CARTA DE BERLÍN: LA ACTITUD…

Hola.
Hace hoy 50 años John Kennedy visitó la Berlín dividida entre la zona comunista y la occidental. En un discurso que se ha convertido en histórico pronunció una frase notable: Ich bin ein Berliner, que significa: Soy un berlinés.
Mucho se ha escrito sobre esta frase y su valor político, pero pensamos que debemos rescatar de ella otra significación sobre el mensaje del Presidente de los Estados Unidos: La actitud.
Podrá pensarse que esa frase fue dicha por un hombre público que siempre está buscando réditos para su imagen personal y mucho más siendo quién era y presidiendo el país que presidía. Pero al margen de esas consideraciones debemos destacar la actitud. Porque Kennedy lo mismo podría haber manifestado sJOHNu solidaridad a los berlineses de otra manera. De hecho con su sola presencia ante la simbólica Puerta de Brandeburgo lo estaba haciendo. Pero él tuvo la actitud de expresarlo de manera concreta.
Esta situación que con los años se ha convertido en histórica, nos debería hacer reflexionar con relación a nuestra historia personal. Detenernos un día y preguntarnos: Que actitudes he tenido para que los demás sepan que soy hijo de Dios? Tal vez pueda parecer exagerada la pregunta. Pero encierra el valor de expresar como nos comportamos en nuestra vida cotidiana. Quienes nos rodean, como pueden saber que somos creyentes?
Ese es el verdadero fondo de la cuestión. Que actitudes tenemos para nos podamos distinguir de la forma de comportamiento en el mundo. Es evidente que ni somos Kennedy y a lo mejor nunca estaremos frente a la Puerta de Brandeburgo. Pero no es menos cierto que nuestra actitud en cualquier lugar en que nos encontremos debe mostrarnos como hijos de Dios.
Si no lo hacemos, estamos desvirtuando el propósito fundamental para justificar nuestra presencia en la tierra: La extensión del Reino. Y si lo hacemos no tendremos ningún mérito que adjudicarnos porque simplemente estaremos cumpliendo el mandato recibido de Jesús.
Recordando a Kennedy en Berlín, tal vez sea un buen momento para recordar nuestra propia vida. Y nuestras actitudes.
Saludos y bendiciones.

Diego Acosta García

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