LIGEREZA

DEVOCIONAL

Mi relación con Dios, puede asemejarse en la práctica, con lo que me ocurría con los viajes.

En un tiempo, eran lentos y podía apreciar todo lo que estaba a mi alrededor. En los actuales, son muy rápidos y alcanzo a distinguir muy poco lo que está ante mí.

Esta manera de obrar bien la puedo llamar ligereza, porque se trata de hacer todo rápido, pero sin tener muchas razones.

Lo cierto, es que cuando hago algún viaje con menos prisa, disfruto y también puedo pensar y valorar sobre lo que veo.

Con el Eterno me sucede lo mismo. Obro con ligereza y me pierdo todo aquello de profundo que tiene el conocimiento sobre su Grandeza.

Esta sencilla reflexión me ha cambiado la forma de obrar. He decidido abandonar la ligereza y acercarme a los tiempos en que viajaba con lentitud admirando todo.

Solamente así podré postrarme ante la Majestad infinita del Altísimo.

Judas 1:25

ES – Al único y sabio Dios, nuestro Salvador,
sea gloria y majestad,
imperio y potencia,
ahora y por todos los siglos. Amén.

PT – Ao único Deus, Salvador nosso, por Jesus Cristo,
nosso Senhor,
seja glória e majestade, domínio e poder,
antes de todos os séculos,
agora e para todo o sempre. Amém!

Diego Acosta / Neide Ferreira

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CONTEMPLAR

El Evangelio de Marcos se caracteriza por mostrar a Jesús en constante acción, durante su Ministerio terrenal.

El Hijo del Hombre enseña una gran lección a propósito de la utilización del tiempo, sabedor sin duda, de que su presencia en la Tierra tenía un límite.

En cierto modo, también nosotros nos encontramos en la misma situación. Solo que el momento de nuestro tiempo no lo sabremos, hasta que se concrete.

La imperiosa necesidad de Jesús se enseñar, sanar, luchar, nos deja en evidencia cuando declaramos sus seguidores y hacemos lo contrario de lo que ÉL hizo.

Muchos de nosotros nos limitamos a contemplar lo que ocurre a nuestro alrededor procurando que nada nos afecte, que nada contamine nuestra burbuja, para seguir ajenos a todo y a todos.

No es esta una manera de obrar para quienes nos llamamos hijos de Dios!

Si aceptamos al Señor como nuestro Salvador, debemos de seguir su ejemplo y ser fieles cumplidores de sus Mandatos.

Caso contrario, nuestra declaración de fidelidad, será otra muestra de palabrería, vana, sin sentido y hasta mentirosa.

No hemos sido mandados a contemplar!

Santiago 1:22

Pero sed hacedores de la palabra,

y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

Tiago 1:22

E sede cumpridores da palavra e não somente ouvintes,

enganando-vos com falsos discursos.

Diego Acosta / Neide Ferreira

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NO VIERON…

Tras su Gloriosa Resurrección, el Señor mostró sus manos y su costado a Tomás para que pudiera comprobar que efectivamente era ÉL.

El discípulo le dijo entonces: Señor mío y Dios mío!

Jesús habló entonces de los que creyeron sin haber visto, declarando que son bienaventurados.

Pero quienes son los que reciben esa Gracia del Hijo del Hombre?

Nosotros, todos nosotros!

Los que sin ver creemos que ÉL es nuestro Salvador, que Resucitó de la muerte y está sentado a la diestra del Padre en el Trono de la Gloria.

La cuestión de creer, evidentemente está vinculada con la incredulidad. Y sobre este aspecto tan profundo es bueno que reflexionemos.

Es triste comprobar cómo hay personas que son capaces de creer que descendemos de una simple criatura de pequeñas dimensiones y a la vez son capaces de negar a Dios.

Se contentan con tener por ascendientes a los monos y se niegan a aceptar lo que resulta evidente: Que somos producto de la Creación del Omnipotente!

Esta tremenda contradicción de los hombres, nos debe impulsar cada día más a llevar el Evangelio hasta los confines de la Tierra.

Especialmente a aquellos que sabiendo la Verdad la niegan y la sustituyen por simples teorías, que nunca dejarán de serlo por ser indemostrables.

Tengamos Amor y Misericordia por quienes viendo no creen. A aquellos que viendo las maravillas de la Creación son capaces de negar a su Autor!

Oremos por quienes se niegan a sí mismos, la Gran Verdad y demos gracias por creer, sin haber visto.

