CUANDO ORAMOS

Que ocurre cuando oramos? Que es lo que pasa por nuestro corazón, por nuestra mente, por nuestro interior? Por qué nuestras oraciones muchas veces tienen tan poca firmeza?
Tal vez sea porque nos estamos retratando a nosotros mismos con nuestras oraciones, porque estamos dejando que nuestras oraciones se eleven junto con nuestras dudas.

Muchas veces hemos orado con tan poca convicción, que es como si no creyéramos en el Poder de quién las recibe, como si en el fondo estuviéramos más cercanos al escepticismo que a la verdadera creencia.

Es muy importante que analicemos serenamente esta cuestión, para que nuestra relación con Dios se sustente sobre bases verdaderas y no sobre lo que nuestro raciocinio nos impone.

Si oramos con falta de convicción es porque el poder de nuestra mente, de nuestra inteligencia, de nuestra humana sabiduría, se pone por encima del Poder verdadero.

Es fundamental que analicemos lo que nos ocurre cuando oramos, porque no solamente afecta a nuestra relación personal con Dios, sino que no prácticamente nos cerramos la posibilidad de ser intercesores.

El Señor Jesús nos dijo que Él era el Camino para el Padre y que a través de Él y solo de Él, nuestras oraciones llegarían hasta el Trono de la Gloria. No nos dejemos engañar por nosotros mismos.

Salmos 66:20
Diego Acosta García

TIRAMOS COMIDA…

La alerta más que una información más parecía una acusación: en los países llamados ricos se tiran miles de toneladas de comida todos los años… y la cantidad va en aumento.

Podemos considerar que tirar comida tiene implicancias espirituales? O es simplemente un dato que la sociedad recibe como tantos otros, relacionados con sus comportamientos…antisociales?

Si fuera un simple dato  estadístico, posiblemente lo olvidemos con esa rapidez que siempre nos aleja de las cosas que nos pueden perturbar o que no nos gustan.

Es un acto reflejo que nos permite guardar en un pliegue de nuestra memoria algo que en verdad nos afecta directamente, pero como está insertado dentro de lo colectivo, nos resulta fácil olvidarlo.

Pero qué ocurriría si tirar comida tuviera implicancias espirituales? Los mecanismos de nuestra memoria, aunque actuaran, quedarían supeditados al rigor de nuestra conciencia.

No nos resultaría tan fácil esconder nuestra complicidad y nuestra participación en el hecho de tirar miles de toneladas de comida, mientras mil millones de personas pasan hambre en el mundo.

El Señor Jesús dijo: Porque tuve hambre… porque tuve sed… Entonces podemos concluir que el tema de la comida ya no es un hecho material, sino profundamente espiritual y ante ello la diligencia de la desmemoria, se rendirá ante la evidencia.

Mateo 25:42
Diego Acosta García

YO ACUSO…TU TAMBIÉN?

Nunca dejará de sorprendernos la enorme capacidad que tenemos de acusar a nuestros semejantes, en cualquier lugar, por cualquier circunstancia, por cualquier causa.

Faltaría agregar que la mayoría de las veces acusamos sin pensar muy bien si verdaderamente tenemos razón para hacerlo, como si acusar fuera un derecho adquirido desde nuestro nacimiento.

Es muy penoso comprobar cómo reaccionamos airados ante el menor problema que nos pueda afectar, ya sea porque nos sentimos ofendidos, agraviados, humillados o simplemente, también acusados.

Cuando acusamos nos olvidamos de varias enseñanzas recibidas, que nos deberían hacer reflexionar acerca de lo que estamos haciendo, pero en lugar de arrepentirnos nos justificamos con nuevos argumentos.

No cabe la menor duda que cuando acusamos es lo que tenemos en nuestro corazón, porque donde hay ira, indignación o tal vez hasta odio, evidentemente no puede haber ni amor ni misericordia.

Sabemos que se perdonaron todos nuestros pecados. Todos. No hay pecado tan grande que no nos pueda ser perdonado por Dios. Pero sin embargo, somos capaces de acusar ante el más ínfimo de los hechos.

No olvidemos que así como juzguemos seremos juzgados, que si nuestro juicio es brutal con esa misma medida seremos llevados a juicio. Acusar es fácil, lo difícil es obrar con el mismo amor con el que fuimos perdonados.

Eclesiastés 3:17
Diego Acosta García

UNA FAMILIA EJEMPLAR


En estos días conocimos a una familia que nos dio un tremendo testimonio de su fe y también de lo que verdaderamente significa considerarse hijos de Dios.

