SEAMOS ÁGUILAS

Es curioso cuando de tanto mirar nuestros propios problemas, nuestras circunstancias, de tanto centrarnos en lo que llamamos nuestra realidad, comenzamos a caminar mirando hacia abajo.

Dejamos de tener la perspectiva del horizonte y en cambio dirigimos nuestros ojos hacia abajo, y obrando de esta manera inevitablemente nos sentiremos agobiados, cansados.

Y por qué ocurre esto? Porque al convertirnos en el centro de toda nuestra atención, dejamos de percibir lo que ocurre a nuestro alrededor y solamente permitimos que lleguen hasta nosotros las señales de alarma o de preocupación.

No somos capaces de advertir que así como es verdad que existen problemas, situaciones muy graves, también hay bellos momentos que se nos pasan desapercibidos por nuestra egolatría.

Debemos abandonar esta actitud que se parece en mucho a la de las aves de corral, que solamente dan pequeños saltitos a pesar de que podrían utilizar sus alas para realizar aunque sea pequeños vuelos.

Dejemos de ser el centro de nuestro propio mundo, y seamos capaces de dirigir nuestra mirada hacia lo alto, para poder mirar a quienes nos rodean y comprobar cuánto nos necesitan.

Abramos las alas de nuestros pensamientos, de nuestra fe y aprendamos a volar como las águilas y entonces y solo entonces podremos ser diferentes, podremos comenzar a comprender lo que Dios tiene para nosotros.

Estamos a tiempo para advertir las grandes cosas que Dios nos quiere mostrar y que no podemos ver porque estamos centrados en nosotros mismos.

Isaías 40:31

Diego Acosta García

GUARDEMOS EL CORAZÓN

Un sabio maestro enseñaba acerca de la necesidad de guardar el corazón. Sus discípulos entonces le preguntaron si estaba hablando en sentido figurado.

El maestro les dijo que no, que estaba hablando en sentido literal acerca de la necesidad de guardar el corazón. Nuevamente le preguntaron acerca de lo que significaba su afirmación.

El maestro les explicó que se trataba de que debíamos de tener cuidado para que nada nos produjera rasguños que con el tiempo se pudieran convertir en graves heridas.

Por que debíamos de evitar esas heridas? Porque corremos el peligro que no solo sean graves sino que pueden terminar envenenando todo nuestro cuerpo y lo que es más grave, nuestro espíritu.

Los discípulos le preguntaron: como se podía envenenar el espíritu a partir de un simple rasguño? Acaso una herida superficial puede ser tan grave como para envenenarnos?

La cuestión es que un simple rasguño en realidad no es nada importante, pero lo grave es que sepamos entender que es solamente eso, un simple rasguño.

Si no somos capaces de comprender esta realidad lo convertiremos en un auténtico veneno que nos llevará rápidamente de la amargura al odio más profundo.

Por eso es necesario guardar el corazón para que nuestro amor a Dios no quede expuesto a nuestro resentimiento o a nuestra necesidad de venganza sin apelar a Su Justicia.

Mateo 6:1

Diego Acosta García

EL AFÁN

Tenemos tendencia a confundir el interés y la voluntad de trabajar con el afán, tal vez porque la diferencia entre unas actitudes y otra sea muy sutil casi imperceptible.

Es bueno que aprendamos a distinguir aquello que define nuestra capacidad de poner todo nuestro empeño en un fin determinado, a lo que significa el afán.

El afán por definición es entregarse a una actividad con todo interés, y también puede agregarse para ampliar el concepto cuando hacemos algo de manera excesiva y penosa.

Podríamos decir que el afán es confiar plenamente en nuestras fuerzas, en nuestra capacidad basándonos en el orgullo y la vanidad y en el desafío que hacemos a los demás por nuestros logros.

Pero que significa el afán espiritualmente? Desde luego que el afán por las razones expuestas no es bueno para nuestras vidas, porque nos aleja de los principios que Dios ha establecido.

En qué sentido nos aleja? Ponemos distancias con Dios cuando confiamos en nosotros mismos haciendo apología de la doctrina humanista y no aceptamos que Dios es el Señor de nuestras vidas.

Debemos recordar que Él siempre estará a nuestro lado, precisamente para que no nos afanemos en nuestros vanos esfuerzos y aprendamos a confiar en que Él es el proveedor en todos los sentidos.

Desterremos toda forma de afán y aprendamos a vivir cogidos de la mano del Señor.

Marcos 4:19

Diego Acosta García

LA SUAVE BRISA

En el tiempo en el que la tormenta de los problemas, las aflicciones y las pruebas se abaten sobre nuestras vidas es necesario recordar que siempre ese tiempo pasa.

Es preciso que comprendamos que el ciclo de la tormenta se completa con el tiempo del sosiego, de la calma, que solo apreciamos luego de haber sido sacudidos  casi hasta el límite de nuestras fuerzas.

