EL DRAMA DEL SUICIDIO

La cuestión del suicidio vuelve a ser tema de actualidad, porque las estadísticas son verdaderamente  impresionantes por los impactantes números que contienen.

El suicidio es la mayor decisión que los seres que formamos parte de la especie humana podemos adoptar, una decisión tremenda pero que no representa una opción.

Se trata de una cuestión que supera el libre albedrío, porque no concierne a decisiones que están relacionadas con la opción que podemos hacer frente a diferentes alternativas.

Por lo tanto debemos asumir que el suicidio está directamente relacionado con el principio de vida que estableció Dios cuando creó el primer miembro de la especie, soplándole Su aliento.

Como sociedad y como creyentes debemos asumir que el suicidio es una cuestión que nos atañe especialmente, porque cada persona que se quita la vida nos afecta a todos. El drama de uno debería ser el drama de todos.

Como creyentes debemos extremar nuestra capacidad de establecer relaciones con otras personas, a fin de advertir por la cercanía, quién puede estar aproximándose a tomar una determinación radical.

Debemos asumir que el derecho a la vida ha sido establecido por Dios a los hombres que ha creado y por tanto, no podemos tomar una determinación sobre si seguimos viviendo o si apelamos al suicidio.

Génesis 2:7
Diego Acosta García

CUANDO DIOS NOS HABLA…

Podemos tener la certeza de que Dios siempre nos habla, ni antes ni después del momento preciso del cumplimiento de sus propósitos sobre nuestras vidas.

Muchas veces nos quejamos amargamente de que Dios está callado con nosotros y que sin embargo, sí habla a otras personas a otros hermanos, pero con nosotros está en silencio.

Y es verdad que esto ocurre porque su trato es diferente con cada uno de nosotros, pero nunca nos debemos olvidar que Él no se olvida de nosotros ni mucho menos nos ignora.

Las circunstancias de nuestras vidas nos hacen olvidar muchas veces que su mano Poderosa está sobre nosotros y nos afanamos en resolver lo que solamente Él puede hacerlo.

Por eso debemos aguardar confiadamente que Dios nos hablará, cuando sea el momento preciso y siempre nos dirá aquello que será lo mejor para nosotros, aunque tengamos dificultad en creerlo.

Debemos esperar confiadamente todo el tiempo que sea necesario, para que Él nos hable, de una manera imprevisible pero siempre confirmando sus palabras. Siempre.

Escuchar la voz de Dios nos ayudará a encontrar el verdadero sentido de sus propósitos para nuestras vidas y debemos de tener la certeza de que su voluntad es la de un Padre bueno con sus hijos.

Jeremías 29:11
Diego Acosta García

LOS FALSOS PROFETAS

Cada vez es mayor la frecuencia con la que hermanos de la fe denuncian a supuestos profetas o predicadores, poniendo de manifiesto sus mensajes errados, tergiversados o manipuladores de la Palabra.

Cada vez es mayor la alarma que producen estos hombres y mujeres que en distintas latitudes, proclaman supuestas semiverdades que sabemos son las peores mentiras.

Cabe preguntarse: Por qué es necesario estar preparados para discernir qué es lo bueno y distinguirlo de lo malo? Por qué debemos estar alertas ante la aparición de un mayor número de falsos profetas?

Las respuestas se pueden sintetizar en una sola: Porque esa es la advertencia que nos dejó el Señor Jesús, con relación al final de los tiempos, cuando reveló las señales a los discípulos.

Las palabras engañosas casi siempre son las más atractivas, las que seducen y las que nos llevan por los falsos caminos que solo conducen a la perdición.

Por tanto no es algo que deba sorprendernos o atemorizarnos, pero sí es una situación para la que debemos prepararnos con el máximo rigor, confrontando con la Palabra todo lo que escuchamos.

Debemos ser fieles en la observancia de la advertencia del Señor Jesús, porque de ello depende no solo nuestra integridad como creyentes, sino también la obligación de guardar a los nuevos hermanos en la fe.

1 Juan 4:1
Diego Acosta García

COMPRAR LO SUPERFLUO

Desde que nos levantamos hasta el final del día estamos sometidos a la brutal influencia de la publicidad, que nos genera el ambiente necesario para crearnos necesidades.

Se nos asegura que seremos felices, que seremos más seguros, más eficaces, más elegantes, más sobresalientes, más distinguidos, más hermosos, más jóvenes, más esbeltos.

Seguramente que cada uno de nosotros podrá agregar más elementos a esta lista que se nos ocurre interminable, pues es tan larga como la de los productos que se nos sugiere que compremos.

