LA RECOMPENSA
Qué ocurriría si pudiéramos escuchar nuevamente el Sermón del Monte? Nos resultaría fácil o cómodo recibirlo o nos molestaría que lo tuviéramos que confrontar con nuestra realidad?
Pocas veces hacemos un ejercicio de realismo porque estamos limitados por nuestros afanes y porque tal vez porque podemos intuir que ese ejercicio, no nos resultará conveniente.
La realidad es problemática porque está basada en nuestras obras no en nuestros dichos, porque está basada en lo que se puede comprobar no en lo que es simplemente una forma de hablar.
Jesús vino a advertir a los hombres acerca de cómo estaban viviendo y a en
señar acerca de cómo deben vivir para formar parte del Reino de los Cielos o lo que es lo mismo, del Reino de Dios.
Entre la fatuidad de nuestros hechos y la humildad de nuestros dichos hay tanta contradicción, que difícilmente seríamos capaces de asumir que estamos obrando diferente de lo que predicó Jesús con su Sermón.
Cotejar nuestros mensajes con el Sermón es sumamente fácil. Cotejar nuestros hechos con el Sermón, nos puede llevar a enfrentarnos con una realidad muy difícil de justificar.
Jesús habló acerca de la recompensa que recibiremos en el Reino, no en la tierra. Jesús habló del Reino, no de las obras vanas que muchos de nosotros hacemos en la tierra…aspirando al reconocimiento personal.
Mateo 5:12
Diego Acosta García



El momento de ofrendar es francamente precioso si lo que tenemos en nuestro corazón está en la línea con lo que nos enseñó el Apóstol Pedro cuando junto con Juan, sanaron un cojo.
Y más inquietos nos quedamos cuando sabemos perfectamente el escaso dinero que tenemos en nuestro poder y entonces sacamos cuentas acerca de lo que podemos dar y con cuánto nos vamos a quedar.
Volver a la niñez espiritual es lo que se nos reclama para que podamos sentirnos humildes ante quién nos creó y no adoptar posturas que los hombres creemos que son las mejores.


