AHORA…

Los hombres y mujeres de nuestro tiempo deseamos lograr todo lo que deseamos en el momento… podríamos decir que estamos viviendo en la civilización del “ahora”.

Casi frenéticamente avanzamos hacia nuestros objetivos, no importan las circunstancias ni los medios que empleemos para lograrlos, la cuestión es obtener todo… ahora.

El “ahorismo” se ha convertido en el signo de la sociedad que ha perdido la capacidad de esperar ni un solo minuto, incluso cuando esta actitud está en contra de toda razonabilidad.

Por qué vivimos de esta manera? Que nos está pasando a los seres humanos? Si tuviéramos que responder por nosotros mismos, diríamos que nuestra incapacidad para esperar está relacionada con nuestras dudas.

La apremiante necesidad de resolver todo en el momento, descubre que tenemos miedo en saber lo que nos depara el futuro y por eso queremos saber todo rápido.

No tenemos capacidad de esperar porque el ansia nos domina y el ansia está relacionada con nuestra falta de confianza en nosotros mismos. El vértigo controla por completo nuestra capacidad de entendimiento.

Lo más preocupante es que ni aún así, volvemos nuestra mirada a Dios. Nos olvidamos que Jesús nos dejó un mensaje de Esperanza que sigue vigente. Abandonemos el ahora y pensemos en la Eternidad!

2 Crónicas 7:15
Diego Acosta García

LA ECONOMÍA ESPIRITUAL

Hace un cierto tiempo, predicábamos sobre la avaricia y pusimos como ejemplo lo que ocurriría si en una Iglesia, milagrosamente tuviéramos 100 millones de dólares o de euros para repartir entre los presentes.

La sorpresa fue generalizada cuando descubrimos que todos quienes asistíamos al Culto, lamentábamos no haber traído a nuestros familiares para que participaran de semejante acontecimiento.

Las conclusiones a las que llegamos nos llenaron de preocupación. Nadie se alegró de recibir una parte de esa cantidad, sino de la parte que pudieron haber recibido de haber pedido a sus familiares que los acompañaran.

Nos lamentábamos por no tener una parte mayor del reparto de dinero y no por el hecho de no haber puesto nuestro empeño en que otras personas vinieran a la Iglesia.

Quedó perfectamente claro que estábamos siendo víctimas de la avaricia, uno de los grandes males que afecta a la especie humana desde la Creación, según lo podemos constatar en el pasado como en el presente. Y podemos agregar que en el futuro.

Que nos sucede a los seres humanos con el dinero? Simplemente que nos domina la avaricia, el ansia incontenible de tener más de lo que Dios nos concede.

Nunca pensamos que Su medida es infinitamente mejor que la nuestra, porque nos conoce y sabe nuestros límites y sabe también el daño que nos podríamos hacer si nos permitiera obrar con avaricia.

Hebreos 13:5
Diego Acosta García

LA LEPRA ESPIRITUAL

Históricamente la lepra ha sido una de las enfermedades más terribles que podían soportar los seres humanos, al punto que dos Capítulos del Libro de Levíticos en la Biblia, le dedican una especial atención.

Puede suponerse que con los adelantos de la ciencia médica la lepra ha sido derrotada, pero estamos como casi siempre frente a un grave error en base a enfocar todo desde un simple punto de vista material.

La lepra de la que nos habló Jesús, es mucho más graves que la física y también mucho más presente de lo que nos podamos imaginar o reconocer, en nuestra vida cotidiana.

El pueblo hebreo hablaba de la lepra como la enfermedad de las tres muertes y se estaban refiriendo a los estragos tremendos que causa la lepra espiritual, que no es otra cosa que la maledicencia.

Las tres muertes de la maledicencia afectaban a quién murmuraba, calumniaba o denigraba, afectaba a quién prestaba sus oídos para escuchar cosas tremendas y finalmente dañaba cruelmente a quién era objeto de esas palabras.

Se nos advierte que podemos bendecir o maldecir, dar vida o dar muerte, con la maledicencia que no es otra cosa que la lepra espiritual. Cuidemos nuestras palabras, las dichas y las oídas para no padecer y no hacer padecer gravemente.

Mateo 8:3
Diego Acosta García

LLAMAR LAS COSAS…
Los refranes populares muchas veces tienen conceptos engañosos o que tienden a confundirnos, pero otras veces nos revelan cosas que sería muy importante tener en cuenta.

En esto pensábamos cuando escuchamos a una persona decir: Es necesario volver a llamar a las cosas por su nombre. Pocas palabras que encierran una gran enseñanza.

