LA ESPERANZA

En un determinado momento de la vida posiblemente todos habremos pensado que nos habíamos quedado sin esperanza, que ya no podíamos esperar nada más de la vida.

Ese sentimiento tan grande de abatimiento es imposible de superar,con las propias fuerzas, ni con la ayuda de personas que bien intencionadas, se acerquen a consolarnos.

La sensación de la pérdida de esperanza, solamente la pueden valorar quienes la han sentido en su propia vida, por lo tanto es una experiencia casi intransferible.

Pero por qué perdemos la esperanza? En la mayoría de los casos podríamos decir porque hemos depositado nuestra confianza en personas o circunstancias equivocadas.

Cuando esto ocurre no solo perdemos la esperanza, sino también nos convertimos en seres incapaces de volver a creer en nada ni en nadie, porque junto con la esperanza perdimos la confianza.

Todo cambia a partir del bendito momento en que alguien, que alguna circunstancia o como haya sido, nos reveló la existencia de Jesús y de su promesa de una nueva vida.

No una vida sin problemas ni dificultades, pero sí una vida plena en la que las luchas pueden ser soportadas porque sabemos que podremos contar siempre con su ayuda y con su presencia. Esa es la bendita esperanza!

Salmos 62:5
Diego Acosta García

DEMOS EL PRIMER PASO…

En la complejidad de las relaciones humanas siempre hay situaciones que nos pueden llevar a tener serias confrontaciones con otras personas, que generan serias consecuencias.

Como es lógico por nuestra condición de seres humanos, casi siempre estaremos firmes en nuestra postura y esperaremos a que la otra persona se acerque a nosotros para disculparse o para enmendar el error cometido.

Esta actitud está basada principalmente en la soberbia de sabernos o de creernos poseedores de la razón, lo que revela una alta dosis de vanidad o de orgullo.

El tiempo en estos casos obra en contra de la solución de la controversia y lo que es más grave todavía, contribuye a ampliar las grietas originadas en la relación personal.

Frente a una situación como esta deberemos obrar con firmeza y humildad y dar un paso hacia la solución, que no es otro que abordar a la otra persona para encontrar juntos el fin del problema.

Ampararnos en la soberbia de nuestra vanidad herida, no nos servirá de nada y mucho menos como creyentes, porque hemos sido enseñados a obrar con mansedumbre, aunque tengamos la razón.

Si al dar el primer paso cedemos posiciones, pareciendo débiles o culpables, debemos de tener en cuenta que Dios es quién nos justifica y que como hijos suyos debemos de tener actitudes ejemplares.

Efesios 4:2
Diego Acosta García

QUE ME DIRIAS DE JESÚS?


Una pregunta de difícil respuesta, mucho más cuando la formula una persona que ha buscado y rebuscado en otras religiones y también en las fuentes de las ayudas basadas en la motivación.
Esta persona buscaba podríamos decir, desesperadamente un nuevo camino para su vida, porque sus problemas no eran económicos ni en el presente ni en el futuro.
Sus problemas eran interiores porque tenía un gran vacío por llenar y nada lo conformaba ni lo alentaba a seguir buscando, ya que su intelecto y su raciocinio no le aportaban las soluciones que buscaba.
Fue entonces cuando nos formuló la pregunta relacionada con Jesús y fue entonces cuando una vez más apelamos al Espíritu Santo para que pusiera las palabras adecuadas en nuestra boca.
Estamos completamente convencidos que no es nuestra experiencia ni nuestra sabiduría, poca o mucha, la que puede dar contestaciones adecuadas en el momento necesario.
No dudamos ni un instante en hacer una pausa para tratar de escuchar e interpretar el mensaje del Espíritu, para no confundirlo con nuestras reflexiones.
La  respuesta que dimos fue muy sencilla: De Jesús te puedo decir que cambió mi vida, que transformó lo gris por una luz brillante y que me dio esperanza frente al escepticismo y al conformismo.
Efesios 4:17
Diego Acosta García
28 FEb 2012

DECISIONES PERSONALES?

Cada vez que nos enfrentamos a la necesidad de tomar una decisión, nos encontramos frente a dos alternativas claramente definidas y por lo tanto está más que claro que debemos optar por una de ellas.

Los momentos que vivimos ante estas opciones son especialmente complicados, porque muchas veces nos debatimos entre lo que es nuestra voluntad y lo que sabemos que debemos hacer.

Es la confrontación entre nuestra voluntad deseosa de torcer el rumbo de los acontecimientos y nuestro conocimiento de todo lo que nos ha sido enseñado.

