AMAR AL ENEMIGO

Jesús en su ministerio terrenal nos dejó un nuevo mandamiento: El de amar al prójimo, incluyendo al enemigo, estableciendo así los principios de Justicia del Reino.

Debemos confesar que este mandamiento nos ha causado perplejidad a lo largo de nuestros años de creyente, porque asumir que debemos amar a nuestros enemigos, es francamente difícil.

Cuántas veces nos habremos encontrado con situaciones en las que nos gustaría dejar de lado este mandamiento y obrar con humana pasión y tomar la justicia por nuestras manos.

Es eso lo que debemos hacer? Evidentemente no. La justicia de los hombres es inevitable que esté impregnada de las emociones y los sentimientos que nos caracterizan como especie.

Por tanto lo que debe primar es el mandamiento del amor, para que entonces podamos decir que hemos tenido dominio propio y haber sido capaces de hacer lo que se nos dio por mandato.

Aunque nos resulte difícil y aunque muchas veces lo querramos olvidar, el amar al enemigo nos coloca en una situación compleja pero que debemos asumir con plena conciencia.

Ser seguidores de Jesús tiene múltiples implicancias, algunas de ellas notablemente difíciles, pero que cuando las cumplimos nos dejan la paz y el gozo prometido por nuestro Salvador.

Éxodo 23:4
Diego Acosta García

NI ANTES… NI DESPUÉS

Una de las mayores dificultades que tenemos los creyentes es entender como son nuestros tiempos y como son los tiempos de Dios, que raramente coinciden.

Esta falta de armonía entre nuestras necesidades, que evidentemente están relacionadas con nuestro concepto del tiempo, nos generan grandes tensiones y presiones.

Es fundamental comprender que nuestra condición de seres finitos se opone radicalmente con la condición de eternidad de Dios, por lo que nosotros no sabemos manejar una escala de tiempo inalcanzable para los humanos.

Como podemos armonizar los tiempos personales con los tiempos de Dios? Esta es la gran cuestión que debemos resolver desde la perspectiva de nuestra fe y no de nuestro entendimiento.

Los seres humanos tenemos limitadas capacidades para muchas cosas, entre ellas para establecer una relación de un tiempo que se termina con un tiempo que no se termina nunca.

Seamos sabios y comencemos a valorar cada minuto que se nos concede de vida, sabiendo  que es absolutamente irrepetible cada segundo que dejamos atrás y que no hemos utilizado correctamente.

De allí que nuestra condición del tiempo, debe entenderse desde la perspectiva que nada ocurre sin que se encuentre bajo la Voluntad Soberana de Dios y por tanto nada ocurrirá antes… ni nada después.

Levítico 26:4
Diego Acosta García

EL SALARIO JUSTO

Un joven creyente defendía en la empresa familiar la necesidad de pagar a sus trabajadores el salario justo, lo que originó una seria disputa con su padre y sus hermanos.

Uno de ellos le recriminó incluso que estaba en contra de quienes eran su familia, al defender aumentar los costos pagando los haberes que marcaba la ley.

El joven creyente a pesar de todos los argumentos que empleaba no encontraba las razones suficientes como para enfrentar la tenaz oposición que había despertado el tema.

Como podía remediar la situación? Recordó entonces aquella tarde que en el estudio bíblico el maestro había puesto especial énfasis en la necesidad de cumplir con todos los textos bíblicos.

Y recordó su pregunta: eso incluía en los tiempos presentes el pago de los salarios que marca la ley? Y el maestro le respondió: No es para estos tiempos que habla la Biblia, el mensaje de la Biblia es para todos los tiempos.

Por tanto quienes trabajan deben recibir el salario justo porque eso es lo que establece Dios para los hombres y es necesario comprenderlo para no apartarse de sus mandamientos.

El joven apeló a ese recuerdo y con firmeza y serenidad habló a sus padres y a sus hermanos acerca de lo que decía la Biblia sobre el salario. Ellos, a pesar de que no eran creyentes, comprendieron y aceptaron que había una razón superior para pagar el salario justo.

Jeremías 22:13
Diego Acosta García

SOMOS MEJORES LOS CREYENTES?

Esta pregunta además de perturbadora es francamente odiosa, porque nos confronta con una realidad que no deseamos admitir pero que en el fondo no deja de estar en nuestros pensamientos.

Hace algunos días pudimos comprobar con una cierta sorpresa, como un grupo de creyentes nos mostrábamos superiores a un grupo de personas con las que participábamos de una reunión.

