SER O PARECER

Con el paso de los años fuimos convirtiendo una frase en una norma de vida a la que adheríamos con gran seriedad: La mujer del César no solo debía ser honesta, sino parecerlo.

Se le reclamaba a la mujer la pesada tarea de ser honesta, lo que de por sí ya es todo un alarde, sino que además debería parecerlo a los ojos de todas las personas que la rodeaban.

Al haber acuñado esta frase la sociedad nos dejaba mensajes sorprendentes: No basta con ser honestos? No basta con vivir de acuerdo a las normas que recibimos?

Por qué entonces debemos parecer lo que realmente somos? Es más importante aparentar que ser? Tal vez sean demasiadas preguntas y pocas las respuestas.

Desde la perspectiva espiritual no se nos exige que aparentemos ser honestos, se nos demanda que lo seamos en toda la extensión de la palabra y con todo lo que representa.

Por tanto si somos honestos, obviamente no deberemos parecer que lo somos porque nuestros hechos y nuestras actitudes lo demostraran sin que tengamos que declamar o aparentar que vivimos de una determinada manera.

Estamos llamados a ser Luz del mundo, no una lucecita o algo que se la parezca. Estamos llamados a ser una referencia entre quienes nos rodean y por tanto siempre deberemos ser y jamás parecer lo que realmente somos.

Filipenses 4:8
Diego Acosta García

ASÍ COMO JUZGUEMOS…

Tal vez con demasiada frecuencia estamos dispuestos a censurar determinadas actitudes de las personas con las que convivimos o que forman parte de la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez con excesiva asiduidad estamos propensos a ejercer una crítica a veces feroz, sobre determinados comportamientos que consideramos poco apropiados o indignos.

Esta predisposición a tener actitudes inflexibles frente a la conducta de nuestros semejantes, nos lleva a transformarnos en jueces implacables de prácticamente todo el mundo.
Frente a esta realidad cabe preguntarnos: Cuántas veces analizamos con el mismo rigor que a los demás, nuestras actitudes personales? Cuántas veces confrontamos nuestras decisiones con la Palabra de Dios?

Es más que evidente que juzgar y criticar a los demás de demasiado fácil, lo verdaderamente difícil es asumir frente a ellos una actitud de amor y de misericordia.

Mucho más, cuando eso es lo que reclamamos cuando nos convertimos en protagonistas de historias de malas acciones o conductas impropias de creyentes.

No juzguemos sin amor ni misericordia, porque esa será la medida que se utilizará para juzgar nuestros propios actos. Entonces nos arrepentiremos de haber sido tan rígidos e inflexibles.

La extensión de la vara con la que seremos juzgados la determinamos nosotros mismos con nuestras actitudes frente a las demás personas. Si buscamos amor y misericordia, obremos con amor y misericordia.

Salmos 7:8
Diego Acosta García

YO COMPITO…TU COMPITES…

Estas frases tan sencillas en apariencia, resumen de una manera magistral buena partes de las intenciones de los hombres en la sociedad de nuestro tiempo.

Tal vez podríamos decir que competir ha sido una necesidad humana desde el comienzo de nuestra presencia como parte de la Creación, porque seguramente siempre hubo quién deseó ser superior a los demás.

La cuestión de competir todos los días y con todos quienes nos rodean nos lleva inevitablemente a la formulación de la pregunta más elemental: Por qué competimos?

Se trata de la necesidad de sentirnos por encima del resto de los hombres y la mujeres? Será tal vez porque competiendo disimulamos nuestros temores o nuestro sentimiento de inferioridad?

Difíciles respuestas porque seguramente que todavía quedan más cuestiones que plantear sobre una cuestión tan especial para casi todos nosotros.

Entonces nos hagamos una sola pregunta más: Esta bien que compitamos? Si no encontramos razones para otros interrogantes, procuremos contestarnos esta con la máxima sinceridad.

No fuimos creados para competir, fuimos creados para ser superiores al resto de toda la obra maravillosa de Dios. Y cada uno de nosotros tiene un propósito que nos hace diferentes y necesarios para Dios. Entonces: Por qué competimos?

Eclesiastés 9:17
Diego Acosta García

BUSCAR A DIOS

Algunos hermanos analizábamos nuestras vidas y los objetivos más importantes que nos planteábmos y hubo muchas discrepancias en cuanto a que era lo más trascendente para un creyente.

Esta especie de debate fue un amplio repaso a muchas cuestiones que los creyentes debemos plantearnos y sobre todo, debemos definir pensando en las razones de nuestra presencia en el mundo.