Especialmente en este mundo en el que vivimos en el que todo se diluye en las medias palabras, en las indefiniciones, donde lo ambiguo parece que tiende a ser más importante que lo categórico.

Si nos ponemos a pensar en esta suerte de hablar sin decir nada, en decir cosas sin comprometernos, en asumir posturas equívocas, es bastante fácil vivir, podríamos decir que muy plácidamente.

Pero es así como debemos vivir? Si obramos así quién hablará de la Esperanza y de la Salvación? Es para esto que fuimos llamados? Cada pregunta, genera muchas respuestas.

Llamar las cosas por su nombre es una exigencia que nos obliga a ser fieles a nuestra creencia, aunque las circunstancias no sean las adecuadas para mantener posturas de firmeza.

No fuimos llamados a la ambigüedad y menos a participar del peligroso mundo de las semiverdades. No tengamos miedo a hablar de la Verdad y mucho menos a hablar con la Verdad.

Éxodo 23:22
Diego Acosta García

LA MOCHILA…

Los médicos recomiendan a los padres controlar el peso que llevan sus hijos en la espalda cuando van y vuelven del colegio, porque les afecta la columna vertebral y les puede ocasionar problemas importantes.

Los profesionales alertan acerca de la necesidad de no llevar mucho peso en la espalda, lo mismo que decía el poeta español Antonio Machado, cuando escribía que era bueno ir ligero de equipaje.

Estas dos referencias al peso que debemos soportar en nuestras espaldas, están relacionadas a una misma cuestión: a que el peso es un enemigo considerable estando en movimiento.

Cuando Jesús dijo: Yo soy el Camino…nos estaba señalando que deberíamos seguir sus huellas, es decir transitar por la senda que nos había marcado durante su ministerio terrenal.

El Camino por tanto no es una idea física, sino que es un mensaje espiritual. No usamos el camino para ir de un sitio a otro, teniendo un punto de partida y un punto de llegada.

El Camino es un proceso como el que estuvo sometido el pueblo judío cuando estuvo dando vueltas en el desierto durante cuarenta años, tras la libertad del cautiverio egipcio.

Si vamos ligeros de equipaje, sin mucho peso en nuestras mochilas sentimentales, mentales y materiales, seguramente podremos andar por el Camino, sabiendo que solamente así podremos seguir las huellas de Jesús.

Salmos 119:105
Diego Acosta García

LAS OBRAS Y EL AMOR

Hay algunos pasajes bíblicos que deberíamos de leer con mucha frecuencia, por no decir todos los días, relacionados nuestras actitudes personales.

En sus  mensajes a las siete Iglesias en el Libro de la Revelación, Jesús le dice a la de Efeso: Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Y les advierte: que si no vuelven al primer amor les será quitado su candelero.

Tremendas palabras que nos deben servir de referencia para nuestras propias vidas, porque seguramente la mayoría de nosotros nos encontramos en la misma situación que la Iglesia de Efeso.

Los logros de los efesios fueron notables: hicieron obras, trabajaron, fueron pacientes, reprobaron a los malos, probaron a los que se llamaban apóstoles, sufrieron y trabajaron arduamente y no desmayaron.

Pero la gran mayoría de nosotros repetimos las mismas acciones que los efesios, nos afanamos por las obras, por trabajar y nos olvidamos rápidamente el sentido profundo de nuestra vida: Tener siempre presente a Cristo.

Jesús no resta ningún mérito al trabajo en la Iglesia, ni al que se hace con las manos ni al que se practica en el espíritu, pero si nos reclama que nos arrepintamos, para volver a las primeras obras.

No debemos permitir que el trabajo mecánico perfectamente controlado, que el celo por la disciplina y la rigidez de las normas internas, sustituyan al primer amor. Caso contrario nos será quitado el candelero!

Apocalipsis 2:4
Diego Acosta García

SER O PARECER

Con el paso de los años fuimos convirtiendo una frase en una norma de vida a la que adheríamos con gran seriedad: La mujer del César no solo debía ser honesta, sino parecerlo.

Se le reclamaba a la mujer la pesada tarea de ser honesta, lo que de por sí ya es todo un alarde, sino que además debería parecerlo a los ojos de todas las personas que la rodeaban.

Al haber acuñado esta frase la sociedad nos dejaba mensajes sorprendentes: No basta con ser honestos? No basta con vivir de acuerdo a las normas que recibimos?

Por qué entonces debemos parecer lo que realmente somos? Es más importante aparentar que ser? Tal vez sean demasiadas preguntas y pocas las respuestas.

Desde la perspectiva espiritual no se nos exige que aparentemos ser honestos, se nos demanda que lo seamos en toda la extensión de la palabra y con todo lo que representa.

