe convertirse en el atalaya del que habló el profeta Ezequiel, para advertir acerca de que con el pretexto de los buenos fines, se busca engañarnos para llamar a lo malo bueno.

Ezequiel 33:2

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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REACCIONES

 

reaccionTodos sabemos que los hombres somos diferentes los unos de los otros. Por miles y miles de millones que seamos no habrá nunca dos hombres iguales, tal es la Grandeza del Creador de todas las cosas.

Sabiendo esto, podemos agregar que una de las cuestiones que más contribuye a acentuar la diferencia entre los seres humanos, incuestionablemente son nuestras reacciones, tan distintas y tan complejas.

Frente a un mismo hecho podemos obrar de maneras tan diferentes, que llama la atención como podemos alcanzar niveles tan altos de posturas opuestas.

Por esta razón somos advertidos repetidamente en la Palabra de Dios, con relación a nuestra forma de comportarnos frente a situaciones que pueden agravarse, si lo que hemos hecho no es lo correcto.

Así es como podemos constatar en la Biblia, que hay hombres sabios al lado de los hombres necios y perversos frente a los de buen corazón.

Generalmente nuestras reacciones son provocadas por los pensamientos que dominan nuestra mente, que la llevan a descontrolarse, momento a partir del cual es absolutamente imprevisible todo lo que podamos hacer.

Es lo mismo que ocurre cuando somos son guiados por tentaciones incontroladas y entonces nos convertimos en seres primitivos, indignos de nuestra condición de pensantes.

El Señor nos aconseja que seamos mansos y humildes como Él predicó con su ejemplo. Capaces de haber lo bueno y de ignorar lo malo. Sabios para huir ante tentación y valientes para aceptar que sin Él somos débiles.

Proverbios 25:28

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

VOCABULARIO

 

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Utilizando un lenguaje tan grandilocuente como extravagante, hay personas que asumen el riesgo de endiosarse a sí mismas, como si fueran capaces de convertirse en un hombre-dios, ignorando al Eterno.

Este vocabulario tan atractivo como seductor, puede llevar a engaño, porque reúne todos los elementos que pueden hacer que una persona adquiera verdaderamente el rango de dios simplemente por ser hombre o ser mujer.

Naturalmente que lo que no se expresa es que esa propuesta encierra una realidad: El dios de que se habla siempre será pequeño como pequeños somos los hombres ante el Supremo Dios verdadero.

Aún así debemos de tener especial cuidado con el vocabulario que escuchamos y que nos atrae porque para muchos de nosotros puede resultar muy moderno y acorde con los tiempos que vivimos.

Pero no debemos olvidar que la Palabra de Dios tiene miles de años y sigue vigente porque es la Única Verdad que ha sido dada a los hombres, para que la aprendamos y para que vivamos de la mejor manera posible.

Cada vez que escuchemos esos mensajes de vocabulario florido e impactante, prestemos atención a quién los pronuncia y tengamos Amor por lo que veremos: Vidas destrozadas, sin rumbo, perdidas en toda forma de promiscuidad.

Si la medida del dios-hombre, son esas vidas, entonces les ayudemos a salir de su cautiverio. Para que no sigan oyendo esos mensajes cautivantes que solo persiguen la destrucción de quienes los escuchan.

Nuestro mensaje es el mensaje de Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida.

Proverbios 6:2

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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PORCIÓN

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Tal vez haciendo un sencillo ejercicio de memoria, podamos recordar cuantas veces tuvimos problemas con nuestros hermanos o nuestros amiguitos, por discutir sobre una porción mayor.

Nunca aceptamos y seguramente aceptaremos una porción menor de nada, con relación a quién se encuentre a nuestro lado. No es solo una cuestión de cantidad, sino que supone una cuestión de orgullo que nuestra porción sea menor.

Hemos crecido con la cultura de luchar por nuestra porción!

Esto, es bueno o es malo? Ni bueno ni malo, sencillamente no es bíblico.

Jesús vino al mundo a predicar el mensaje del Reino y su Justicia y del amor. Dos nuevos mandamientos que suponen también una renovación en nuestra forma de pensar, de obrar y de comportarnos con nuestro prójimo.

El Hijo de Dios pudiendo pedir todo, nunca pidió nada. Nunca reclamó su porción, sino que hizo todo lo contrario. De lo que tenía dio con generosidad infinita, que es otra manera de explicar su sacrificio en la cruz.

La cuestión es entender que si la lucha por la porción, supone que alguien pueda quedarse sin siquiera una pequeña parte, debemos abandonar de inmediato esa lucha. Por defender lo nuestro no podemos dejar a uno más débil sin lo suyo.

La porción está indisolublemente ligada con el mandamiento establecido por Jesús sobre el Amor. Llegado el momento, la porción de nuestro hermano siempre estará primero que la nuestra. E incluso hasta podemos llegar a quedarnos sin ella.

