Y LA SAMARITANA?

No cabe la menor duda que tenemos una alta capacidad para ser selectivos con las personas que nos agradan y cómo las diferenciamos perfectamente de las que nos producen rechazo.

En estas pocas palabras se puede resumir una auténtica postura frente a la vida, que en el caso del mundo es razonablemente, pero nunca justificable entre quienes nos llamamos hijos de Dios.

Es triste pero es más común de lo que nos gustaría admitir, con qué frecuencia obramos con la máxima preferencia en nuestras relaciones personales.

Es también muy notorio como rehuimos a las personas que nos pueden llevar a conflictos o que son conflictivas y como nos alejamos de quienes tienen actitudes desagradables.

Tal vez Jesús nos podría preguntar: Y la samaritana? En ese momento no sabríamos que contestar porque Él sí que fue a donde no debía o a donde nadie quería ir.

Porque Él sí que habló con  quién nadie quería hablar o con quién nadie debía hablar. Él nos mostró que es el Camino para que otras vidas no se pierdan.

Jesús nos mostró que cuánto más difícil nos resulte cumplir su mandamiento de llevar el mensaje de Salvación, más sentiremos Su presencia a nuestro lado. Nos hacemos la pregunta: Y la samaritana?

Salmos 25:7
Diego Acosta García

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