La Palabra de Dios enseña acerca del pago justo por el trabajo.
Este es un principio fundamental que debe regir la relación entre los hombres y obviamente entre quienes demandan trabajo y entre quienes aportan su esfuerzo personal.
Razonablemente este principio es el que confiere la dignidad a quién trabaja y el que también dignifica a quién precisa del trabajo de otras personas.
Pero en este equilibrio debe ser introducido un elemento más. Y no es otro que el cumplimiento del trabajo demandado, porque solamente así seremos dignos de nuestro salario.
Para quienes nos llamamos hijos de Dios, así como demandamos el salario justo, del mismo modo debemos cumplir con el trabajo justo. Esto significa cumplir con el compromiso laboral asumido.
Una vez pactado el acuerdo de trabajo, el esfuerzo personal debe estar dedicado a cumplirlo y no a medirlo para relacionarlo con el salario recibido.
Lo que pactamos entre los hombres, queda delante del Eterno. Y cada uno debe asumir su responsabilidad. Tanto la de pagar como la de trabajar!
Muchas veces advierto cosas a mi alrededor que me resultan indiferentes, intrascendentes. Pero hay otras, que si despiertan mi atención porque están relacionadas con las normas que rigen mi vida.
Una de ellas es el de la falta de sinceridad o lo que puede resultar lo mismo, el del ocultamiento de la verdad o su manipulación para lograr determinados resultados.
Frente a un caso específico, relacionado con estas situaciones me he situado no solo en la posición de espectador, sino también en la de observador interesado.
Para intervenir?
Decididamente no, sino para sacar conclusiones, enseñanzas que me lleven a obrar de manera adecuada frente a hechos parecidos o similares.
Jesús enfrentó a los fariseos por razones parecidas. Lo que supuestamente es un arte, el de engañar disfrazando mentiras o semiverdades, no solo afecta al prójimo, sino que también dañan a quién se pone en situación de ser protagonista de esta clase de historia.
Oro para que el Eterno me conceda Sabiduría y obre, lo más rectamente posible, teniendo en cuenta mi humana condición.
Job 12:13 Con Dios está la sabiduría y el poder;
suyo es el consejo y la inteligencia.
Jó Com ele está a sabedoria e a força;
conselho e entendimento tem.
Un reconocido científico afirmó que somos los humanos los que hemos creado a Dios, no ÉL a nosotros.
Viniendo de quién viene la expresión puede causar impacto, pero es justo destacar que esta manifestación es la típica de quienes privilegian a la ciencia y la colocan en una especie de Olimpo de los dioses.
Es decir, quienes niegan a Dios como Creador, colocan a la Ciencia como diosa superiora, pues alguien debe ser el receptor de la condición de Hacedora de todo lo que vemos y lo que no vemos.
De esta manera los científicos se convierten en apologistas de la evolución, aún cuando declaran que el proceso se originó en un plan de diseño que fue inventado hace 600 millones de años.
Preguntamos: Quién diseñó ese plan hace 600 millones de años?
Quién o quiénes fueron los autores de ese diseño?
Y con estas preguntas volvemos al principio: Alguien creó a los autores de ese plan de diseño. O se gestaron de la nada?
Quién niega al Eterno por relevante que sea, no deja de asombrarnos por la simpleza de sus argumentos, que en definitiva la conceden a la ciencia la condición de diosa. Una diosa menor por cierto.
Jesús nació, vivió y murió como Hombre. Pero Resucitó y está sentado a la diestra del Dios Padre en el Trono de la Gloria!
Esta es la grandiosa Verdad que nos hace recordar que Su sacrificio final por los pecados de todos los hombres, debe ser motivo de agradecimiento.
Ese sacrificio pertenece a un tremendo momento del Plan de Salvación del Eterno para los humanos y recordarlo como un sacrificio una y otra vez, nos aleja de la perspectiva que Él mismo le confirió.
Jesús venció a la muerte y por tanto debemos exaltar la Vida!
Mirando la cruz vacía, puedo recordar el sacrificio último y el único que hace posible mi Salvación, tras arrepentirme de mis pecados y reconocerlo como Señor.
ÉL como mi Señor me perdonó y por ÉL llego hasta el Padre, como único intercesor. Por eso creo y confío en la Vida Eterna. Por eso también me niego a la idolatría del dolor y la muerte!
Romanos 14:9
ES – Porque Cristo para esto murió y resucitó,
y volvió a vivir,
para ser Señor así de los muertos
como de los que viven.
PT – Foi para isto que morreu Cristo
e tornou a viver;
para ser Senhor tanto dos mortos
como dos vivos.
