QUE REINO?

Un grupo de creyentes se asombraba ante las fotografías de los grandes templos evangélicos que se levantan o se están construyendo en distintos lugares del mundo.

Algunos de esos llamados mega-templos son tan espectaculares que se están convirtiendo en referencias de las ciudades, donde lucen sus formas o donde se están terminando de construir.

La sesión fotográfica avanzaba en medio de las exclamaciones de sorpresa y alguna que otra de una cierta envidia, al comparar esos templos con los propios.

Precisamente esa comenzó a ser la cuestión: Por qué se construyen esos mega-templos? Como nadie acertaba con la respuesta, alguien comentó, no será que nos estamos equivocando de Reino?

Todos le preguntamos qué quería decir y lo explicó de esta manera: Yo no soy un hombre culto y además hace poco tiempo que soy creyente, pero me parece que hay líderes que trabajan y construyen templos, pero para su reino personal.

Como es de imaginar la cuestión derivó en un gran debate, pero si resultó importante la reflexión para ponernos a pensar acerca de todo lo que se había dicho.

Entonces recordamos que Jesús dijo que cuando dos o más se reunieran en su nombre Él estaría presente. Esto supone en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Ese es su Reino!

Lucas 9:58
Diego Acosta García

NI LO UNO… NI LO OTRO

Cuenta una historia familiar que un hombre iba a caballo lentamente, hasta que se encontró con una bifurcación. En el momento de la duda por donde seguir, apareció un lugareño.

Entonces le preguntó: Amigo, este camino me lleva al pueblo? Y el interrogado lo miró y luego le contestó con parsimonia, propia de la gente del lugar: ni lo uno… ni lo otro.

Es decir, ni era su amigo ni el camino que indicaba lo llevaba a su destino. Como se aplica en la familia esta historia? En que muchas veces nos equivocamos en todo lo que planteamos.

El hombre del caballo, llamó amigo a un desconocido y eligió un camino que estaba errado. Por qué nos ocurren con tanta frecuencia situaciones como esta?

Tal vez porque nuestra tendencia natural sea la de confiar con ligereza en las personas y porque también obramos sin discernimiento cuando elegimos una dirección.

En ambos casos estamos obrando en contra de lo que se nos ha enseñado. Ya sabemos que es maldito el hombre que confía en el hombre y también sabemos que solamente debemos confiar en el Camino verdadero.

Aprendamos a vivir según se nos ha enseñado, para que no nos equivoquemos ni tengamos que aprender de errores que nos pueden ocasionar graves consecuencias. Pidamos Sabiduría de lo Alto!

Deuteronomio 8:6
Diego Acosta García

CRISTIANIZAR?


Creemos  que estamos viviendo tiempos en los que es necesario que abandonemos nuestras actitudes de tibieza y demos con humildad y mansedumbre un paso al frente.

Ese paso no es otra cosa que enfrentar al mundo y sus continuos ataques a nuestra fe, que se manifiestan con las insinuaciones o las abiertas propuestas de vivir como nos parezca mejor.

No nos atrevemos a responder a estas propuestas porque siempre tenemos miedo de caer en conflictos, para que no se nos acuse de que somos fundamentalistas o simplemente, unos extremistas.

Estamos llegando al tiempo de la verdad, al tiempo de las definiciones, como hizo Jesús en su ministerio terrenal, que habló con quienes no debía hablar y compartió con quienes no debía compartir.

Que hubiera ocurrido si Jesús hubiera obrado de otra manera? Habrían sido sus actitudes demostrativas de su mensaje de Salvación? Dos mil años después podríamos seguir creyendo en su mensaje?

La Iglesia de Laodicea fue advertida por su tibieza y estamos llegando al tiempo en el que es necesario que nos decidamos a no correr el mismo riesgo de ser advertidos igual que ellos.

Frente a la maldad opongamos el Bien, frente a la mentira hablemos la Verdad, frente a la tibieza demostremos firmeza. Solamente así podremos cumplir con la Gran Comisión que nos encomendó Jesús.

Apocalipsis 3:15-16
Diego Acosta García

LA MEMORIA TRIUNFAL

En una reunión de amigos, alguien dijo que su frase célebre estaba relacionada con el éxito y el fracaso. Vino a decir, que el mundo no se acuerda de los fracasos sino de los éxitos personales.

Evidentemente estaba poniendo de manifiesto su total seguridad de que en el mundo que vivimos debemos ser triunfadores y que por eso seremos recordados.

