DEVOCIONAL
Cuando estamos contentos y con alegría en el corazón, es sumamente fácil dar gracias, por aquello que motivó nuestro estado de ánimo. La cuestión se complica grandemente, cuando ocurre todo lo contrario.
No es fácil dar gracias por lo que no nos gusta, por lo que no nos agrada o por aquello que no esperábamos y que nos causa pena, desconsuelo o contrariedad. Tanto en un caso como en el otro, siempre debemos recordar que el Omnipotente tiene Poder sobre todo lo que nos sucede.
Debemos tener plena conciencia que Dios sabe todo lo que ocurre y tanto en lo bueno o en lo malo, según nuestra comprensión, siempre habrá algo trascendente que ÉL quiere mostrarnos o enseñarnos.
Tal vez por eso siempre se ha dicho que la alegría es mucho más peligrosa que la tristeza, porque la primera nos aparta de Dios y la segunda, nos acerca a ÉL para clamar por Su Misericordia.
Nos apartamos del Soberano cuando en nuestra alegría nos creemos capaces de todo, merecedores de todo o lo que es peor todavía, poderosos. Pero en el abatimiento, nos acercamos a Dios porque necesitamos ayuda, consuelo o comprensión.
Todo esto nos debería hacer dar gracias por todo, para aceptar siempre las Decisiones Soberanas del Altísimo.
Diego Acosta