Este punto de ruptura es tan importante que aunque lo sepamos y lo hayamos escuchado muchas veces, cuando llega el momento dudamos y nos debatimos en un auténtico torbellino de emociones y conocimientos.

Lo cierto es que la opción es tan sencilla que es asombroso que no seamos capaces de optar rápidamente por lo que es lo único que debemos hacer y abrimos el margen para las dudas.

Se trata de elegir entre hacer lo que nos parece bien, lo que nos gustaría hacer o poner todo delante de Dios, para que su Soberana Voluntad esté sobre nuestras vidas.

No tratemos de tomar decisiones y luego pedir a Dios que las bendiga, porque estamos corriendo riesgos tremendos, cuando sabemos que debemos hacer lo Él decida, solo entonces no nos equivocaremos nunca!

Proverbios 16:33
Diego Acosta García

PRESTAR OÍDOS…

Se nos ha enseñado la importancia que tiene escuchar a quienes están necesitados de encontrar a alguien, que tenga la paciencia y el buen tino para oír aquello que tienen guardado en su corazón.

Es algo que debemos de hacer con la mayor diligencia, con amor y misericordia y también con la máxima prudencia por ser receptores de cuestiones personales muy delicadas.

Esto supone que debemos ser fieles guardianes de lo escuchado para respetar la intimidad de quién ha confiado en nosotros, de allí la importancia que tienen estos gestos.

Pero también prestar oídos tiene otras variantes que son igual de importantes, pero que siempre están relacionadas con nuestras actitudes de creyentes.

Así como en algunos casos es bueno e importante saber escuchar, hay otros en los que no debemos permitir que ni siquiera se comience a hablar de determinados temas.

Específicamente nos referimos a cuando se habla en contra de los ungidos, de los hombres y mujeres que tienen ministerios consagrados,  ya que estos casos estamos siendo cómplices pasivos de rebeldía o de juicio.

La sabiduría de discernir qué es lo más conveniente para cada situación solamente la podemos clamar al Espíritu Santo, para que cuando tengamos que prestar oídos, escuchemos lo bueno y desechemos lo malo.

Salmos 85:8
Diego Acosta García

TERRITORIO HOSTIL

Un joven evangelista apasionado con los primeros intentos de su ministerio comentaba sobre sus primeras experiencias y se mostraba un tanto sorprendido por los resultados que estaba logrando.

Un hombre con muchos en el ministerio le dijo que lo que le estaba ocurriendo era completamente normal y que nadie estaba al margen de las experiencias como las que él estaba viviendo.

Esta afirmación lejos de tranquilizar al joven evangelista lo pusieron más nervioso, ante lo que el hermano mayor le dijo una frase breve y contundente: Lo que ocurre es que evangelizamos en territorio hostil.

Que significa territorio hostil? Es una frase afortunada o una realidad? Es una dura realidad porque el territorio hostil no es otra cosa que enfrentarnos al mundo cada día.

El territorio hostil no es otra cosa que cumplir nuestras obligaciones laborales cotidianas, desplazarnos por las calles, tener relaciones personales con personas del mundo.

Ese es el territorio hostil al que debemos llevar el mensaje de Salvación tal y como lo hizo en su ministerio terrenal el Señor Jesús, poniendo claramente de manifiesto su amor, su humildad y su mansedumbre.

Esa es la clave para enfrentarnos al territorio hostil: tener amor por las personas y ser humildes y mansos como lo fue el Señor Jesús, para que la maravillosa semilla del Evangelio toque los corazones de los necesitados.

1 Juan 1:5
Diego Acosta García

LA BUENA SIEMBRA

Es algo inherente a la condición humana esperar resultados de nuestras obras, esperar ver los frutos de lo que hicimos, pues son maneras de ejemplificar eso que en el mundo se llama éxito.

En realidad casi todo lo que hacemos está condicionado a esa necesidad que tenemos de lograr ver los resultados que demuestren que hicimos algo bien, para recibir el beneplácito de los demás.

Esta es la forma en la que se rigen la mayoría de los comportamientos en el mundo y es también la forma, en la que muchos de los que nos llamamos creyentes tenemos como normas de vida.

Pero es necesario que nos preguntemos: debemos ver los resultados de nuestras obras? Es esto lo que pretendemos cuando decimos servir a Dios con esfuerzo?

En realidad lo que debemos hacer es sembrar de la mejor manera posible para que, aunque sean otros los que recojan los frutos de nuestro trabajo, sepamos que no son los hombres los que nos darán la honra.

