LA SABIDURÍA

Analizando el significado del pecado y de cuáles son los más comunes, advertimos sorprendidos que una de las formas más sorprendentes de pecar es por la sabiduría.

Pecamos cuando confiamos en nuestra propia sabiduría, asumiendo que somos superiores a otras personas y que estamos en condiciones de producir hechos diferentes a los demás.

En otras palabras: la sabiduría personal nos lleva a creernos que estamos por encima del promedio general y que podemos realizar cosas que les están vedadas a otros hombres.

Entonces, es mala la sabiduría? Absolutamente no, pero según como la utilicemos se puede convertir en una forma de pecar delante de las normas de Dios.

Esa forma de pecar se origina en que la sabiduría nos lleva a la soberbia, a la vanidad porque somos conscientes de nuestra capacidad y de nuestra superioridad intelectual.

Ocurre que nos olvidamos de algo fundamental: Quién nos ha dado esa sabiduría? Si pensáramos en esto, no pecaremos de soberbia y en cambio seremos humildes al administrar el talento que nos fue dado.

La sabiduría es una herramienta poderosa que si la aplicamos a las cosas de Dios, puede servir para grandes obras. Pero si la aplicamos a las cosas vanas de los hombres, puede provocar nuestra destrucción.

Job 28:28
Diego Acosta García

AGRADECER

Cuando recibimos noticias que nos agradan generalmente nos olvidamos de reconocer quién es el origen de ese motivo de alegría y nos limitamos a celebrar.

Nos olvidamos que siempre está con nosotros el autor de las buenas nuevas, de aquellas respuestas que se originaron en peticiones que elevamos en forma de oración.

Por eso debemos agradecer a Dios porque su Soberana Voluntad se ha vertido en forma de Gracia sobre nuestras vidas y esas bendiciones nos han alcanzado maravillosamente.

Y por qué nos olvidamos? Tal vez porque así como en los momentos difíciles podemos culpar a Dios por lo que nos ocurre, también en los momentos de alegría nos olvidamos del Eterno.

El motivo de este olvido es porque en los momentos de alegría, nos creemos los suficientemente importantes como para atribuirnos los logros que celebramos.

Nos creemos también merecedores de lo que nos ocurre, al punto de pensar que hemos sido nosotros quienes hemos provocado con nuestro esfuerzo que un día determinado tengamos algo importante por el que alegrarnos.

En la hora de la dificultad o en la hora de la alegría, oremos siempre con agradecimiento a Dios, porque Él está con nosotros siempre, tanto en lo que nos duele como en lo que nos alegra. Él es un Padre amoroso.

Salmos 145:4
Diego Acosta García

LA RESPUESTA

Pocas cosas hay más difíciles para los seres humanos y para los creyentes en particular, que esperar una respuesta a algo que hemos puesto delante de Dios.

La experiencia personal indica que cuando más nos afanemos en imaginar situaciones o buscando soluciones, más nos angustiaremos, corriendo el riesgo de cometer errores si decidimos obrar por nuestra cuenta.

Los grandes hombres de la Biblia, también debieron esperar que Dios les mostrara sus decisiones y en cada una de las situaciones los finales fueron tan distintos como distinta fue la capacidad de esperar.

En los tiempos en que vivimos se ha instalado la cultura del “ahora mismo”, “inmediatamente” o “en este mismo momento”. Todo debe ser rápido porque los hombres tal vez estamos pecando de omnipotentes.

Nos creemos tan superiores que somos incapaces de de tener la paciencia suficiente como para dejar que todos los procesos lleguen a su final, en el momento correcto.

Y en esta carrera desenfrenada por hacer todo rápido y de inmediato, vamos dejando pedazos de nuestras propias vidas, en forma de nervios, tensiones, angustias, que tratamos de resolver poniéndonos una farmacia encima.

Si nuestra decisión fue poner una determinada cuestión para que Dios confirme su Voluntad sobre ella, es porque confiamos que el Eterno cumplirá. Y si confiamos, por qué nos afanamos?

Proverbios 15:23
Diego Acosta García

DE LO QUE TENGO…

Recordamos un Culto donde en el momento de pasar la ofrenda, la mayoría de los asistentes sabíamos que prácticamente nadie tendría para nada para colocar en el alfolí.

Esto creó un clima tan especial, que el ambiente de desánimo se podía palpar. En ese momento el Espíritu nos tocó y cambiamos el mensaje que teníamos para ese día.

