QUIÉN JUZGA AL PRÓJIMO?

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Acusar de extremismo a la iglesia Evangélica parece haberse convertido en otro supuesto filón, para ganar notoriedad, aunque difícilmente prestigio.

Criticar a una rama de la iglesia y además haciéndola cercana a una forma de opinión política, es no solo aventurado sino también irrespetuoso.

Tal vez porque se especula que la Iglesia no será capaz de reaccionar y de esta forma debilitar los argumentos que se alzan en su contra. Este mensaje no tiene el propósito de defender a nadie, sino el de esclarecer una cuestión fundamental.

Se trata que el supuesto extremismo eclesial, de existir, no es menor de sus acusadores, que haciendo abuso de la libertad de expresión, se permiten valorar cuestiones espirituales, con la vulgaridad de ubicar a quienes profesan la fe, como cercanos a una determinada idea política.

El Movimiento Reformista que inició Martin Lutero hace más de 500 años, buscó y busca colocar a la Fe en su verdadera dimensión, y será Dios el Supremo Juez, quién determine quienes se apartaron de sus Mandamientos y juzgan al Prójimo.

Por eso es que nos preguntamos: ¿Quién juzga a quién?

Diego Acosta

el acusador

EL ACUSADOR

DEVOCIONAL

En los lejanos tiempos de mi juventud, teníamos un amigo al que le sugeríamos que estudiara derecho para de esta manera poder ser fiscal.

La razón de esta sugerencia, era la de que siempre estaba acusando a los demás, por sus faltas, sus errores, sus contradicciones, como si él fuera perfecto.

Con el tiempo fuimos comprendiendo que esta actitud de vivir acusando, era una manera de defender u ocultar sus propios, podríamos decir, pecados.

Aprendí al lado de mi amigo, como somos de severos los seres humanos cuando se trata de juzgar a los demás y como somos de generosos y comprensivos, cuando se trata de valorar nuestra propia conducta.

Tanto que a partir de aquel tiempo y mucho más después de aceptar a Jesús, comencé a ser menos severo con los demás y más riguroso con mi propia persona. Fue una forma de acercarme en mi pequeñez a mi Salvador.

Lucas 6:37
No juzguéis, y no seréis juzgados;
no condenéis, y no seréis condenados;
perdonad, y seréis perdonados
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Diego Acosta / Neide Ferreira