MORIR DE ÉXITO

 

Esta frase que hemos escuchado tantas veces resume los peligros que encierra el sentirse un triunfador, un hombre o una mujer que ha logrado fama y fortuna.

Es también una forma de aludir a las personas que en determinados momentos logran fulgurantes ascensos, para luego caer de la misma manera en la que subieron.

Morir de éxito también alude no solo a los triunfos, sino también a las caídas y  como la sociedad trata con beneplácito a unos y con desprecio a los otros.

 

Nada hay más peligroso en la sociedad en la que vivimos que ser un perdedor o alguien que ha muerto de éxito, seguramente porque son espejos en los que nadie desea mirarse.

Por esto es que alertamos sobre la posibilidad de que también nosotros los creyentes podamos morir de éxito…porque creemos prédicas triunfalistas o doctrinas llenas de prosperidad

 

Tanto en los buenos tiempos como en los que no lo son, deberemos tener rotundamente presente que nuestro Padre es el Soberano y que debemos ser humildes en todas las circunstancias.

Morir de éxito puede ser la alternativa que debamos afrontar cuando nos olvidemos de quienes fuimos y de quienes somos, cuando éramos hijos del pecado y cuando somos hijos de Dios.

Salmos 78:11

Diego Acosta García

ALABEMOS A DIOS… SIEMPRE

Alguna vez en mis primeros tiempos de creyente, pregunté: Cuando debemos alabar a Dios? Una pregunta tan inocente que provocó miradas entre los hermanos mayores que me rodeaban.

Uno atinó a contestar: Siempre! Pero es posible que alabemos a Dios…siempre? El diálogo continuó en ese tono, porque en verdad las dudas me asaltaban sobre la oportunidad de alabar.

En realidad estas dudas estaban originadas por mis pensamientos que me decían que podía alabar cuando estaba contento, cuando tenía alegría en mi corazón.

Por la misma lógica pensaba: si estoy triste, como voy a alabar a Dios? Qué sentido tendría alabar a Dios en medio de una situación angustiosa o de  una gran preocupación?

Los amados hermanos mayores fueron resolviendo algunas de mis dudas y las enseñanzas del Espíritu Santo fueron vitales para entender la cuestión planteada.

Todos los momentos son importantes para alabar a Dios. Tanto si estamos tristes, angustiados o preocupados, como si estamos alegrías, eufóricos y confiados.

No se trata de estados de ánimo, sino de reconocer que su Soberana Voluntad está sobre nuestras vidas y todo lo que nos ocurre, forma  parte de sus propósitos para con nosotros.

Alabemos a Dios… siempre!. Aunque tengamos un nudo en la garganta y hasta cuando pensemos que se ha olvidado de nosotros. Pensemos que Él habita en la alabanza…y en ella lo encontraremos!

Éxodo 15:2
Diego Acosta García

EL ANCIANO

Un anciano recibió un trato tan descomedido como injustificado por los mismos hombres, que casi diariamente se comportaban como sus amigos, pero que inesperadamente dejaron de serlo.

El anciano cuando percibió lo que ocurría, entendió que el maltrato era cosa de hombres y por tanto no reaccionó ni modificó sus actitudes hacia quienes habían obrado de mala manera con él.

Continuó con su forma de actuar, día tras día y entendió que lo único que podía y que debía hacer era orar ante el Dios de sus padres y pedirle que hiciera justicia sobre la situación.

Se encontraba con una gran paz interior porque sabía que había sido fiel con lo que se le había encomendado que hiciera, pero tal vez por su edad, alguien pensó que era mejor apartarlo.

Oró a su Dios con fervor, sin maldecir y bendiciendo a quienes habían obrado de una manera incorrecta contra él, pidiendo y reclamando la Justicia Divina.

Los días pasaron y el anciano tuvo que apartarse de sus tareas según se lo habían indicado. Todo parecía seguir su curso de normalidad, hasta que un día sucedió un hecho inesperado.

El anciano comprendió que la Justicia de Dios había obrado, que la honra que le habían quitado los hombres, le había sido devuelta y era el tiempo de perdonar y no acusar. El anciano sabía que su Dios había respondido a su clamor por Justicia.

Salmos 71:1
Diego Acosta García

Que me dirías de Jesús?

Una pregunta de difícil respuesta, mucho más cuando quién a formula es una persona que ha buscado y rebuscado en otras religiones y también en las fuentes de las ayudas basadas en la motivación.

Esta persona buscaba podríamos decir, desesperadamente un nuevo camino para su vida, porque sus problemas no eran económicos ni en el presente ni en el futuro.