Y hablamos de la ofrenda y del significado espiritual que tenía. Aceptamos que la mayoría de los asistentes al culto no teníamos dinero para dar de ofrenda, por las especiales circunstancias del ministerio.

Pero en cambio sí teníamos otras cosas más importantes que el dinero para dar, porque el Señor es el Proveedor y por tanto no precisa de nuestros recursos para hacer su obra.

Precisa en cambio, que en la hora de la ofrenda, demos lo mejor de nosotros: nuestro amor por el prójimo, nuestra misericordia por el necesitado, nuestra solidaridad con el que sufre.

El Espíritu obró poderosamente en el Culto y la sensación de desánimo se transformó en atención y la atención en convicción, para saber que todos teníamos muchas cosas para dar de más valor que unas monedas.

Recordamos cuando Pedro dijo al cojo: no tengo nada, pero de lo que tengo te doy. Esa debe ser nuestra actitud frente a las necesidades del prójimo, dar lo mejor que tenemos, que casi nunca es dinero.

Hechos 3:8

Diego Acosta García

SOMOS HOMBRES…

Hay momentos en los que nos debemos enfrentar a situaciones que nos llevan a tomar posiciones, como si se tratara de resolver con quién compartimos ideas y propósitos y con quién no.

Estas definiciones nos pueden resultar muy difíciles porque no tenemos todos los elementos para analizar y porque nosotros mismos dudamos a la hora de evaluar lo que sabemos.

En estas circunstancias, podríamos preguntarnos: Al fin de cuentas estamos tomando posiciones con relación a cuestiones de hombres y no somos todos falibles?

Por grandes e importantes que hayan sido los logros de algunas personas en el servicio al Señor, siempre serán hombres, nunca superarán el nivel que Dios ha establecido para nosotros.

Por tanto junto con las realizaciones más elogiables, podremos apreciar las otras realidades que caracterizan a los humanos, por lo que debemos ser prudentes en la hora de definirnos.

Ni debemos juzgar ni debemos endiosar a nadie, porque tanto en una como en otra actitud, nos estaremos alejando lo que se nos manda en la Palabra de Dios.

Debemos aceptar que grandes hombres y mujeres de la fe, también cometieron errores como cualquiera de nosotros y por tanto toda la honra le corresponde únicamente al Eterno.

Apocalipsis 4:11

Diego Acosta García

LA GRANDEZA DE JESÚS

En el mundo se habla de las personalidades notables cuando realizan grandes obras o cuando cometen errores, porque su dimensión alcanza a esto que se llama la aldea global.

Pero por qué se repiten las polémicas en torno a Jesús? Vivió, murió y resucitó hace casi dos mil años y su paso por la tierra determinó hasta la vigencia del calendario con el que contamos los días.

Es posible que la cuestión sobre su celibato pueda perturbar a algún creyente que no entienda bien que es lo que pasa con el Salvador y si tiene fundamento lo que se dice de Él.

Nuestra certeza sobre Jesús se basa totalmente en la Palabra de Dios, donde se nos revela quién era, que hizo y el legado memorable que dejó a la humanidad.

En nuestra propósito de llegar a ser sus discípulos no podemos dudar acerca del autor de nuestra fe, simplemente porque alguien utilice determinados argumentos.

Nuestra fe en Jesús es inconmovible, porque si no creyéramos en Él como dijo Pablo en vano creeríamos y todos los fundamentos espirituales en los que nos apoyamos carecerían de valor.

Jesús es el Camino hacia nuestra Vida Eterna y su Reino glorioso llegará en el cumplimiento de lo profetizado en la Biblia. No dejemos que los dichos del mundo afecten nuestra fe.

Juan 8:18
Diego Acosta García

QUÉ DESEAMOS SER?

Los hombres estamos llenos de contradicciones, algunas de ellas tan importantes como sorprendentes y debemos tratar de definir qué es lo bueno y que es lo malo.

Jesús nos enseñó a ser mansos y humildes, porque Él lo era y lo demostró a lo largo de toda su vida terrenal y también nos dijo que no podíamos amar las riquezas.

Sin embargo cuántos de nosotros buscamos afanosamente la notoriedad, porque junto con el éxito vienen las recompensas materiales y luego las riquezas.

Incluso se nos exhorta a que demos mucho dinero para que luego le podamos pedir a Dios cantidades mayores que las que dimos. Que tiene esto de bíblico?

Todas estas cuestiones parecen que están relacionadas con el propósito que Dios nos ha dado. Pareciera que hacemos a menos lo que el Eterno nos ha concedido.