Cuando intentamos resumir todo lo que se había hablado, percibimos con gran desconcierto que en la lista de todos los asuntos que teníamos pendientes nos habíamos olvidado de Dios.

Esta comprobación nos llevó rápidamente a un interrogante: Como es posible que nos hayamos olvidado de Dios? Que significado tenía ese olvido para personas que nos consideramos sus hijos?

Nuevamente nos adentramos en otra especie de debate, pero decidimos apartarnos y tratar de responder por nosotros mismos, estas dos preguntas tan inquietantes.

Quizás lo que más nos ha sorprendido de nuestro análisis personal, es que vivimos con demasiada confianza en nosotros mismos, teniendo como recurso final y hasta podríamos decir que como salvavidas, al propio Dios.

Pero es así que debemos vivir? Por qué mos lo fundamental en accesorio? Por qué no buscamos a Dios con ahinco, con denuedo, en las buenas y en las malas circunstancias? Creemos que las respuestas son estrictamente personales.

Deuteronomio 4:29
Diego Acosta García

SÉPTIMO MILENIO: EUROPA CONMEMORA EL PENTECOSTÉS

El lunes 26 de mayo es fiesta en varios países de Europa, para recordar el Día de Pentecostés.
Por considerarlo una notable singularidad, reproducimos el comentario que publicó el períodico Berliner Zeitung, bajo el título:

EL ANIVERSARIO DE LA IGLESIA
Pentecostés es una fiesta del cristianismo, quizás la más extraña para las personas a los que los cielos y el más allá les están cerrados.
Principalmente las asociaciones económicas exigen repetidamente que se termine con los festivos de Pentecostés porque sirven apenas como recuerdo de un milagro que sucedió a los discípulos de Jesús, justo después de la ascensión.
Ellos estaban juntos y sucedió un rumor repentino del cielo que llenó toda la casa y aparecieron lenguas como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de los que estaban reunidos y apareció el Espíritu Santo y empezaron a predicar en otras lenguas como el Espíritu les daba que las hablaran.
Es así que lo cuenta el Nuevo Testamento, por lo tanto un rumor y un don y que llena a las personas con un Espíritu de poder y amor y de prudencia, como lo ha descripto el Apóstol Pablo.
El Evangelista Mateo lo ha comparado con una paloma y Jesús como un rio de agua vivas.
Este Espíritu promueve sed y confianza en Dios y por lo tanto el Pentecostés es también considerado el nacimiento de la iglesia, de la comunión de los creyentes, ”aquellos que son movidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”, dijo Pablo.
Qué bonito.
Pero la cuestión de lo que es el Espíritu Santo exactamente llevó no solo a la gran división de la Iglesia en el año 1054, entre la Iglesia Oriental y la Occidental sino que hasta hoy es controvertido. La Biblia tampoco dice nada de la Trinidad, del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Es una invención de los teólogos y resultado de disputas complicadas en el cuarto siglo dC. Pero el dogma de la Trinidad tiene sus buenos razonamientos bíblicos.
Indica que Dios no es un hombre viejo con barba blanca que está sentado solito en una nube pero sí como dicen los teólogos es un evento del relacionamiento tripartito, que posibilita también una relación de los hombres con Dios.
Suena complicado teóricamente pero para los creyentes es una realidad originada por la experiencia. Por eso Pentecostés es una celebración del encuentro con Dios, en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

Fuentes: Berliner Zeitung – Alemania
Diego Acosta García

EL EQUILIBRIO PELIGROSO

De cuando éramos niños uno de los espectáculos más asombrosos que recordamos es la actuación de unos equilibristas alemanes, que cruzaron caminando sobre un cable por una altura de vértigo.

Quizás la altura no haya sido tan grande como nuestra mente lo imaginaba, pero si era lo suficientemente importante como para que alguien que se cayera perdiera la vida.

Precisamente en eso consistía todo el atractivo del espectáculo que se desarrollaba muy lentamente, como lentos eran cada uno de los pasos que daban aquellos hombres que arriesgaban su existencia por dinero.

Desde entonces el equilibrio siempre nos ha llamado la atención, tal vez porque sin darnos cuenta, comparamos cualquier situación con aquellos hombres que miraban la tierra desde lo alto, con el peligro de perderlo todo.

No es esta también la forma en que vivimos? Haciendo peligrosos equilibrios entre lo que nos manda nuestra fe y lo que nos permitimos hacer al margen de ella.