Sus problemas eran interiores porque tenía un gran vacío por llenar y nada lo conformaba ni lo alentaba a seguir buscando, ya que su intelecto y su raciocinio no le aportaban las soluciones que buscaba.

Fue entonces cuando nos hizo la pregunta relacionada con Jesús y fue entonces cuando una vez más apelamos al Espíritu Santo para que pusiera las palabras adecuadas en nuestra boca.

Estamos completamente convencidos que no es nuestra experiencia ni nuestra sabiduría, poca o mucha, la que puede dar contestaciones adecuadas en el momento necesario.

No dudamos ni un instante en hacer una pausa para tratar de escuchar e interpretar el mensaje del Espíritu, para no confundirlo con nuestras reflexiones.

La  respuesta que dimos fue muy sencilla: De Jesús te puedo decir que cambió mi vida, que transformó lo gris por una luz brillante y que me dio esperanza frente al escepticismo y al conformismo.

Efesios 4:17
Diego Acosta García

CUANDO ORAMOS

Que ocurre cuando oramos? Que es lo que pasa por nuestro corazón, por nuestra mente, por nuestro interior? Por qué nuestras oraciones muchas veces tienen tan poca firmeza?
Tal vez sea porque nos estamos retratando a nosotros mismos con nuestras oraciones, porque estamos dejando que nuestras oraciones se eleven junto con nuestras dudas.

Muchas veces hemos orado con tan poca convicción, que es como si no creyéramos en el Poder de quién las recibe, como si en el fondo estuviéramos más cercanos al escepticismo que a la verdadera creencia.

Es muy importante que analicemos serenamente esta cuestión, para que nuestra relación con Dios se sustente sobre bases verdaderas y no sobre lo que nuestro raciocinio nos impone.

Si oramos con falta de convicción es porque el poder de nuestra mente, de nuestra inteligencia, de nuestra humana sabiduría, se pone por encima del Poder verdadero.

Es fundamental que analicemos lo que nos ocurre cuando oramos, porque no solamente afecta a nuestra relación personal con Dios, sino que no prácticamente nos cerramos la posibilidad de ser intercesores.

El Señor Jesús nos dijo que Él era el Camino para el Padre y que a través de Él y solo de Él, nuestras oraciones llegarían hasta el Trono de la Gloria. No nos dejemos engañar por nosotros mismos.

Salmos 66:20
Diego Acosta García

TIRAMOS COMIDA…

La alerta más que una información más parecía una acusación: en los países llamados ricos se tiran miles de toneladas de comida todos los años… y la cantidad va en aumento.

Podemos considerar que tirar comida tiene implicancias espirituales? O es simplemente un dato que la sociedad recibe como tantos otros, relacionados con sus comportamientos…antisociales?

Si fuera un simple dato  estadístico, posiblemente lo olvidemos con esa rapidez que siempre nos aleja de las cosas que nos pueden perturbar o que no nos gustan.

Es un acto reflejo que nos permite guardar en un pliegue de nuestra memoria algo que en verdad nos afecta directamente, pero como está insertado dentro de lo colectivo, nos resulta fácil olvidarlo.

Pero qué ocurriría si tirar comida tuviera implicancias espirituales? Los mecanismos de nuestra memoria, aunque actuaran, quedarían supeditados al rigor de nuestra conciencia.

No nos resultaría tan fácil esconder nuestra complicidad y nuestra participación en el hecho de tirar miles de toneladas de comida, mientras mil millones de personas pasan hambre en el mundo.

El Señor Jesús dijo: Porque tuve hambre… porque tuve sed… Entonces podemos concluir que el tema de la comida ya no es un hecho material, sino profundamente espiritual y ante ello la diligencia de la desmemoria, se rendirá ante la evidencia.

Mateo 25:42
Diego Acosta García

YO ACUSO…TU TAMBIÉN?

Nunca dejará de sorprendernos la enorme capacidad que tenemos de acusar a nuestros semejantes, en cualquier lugar, por cualquier circunstancia, por cualquier causa.

Faltaría agregar que la mayoría de las veces acusamos sin pensar muy bien si verdaderamente tenemos razón para hacerlo, como si acusar fuera un derecho adquirido desde nuestro nacimiento.

Es muy penoso comprobar cómo reaccionamos airados ante el menor problema que nos pueda afectar, ya sea porque nos sentimos ofendidos, agraviados, humillados o simplemente, también acusados.

Cuando acusamos nos olvidamos de varias enseñanzas recibidas, que nos deberían hacer reflexionar acerca de lo que estamos haciendo, pero en lugar de arrepentirnos nos justificamos con nuevos argumentos.

