LAS DECISIONES

Es indudable que cada uno de nosotros debe asumir la plena responsabilidad de sus actos, porque es propio que cada persona sea la dueña de sus decisiones.

Este planteamiento nos lleva a saber si lo que decidimos en un determinado momento fue bueno o fue malo, según los resultados y según sus consecuencias.

Muchos de nosotros hemos vivido años de acuerdo a estas normas que tienen una relación directa con el mundo, con la forma en que se vive en la sociedad.

Pero y Dios? Su presencia es decisiva a partir del momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, porque comenzamos a vivir de una manera diferente.

Seguimos siendo plenamente responsables de nuestros hechos, pero ahora sabemos que deben estar sujetos a la Voluntad Soberana del Eterno y están bajo su bendición.

Es importante que entendamos que aún así tenemos la capacidad plena del libre albedrío, es decir podemos obrar como nos parezca bien, pero apartándonos de la Gracia del Señor.

Por esto es que cuando debamos tomar decisiones, las sometamos a la Autoridad de Dios, para que nos revele que es lo mejor para nuestras vidas, porque siempre eso será superior a lo bueno que nosotros pensamos.

Salmos 40:8
Diego Acosta García

SERVIR O SERVIRSE?

Hace muchos años un jefe militar pronunció un discurso sorprendente con relación a lo que significaba el mando, el mandar y que privilegios tenía quién ostentaba esa jerarquía.

Su conclusión fue que el único privilegio que tenía quién mandaba era el de servir a sus subordinados. De qué manera? Haciéndolo con honradez, respeto y responsabilidad sobre cada uno de ellos.

Con el tiempo y una vez convertidos, nos llamó la atención aquel discurso de un hombre que había sido formado en un ambiente rígido como el militar y que sin embargo había asumido los principios de Jesús.

Cada vez que hemos asumido responsabilidades tratamos de recordar el discurso de aquel hombre, que no sabemos si creía en Dios o no creía, pero que tenía un concepto rotundo de la autoridad.

Por esa razón podemos decir que quienes son mandados están bajo la responsabilidad de quién tiene la jerarquía y por tanto tiene una profunda significación la actitud que se asuma con relación a esto.

En estos tiempos no resulta frecuente que quién tenga jerarquía sirva y no busque ser servido, que quién detente la autoridad no quiera usufructuar de alguna manera con su rango.

De allí que es tan importante que a medida que vayamos creciendo en nuestra condición de creyentes, tengamos siempre presentes las enseñanzas de Jesús. Él vino a servir y no a ser servido.

Mateo 20:28
Diego Acosta García

NO ESTAMOS SOLOS

En algunos momentos de nuestra vida podemos llegar a la conclusión que estamos un poco desamparados o sin saber cómo debemos obrar con relación a las cosas de Dios.

Esa falta de dirección nos preocupa porque a pesar de que podemos saber cuál es la dirección correcta, la falta de precisiones sobre lo que debemos hacer nos llena de dudas.

Esto es algo muy normal entre quienes tratamos de vivir bajo la Voluntad Soberana del Eterno, pero lo que no es normal es que dudemos de su cuidado.

Debemos de pensar que sus promesas están cumplidas desde el momento mismo en que fueron formuladas, porque Él tiene Autoridad sobre todas las cosas.

Por tanto cuando nos lleguen las dudas, tengamos presente que si aprendiéramos a confiar no tendríamos razones para perder el sueño o afanarnos.

El propósito de Dios para nuestras vidas está trazado y lo más probable es que no sea como hayamos imaginado, pero siempre será el mejor para nosotros.

Por eso recordemos siempre que no estamos solos, que Dios nos cuida, nos ama y que no somos sus juguetes. Muy por el contrario somos joyas preciosas de su Creación.

Jeremías 29:11
Diego Acosta García

DEJARSE ENGAÑAR

Es sorprendente como Jesús les dio a los discípulos una advertencia a propósito de que no se dejaran engañar, cuando le preguntaron por las señales antes del fin.

Fue lo primero que les dijo a pesar de que luego les haría las revelaciones que todos conocemos. Esto nos debería llamar poderosamente la atención, pues el Maestro estaba hablando del futuro.

La cuestión de no dejarse engañar tiene múltiples facetas, tantas como la inagotable fuente de enseñanzas que es el Hijo de Dios y por eso debemos reflexionar sobre el tema.