Juan 20:29 –  Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

João 20:29 – Disse-lhe Jesus: Porque me viste, Tomé, creste; bem-aventurados os que não viram e creram!

Diego Acosta / Neide Ferreira

ÍCONOS…?

Hay palabras que de tanto ser usadas o mal utilizadas, se tornan vulgares y pierden su significado original.

Una de esas palabras es ícono!

La sociedad alude constantemente a personas que pueden ser tomadas como referencia, por ser demostrativas de algunos atributos, que difícilmente podríamos considerar virtudes.

Lo más notable de estas situaciones, es que en la mayoría de los casos se trata de hombres o mujeres cuyas vidas tienen de notable, casi todo aquello que podríamos considerar grandes fracasos personales.

Pareciera que vidas llenas de problemas, de angustias o de tremendos errores, tienen un atractivo que puede vincularse con el lado destructivo o el lado oscuro del mundo.

Esos personajes a los que se eleva a la categoría de íconos, son más bien merecedores de un profundo sentimiento de misericordia que de cualquier otro tipo de reconocimiento.

Observando la vida de Jesús, podemos fácilmente comprobar la tremenda diferencia que hay entre quién proclama la Vida y quienes eligen adentrarse tras las peligrosas fronteras de las tinieblas.

Jesús proclamó su mensaje de Esperanza para los hombres que lo reconocieran como su Señor y su Salvador.

He podido ver el dramático final de una persona que está considerada un ícono de nuestro tiempo y he sentido una profunda pena por su fracaso y también por la exaltación de su frustración.

Escudriñemos con atención todo aquello que nos rodea y lo que se nos muestra como una referencia, sin que se pueda saber muy bien de qué y para qué.

Jesús nos llama a vivir bajo Su Luz y no bajo el dominio de las tinieblas.

Lucas 1:79

PT – Para alumiar os que estão assentados em trevas e sombra de morte,    a  fim de dirigir os nossos pés pelo caminho da paz.

  

ES – Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte;
Para encaminar nuestros pies por camino de paz. 

Diego Acosta / Neide Ferreira

LA BIBLIA – 1 Timoteo 4: 6-16

Pablo exhorta a su joven discípulo a que persevere en la enseñanza y la doctrina.

Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.

Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad;

porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.

Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos.

10 Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.

11 Esto manda y enseña.

12 Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.

14 No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.

15 Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.

16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

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LA BIBLIA – 1 Juan 4

“Juan nos enseña que Dios es Amor y que si no amamos a nuestros hermanos, es porque no lo tenemos a ÉL en el corazón”.

4:1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 
4:2 En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 
4:3 y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. 
4:4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. 
4:5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. 
4:6 Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.
4:7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 
4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 
4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 
4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 
4:11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 
4:12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 
4:13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. 
4:14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 
4:15 Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 
4:16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. 
4:17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. 
4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 
4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 
4:20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 
4:21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

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DEFINICIÓN DE HOMOFOBIA

 

CONGREGACIÓN

SÉPTIMO MILENIO
Homofobia es el término que se ha destinado para describir el rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres u hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales. De todas formas, el uso cotidiano del vocablo incluye a las otras personas contempladas en la diversidad sexual, como ocurre con los bisexuales y los transexuales. Incluso, a aquellos seres que mantienen hábitos o actitudes que suelen ser atribuidos al sexo opuesto, como los metrosexuales.
Cabe destacar que la homofobia carece de una definición precisa, ya que no se trata de un concepto de alcance estrictamente psiquiátrico. Hay quien considera homófoba a toda persona que no respalde o no se manifieste a favor de la homosexualidad. Sin embargo, la noción hace referencia a la discriminación, es decir, al rechazo o a la persecución.
«Ni rechazo ni persigo ni repudio a los homosexuales, bisexuales, transexuales o metrosexuales, cada uno vive su vida como quiere.
Exijo el mismo derecho para mi, yo creo en Dios, en lo que dice su palabra y en Jesucristo como Señor y Salvador.
Yo no acuso, ni ridiculizo, no persigo, ni fuerzo a nadie a creer lo que yo creo, porque no soy yo la que ha creado los cielos y la tierra ni todo lo que en ella hay.
Yo no establezco las leyes ni obligo a nadie a que las cumpla, todos seremos juzgados eso lo tengo claro y después nadie podrá decir ¡¡yo no lo sabía!! Aunque yo enmudezca tu realidad será la que es.
Dice la Palabra de Dios que nadie podrá (por mucho que se afane) añadir un codo a su estatura, y nadie podrá dejar de ser lo que es por mucho que lo quiera».

Lourdes Diaz

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