Había en nuestras actitudes un aire de superioridad basado quizás, en nuestra condición de creyentes lo que evidentemente entraba en una manifiesta contradicción con nuestra fe y sus mandatos.

Por qué nos sentimos superiores a los demás? Por qué nos sentimos mejores al resto de las personas? Será que por Gracia conocimos al Señor y fuimos Salvos?

Si fuera por estas razones jamás deberíamos sentirnos superiores a nadie, sino todo lo contrario, deberíamos obrar con la mayor humildad como obró Jesús en su ministerio terrenal.

Las actitudes de superioridad son las mejores herramientas que tiene el enemigo de nuestra fe, para contradecir nuestro mensaje evangelístico, porque nuestros hechos demuestran lo contrario de lo que decimos.

Aceptemos que por Gracia recibimos la Salvación, sin haber hecho ninguna clase de mérito ni ser mejores que nadie en nada. La Salvación que recibimos la debemos utilizar para vivir con la dignidad de la humildad y el amor.

Proverbios 15:33
Diego Acosta García

POR QUÉ TE ABATES?


En circunstancias personales bastante complicadas el Espíritu nos habló claramente y nos preguntó: Por qué te abates? Por qué te preocupas tanto? Por qué has perdido la calma?

La primera reacción fue la de pensar que además de tener problemas tenía que responder a preguntas difíciles de contestar y difíciles de entender en momentos como los que estábamos viviendo.

El Espíritu es paciente y misericordioso y lentamente nos hizo entender que las preguntas estaban dirigidas no ha complicarnos más la vida, sino a todo lo contrario.

Por qué nos  abatíamos? Esta es la pregunta principal y este es el verdadero centro de todo el problema, cuando nos encontramos tan absorbidos por nuestros problemas, es cuando perdemos toda noción y referencia.

Por qué te abates? La respuesta más directa sería porque en medio de nuestras tribulaciones en lugar de centrarnos en lo verdadero y fundamental, nos preocupamos por nuestras circunstancias.

Porque en lugar de mirar hacia lo Alto solamente miramos hacia lo más inmediato que nos rodea y entonces perdemos la razón de ser de nuestra condición de creyentes.

Si somos hijos de Dios por qué nos permitimos el sentimiento de abatimiento? Por qué no confiamos en que Él nunca nos pondrá ante situaciones que no podamos soportar?. Él es un Padre amoroso!

Salmos 126:23
Diego Acosta García

EL ESPEJO DE DIOS

En su infinita misericordia Dios nos revela en cualquier momento o en cualquier circunstancia, cuestiones que son fundamentales para nuestra vida de creyentes.

Esto significa que debemos estar atentos a escuchar su Palabra que no tiene la grandilocuencia que podamos imaginar, pero que sí tiene la Grandeza que solo puede provenir de Él.

Estas palabras se originan recordando un precioso momento en el que conversando  acerca de las cosas de Dios, por su Gracia recibimos una revelación notable.

Una persona comentaba que nosotros debemos influir en la sociedad y no permitir que el mundo se apropie de nuestra formar de actuar o de considerar las circunstancias que nos rodean.

Mientras hacía estas afirmaciones y siguiendo con la línea de pensamiento dijo: porque así como nosotros debemos ser semejantes a Jesús, el Hijo es el espejo del Padre y refleja su grandeza.

En otras palabras: Jesús es el espejo de Dios. Por esta razón influenció en el mundo de su tiempo terrenal y a todas las generaciones que le siguieron transformando vidas, sanando trayendo la Salvación. Y nosotros debemos ser espejos de Jesús!

Agradezcamos esta revelación que no es patrimonio de nadie sino un presente de bendición para todos los que nos llamamos hijos del Altísimo, porque por su Gracia podemos crecer espiritualmente.

Gálatas 1:12
Diego Acosta García

ME EDIFICA, ME SERÁ BUENO?

Se cuenta que en una familia la madre siempre le decía a sus hijos, que antes de hablar pensaran bien lo que iban a decir para evitar que pudieran hacer daño o hacerse daño.

La madre cuando alguno de sus hijos se acercaba para contarle algo que había ocurrido o que habían escuchado, les preguntaba: Me edifica lo que vas a decir, me será bueno?

Los hijos durante bastante tiempo reaccionaron mal frente a esta actitud de su madre, a la que calificaban de frustrante y también de castradora por evitar el diálogo entre padres e hijos.

No obstante estas duras afirmaciones la madre siguió perseverando con su posición, logrando que en la casa rara vez se comentaran hechos o dichos que afectaran la vida espiritual de la familia.

