EL DESAFÍO

Analizando los mensajes publicitarios que recibimos sistemáticamente, podremos advertir que constantemente se nos induce  a prepararnos para ser prósperos, triunfadores.

En esos reclamos pareciera que no hay espacios para quienes aspiran llevar una vida por caminos normales, como personas normales y sin grandes ambiciones o pretensiones.

Pareciera que la normalidad no es algo deseable y mucho menos el hecho de no aspirar a logros personales que nos proyecten por encima de la media de nuestras relaciones.

Se fomenta ese lado tan especial de nuestra personalidad, que es la necesidad de ser alguien, por encima incluso de nuestras propias posibilidades.

Se trata de que cambiemos nuestros valores por otros que si son compatibles con el éxito, la riqueza y también con la falta de escrúpulos para tomar decisiones.

La repetición de estos mensajes nos van guiando a pensar que tal vez esas personas que nos pueden capacitar en una determinada dirección, tengan razón y que somos nosotros los equivocados.

Es evidente que hay quienes conocen las debilidades humanas y las explotan sin ninguna clase de limitaciones, porque lo importante es ser diferentes, ser mejores, superiores.

No nos perdamos por esos atajos ocasionales, porque nos pueden llevar a situaciones inimaginables  y de la que es muy difícil apartarnos sin sufrir daños. Sigamos al Único Camino… el que nos lleva a la Verdad!

Salmos 39:6
Diego Acosta García

EL PEQUEÑO DRAMA

Un joven contaba el problema que estaba viviendo a ausa precisamente de sus pocos años, de su inexperiencia y del trato que recibía de los mayores.

Visto con la perspectiva de los años, el drama de nuestro joven era en realidad una situación por la que seguramente todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida.

Precisamente por eso este joven recibía la indiferencia de la mayoría de quienes lo rodeaban, porque anteponían su conocimiento de la situación a la importancia que verdaderamente tenía.

Vino entonces palabra de Sabiduría para conversar con el joven, escucharlo con atención y descubrir que tras las apariencias del caso se encerraba una gran lección personal, porque la situación no era como pensábamos.

La soberbia con la que actuamos los mayores nos hace perder de vista que también nosotros fuimos jóvenes y que también tuvimos que enfrentar problemas que son propios de un determinado momento de la vida.

El joven advirtió que lo escuchábamos, comprendió que teníamos amor por él y que teníamos misericordia por la situación que estaba viviendo y se sintió reconfortado y nosotros, por el contrario, avergonzados.

Este caso nos fue un poderoso llamado de atención para que abandonemos la soberbia de creer que lo sabemos todo y el peligro de hacer a menos, a quienes a pesar de sus años nos pueden dar lecciones.

Proverbios 14:3
Diego Acosta García

LO SEDUCTOR…


Pareciera que los anuncios espectaculares son los que más apreciamos porque siempre estamos buscando cosas que nos impacten, que nos conmuevan.

Esto es inherente a nuestra condición de humanos por lo que los anuncios no solamente nos llaman la atención y nos seducen, sino que también contribuyen a desenfocarnos de lo importante.

Confundimos anuncios con certezas, previsiones con afirmaciones y entonces comenzamos a dudar de lo que no podemos ni debemos dudar que es el fundamento de nuestra fe.

Como nos podemos defender de esta clase de situaciones? Apelando a la única fuente de Sabiduría que tenemos a nuestro alcance: a la Palabra de Dios.

Si se nos dice que se ha encontrado el que podría ser el comienzo del Universo, nos dejamos ganar por la espectacularidad del anuncio y no somos capaces de analizar lo que escuchamos.

Lo cierto es que ni se ha descubierto el comienzo del Universo ni se descubrirá, sencillamente porque es la Creación de Dios y por tanto solamente sabemos y sabremos lo que Él quiera que sepamos.

No nos dejemos seducir por estos anuncios que siempre encierran condicionantes, declarados  o no. Ante lo espectacular antepongamos la Roca en la que debemos estar afirmados para vivir con la Verdad.

Salmos 31:3
Diego Acosta García

LA BUENA SUERTE O LA MALA SUERTE


Con frecuencia escuchamos a las personas con las que nos relacionamos, quejarse a propósito de una situación que seguramente es tan antigua como la vida misma.

Nos referimos a quienes hablan de la buena suerte o de la mala suerte, a quienes dicen que hay personas afortunadas o que hay quienes han nacido bajo malos augurios.