Este afán de consumismo es el que gobierna la sociedad en la que vivimos, que establece pautas de vida, de conducta, que pareciera que si no las cumplimos, nos convertimos en marginados.

Esta es inequívocamente la influencia del mundo de la que nos habla Pablo, este es el ambiente al que debemos evitar acomodarnos y al que debemos contrastar con todo lo que se nos ha enseñado.

Es evidente que tenemos necesidades y que lo bueno sería poder satisfacerlas, pero tengamos mucho cuidado con el listado de esas necesidades, para no caer en lo superfluo.

No convirtamos nuestra vida en un constante adquirir cosas que a la sociedad le parecerá muy bien que tengamos. Recordemos que el Reino será de los humildes, principalmente de los humildes de corazón.

Proverbios 13:25
Diego Acosta García

LA VANA-GLORIA

El Apóstol Pablo nos ha advertido acerca de todo lo que significa la jactancia con relación a nuestros talentos, facultades o méritos que hayamos podido conseguir.

Esa advertencia tiene mucho que ver con la esencia de la condición humana, tan altamente proclive a sobrevalorarse y a estimarse más allá de la verdadera valía.

El mundo nos estimula también a vanagloriarnos como hombres que somos, ya que por solo el hecho de ser hombres ya tenemos motivos para jactarnos de nuestra importancia.

Vivir con la vanidad a cuestas nos puede alegrar en determinados momentos, cuando otras personas por las razones que sean, nos estimulan en la misma dirección.

Vivir en vanagloria nos aparta de los valores importantes con los que sí debemos vivir y vamos transformando nuestro mundo en  un auténtico pequeño reino donde somos una especie de reyezuelos.

Pero debemos de estar preparados para cuando llegue la hora de la adversidad y entonces comprendamos que todo aquello que insensatamente creímos de nosotros mismos, no tiene ningún valor.

Puede que entonces llegue el momento en el que necesitaremos ser humildes para reconocer nuestros errores, para proclamar nuestros pecados y para pedir perdón a Dios, por la vana-gloria en la que vivimos.

Filipenses 2:3
Diego Acosta García

POR QUÉ NOS ASUSTAMOS?

Recordamos el pasaje en el que los discípulos se asustan por la tormenta y despiertan al Señor Jesús y éste los reprende, calificándolos de hombres de poca fe.

Este pasaje probablemente simbolice la vida de muchos de nosotros, que nos asustamos cuando llegan las dificultades, las pruebas, las situaciones complicadas o difíciles.

Muchas veces nos asustamos ante las cosas nuevas, las que rompen nuestros esquemas mentales o simplemente nuestra forma de pensar o de analizar las cosas.

Nos asustamos cuando pensamos que algo grave está por ocurrir y entonces perdemos el control, que es lo mismo que decir que el dominio propio.

Entonces pasamos a comportarnos como hombres y mujeres que nos olvidamos de las enseñanzas recibidas y comenzamos a imaginar planes de emergencia o salidas alternativas.

Cabría preguntarse en esas circunstancias, qué es en realidad lo que está ocurriendo, cuál es la naturaleza del problema que tanto nos altera, cuánto sufrimiento nos puede ocasionar la situación que enfrentamos.

Todos sabemos que ser hijos de Dios no nos garantiza ni una vida placentera ni una vida sin problemas, más bien todo lo contrario, tenemos asegurado persecuciones, ataques, humillaciones o hasta la propia muerte.

La cuestión no es el problema o la situación que enfrentamos, sino como la enfrentamos. En la hora de la dificultad o de la tribulación,  debemos recordar lo más importante: Que Dios siempre estará con nosotros. Siempre.

Deuteronomio 31:8
Diego Acosta García

UN EJEMPLO DE AMOR…

Fuimos testigos de un episodio tan sencillo como impresionante de lo que es el amor cuando se prodiga con sinceridad y cuando es fruto del corazón.

En un transporte público subieron varios jóvenes con síndrome de Down,  que rápidamente se ganaron las simpatías de quienes viajábamos por su alegría y por sus ganas de vivir.

Junto con ellos estaban dos maestras, muy jóvenes, que en todo momento no solamente estuvieron pendientes de los chicos, sino que los animaron a participar de las pequeñas vivencias que proporcionaba un viaje en metro.

 

Les indicaron los nombres de las estaciones, poniendo especial cuidado de que todos participaran de ese ejercicio de conocimiento y aprendizaje, que tanto hacia disfrutar no solo a los chicos sino al resto del pasaje.

Cuando nos llegó el momento de descender, advertimos que nuestro ánimo había cambiado, estábamos alegres, animados e impactados por todo lo que habíamos visto.

Pero todo tenía una explicación: el impresionante ejemplo de amor que nos dieron dos jóvenes maestras que seguramente no conocen al Señor, pero si conocen del amor verdadero.