Con hijos relativamente mayores, la pareja concibió su tercera hija, a la que muy pronto los médicos le adjudicaron severos problemas de salud, aconsejando de forma inmediata un aborto.

Los padres decidieron continuar con el embarazo confiando plenamente en Dios y en su Palabra, negando toda decisión que fuera contraria a la vida que se desarrollaba en el vientre de la esposa.

El diagnóstico de los médicos resultó más complicado de lo que originalmente habían anunciado, por lo que desde hace varios la familia vive duros momentos.

Separados los esposos por cuestiones laborales, ella vive con sus tres hijos en otra ciudad y atiende con amor y dedicación a una criatura que tiene una vitalidad asombrosa, a pesar de estar conectada a dos tubos permanentemente.

A la niña la conocimos cuando se estaban ensayando danzas en una Iglesia y ella, conectada a los tubos que le permiten vivir, dio unos pasitos demostrando su interés y su alegría.

Sus padres y los dos hermanos asistían encantados a esta demostración de deseos de vivir de su hermanita. Y nosotros dábamos gracias a Dios por la fe de esa familia, por la Gracia que reciben y por el testimonio que nos dan.

Job 11:18
Diego Acosta García

DIOS SIGUE HABLANDO?

Entre tantos recuerdos preciosos de nuestra vida de creyentes, uno de los más gratos es sin duda la pregunta que formuló una joven al poco tiempo de haber aceptado al Señor.

Preguntó con toda naturalidad: Dios sigue hablando? En el interrogante estaban contenidas muchas cuestiones aleatorias, porque era evidente que su perplejidad era muy grande.

Quienes estábamos reunidos y la escuchamos preguntar, obramos por la Gracia, con amor y especial cuidado para no herir su evidente inocencia sobre el tema.

Pacientemente le explicamos, que Dios siempre ha hablado y que siempre hablará, utilizando maneras tan diversas como distintas son las personas a las que se dirige.

A algunas personas les habla personalmente y en cambio a otros, les habla colectivamente como bien puede ocurrir en las congregaciones de las Iglesias que están reunidos en su Santo Nombre.

La afirmación de que Dios habla fue acompañada por otra que creemos no es menos importante: La de que Dios siempre confirma sus palabras para evitarnos interpretaciones erradas.

Dios habla y nosotros debemos aprender a escuchar lo que nos dice, debemos aprender a practicar el discernimiento para no confundir el palabrerío del mundo con su Palabra.

Salmos 62:11
Diego Acosta García

LOS ARREBATOS

Quién puede afirmar que alguna vez no obró arrebatadamente? Quién puede afirmar que no se lamentó de haber obrado de esa manera? Quién cambiaría esas decisiones por otras?

Estas reflexiones nos surgen como consecuencia de haber vivido muchas experiencias de ese tipo, simplemente porque es una manera de obrar de las personas que tienen un determinado carácter.

Los impulsos muchas veces gobiernan nuestros hechos, así como nuestra boca habla antes de reflexionar acerca de lo que vayamos a decir. Tanto una actitud, como la otra,  siempre nos llevan a cometer errores.

Es sorprendente que esto ocurra con personas que tienen conocimiento de la Palabra de Dios, que tienen fundamentos acerca de cómo debemos obrar los cristianos.

Pero no es menos evidente que en algunas ocasiones, las circunstancias nos llevan a seguir el primer impulso y entonces obramos con arrebato, sin medir ni pensar en las consecuencias.

La Palabra nos habla del dominio propio y también nos lleva a que reflexionemos acerca de la necesidad de controlar nuestros comportamientos de manera que no seamos insensatos.
Cuidemos nuestros impulsos y no obremos con los arrebatos que son más propios de personas que no conocen a Dios, que de quienes nos consideramos sus hijos.

2 Timoteo 1:7
Diego Acosta García

PODEMOS DUDAR?


Siempre recordaremos con afecto una reflexión que nos fue dada al poco tiempo de aceptar al Señor como nuestro Salvador, en circunstancias en las que buscábamos respuestas para todo.

Este recuerdo contribuye también a pensar, que así como recordamos a los hermanos mayores por sus reflexiones sabias y oportunas, también seamos capaces de hacer lo mismo con otros hermanos más jóvenes en la fe.

La cuestión que origina este comentario estaba relacionada con las dudas, porque creíamos en nuestra infancia como creyentes, que era muy grave o muy malo dudar.

En ese sentido fue que preguntamos a uno de nuestros maestros, si dudar era tan malo como nosotros pensábamos, entendiendo que una vez que conocemos al Señor desaparecen las dudas.

El maestro nos contestó que dudar era legítimo, pero lo que no era bueno, era vivir dudando o vivir en un estado de duda permanente, porque eso precisamente nos alejaba de los principios de la fe.