Escudriñando con rigor lo que ocurre a nuestro alrededor, podemos encontrar situaciones sorprendentes.
Por ejemplo: En un hospital pude apreciar como el dolor está más cercano y directo, máxime cuando afecta a seres queridos. Entonces parece que duele más.
Percibimos que el padecimiento del prójimo es más real y entonces recordamos cuando vivimos en nuestro cuerpo el rigor de la falta de sanidad.
Cómo modifica todo el dolor!
En algunas culturas acompañamos a los enfermos para ser atendidos en los hospitales. En otras, los enfermos van solos mayoritariamente, para buscar la solución al problema de sus cuerpos, que llamamos enfermedad.
En este último caso me puse a pensar por qué hombres y mujeres de todas las edades van solos a un hospital. Son más fuertes, son mejores, son superiores?
Creo que no.
Creo que se trata de una actitud diferente frente al dolor y a su significado. En algunas culturas lo asociamos directamente con la muerte y frente a ella con el miedo a que nos llegue la hora final.
Quienes van solos, pareciera que no tienen ese miedo y toman el final con naturalidad, formando parte del ciclo vital: Nacer, vivir, morir.
Es bastante difícil percibir en algunas personas el agobio que produce el miedo al dolor físico y la tremenda carga del temor espiritual ante la incertidumbre de la muerte.
Pero haciendo memoria de mi propia vida, recuerdo cuando estuve verdaderamente enfermo, en dos situaciones muy diferentes: Una sin Dios y otra con el Eterno en mi vida!
Sin la certeza del cumplimiento de la Promesa de Vida Eterna, es fácil experimentar la angustia por el dolor presente y por el futuro, porque no sabemos cómo será luego de la muerte.
Teniendo al Creador a nuestro lado, resulta tolerable el penar físico, porque sabemos que nos puede llevar al momento en que se iniciará la Vida prometida.
Puede que tratando de entender a quienes van solos al hospital, quizás no precisen compañía, como otros, porque en algún momento de su existencia alguien les habrá hablado de la Confianza que solo puede inspirar el Todopoderoso. Como a nosotros!
En el mundo se considera la educación de calidad, como uno de los elementos que definen la situación de un país.
Es decir, se habla de que el nivel de enseñanza que se imparte en los colegios públicos, es alto y permite el desarrollo de los niños pensando en su futuro.
Tomando en cuenta estos pensamientos, me he preguntado si quienes nos llamamos hijos de Dios, también pensamos en la educación de calidad?
Realmente le damos a nuestra descendencia la educación que pueda llamarse de calidad, con relación al Eterno?
Pienso que la respuesta sincera debería ser NO!
Estoy demasiado ocupado en mi propia vida, que ni siquiera soy capaz de ocuparme de lo que estudian mis hijos o mis nietos en la escuela, dejando de lado mi responsabilidad indeclinable e intransferible.
Al Creador y a mis hijos debo ofrecerle lo mejor de mí, no los restos del tiempo que me sobra tras dedicarle atención a ese personaje tan importante que soy yo mismo.
Esto me será reclamado!
Deuteronomio 12:27 Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando,
para que haciendo lo bueno
lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios,
te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.
Deuteronômio 12:27 Guarda e ouve todas estas palavras que te ordeno,
para que bem te suceda a ti e a teus filhos,
depois de ti para sempre, quando fizeres o que for bom e reto
aos olhos do Senhor, teu Deus.
Como parte de la especie, cometo los mismos errores que muchos hombres y mujeres. Uno de ellos es el de no saber darle valor a lo que Dios nos ha dado.
Así de simple y de tremendo!
La consecuencia es que como no soy capaz de percibir todo lo bueno que tengo, entra en mí el espíritu de queja que no me deja crecer en las cosas del Eterno y por lo tanto me impide ser un hombre nuevo.
Resulta importante tratar de comprender por qué no le damos valor a lo que hemos recibido del Altísimo.
Una de las explicaciones puede ser que nuestro mundo imaginario es diferente del real y no terminamos de aceptar esta situación y dejamos que la fantasía controle nuestra mente y nuestro entendimiento.
Sin embargo es en el mundo real donde debemos percibir el Amor de y la Misericordia de Dios. Que son tan grandes como no nos podemos imaginar. Tal vez por eso, es que no sepamos valorar lo que recibimos, porque no somos capaces de imaginar su infinita Grandeza!
Job 35:7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano?
Jó 35:7 Se fores justo, que lhe darás, ou que receberá da tua mão?