Ese momento que sigue a la violencia de la tormenta en el que se debe inundar de fe y esperanza nuestra conciencia, con la suave brisa del Espíritu Santo obrando con benignidad hasta lo más profundo de nuestro interior.

La promesa de la obra del Espíritu nos fue dada por el Señor Jesús para que nos acompañe todos los días de nuestra vida, hasta nuestro último aliento que nos sea dado.

Esa suave brisa del Espíritu nos dará las fuerzas para que cuando nuevas tormentas lleguen para agitar nuestras vidas, sepamos que no estamos solos y que siempre estará a nuestro lado.

Disfrutemos de la suave brisa del Espíritu porque es el bálsamo que calmará nuestro interior y que nos hará reflexionar de la importancia que guardemos nuestro cuerpo porque debe ser el Templo santificado para recibirlo.

Demos gracias por la suave brisa del Espíritu porque es la Gracia de Dios en cada día de nuestra vida.

Isaías 57:15

Diego Acosta García

DESPUES DE ORAR…OREMOS

Cada vez que levantamos una oración estamos honrando a quién nos ha Creado, lo estamos alabando y lo estamos bendiciendo porque Él es el Señor.

Podemos orar por muchas causas, la mayoría de ellas por situaciones personales afligentes, por necesidades concretas y también por la incertidumbre que tenemos frente a determinados hechos que se proyectan hacia el futuro.

Podemos orar por nuestros hermanos, por nuestros pastores, por nuestra Iglesia y por todos los hermanos y por todos los pastores y por todas las Iglesias.

Podemos orar por las amenazas que se ciernen sobre la libertad de culto en muchos países y por dura represión que hay en otros países contra los que no profesan la fe mayoritaria.

Podemos orar por los enfermos, por quienes están atribulados, por quienes están dominados por las drogas, por las ataduras de los vicios, por las ataduras espirituales que les impiden ver la Verdad.

Podemos orar por el Reino, por su extensión, para que cada día más la Palabra llegue a más personas y a más lugares lejanos, hasta los confines de la tierra cumpliendo la Gran Comisión.

Y cuando hayamos orado por todas estas cuestiones, perseveremos y sigamos orando, para que nuestro clamor realizado en la intimidad de nuestro espacio o en el silencio de nuestro espíritu, llegue al Dios Padre. Le recordemos en oración cuánto le agradecemos porque nos ame.

Jeremías 29:12

Diego Acosta García

NO JUZGUEMOS

Uno de los hábitos más peligrosos que tenemos los seres humanos es nuestra capacidad para juzgar absolutamente todo lo que hacen todos los demás.

Nuestro juicio no se detiene ante nada ni ante nadie, porque nuestra vocación para enjuiciar es más poderosa de lo que nosotros mismos nos imaginamos.

Sería muy importante para nuestra vida espiritual tratar de encontrar la razón profunda por la que juzgamos, porque de esta manera comenzaremos a andar el camino que nos llevará a liberarnos de esta pesada carga.

Juzgamos porque  nos sentimos superiores? Juzgamos porque nos sentimos inferiores? Juzgamos porque estamos dominador por un espíritu de juicio que no nos abandona?

Cualquiera sean las respuestas que nos podamos dar, las pongamos delante del Espíritu para que nos guíe, nos aconseje, nos enseñe y nos muestre el camino del arrepentimiento para luego ser perdonados.

Pensemos cuánto daño podemos haber causado con nuestros juicios, acertados o no, pero fuera de todo ámbito espiritual, porque no hemos sido mandados a juzgar.

Hemos sido mandados a ayudar a nuestros hermanos en dificultades,a nuestros hermanos que pueden estar cometiendo errores pequeños o importantes, pero siempre merecedores de nuestra misericordia y no de nuestro juicio.

No juzguemos porque con el mismo rigor con que lo hagamos seremos juzgados. Tengamos misericordia y amor y no pensamientos de juicio.

Romanos 14:10

Diego Acosta García

IMPORTAN LOS RESULTADOS?

Muchos nos preguntamos cuando veremos los pequeños verdes brotes de nuestra siembra, especialmente si esa siembra es espiritual y proclamando el Evangelio.

Estamos ansiosos por ver un día cuántos hombres y cuántas mujeres creyeron en el Salvador como consecuencia de nuestro esfuerzo, de nuestra perseverancia.

Y ese afán que puede ser legítimo, se transforma poco a poco en un desencadenante de una serie de emociones que finalmente nos podrían hacer dejar la tarea que emprendimos con tanto amor y dedicación.

Estamos preparados para no ver los frutos de nuestra siembra? Por qué necesitamos ver los frutos de nuestro trabajo? Es que buscamos la recompensa de los hombres?

Estas preguntas son necesarias para que nos respondamos con el máximo de sinceridad, sin pretender engañarnos con argumentos que pueden ser válidos para los demás, pero que son inválidos delante de Dios.