Nos quedamos pensando cuántas oportunidades tenemos al cabo del día de hacer partícipes a otras personas del Amor que recibimos de Dios. Y advertimos que el Señor nos estaba reclamando con este episodio, que no lo olvidemos.

Sofonías 3:17
Diego Acosta García

QUE PALABRAS UTILIZAMOS?

Todos los días utilizamos palabras que pertenecen al mundo pero que las adaptamos a nuestra forma de vivir como creyentes, como si buscáramos algunos resultados precisos.

Uno de ellos puede ser el de adaptar el mensaje de la Palabra de Dios a nuestros tiempos, cuestión que es un grave error porque en ningún caso debemos adaptarnos a estos tiempos que vivimos.

Otro elemento que podríamos estar buscando, es que las personas del mundo entiendan nuestro mensaje, con lo que también estamos errando el planteamiento.

El Señor Jesús en su ministerio terrenal no se adaptó a las condiciones del mundo de su tiempo, muy por el contrario buscó conmover, desafiar e incluso fue a la cruz para mostrar que Él era el nuevo Camino.

Por tanto es en vano que busquemos que nuestras palabras resulten familiares al mundo, porque nuestras palabras deben ser las que están contenidas en la Biblia, porque revelan la VERDAD.

Valerse de las nuevas tecnologías es una alternativa absolutamente válida, siempre que no desvirtúen la naturaleza del mensaje que pretendamos llevar a quienes todavía no han escuchado hablar de Esperanza y de Salvación.

No nos confundamos ni nos engañemos nosotros mismos. El Señor Jesús vino a establecer el Reino en la tierra y la rotundidad de su mensaje es tan válido hoy como hace casi dos mil años. Su mensaje y sus palabras.

Deuteronomio 12:28
Diego Acosta García

EXTRANJEROS SOMOS

Se nos ha enseñado que debemos influir al mundo y no permitir que el mundo influya en quienes nos llamamos hijos de Dios, por tanto debemos asumir que somos extranjeros.

Esto significa que deberíamos de asumir firmes actitudes con relación a los extranjeros, porque todos somos extranjeros según lo señala la Palabra de Dios.

Frente a la creciente hostilidad en contra de los extranjeros que se advierte en varios países, principalmente europeos, es necesario que reaccionemos con vigor y no aceptemos lo que pareciera ser una tendencia natural de la sociedad.

Si respetamos a los extranjeros, nos estaremos respetando a nosotros mismos, por cuanto fuimos proclamados extranjeros por Dios, cuando nos libró de la esclavitud de nuestro Egipto espiritual.

Es necesario que comprendamos que la condición de extranjero es inherente a la condición de quienes formamos parte del Reino, porque no debemos tomar posesiones en la tierra.

Ayudar a la viuda, al huérfano y al extranjero es una misión que se nos ha encomendado para que obremos con amor y misericordia y somos advertidos de las consecuencias por no hacerlo.

Enseñemos al mundo hostil con los extranjeros, nuestro amor por ellos, nuestro respeto por ellos, porque ese amor y ese respeto será también un bálsamo para cada uno de nosotros, que también somos extranjeros en la tierra.

Efesios 2:19
Diego Acosta García

NI NI…NO!

Hay frases que de tanto escucharlas las incorporamos a nuestras formas coloquiales de hablar y lo que es más grave todavía, las asumimos como si fueran grandes verdades.

Alguien comenzó a hablar de la generación de jóvenes que NI trabajan NI estudian o en el orden inverso, con el mismo resultado, jóvenes que han decidido no hacer nada con sus vidas.

Y esto lo aceptamos con naturalidad, que haya jóvenes que tomaron la decisión de no hacer nada, dedicando las horas más vitales de su vida a una actitud pasiva e indolente.

Nos deberíamos preguntar: que nos está pasando a los mayores, para que nuestros jóvenes adopten semejantes actitudes? Que es lo que estamos haciendo mal los mayores con relación a nuestros jóvenes?

No se trata de levantar un dedo inquisidor, se trata de asumir lo que estamos haciendo mal los mayores, para que nuestros jóvenes no acepten con fatalismo una frase más o menos afortunada.
Los mayores debemos recordar que nuestra responsabilidad con nuestros hijos es absolutamente indeclinable, por tanto no valen las excusas ni las extravagantes razones que solemos dar para justificarnos.

No podemos ni debemos aceptar que la frase NI NI pueda llegar a convertirse en una realidad con nuestros hijos. Por el contrario debemos afirmarnos en las promesas hechas por Dios a nuestra descendencia.

Salmos 127:3
Diego Acosta García