Para explicarse el maestro nos dijo que si dudamos continuamente, lo que en realidad estamos haciendo es no aceptar por fe las verdades que nos son enseñadas.

La duda es enemiga de la fe, porque la fe alimenta nuestro crecimiento hacia verdades que cada vez son mayores y profundas. La duda se genera en nuestra mente para alejar la fe que arde en nuestros corazones.

Marcos 11:23
Diego Acosta García

FRIVOLIZAR LA FRIVOLIDAD

Puede parecer redundante que intentemos hacer más notable lo que ya de por sí es muy notorio, puede parecer exagerado lo que ya de por sí es exagerar un concepto.

Pero si observamos con detenimiento lo que ocurre a nuestro alrededor, lo que hablamos y lo que escuchamos, incluso lo que leemos en los medios electrónicos, tal vez no nos parezca tan fuera de lugar lo que afirmamos.

Estamos convencidos de que pasamos mucho tiempo compartiendo obviedades y que de tanto convivir con ellas, hemos perdido la perspectiva de lo que verdaderamente es importante.

Confundimos las frases hechas, las fórmulas repetidas una y otra vez, con mensajes que intentan aproximarnos los unos con los otros, creando una falsa sensación de fraternidad.

Por eso hablamos de frivolizar la frivolidad, porque vamos avanzando vertiginosamente en esa dirección, olvidando que lo verdaderamente trascendente, no se adorna con palabras bonitas o lugares comunes.

Todas estas reflexiones me las formulaba a título personal, observando lo que hacemos cotidianamente y advirtiendo como nos alejamos de aquello que es auténticamente importante.

Pensando en todo esto nos podemos preguntar: Y Jesús? Donde está Jesús en nuestras vidas? Con qué hechos demostramos que somos sus discípulos? No tenemos respuestas, salvo que la frivolidad nos está alejando de Él. Pero confiemos en su misericordia.

Salmos 88:12
Diego Acosta García

LA ESPERANZA

En un determinado momento de la vida posiblemente todos habremos pensado que nos habíamos quedado sin esperanza, que ya no podíamos esperar nada más de la vida.

Ese sentimiento tan grande de abatimiento es imposible de superar,con las propias fuerzas, ni con la ayuda de personas que bien intencionadas, se acerquen a consolarnos.

La sensación de la pérdida de esperanza, solamente la pueden valorar quienes la han sentido en su propia vida, por lo tanto es una experiencia casi intransferible.

Pero por qué perdemos la esperanza? En la mayoría de los casos podríamos decir porque hemos depositado nuestra confianza en personas o circunstancias equivocadas.

Cuando esto ocurre no solo perdemos la esperanza, sino también nos convertimos en seres incapaces de volver a creer en nada ni en nadie, porque junto con la esperanza perdimos la confianza.

Todo cambia a partir del bendito momento en que alguien, que alguna circunstancia o como haya sido, nos reveló la existencia de Jesús y de su promesa de una nueva vida.

No una vida sin problemas ni dificultades, pero sí una vida plena en la que las luchas pueden ser soportadas porque sabemos que podremos contar siempre con su ayuda y con su presencia. Esa es la bendita esperanza!

Salmos 62:5
Diego Acosta García

DEMOS EL PRIMER PASO…

En la complejidad de las relaciones humanas siempre hay situaciones que nos pueden llevar a tener serias confrontaciones con otras personas, que generan serias consecuencias.

Como es lógico por nuestra condición de seres humanos, casi siempre estaremos firmes en nuestra postura y esperaremos a que la otra persona se acerque a nosotros para disculparse o para enmendar el error cometido.

Esta actitud está basada principalmente en la soberbia de sabernos o de creernos poseedores de la razón, lo que revela una alta dosis de vanidad o de orgullo.

El tiempo en estos casos obra en contra de la solución de la controversia y lo que es más grave todavía, contribuye a ampliar las grietas originadas en la relación personal.

Frente a una situación como esta deberemos obrar con firmeza y humildad y dar un paso hacia la solución, que no es otro que abordar a la otra persona para encontrar juntos el fin del problema.

Ampararnos en la soberbia de nuestra vanidad herida, no nos servirá de nada y mucho menos como creyentes, porque hemos sido enseñados a obrar con mansedumbre, aunque tengamos la razón.

Si al dar el primer paso cedemos posiciones, pareciendo débiles o culpables, debemos de tener en cuenta que Dios es quién nos justifica y que como hijos suyos debemos de tener actitudes ejemplares.

Efesios 4:2
Diego Acosta García