La actitud puede resultar petulante y también soberbia, pero lo sorprendente es que muchas personas coinciden con el fundamento que la provoca.

Es decir: Si somos triunfadores se nos recordará. Si no lo somos nos perderemos en los pliegues de la memoria colectiva y por supuesto, no seremos nadie.

Debemos confesar que quienes formamos parte de esa llamada mayoría silenciosa, que no somos triunfadores ni exitosos, siempre nos perturba que nadie tenga memoria de nosotros.

Pero, esto es verdad? Pretender formar parte de la memoria colectiva es una demostración de soberbia, de vanidad, tan grande,  que eso explica la magnitud del sentimiento de fracaso de quienes lo intentan pero no lo consiguen.

En nuestra condición de hijos de Dios, no debemos buscar ni el éxito ni el reconocimiento de nadie, porque la única honra que debemos buscar es la que nuestro Padre nos dará.

Santiago 4:12
Diego Acosta García

LO BUENO… MALO

Deberíamos preguntarnos qué piensan nuestros jóvenes del espectáculo que los mayores les proporcionamos todos los días, con casos que les planteamos como ejemplares acerca de las malas conductas.

Resulta llamativo como nos negamos a nosotros mismos, la posibilidad de contrastar la vida cotidiana con la vida de los hombres y mujeres que vivieron en otros tiempos.

Con aquellos que vivieron durante el relato de la Palabra de Dios, para comprobar como siempre finalmente hubo castigo para los transgresores y la maldad no quedó impune.

Es que somos como sociedad, peores que en el pasado? Es esto lo que ocurre? O es que simplemente estamos llegando al tiempo sobre los que los discípulos le pidieron señales a Jesús?

Intentando una respuesta coherente, podríamos decir que nos estamos acercando al tiempo en el que comenzaremos a llamar a lo bueno… malo, sin ninguna clase de paliativos.

Obviamente estaremos llamando a lo malo… bueno. Esta es la gran cuestión sobre la que debemos reflexionar, para poder dar a nuestros jóvenes, por lo menos el mensaje de nuestra conducta personal.

Nos acercamos a los tiempos en los que será muchísimo más importante, lo que hacemos, que todo lo que podamos decir. Solamente así podremos impedir, que a lo bueno lo llamemos malo.

Isaías 5:20
Diego Acosta García

VENDER EL ALMA


Cuando leemos la Biblia tenemos ocasión de comprobar cómo los humanos que nos precedieron, también hicieron cosas asombrosas, por lo que bien podemos decir que no hay nada nuevo bajo el sol.

Hace unos días se informó que una mujer había puesto en venta su alma. El drama que se esconde detrás de esta decisión, nos mueve a reflexionar y sobre todo a tratar de comprender a esa persona.

Es evidente que ninguno de nosotros puede afirmar que no tomaría determinadas actitudes ante situaciones difíciles, como pueden ser las pruebas que debemos afrontar a lo largo de nuestra vida.

Aún, sabiendo que tenemos la promesa de nuestro Creador de que siempre estará a nuestro lado. Sí teniendo esta certeza debemos superar la zozobra que nos producen las situaciones, pensemos una situación diferente.

Pensemos en una persona que no tiene a Dios en su vida, que está afrontando una grave situación personal, con su cuerpo herido y pensando en sus alternativas de futuro.

En ese proceso fue cuando decidió vender su alma por dos mil euros… Al parecer una cantidad suficiente para ella, aunque no sabemos cómo entregaría su alma al comprador.

Situaciones como ésta deben mover a misericordia, a no levantar el dedo acusador y sobre todo a tener comprensión por las personas, orando para que reciban el Consuelo y el Amor verdadero.

1 Crónicas 16:34
Diego Acosta García

HASTA QUE LLEGUE LA NOCHE…

Hace unos días un señor mayor celebraba un nuevo aniversario y quienes lo rodeaban le pidieron una reflexión acerca de la cantidad de años que cumplía y sobre el futuro.

Probablemente se trataba de una forma de expresar la alegría de los suyos ante un momento tanto grato, pero lo que el hombre en cuestión respondió no era lo que se esperaba.

Es bueno saber que siempre hay una oportunidad para dejar de lado lo superficial y aún lo frívolo, para dejar mensajes que sean provechosos y no meras palabras.

Es evidente que de los mensajes frívolos y del palabrerío se ocupa el mundo y de que está llegando la hora de que lo que digamos tenga fundamento y sobre todo contenido espiritual.