Nos dejamos engañar, por ejemplo, cuando aceptamos que se nos halague inmerecidamente o simplemente cuando se nos halague, porque esa actitud proviene de nuestras emociones y de nuestros sentimientos

También nos dejamos engañar cuando deliberadamente no advertimos que el mensaje que escuchamos tiene otras intenciones que las aparentes, pero sin embargo lo aceptamos.

Nos dejamos engañar cuando ignoramos hechos que están reñidos con la Palabra de Dios, pero que justificamos por aquello de la debilidad humana y por aquello de la misericordia.

El engaño no solo proviene de los hombres, sino que puede originarse en nosotros mismos, de allí la tremenda advertencia de Jesús, para que nadie nos engañe.

Salmos 34:13
Diego Acosta García

LA ORACIÓN

Es posible que alguna vez hayamos dudado de la eficacia de la oración, simplemente porque oramos pidiendo algo o por alguien y nunca ha ocurrido nada, según nuestra opinión.

En realidad estamos haciendo un enfoque errado de la cuestión, pues en lugar de tratar de descubrir el sentido de nuestra oración y si estaba equivocado o no, achacamos la responsabilidad a la propia oración.

Se puede dudar, pero no vivir dudando y en ese entendimiento nos encontramos con un caso que ha sido un estímulo impresionante a quienes creemos totalmente en el poder de la oración.

Un hombre estaba afectado por fuertes dolores y se fue a acostar pensando en sus compromisos del otro día y de cómo los podría asumir en el estado en que se encontraba.

A la mañana cuando se levantó advirtió que sus dolores se habían reducido  a tal punto que se preparó para cumplir con sus obligaciones y le contó con alegría a su esposa lo que había ocurrido.

Su sorpresa fue mayúscula cuando ella le dijo que por la noche se había levantado y había orado específicamente por su sanidad y ella entendía que por eso se habían aliviado sus dolores.

Esta simple historia refleja el poder de la oración, absoluto y real, sin grandes ostentaciones, en silencio y en la madrugada. Nunca dudemos del poder de la oración!

2 Crónicas 6:20
Diego Acosta García

TODO LO ATRACTIVO

Si miramos a nuestro alrededor comprenderemos porque cada vez es más difícil seguir a Jesús y sus enseñanzas y mandatos. Porque cada vez es más gravoso asumir un compromiso como Él demanda.

Estas reflexiones son válidas para cada uno de nosotros porque nadie puede sustraerse al impacto que producen en nuestro ánimo las continuas exhortaciones del mundo.

Principalmente las nuevas tecnologías nos atrapan y nos llevan a mundos fantasiosos tan irreales como sorprendentes, que nos hacen olvidar fácilmente la auténtica realidad.

Cuesta mucho trabajo entonces, abandonar ese nuevo mundo que se está creando y tener que aceptar la dura realidad que nos rodea y que debería afectarnos.

Es mucho más fácil e incluso más agradable sumergirse en un mundo que supuestamente controlamos, a un mundo que cada día está más descontrolado.

Pensando en esto podríamos imaginarnos al Maestro tratando de recordarnos que Él ya nos advirtió sobre todo esto y que habría quienes nos engañarían y que el amor de muchos enfriaría.

Es hora de afrontar el mundo real y dejar de lado el mundo atractivo, un mundo que creemos dominar pero que finalmente nos llegará a dominar si no somos capaces de reaccionar y volver a Jesús.

Proverbios 19:27-28
Diego Acosta García

SOBRE LA VANIDAD

Más de una vez en los momentos de euforia nos sentimos tan importantes que pensamos que estamos consiguiendo logros que nos merecemos y de los que somos sus autores.

Este peligroso pensamiento se apodera de nosotros cuando creemos que estamos siendo bendecidos como resultado de nuestros propios méritos y que es natural que sea así.

Más peligroso resulta todavía, si a nuestro alrededor hay personas que nos adulan y elogian más allá de lo que sería normal, cayendo en una obsecuencia tan evidente que debería ser chocante.

Sin embargo hay un rasgo de la naturaleza humana que nos lleva a la vanidad, a entender que todo lo que somos y todo lo que tenemos es natural que lo tengamos, por la calidad de nuestra obra.

Vivir tan peligrosamente nos puede llevar a que un día, cuando el éxito se transforme en fracaso y la adulación en desinterés, comencemos a preguntarnos qué es lo que nos ha pasado.