Como casi todos los equilibrios, tienen un enorme peligro, porque ponemos en juego no solo nuestra vida finita sino que arriesgamos la promesa de vida Eterna que recibimos.

El equilibrio puede resultar un espectáculo muy atractivo porque genera una tensión tremenda, pero seamos conscientes que el equilibrio de ninguna manera nos debe tener por protagonistas. No estamos llamados a ser equilibristas!

Deuteronomio 29:9
Diego Acosta García

MIEDO O TEMOR?

El Apóstol Pablo nos enseñó que deberíamos tener temor y temblor delante de Dios, estableciendo una norma de gran relevancia para nuestra relación con nuestro Creador.

Y por qué empleó el término temor y no el miedo? Es que existe una diferencia tan rotunda entre una cosa y la otra? Y la respuesta es más que categórica.

El miedo está relacionado con lo físico y el temor con lo espiritual, una diferencia que resulta fundamental para comprender el enfoque de la enseñanza que nos dejó Pablo.

Y como vivimos: con miedo o con temor? Probablemente la mayoría de nosotros deberemos contestar con miedo, porque nos preocupan más las cuestiones materiales que las espirituales.

Tenemos miedo por la economía, por el trabajo, por el futuro, por nuestras relaciones sentimentales, por nuestros hijos y nuestra familia, por el país y también por nuestra vejez.

Todas cuestiones materiales, que en el fondo están denunciando nuestra falta de confianza en Dios, por eso obramos como obramos, a veces tergiversando la verdad, otras manipulando situaciones.

No es así como debemos vivir. No debemos de tener miedo, sino temor de Dios, para poder intentar llevar una vida que nos haga distinguir entre quienes somos sus hijos y quienes no lo son.

Filipenses 2:12
Diego Acosta García

VOLVER AL PASADO

Frecuentemente nos sorprendemos pensando en los días en que vivimos, en los buenos momentos que pasamos, en los gratos que nos resultaron determinados momentos. Frecuentemente miramos hacia el pasado.

Pareciera ser una forma de olvidarnos del presente, de escaparnos de la realidad que tenemos que afrontar cada día, de refugiarnos frente a hechos que nos preocupan y que no son de nuestro agrado.

Demasiado frecuentemente el pasado ocupa el presente de nuestra vida y esto afecta también a nuestro futuro. La cuestión es: ¿Por qué miramos hacia el pasado y no miramos hacia el futuro?

Seguramente habrá tantas respuestas como personas contesten, pero nos atrevemos a asegurar que en el fondo se trata de una fuga hacia lo conocido en lugar de afrontar lo que desconocemos.

Una fuga hacia lo que vivimos, aunque no nos sea demasiado grato porque no nos atrevemos a afrontar la realidad de este día y mucho menos la incertidumbre del futuro.

Debemos romper con esta costumbre de mirar hacia el pasado. Debemos recordar que la misericordia de Dios se renueva cada día y que mañana también la tendremos, nueva y amorosa como la tenemos hoy. No volvamos nuestra mirada al pasado.Lo mejor está por venir.

Eclesiastés 7:10

Diego Acosta García

VER COMO JESÚS

La diferencia entre ver y mirar difícil de explicar, pero en cualquier caso la diferencia existe y se trata de establecer que cuando miramos o cuando vemos tenemos distintas actitudes.

Por esta razón es que muchos de nosotros pasamos desaprensivamente por la vida, ignorando la realidad de quienes nos rodean y quedando ajenos a sus necesidades.

Así es como que cuando la mayoría de las personas no centran su atención en un determinado asunto, siempre habrá quién aprecie en él algo diferente y nos haga reflexionar sobre el tema.

Constatar esta realidad puede que no nos resulte agradable, pero es algo que si obramos con sinceridad lo podremos hacer con relativa facilidad. Y entonces nos podemos preguntar: Y Jesús como veía?

Si nos formulamos este interrogante podremos apreciar que la perspectiva de la cuestión cambia radicalmente. Él no pasa su vista distraídamente sobre las personas.

Las ve con amor, con compasión, percibiendo en el espíritu sus buenas o sus malas intenciones, captando sus necesidades a pesar del silencio de quienes la padecen.

Qué ocurriría si aprendemos de las enseñanzas del Maestro? Seríamos más sensibles frente a las necesidades, frente a las injusticias, frente a la prepotencia, frente al desamor? Aprendamos a ver como Jesús!

Salmos 94:9
Diego Acosta García