Por tanto si somos honestos, obviamente no deberemos parecer que lo somos porque nuestros hechos y nuestras actitudes lo demostraran sin que tengamos que declamar o aparentar que vivimos de una determinada manera.

Estamos llamados a ser Luz del mundo, no una lucecita o algo que se la parezca. Estamos llamados a ser una referencia entre quienes nos rodean y por tanto siempre deberemos ser y jamás parecer lo que realmente somos.

Filipenses 4:8
Diego Acosta García

ASÍ COMO JUZGUEMOS…

Tal vez con demasiada frecuencia estamos dispuestos a censurar determinadas actitudes de las personas con las que convivimos o que forman parte de la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez con excesiva asiduidad estamos propensos a ejercer una crítica a veces feroz, sobre determinados comportamientos que consideramos poco apropiados o indignos.

Esta predisposición a tener actitudes inflexibles frente a la conducta de nuestros semejantes, nos lleva a transformarnos en jueces implacables de prácticamente todo el mundo.
Frente a esta realidad cabe preguntarnos: Cuántas veces analizamos con el mismo rigor que a los demás, nuestras actitudes personales? Cuántas veces confrontamos nuestras decisiones con la Palabra de Dios?

Es más que evidente que juzgar y criticar a los demás de demasiado fácil, lo verdaderamente difícil es asumir frente a ellos una actitud de amor y de misericordia.

Mucho más, cuando eso es lo que reclamamos cuando nos convertimos en protagonistas de historias de malas acciones o conductas impropias de creyentes.

No juzguemos sin amor ni misericordia, porque esa será la medida que se utilizará para juzgar nuestros propios actos. Entonces nos arrepentiremos de haber sido tan rígidos e inflexibles.

La extensión de la vara con la que seremos juzgados la determinamos nosotros mismos con nuestras actitudes frente a las demás personas. Si buscamos amor y misericordia, obremos con amor y misericordia.

Salmos 7:8
Diego Acosta García

YO COMPITO…TU COMPITES…

Estas frases tan sencillas en apariencia, resumen de una manera magistral buena partes de las intenciones de los hombres en la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez podríamos decir que competir ha sido una necesidad humana desde el comienzo de nuestra presencia como parte de la Creación, porque seguramente siempre hubo quién deseó ser superior a los demás.

La cuestión de competir todos los días y con todos quienes nos rodean nos lleva inevitablemente a la formulación de la pregunta más elemental: Por qué competimos?

Se trata de la necesidad de sentirnos por encima del resto de los hombres y la mujeres? Será tal vez porque competiendo disimulamos nuestros temores o nuestro sentimiento de inferioridad?

Difíciles respuestas porque seguramente que todavía quedan más cuestiones que plantear sobre una cuestión tan especial para casi todos nosotros.

Entonces nos hagamos una sola pregunta más: Esta bien que compitamos? Si no encontramos razones para otros interrogantes, procuremos contestarnos esta con la máxima sinceridad.

No fuimos creados para competir, fuimos creados para ser superiores al resto de toda la obra maravillosa de Dios. Y cada uno de nosotros tiene un propósito que nos hace diferentes y necesarios para Dios. Entonces: Por qué competimos?

Eclesiastés 9:17
Diego Acosta García

BUSCAR A DIOS

Algunos hermanos analizábamos nuestras vidas y los objetivos más importantes que nos planteábmos y hubo muchas discrepancias en cuanto a que era lo más trascendente para un creyente.

Esta especie de debate fue un amplio repaso a muchas cuestiones que los creyentes debemos plantearnos y sobre todo, debemos definir pensando en las razones de nuestra presencia en el mundo.

Cuando intentamos resumir todo lo que se había hablado, percibimos con gran desconcierto que en la lista de todos los asuntos que teníamos pendientes nos habíamos olvidado de Dios.

Esta comprobación nos llevó rápidamente a un interrogante: Como es posible que nos hayamos olvidado de Dios? Que significado tenía ese olvido para personas que nos consideramos sus hijos?

Nuevamente nos adentramos en otra especie de debate, pero decidimos apartarnos y tratar de responder por nosotros mismos, estas dos preguntas tan inquietantes.

Quizás lo que más nos ha sorprendido de nuestro análisis personal, es que vivimos con demasiada confianza en nosotros mismos, teniendo como recurso final y hasta podríamos decir que como salvavidas, al propio Dios.

Pero es así que debemos vivir? Por qué mos lo fundamental en accesorio? Por qué no buscamos a Dios con ahinco, con denuedo, en las buenas y en las malas circunstancias? Creemos que las respuestas son estrictamente personales.

Deuteronomio 4:29
Diego Acosta García