Entender este punto es fundamental para que no caigamos ni en el desánimo ni en la apatía, que general se originan cuando no vemos recompensados nuestro trabajo.

Servir a Dios supone que tendremos que sembrar sabiendo que solamente Él verá los resultados, aunque los hombres valoren por lo que vean y digan que no hemos sido fructíferos.

Gálatas 6:7
Diego Acosta García

CUANDO HABLAMOS…


La Palabra de Dios nos formula muchas advertencias relacionadas con lo que hablamos y más específicamente acerca de cómo hablamos y el sentido de lo que hablamos.

Esto tiene un especial valor cuando nuestras palabras están dirigidas a personas que por su edad, su formación o su experiencia, pueden ser muy influenciables por nuestros argumentos.

De allí la importancia que tiene lo que hablamos porque podemos influir de una manera inadecuada, inoportuna o improcedente, a personas que todavía no están en condiciones de poder evaluar lo que decimos.

Las advertencias de la Palabra nos obligan a ser especialmente cuidadosos con nuestras expresiones, que muchas veces reflejan más que juicios, estados de ánimo.

Es necesario que los hombres y las mujeres que tenemos experiencia y experiencias en las cosas de Dios, seamos muy prudentes y cuidadosos con las expresiones que hagamos públicamente.

El Apóstol Pablo nos advierte acerca del cuidado que deben merecernos los más débiles y los más nuevos en la fe, porque les podemos causar grandes daños sin tener la menor intención de hacerlo.

La vida cristiana demanda gran prudencia, sensatez y sobre todo la permanente ayuda del Espíritu Santo para que seamos sostén y apoyo de quienes esperan de nosotros la guía oportuna y el ejemplo necesario.

Proverbios 24:3
Diego Acosta García

LAS TORMENTAS AMENAZANTES…

Seguramente cada generación de creyentes habrá creído y con razón que les tocaba vivir los momentos más difíciles de la historia, pero en nuestro tiempo es diferente porque hay hechos que así lo indican.

Cuando el Señor Jesús habló a sus discípulos acerca de los tiempos finales les advirtió, sobre cómo serían las dificultades que deberíamos afrontar y la certeza de su cumplimiento.

Estas advertencias deben fortalecernos, hacernos mejores creyentes, animarnos a incrementar nuestra fe,  para que las tormentas que se avecinan no nos afecten desde nuestro interior.

Debemos ser conscientes que por mucho que intentemos ignorar lo que nos rodea, todo está indicando que en lo espiritual estamos en tiempos desafiantes.

Tiempos peligrosos porque se intenta debilitar nuestras convicciones con placeres y deleites que el mundo justifica de todas las maneras y que sin embargo, no nos están permitidos.

Esta posible brecha es la que debemos de guardar, consolidando nuestra fe y buscando más y más de Dios, para que su Espíritu poderoso nos guíe y nos aconseje.

Estos son los tiempos en los que hombres y mujeres sabios plenos de la sabiduría de lo Alto, determinen que no habrá tormenta que los afecte ni peligro que los doblegue.

No nos dejemos engañar por la permisividad ni por las promesas de un mundo más atractivo, somos extranjeros en la tierra y ciudadanos del Reino y en esa condición tenemos que vivir.

Lucas 8:14
Diego Acosta García

TANTO TIENES…TANTO VALES

Recuerdo que cuando era niño esta frase se escuchaba más o menos corrientemente, al punto que aún con el paso de los años no he conseguido olvidarla.

También recuerdo las dificultades de mi abuela para intentar explicar a un niño esta afirmación de mayores y por cierto no de todos los mayores, lo que complicaba todavía más la enseñanza.

Con el tiempo la frase se minimizó y quedó en tanto…tanto… pero quería decir exactamente lo mismo y evidentemente aludía a la situación económica de las personas.

En el colegio público donde estudiaba la frase también se escuchaba porque marcaba la diferencia que existía entre algunos alumnos y otros, lo que planteaba una marginación muy evidente.

Con esa frase fuimos haciéndonos mayores y pronto pudimos comprender por nosotros mismos lo que significaba tanto…tanto… y lo que pudimos saber no nos gustó nada.

En aquella época todavía no éramos hijos del Señor pero sentíamos que la marginación por las cuestiones económicas no era buena, porque el dinero así como viene se puede ir. Como ocurrió en mi casa, por ejemplo.

Quién tenga dinero, que agradezca y quién no lo tenga, que agradezca también, porque de ninguna manera el dinero puede ser el centro de nuestra vida. Solamente y únicamente Dios es lo importante.

Salmos 39:6
Diego Acosta García