El anciano que celebraba un nuevo cambio de dígitos en sus aniversarios, dijo que estaba muy contento por los años que Dios le había dado, pero que estaba más contento por los años que vendrían.

Ante la sorpresa de los suyos, agregó: Creo que en los años que vendrán podré hacer todo lo que no he hecho hasta ahora, porque siempre me puse límites.

El único que puede poner límites a nuestros hechos es el propio Dios y por tanto,  no tenemos excusas para ayudar a extender el Reino y para vivir como Él quiere que vivamos, antes que nos llegue la noche.

Juan 9:4
Diego Acosta García

UNA FRASE

Hace un tiempo leímos una frase que nos impactó porque pone de manifiesto la importancia que tienen en la vida de las personas, dos cuestiones de distinto significado.

La frase dice: Hazme llorar con la verdad, para que no me destruyas con la mentira. Toda una declaración de principios que se basa en la certeza del poder destructivo de la mentira.

En estos tiempos en lo que todo resulta relativo, todo es ambiguo y sin definición, apelar a cuestiones tan categóricas supone un llamado de atención sobre el que debemos reflexionar.

La Palabra de Dios tiene rotundas precisiones tanto sobre la Verdad como sobre la mentira. La Verdad es uno de los sostenes fundamentales de nuestra fe.

La mentira en cambio tiene como padre, precisamente al mayor enemigo de nuestra fe, por lo que el conflicto además de inevitable tendrá siempre un final definitivo.

Suponemos que el autor de esta frase no tiene necesariamente que se un creyente, pero sí se revela como una persona de principios que es necesario alentar y defender.

Debemos adoptar firmes posiciones tanto con relación a la Verdad como con relación a la mentira, porque representan el modelo de cómo tenemos que vivir y el modelo de cómo nos podemos apartar de nuestra fe.

Salmos 25:5
Diego Acosta García

EL DESAFÍO

Analizando los mensajes publicitarios que recibimos sistemáticamente, podremos advertir que constantemente se nos induce  a prepararnos para ser prósperos, triunfadores.

En esos reclamos pareciera que no hay espacios para quienes aspiran llevar una vida por caminos normales, como personas normales y sin grandes ambiciones o pretensiones.

Pareciera que la normalidad no es algo deseable y mucho menos el hecho de no aspirar a logros personales que nos proyecten por encima de la media de nuestras relaciones.

Se fomenta ese lado tan especial de nuestra personalidad, que es la necesidad de ser alguien, por encima incluso de nuestras propias posibilidades.

Se trata de que cambiemos nuestros valores por otros que si son compatibles con el éxito, la riqueza y también con la falta de escrúpulos para tomar decisiones.

La repetición de estos mensajes nos van guiando a pensar que tal vez esas personas que nos pueden capacitar en una determinada dirección, tengan razón y que somos nosotros los equivocados.

Es evidente que hay quienes conocen las debilidades humanas y las explotan sin ninguna clase de limitaciones, porque lo importante es ser diferentes, ser mejores, superiores.

No nos perdamos por esos atajos ocasionales, porque nos pueden llevar a situaciones inimaginables  y de la que es muy difícil apartarnos sin sufrir daños. Sigamos al Único Camino… el que nos lleva a la Verdad!

Salmos 39:6
Diego Acosta García

EL PEQUEÑO DRAMA

Un joven contaba el problema que estaba viviendo a ausa precisamente de sus pocos años, de su inexperiencia y del trato que recibía de los mayores.

Visto con la perspectiva de los años, el drama de nuestro joven era en realidad una situación por la que seguramente todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida.

Precisamente por eso este joven recibía la indiferencia de la mayoría de quienes lo rodeaban, porque anteponían su conocimiento de la situación a la importancia que verdaderamente tenía.

Vino entonces palabra de Sabiduría para conversar con el joven, escucharlo con atención y descubrir que tras las apariencias del caso se encerraba una gran lección personal, porque la situación no era como pensábamos.

La soberbia con la que actuamos los mayores nos hace perder de vista que también nosotros fuimos jóvenes y que también tuvimos que enfrentar problemas que son propios de un determinado momento de la vida.

El joven advirtió que lo escuchábamos, comprendió que teníamos amor por él y que teníamos misericordia por la situación que estaba viviendo y se sintió reconfortado y nosotros, por el contrario, avergonzados.

Este caso nos fue un poderoso llamado de atención para que abandonemos la soberbia de creer que lo sabemos todo y el peligro de hacer a menos, a quienes a pesar de sus años nos pueden dar lecciones.

Proverbios 14:3
Diego Acosta García