Contrastando los supuestos casos de buena o de mala suerte, pareciera que estas afirmaciones se basan en hechos concretos, por lo que el tema continúa vigente.

Pero: existe la buena suerte? Existe la mala suerte? Nos llama la atención lo poco que se enseña sobe esta cuestión, en aquellos lugares donde se supone que se nos deben aclarar estas grandes dudas.

Porque si se enseñara más sobre esta cuestión, con toda seguridad quienes nos llamamos hijos de Dios, no tendríamos ninguna duda para afirmar que este planteamiento no es válido desde la perspectiva espiritual.

Deberíamos de recordar que cada uno de nosotros ha sido creado con un propósito y que ese propósito es absolutamente único, como únicos somos en nuestra condición de joyas especiales de Dios.

Por tanto, lo que el mundo llama buena suerte o mala suerte, está completamente ajeno al plan de Dios para nuestras vidas. Lo importante, es que tenemos la promesa de la vida Eterna.

Proverbios 16:33
Diego Acosta García

HACIENDO MEMORIA…

Conocimos la historia de un hombre que sabiendo que estaba llegando al final de su vida,  se puso a pensar en todas las cosas que todavía no había hecho.

Luego de muchos años de luchas cotidianas, comprendió que a pesar de todo lo que había vivido, aún le restaban cosas por hacer, seguramente más importantes que todas las anteriorres.

Haciendo memoria advirtió que todos sus afanes se habían centrado en los logros personales, eso que los humanos llamamos éxito o la conquista de poder.

Abrumado por estas evidencias decidió que los últimos tiempos de su vida los dedicaría a hacer cosas que nunca había hecho, a brindar cosas que nunca había dado a los demás.

Y desde ese punto de partida comenzó a tener actos de amor hacia las personas que lo rodeaban, que se traducían en abrazos, palabras amables, actitudes amistosas.

Esta persona no era creyente, era un hombre que como casi todos los hombres había tenido que enfrentar las adversidades cotidianas con sus propias fuerzas, sus propias habilidades.

Solamente que en el final de su vida había comprendido que había un Ser superior que le reclamaba que brindara lo mejor que tenía, que era su amor por los demás. Y en eso encontró el verdadero gozo!

Romanos 5:5
Diego Acosta García

AYUDAMOS? A QUIÉN?

Pueden sorprendernos estas preguntas sobre a quién ayudamos, porque pensamos que este tipo de planteamientos son genéricos y que no nos conciernen.

Esto ocurre muchas veces con los mandamientos que están contenidos en la Palabra de Dios, porque pensamos que son responsabilidad de otros o de las Iglesias o de las congregaciones.

Ayudar es un mandato, es algo que nos obliga a una actitud personal que debe ser la que determine nuestra voluntad de colaborar con todo lo que se haga a favor de quienes están en necesidad.

Cuando se nos manda que ayudamos a la viuda, al huérfano y al extranjero, podemos pensar que los podemos ayudar con nuestras ofrendas o con el diezmo.

Sin embargo ayudar a los necesitados es una cuestión de gran sentido espiritual, porque la ayuda no solo debe ser material sino también debe revelar nuestra disposición a ser sostén de quien esté en dificultad.

Tal vez sea necesario que analicemos como estamos obrando, que estamos haciendo para que en nuestro ámbito de actividad diaria se refleje que estamos deseosos de cumplir con el mandato recibido.

Tanto en los tiempos de bonanza y en los tiempos difíciles, siempre habrá quién necesite de nuestra ayuda. No de lo que nos sobra sino de lo que nos resulte importante. Estamos advertidos, ayudar es un mandato!

Deuteronomio 24:19
Diego Acosta García

ENGAÑARSE

Hablábamos de los efectos del engaño, de lo doloroso que resulta saber que la persona en quién confiábamos nos ha defraudado, muchas veces en cosas sin importancia.

Pero casi nunca hablamos de quién engaña, de quién no hace honor a la confianza que ha recibido de otra persona y la defrauda en la mayoría de los casos por verdaderas minucias.

Quizás deberíamos preguntarnos: Por qué engañamos? Que ocurre en nuestro interior cuando decidimos engañar, mentir, decir algo que no es verdad?

Tal vez la respuesta sea que en nuestro interior hay engaño, que hay algo en lo más profundo de nuestro corazón que tiene propensión al engaño y que no consideramos la mentira como algo que está fuera de lugar.

Si somos realistas con este análisis de nuestra vida interior tal vez lleguemos a la conclusión que cuando engañamos los primeros afectados somos nosotros mismos.