Pareciera en cambio que nos gustaría ser otra cosa: hombres y mujeres poderosos, con éxito, para ser notorios y diferenciarnos en la sociedad y teniendo mucho dinero, muchísimo dinero.

Si es esto lo que ambicionamos y despreciamos el propósito de Dios, pensemos que nos estamos alejando del Camino y que muy pronto podríamos llegar a un punto desde donde no podamos volver.

Romanos 8:28
Diego Acosta García

LA SENCILLA RECORDACIÓN

Como hemos señalado en varias ocasiones, cada tanto algunas frases tienen el suficiente ingenio como para reflejar cuestiones importantes en sencillas palabras.

Es el caso de la frase que dice: Atención. No olvides orar en este día…porque a Dios no se le olvidó despertarte esta mañana. Resume en pocas palabras importantes reflexiones.

Una de ellas es la de orar a Dios, siempre, en todo momento y lugar, en toda circunstancia, por difícil que nos resulte y aunque nos despierte un rechazo natural.

La otra cuestión que plantea es que Dios nos ha dado un nuevo día, nos ha dado una nueva oportunidad para que podamos cumplir con los propósitos que tiene para nuestra vida.

Cuando se habla de escudriñar, siempre pensemos en todo lo que nos rodea desde la perspectiva espiritual, porque entonces estaremos privilegiando aquello que verdaderamente tiene importancia.

No nos dejemos atrapar por las bellas frases que conmueven nuestros sentimientos y reparemos en aquellas sencillas palabras, elementales y hasta con errores, que nos hablan de lo trascendente.

Los hombres más sencillos se acercan con facilidad a Dios y los más fatuos tienen problemas de reconocer que existe un ser que es más grande que ellos. Acerquémonos con humildad a Dios.

Salmos 138:6
Diego Acosta García

 

LAS DECISIONES

Es indudable que cada uno de nosotros debe asumir la plena responsabilidad de sus actos, porque es propio que cada persona sea la dueña de sus decisiones.

Este planteamiento nos lleva a saber si lo que decidimos en un determinado momento fue bueno o fue malo, según los resultados y según sus consecuencias.

Muchos de nosotros hemos vivido años de acuerdo a estas normas que tienen una relación directa con el mundo, con la forma en que se vive en la sociedad.

Pero y Dios? Su presencia es decisiva a partir del momento en que aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, porque comenzamos a vivir de una manera diferente.

Seguimos siendo plenamente responsables de nuestros hechos, pero ahora sabemos que deben estar sujetos a la Voluntad Soberana del Eterno y están bajo su bendición.

Es importante que entendamos que aún así tenemos la capacidad plena del libre albedrío, es decir podemos obrar como nos parezca bien, pero apartándonos de la Gracia del Señor.

Por esto es que cuando debamos tomar decisiones, las sometamos a la Autoridad de Dios, para que nos revele que es lo mejor para nuestras vidas, porque siempre eso será superior a lo bueno que nosotros pensamos.

Salmos 40:8
Diego Acosta García

SERVIR O SERVIRSE?

Hace muchos años un jefe militar pronunció un discurso sorprendente con relación a lo que significaba el mando, el mandar y que privilegios tenía quién ostentaba esa jerarquía.

Su conclusión fue que el único privilegio que tenía quién mandaba era el de servir a sus subordinados. De qué manera? Haciéndolo con honradez, respeto y responsabilidad sobre cada uno de ellos.

Con el tiempo y una vez convertidos, nos llamó la atención aquel discurso de un hombre que había sido formado en un ambiente rígido como el militar y que sin embargo había asumido los principios de Jesús.

Cada vez que hemos asumido responsabilidades tratamos de recordar el discurso de aquel hombre, que no sabemos si creía en Dios o no creía, pero que tenía un concepto rotundo de la autoridad.

Por esa razón podemos decir que quienes son mandados están bajo la responsabilidad de quién tiene la jerarquía y por tanto tiene una profunda significación la actitud que se asuma con relación a esto.

En estos tiempos no resulta frecuente que quién tenga jerarquía sirva y no busque ser servido, que quién detente la autoridad no quiera usufructuar de alguna manera con su rango.

De allí que es tan importante que a medida que vayamos creciendo en nuestra condición de creyentes, tengamos siempre presentes las enseñanzas de Jesús. Él vino a servir y no a ser servido.

Mateo 20:28
Diego Acosta García

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