Un viejo evangelista declaró que en más de 30 años de predicar la Palabra nunca tuvo constancia de que siquiera una sola persona se hubiera convertido por haber recibido su mensaje. Pero él proclamaba que durante más de 30 años había sido fiel al mandato que Dios le había dado y que con eso le bastaba.

Este viejo evangelista no buscaba ni precisaba la honra que podemos dar los hombres. Él buscaba que fuera Dios quién lo honrara. Con este ejemplo pensemos en nosotros mismos y recordemos que es lo verdadero.

Juan 4:37

Diego Acosta García

MOVAMOS LAS MONTAÑAS

Siempre nos ha impresionado la afirmación de que podemos mover montañas, porque es algo que supera nuestra imaginación, porque resulta difícil siquiera pensarlo.

Mirar una pequeña loma, con una mínima elevación sobre el horizonte y pensar que la podemos cambiar de lugar, es algo que desde nuestra lógica humana es poco menos que imposible.

Y por qué entonces se nos enseña que la podemos cambiar de lugar? Es que se trata de un desafío para probar nuestra capacidad de imaginación? O es que se trata de un desafío a nuestra fe?

Pensamos que de de esto último se trata, de que es un desafío a nuestra fe. Por qué razón? Porque es evidente que nosotros no podemos cambiar una montaña de lugar.

Sin embargo se nos ha dado poder para hacerlo. Y entonces por qué no lo conseguimos? Por qué no lo logramos? Porque el poder que nos ha sido dado es para tener la fe de que es posible de que una montaña se puede cambiar de lugar.

Y en eso y solamente en eso consiste todo lo que nosotros podemos hacer para lograr un milagro semejante. El resto, el mover la montaña lo hará Dios con su Poder, cuando sea Su tiempo y cuando Su Voluntad lo determine.

Movamos los obstáculos de nuestra vida. Tenemos poder para hacerlo con nuestra fe, para que Dios sea quién lo haga.

Marcos 11:23

Diego Acosta García

ENSANCHEMOS LAS ESTACAS

Puede parecer sorprendente que en estos tiempos de modernidad estemos hablando de estacas, de ensancharlas, de hacerlas más grandes, de darles unas dimensiones mayores.

Pero si las relacionamos con nuestros pensamientos, con nuestras ideas, con aquello que guardamos como perspectiva para nuestra vida, entonces y solo entonces, comenzaremos a darle otro sentido.

Ensanchar está utilizado en el sentido de no ser escasos, de no reducir nosotros mismos nuestras posibilidades, para no ser menores en aquello que pensamos o en aquello que anhelamos.

La mayoría de nuestras limitaciones provienen de nuestros criterios, de que no somos capaces de alcanzar otros logros que aquellos pobres que nuestra mente se ha imaginado.

Nos olvidamos con mucha facilidad que no fuimos creados para ser escasos ni limitados, por eso recibimos por gracia dones y talentos para ser mejores y no para ser inferiores.

Cambiemos nuestros pensamientos e imaginemos que estas estacas que nos están limitando, tienen que ser removidas y ampliadas para que nada acote nuestra relación con Dios y con los hombres.

Estamos llamados a ser grandes y no pequeños, importantes y no menores, influyentes y no ignorados, porque somos hijos de Dios y porque Él tiene propósitos que nosotros nos empeñamos en hacerlos pequeños.

No seamos escasos y pensemos que los propósitos de Dios para nuestra vida, no son tan pequeños como nosotros.

Isaías 54:2

Diego Acosta García

CADA DIA

Es notable como nos afanamos por todo. Y en el afán de querer controlarlo todo perdemos de vista las cuestiones más importantes sobre las que verdaderamente debemos centrar nuestra atención.

A veces deseamos revisar el pasado, no para aprender de los errores sino para tratar de enmendar cosas que evidentemente no tienen ninguna posibilidad de ser corregidas.

Otras veces nos preocupamos por el futuro haciendo planes e imaginando situaciones que casi nunca se cumplen, porque son cosas que están basadas en nuestra imaginación y en nuestro esfuerzo.

La cuestión es centrarnos en lo verdaderamente importante: que no es otra cosa que este día, que terminará cuando comience otro, así como se inició cuando terminó otro.

De tan preocupados que estamos con el pasado o con el futuro, nos olvidamos que nuestra máxima preocupación debe ser hacer en este día lo que debemos.

Es inútil que pensemos en el pasado porque nada podremos alterar de lo ocurrido. Y tampoco que programemos el futuro porque no está a nuestro alcance resolver lo que vendrá.

Dediquemos nuestro esfuerzo en este día con el máximo entusiasmo, porque mañana ya no podremos hacer absolutamente nada por él. No nos perdamos en fantasías que agotan nuestra imaginación y nuestras fuerzas.

Pensemos que nuestra obligación es este día. Del futuro se encarga nuestro Señor.

Mateo 6:34

Diego Acosta García