Aunque de niños no hayamos sabido esta Verdad, ahora como hijos de Dios la enseñemos y la practiquemos. La única porción verdadera es nuestra porción del Reino!

Éxodo 16:4

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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LIBRE

 

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En medio de la brutal frivolidad en la que vivimos, sorprende cuando leemos alguna frase que nos conmueve y nos llama la atención. Leímos que un pastor afirmaba que él se sentía libre de predicar sobre cualquier tema en su iglesia.

Lo tremendo, es como explicaba esa situación. El pastor dijo: Como yo no vivo del sustento que me pueda dar la Iglesia, tengo esa plena libertad y la ejerzo todos los días en que debo predicar la Palabra de Dios.

No es textual la frase, pero está documentada en una de las grandes redes sociales. Debemos confesar que cuando pensamos en el texto nos quedamos profundamente impresionados.

Si un pastor se siente libre de predicar lo que Dios le pone en su corazón, porque no depende de las opiniones de la congregación porque su vida es sustentada con otros ingresos, que debemos pensar?

Lo primero que se nos viene a la mente es que aplicando la misma lógica, ese pastor habrá advertido que otros siervos no disfrutan de esa misma libertad, porque dependen económicamente de su Iglesia.

Si esto fuera así, en este momento debemos arrodillarnos ante el Supremo y clamar por su Misericordia!

Es posible que haya hombres y mujeres que predican condicionados por su situación económica, dependiente de una congregación?

Como es posible que el enemigo haya logrado semejante victoria sobre la Iglesia del Señor?

Levantemos un clamor por esta situación, si es que existe. Clamemos para que nuevamente la Palabra inspirada, no esté condicionada por ninguna causa y menos por el dinero!

2 Corintios 4:2

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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REGALO

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Un domingo en un mercadillo estuve punto de comprar algo que no precisaba, pero que me había llamado la atención. Cuando pensé en su atractivo advertí que el único que tenía era su marca.

Pensando en esto, recordé que hace muchos años ocurrió algo parecido con mi hermano, ya desaparecido. Tras un logro profesional de una relevancia mundial, decidí hacerle un regalo para que lo recordara.

Lo mejor que se me ocurrió fue comprarle un reloj de una primerísima marca y elevadísimo precio. Cuando le comenté lo que estaba haciendo no me respondió nada, por lo que seguí con la compra. Finalmente encontré el reloj sin preocuparme de su costo y muy satisfecho se lo llevé.

Cuando abrió la caja, la abrió, lo miró y me dijo: No lo quiero. Mi sorpresa no pudo ser mayor y entonces le pregunté: Por qué? Y me dio una respuesta que durante años seguí escuchando claramente: Para qué?

No hubo regalo y nunca más volvimos a hablar del tema. Lo notable es que siendo los dos partes del mundo, su gesto me había impresionado. Cuando ocurrió lo del mercadillo, el Señor tuvo misericordia de mí y entendí la respuesta.

Aquel para qué, que permanecía en mi memoria como un gran interrogante, en realidad fue un gesto de mi hermano que por torpeza no supe comprender. Mi hermano no precisaba de un reloj para percibir mi reconocimiento hacia él.

Hoy, con esta revelación, creo que siempre tendrá más valor para Dios, nuestro agradecimiento, que todo lo que le podamos ofrecer!

Proverbios 3:6

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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MEJORES

 

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Los seres humanos tenemos una marcada tendencia a mezclar y confundir los términos, tema que se torna mucho más complejo cuando la confusión se relaciona con las cuestiones de Dios.

Es demasiado frecuente observar como los que nos llamamos hijos de Dios, nos consideramos superiores al resto de las personas, precisamente por esa circunstancia.

E incluso en algunos momentos asumimos una actitud de un cierto desdén hacia quienes no son hijos de Dios como nosotros. Tal vez sea el momento de reparar en esta situación y tratar de remediarla.

Considerarse hijos de Dios lejos de suponer un motivo de orgullo o de vanidad, supone todo lo contrario. Si realmente somos hijos, debemos tratar de dar los ejemplos que el Padre nos ha enseñado a través de su Palabra.

Sabemos perfectamente que no se nos ha otorgado el carácter de hijos, para que procedamos con soberbia, sino para que seamos mansos y humildes, como fue el Hijo durante su ministerio terrenal.

Cada vez que nos consideramos superiores por considerarnos hijos de Dios, estamos ofendiendo su Grandeza y estamos desvirtuando su infinito Amor sobre los seres de la Creación.

Reflexionemos sobre esto y sobre la diferencia que existe entre sentirnos superiores y buscar ser mejores. No para la vana-gloria, sino porque siendo mejores podremos servir mejor primero a Dios y luego al prójimo.

Nunca será tarde para cambiar nuestras actitudes. Si somos hijos de Dios debemos intentar ser mejores, pero para reflejar su Amor y su Misericordia por todos los hombres.

Filipenses 2:3-4

Diego Acosta
Música: Neide Ferreira

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