En otras palabras: la madre se colocó en la peor de las posiciones con relación a los hijos, pero perseveró en su firmeza de enseñarles las consecuencias de lo serio que es hablar de más.

Como es natural con el paso de los años los hijos fueron comprendiendo la actitud de su madre y cuando fueron responsables de sus propios hijos, tuvieron una sólidos principios para educarlos.

No tengamos miedo a asumir determinadas actitudes, siempre y cuando que estén bien inspiradas, para formar con firmeza a nuestros hijos de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios.

Proverbios 24:3
Diego Acosta García

Y QUE SABE?

 

Es probable que más de una vez hayamos tenido algún comentario descomedido con relación a una persona, que nos haya dado su opinión o su consejo sobre un determinado tema.

Esa reacción encierra un grado de ofuscación peligroso para nuestra vida espiritual, porque significa que estamos admitiendo que hemos escuchado algo que no nos ha gustado.

Por eso le negamos a otro su capacidad para opinar sobre una cuestión en la que supuestamente no precisamos comentarios de ningún tipo y menos uno que se oponga a nuestra valoración.

Y qué sabe?, nos repetimos una y otra vez, dando lugar al crecimiento de un sentimiento de  animadversión hacia alguien que obró con comedimiento ante una situación específica.

Por qué asumimos esta actitud? Seguramente porque nos creemos superiores y porque no aceptamos que haya alguien que esté en condiciones de decirnos lo que tenemos que hacer.

Que diferente sería todo si tuviéramos la humildad de dar las gracias a Dios por poner amor a un hombre o a una mujer para que nos hablara acerca de algo que nosotros debemos resolver.

Obrar con soberbia en todas las situaciones nos puede llevar a males mayores, sobre todo cuando nos negamos a aceptar que estamos equivocados y rechazamos la ayuda que Dios puede darnos a través de un consejo oportuno.

Job 12:13

Diego Acosta García

QUÉ HUNDIÓ AL TITANIC?

La soberbia del hombre o un iceberg?
La vanidad del hombre o un barco con defectos?
La capacidad del hombre o su propia creación?

Qué hundió al Titanic? Es curioso como abundan las teorías acerca de las causas verdaderas del hundimiento del barco que “ni Dios podría hundir” según las crónicas de la época.

Si miramos nuestras vidas quizás estemos construyendo un auténtico Titanic, con grandes esfuerzos y también en base a nuestra capacidad y a nuestro talento.

Si observamos nuestros hechos tal vez estemos construyendo un Titanic que no se hundirá nunca, porque está basado en nuestra inteligencia y en la obra de nuestras manos.

Si analizamos lo que hablamos, tal vez estemos dando argumentos para que nuestra soberbia creación del Titanic personal, pueda exhibirse al mundo con orgullo.

Qué hundió al Titanic? Es una pregunta que muchos técnicos todavía se formulan y cada vez hay más respuestas contundentes, pero todo apuntaría a un exceso de seguridad del hombre en su propia creación.

Tengamos cuidado con nuestra vida y con el Titanic que estamos construyendo, no desafiemos a Quién no debemos desafiar, para que nuestra creación no sea destruida por un iceberg oculto en el océano de nuestras circunstancias.

Salmos 78:53
Diego Acosta García

EL BUEN HACER


Si alguno de nosotros pudiera elegir libremente para hacer solamente lo que nos gusta o nos satisface, con toda seguridad dejaríamos apartados muchos compromisos importantes.

Y en esto debemos ser muy precisos: debemos ser capaces de determinar cuáles son las cosas que nos gustan y cuáles son las que debemos hacer, nos satisfagan o no.

Si seguimos con esta forma de analizar la cuestión, pronto nos daríamos cuenta que las cosas que nos gustan no son necesariamente las más importantes.

Ni siquiera pueden ser aquellas a las que estamos comprometidos a asumir por nuestra condición de creyentes y por tanto, se nos presenta un problema que debemos resolver.

En su ministerio terrenal Jesús nos dio múltiples ejemplos de que hizo lo que debía, sin postergar ninguna visita por incómoda que fuera ni dejar de hacer determinados gestos, por ingratos que pudieran resultar.

Esta es la verdadera cuestión. Sobreponernos a nosotros mismos y tener la capacidad y la humildad de pedir ayuda al Espíritu para que nos guíe y nos fortalezca para hacer todo lo que debemos.

Jesús es el Camino y transitar por sendas estrechas no siempre nos puede resultar agradable y no siempre nos dará satisfacciones terrenales, pero sí podemos tener la certeza de que estaremos haciendo lo que debemos.

Salmos 25:4
Diego Acosta García