Cuando decidimos mentir ya estamos imaginando algo que no es correcto, que se aparta de todo lo que se nos ha enseñado y nos abandonamos al padre de la mentira, que es el enemigo de nuestra fe.

Debemos ser capaces de librar la batalla contra el mal que está en nosotros mismos, buscando con denuedo la Verdad y pidiendo, clamando por la ayuda del Espíritu Santo.

Isaías 47:10
Diego Acosta García

ENGAÑAR

Fuimos testigos del dolor y la pena que una persona tenía como consecuencia de haber sido engañada, por quién consideraba su mejor amiga.

Comentaba que le costaba trabajo entender como alguien en quién había confiado tanto, la podía haber engañado y además por una cuestión sin importancia.

Ella decía en medio de su desilusión que lo que más le sorprendía era que esa mujer le había mentido por una verdadera minucia y se preguntaba que ocurriría con cosas más importantes.

Es sorprendente como nos puede afectar un caso como este, donde alguien expresa su pena por haber sido engañada y también por haber perdido a quién consideraba su amiga.

Intentamos ayudarla recordándole que Jesús nos enseñó que nosotros hablamos lo que tenemos en el corazón y por tanto su amiga, solo había expresado lo que tenía en su interior.

Para engañar lo mismo que para mentir hay que elaborar una historia razonable que no siendo cierta, tenga todas las apariencias de serlo, lo que es lo mismo que una semiverdad.

Este caso como otros similares nos tienen que llevar a reflexionar acerca del cuidado que debemos de tener en quién depositamos nuestra confianza, sabiendo que todos somos falibles, porque somos humanos.

Levítico 19:11
Diego Acosta García

EL ENOJO

Ciertamente todos deberíamos reconocer a la Biblia como suprema fuente de sabiduría para enfocar todas las situaciones que debemos afrontar, durante nuestra vida.

Seguramente si lo hiciéramos así, podríamos superar momentos de gran complejidad y que en muchos casos pueden convertirse en problemas muy difíciles de resolver.

Uno de ellos es el del enojo, del enfado que puede surgir entre dos personas como consecuencia de hechos circunstanciales, pero que no si no se enfrentan con sabiduría pueden degenerar en graves situaciones.

Uno de los conflictos más reiterados es el que surgen entre los esposos, por cuestiones cotidianas, muchas veces fútiles, que no tienen importancia, pero como no se solucionan con rapidez, amenazan hasta el propio matrimonio.

Por esta razón la Biblia nos enseña que debemos actuar con la mayor humildad, sinceridad y también con eficacia, para no permitir que el orgullo, la vanidad deterioren las relaciones personales.

Cuantos problemas matrimoniales podrían haberse evitado si uno de los conyugues hubiera  obrado con sensatez, con sentido común, sin dejarse llevar por los arrebatos que luego se convierten en conflictos.

Debemos ser capaces en todas las circunstancias de nuestra vida de recordar las enseñanzas bíblicas, porque solamente así preservaremos las cuestiones fundamentales, por encima de los hechos triviales.

Efesios 4:26
Diego Acosta García

LAS PALABRAS


Frecuentemente perdemos el sueño, la tranquilidad, pensando en lo que diremos cuando debemos afrontar compromisos como enseñar, predicar o dar un testimonio sobre nuestra vida.

Esta preocupación por saber lo que hablaremos es absolutamente legítima y tenerla habla muy bien a nuestro favor, pero debemos de tener en cuenta otras cuestiones.

Saber lo que expresaremos en el lugar oportuno y en el momento justo es desde luego una de nuestras mayores preocupaciones, pero no debemos dejar todo librado a nuestra propia sabiduría o conocimientos.

Que es lo que deseamos destacar? Que es tremendamente importante que estudiemos cada día de nuestra vida la Palabra de Dios, que la escudriñemos y que la analicemos.

Que es también fundamental que oremos para recibir la Sabiduría que viene de lo Alto, porque contribuirá a que cuando tengamos que hablar en cualquier circunstancia, tengamos los elementos necesarios para hacerlo.

Lo que nunca debemos de olvidar es la promesa que hemos recibido en la Biblia acerca de que el Espíritu, siempre pondrá en nuestra boca lo que tengamos que decir.

El Espíritu es nuestra ayuda, nuestro socorro. Él pondrá siempre en nuestra boca lo mejor que podamos manifestar, tanto en la congregación como también en cualquier otro momento de nuestro diario vivir como creyentes!

Mateo 10:20

Diego Acosta García