Comenzaremos incluso a hacer responsable al propio Dios de nuestra nueva situación. Cómo es que un día somos triunfadores y otro día todo lo que construimos se derrumba?

Quién confía en sus propias fuerzas se aproxima a la vanidad, que es la más traicionera de las compañías porque nos abandona cuando más la precisamos. No olvidemos que la Gloria y la Honra son para Dios!

Job 15:31
Diego Acosta García

LA AFLICCIÓN

Todos los que hemos atravesado momentos difíciles, complicados, sabemos que constituyen una prueba necesaria después de la cual somos hombres y mujeres diferentes.

Cada uno podría recordar su más reciente momento de aflicción, de gran preocupación y con este ejercicio podemos recuperar como fue y que consecuencias tuvo.

Pero lo más importante que tiene la hora de la aflicción es la comprobación de algo que se nos enseñó desde el momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador.

Y no es otra cosa que el hecho de que Él nunca nos abandonará, nunca nos dejará solos y que será nuestro Consuelo, nuestro Intercesor ante el Padre.

También podemos comprobar en la hora de la prueba, que Jesús nos advirtió que en la vida tendremos aflicciones y esto transforma en verdad todo lo que  dice, porque Jesús es la Verdad.

En la hora de la aflicción recordemos a quienes puedan estar pasando por momentos parecidos e intercedamos por ellos, porque aliviaremos nuestra situación y acercaremos a otros a la Gracia del Amor.

Es necesario no vivir temiendo que lleguen los malos momentos a nuestras vidas, porque llegarán solos, con nuestra inquietud o sin nuestra inquietud, pero debemos tener la certeza que entonces y solo entonces disfrutaremos del inmenso Amor del Eterno.

Isaías 51:1
Diego Acosta García

EL EQUILIBRIO

Si observamos con atención a quienes nos rodean podremos advertir que hay un rasgo que los une: el deseo casi obsesivo por divertirse y por “pasarlo bien”.

Esta observación supone una crítica? No, supone un registro de la realidad para analizar nuestras propias actitudes y sobre todo nuestra forma de vivir como hijos de Dios.

Es evidente que nadie puede ser censurado por desear divertirse, entre otras cosas porque forma parte de la vida, intentar tener momentos agradables.

Lo que ocurre es que no podemos es tener como objetivo principal la diversión, porque debemos asumir que no siempre tendremos razones para hacerlo.

Pensando en todo esto recordamos la Paz del Señor, que proviene del Shalom. La Paz del Señor, no es la ausencia de conflictos sino el equilibrio, la justicia y la unidad.

Si percibimos este sentido superior de lo que significa la palabra Paz, advertiremos que Jesús nos deja su referencia a los términos de nuestra relación personal con Dios.

Sin equilibrio no podremos enfrentarnos a los momentos buenos y malos de la vida, sin justicia no obraremos con equidad con el prójimo y sin unidad con nuestros hermanos, estaremos dispersos. No solo de diversión vive el hombre!

Eclesiastés 7:5-6
Diego Acosta García

LAS PROMESAS

 

Jesús nos enseña que tengamos cuidado para que no seamos engañados, es una advertencia que tiene relación con los tiempos finales y con relación a cada día de nuestra vida.

Hay quienes enseñan que Dios nos cuida, cosa que evidentemente es absolutamente real, pero junto con esto se nos dice que viviremos agradablemente.

Esta enseñanza tiene su parte de razón, pero encierra un potencial peligro: Nos puede llevar a la conclusión de que estamos en el mundo para vivir bien, para ser felices.

Pero realmente estamos para eso? Este es el propósito de nuestra presencia en el mundo, en este tiempo? Estamos para vivir placenteramente mientras vemos realidades tremendas?

Jesús nos enseñó que tendremos aflicciones y esta afirmación es la que se pretende ocultar, mediante el simple procedimiento de no hablar de ello, de ignorar esa parte de las Escrituras.

Estamos advertidos de que nadie nos engañe, sea quien sea y sea donde sea. Estamos advertidos que pasaremos momentos difíciles, problemas serios e incluso seremos perseguidos.

Ante esta verdad de la enseñanza de Jesús, debemos escudriñar todo lo que se nos diga, todo lo que se nos prometa, para poder asumir con realismo nuestra condición de hijos de Dios.

Salmos 34:13

Diego Acosta García