No cabe la menor duda que cuando acusamos es lo que tenemos en nuestro corazón, porque donde hay ira, indignación o tal vez hasta odio, evidentemente no puede haber ni amor ni misericordia.

Sabemos que se perdonaron todos nuestros pecados. Todos. No hay pecado tan grande que no nos pueda ser perdonado por Dios. Pero sin embargo, somos capaces de acusar ante el más ínfimo de los hechos.

No olvidemos que así como juzguemos seremos juzgados, que si nuestro juicio es brutal con esa misma medida seremos llevados a juicio. Acusar es fácil, lo difícil es obrar con el mismo amor con el que fuimos perdonados.

Eclesiastés 3:17
Diego Acosta García

UNA FAMILIA EJEMPLAR


En estos días conocimos a una familia que nos dio un tremendo testimonio de su fe y también de lo que verdaderamente significa considerarse hijos de Dios.

Con hijos relativamente mayores, la pareja concibió su tercera hija, a la que muy pronto los médicos le adjudicaron severos problemas de salud, aconsejando de forma inmediata un aborto.

Los padres decidieron continuar con el embarazo confiando plenamente en Dios y en su Palabra, negando toda decisión que fuera contraria a la vida que se desarrollaba en el vientre de la esposa.

El diagnóstico de los médicos resultó más complicado de lo que originalmente habían anunciado, por lo que desde hace varios la familia vive duros momentos.

Separados los esposos por cuestiones laborales, ella vive con sus tres hijos en otra ciudad y atiende con amor y dedicación a una criatura que tiene una vitalidad asombrosa, a pesar de estar conectada a dos tubos permanentemente.

A la niña la conocimos cuando se estaban ensayando danzas en una Iglesia y ella, conectada a los tubos que le permiten vivir, dio unos pasitos demostrando su interés y su alegría.

Sus padres y los dos hermanos asistían encantados a esta demostración de deseos de vivir de su hermanita. Y nosotros dábamos gracias a Dios por la fe de esa familia, por la Gracia que reciben y por el testimonio que nos dan.

Job 11:18
Diego Acosta García

DIOS SIGUE HABLANDO?

Entre tantos recuerdos preciosos de nuestra vida de creyentes, uno de los más gratos es sin duda la pregunta que formuló una joven al poco tiempo de haber aceptado al Señor.

Preguntó con toda naturalidad: Dios sigue hablando? En el interrogante estaban contenidas muchas cuestiones aleatorias, porque era evidente que su perplejidad era muy grande.

Quienes estábamos reunidos y la escuchamos preguntar, obramos por la Gracia, con amor y especial cuidado para no herir su evidente inocencia sobre el tema.

Pacientemente le explicamos, que Dios siempre ha hablado y que siempre hablará, utilizando maneras tan diversas como distintas son las personas a las que se dirige.

A algunas personas les habla personalmente y en cambio a otros, les habla colectivamente como bien puede ocurrir en las congregaciones de las Iglesias que están reunidos en su Santo Nombre.

La afirmación de que Dios habla fue acompañada por otra que creemos no es menos importante: La de que Dios siempre confirma sus palabras para evitarnos interpretaciones erradas.

Dios habla y nosotros debemos aprender a escuchar lo que nos dice, debemos aprender a practicar el discernimiento para no confundir el palabrerío del mundo con su Palabra.

Salmos 62:11
Diego Acosta García

LOS ARREBATOS

Quién puede afirmar que alguna vez no obró arrebatadamente? Quién puede afirmar que no se lamentó de haber obrado de esa manera? Quién cambiaría esas decisiones por otras?

Estas reflexiones nos surgen como consecuencia de haber vivido muchas experiencias de ese tipo, simplemente porque es una manera de obrar de las personas que tienen un determinado carácter.

Los impulsos muchas veces gobiernan nuestros hechos, así como nuestra boca habla antes de reflexionar acerca de lo que vayamos a decir. Tanto una actitud, como la otra,  siempre nos llevan a cometer errores.

Es sorprendente que esto ocurra con personas que tienen conocimiento de la Palabra de Dios, que tienen fundamentos acerca de cómo debemos obrar los cristianos.

Pero no es menos evidente que en algunas ocasiones, las circunstancias nos llevan a seguir el primer impulso y entonces obramos con arrebato, sin medir ni pensar en las consecuencias.

La Palabra nos habla del dominio propio y también nos lleva a que reflexionemos acerca de la necesidad de controlar nuestros comportamientos de manera que no seamos insensatos.
Cuidemos nuestros impulsos y no obremos con los arrebatos que son más propios de personas que no conocen a Dios, que de quienes nos consideramos sus hijos.

2 Timoteo 1:7
Diego Acosta García