CUANDO CONFIAMOS…

Qué cosas notables ocurren cuando en los momentos difíciles, sabemos que tenemos en quién confiar y por encima de todo sabemos que no seremos defraudados.

Por grande que sea la dificultad o preocupante que sea el momento que debemos soportar, siempre es importante confiar sabiendo que no seremos abandonados.

En estas horas ante un problema inesperado, sin saber muy bien su origen pero debiendo afrontar una situación que no habíamos imaginado, nos tocó poner a prueba todo aquello que decimos.

Tuvimos oportunidad de pasar largos minutos en la soledad de una sala de espera, orando sin cesar para que la situación que enfrentábamos se resolviera con la Misericordia de Dios.

En esos largos minutos advertimos que si no contáramos con Dios, estaríamos en la misma situación que muchas de las personas que nos rodeaban que precisaban tener confianza y no sabían en quién depositarla.

En el impactante movimiento de un hospital, pudimos tener la certeza de que todo aquello que habíamos proclamado, se hacía realidad en un determinado momento.

Cuando hablamos que debíamos confiar, no solo era una expresión de exhortación o de aliento, sino que también era una realidad en nuestras vidas.

Cuando confiamos ocurren hechos espirituales  tremendos que pueden transformar situaciones angustiantes, en esa certeza de que Dios nos acompaña con su Amor y su Misericordia.

1 Juan 5:14
Diego Acosta García

QUE ES LA OFRENDA?

Cuando tenemos la oportunidad de enseñar a nuestros hijos lo que significa la ofrenda, podemos decirles que es una obligación, que es un mandato que hemos recibido y por tanto lo debemos cumplir.

Es una buena explicación, pero quizás no es lo suficientemente profunda como para definir lo que en verdad significa la ofrenda que damos a nuestro Dios, en la Iglesia de la que somos miembros.

Es necesario que interpretemos que la Iglesia en la que congregamos es el instrumento del que nos servimos para llevar nuestras ofrendas y por tanto la Iglesia las traslada simbólicamente a Dios.

Si analizamos desde esta perspectiva lo que significa la ofrenda, comenzaremos a advertir que estamos ante una nueva dimensión de este acto reverencial de profundo significado espiritual.

No estamos dando nuestra ofrenda porque se la recoge todos los domingos en la Iglesia, junto con nuestros diezmos, el dar la ofrenda adquiere otro valor completamente diferente.

Estamos dando a Dios una parte de lo que recibimos con gratitud pero sin esperar nada a cambio, sin reclamar nada que ni remotamente sea proporcional a lo que ofrendamos.

Dios no precisa del valor de nuestras ofrendas, precisa un corazón agradecido y reconocido por todo lo que nos ha dado, especialmente si se trata de cuestiones espirituales. Hagamos de la ofrenda un acto de amor!

Deuteronomio 16:17
Diego Acosta García

LA MIRADA MELANCÓLICA

Cuando el presente nos disgusta, cuando lo que vemos nos agobia, recurrimos a cambiar la dirección de nuestra mirada y generalmente lo hacemos hacia el pasado.

Es una manera de refugiarnos en los momentos en los que según nuestra opinión fuimos felices, fueron tiempos más agradables que los que nos toca vivir.

Esa mirada hacia las cosas que ocurrieron y que nos parecen mejores que las presentes, nos llena de una forma de tristeza que generalmente llamamos melancolía.

Es un refugio peligroso porque si bien nos ayuda a superar un momento determinado, no nos libra de tener que enfrentarnos con la realidad y con su rudeza.

Por eso defendemos la vida, porque sabemos que el Creador nos la dio para que la disfrutemos según sus normas y según sus propósitos, aunque muchas veces no los entendamos y más aún en los malos momentos.

La mirada melancólica nos aleja de Dios porque tenemos la vista puesta hacia el pasado, en lugar de advertir que la promesa que hemos recibido nos alienta a esperar confiadamente.

Isaías 35:1
Diego Acosta García

HABLANDO DE FRUTOS…

Como nos entusiasma la idea de tener frutos abundantes, de poder sumar y sumar frutos que finalmente se transformen en una cosecha notable por las cantidades reunidas.

Con esa idea depositamos buena parte de nuestros afanes y también de nuestras intenciones, pensando que cuantos más frutos tengamos mejores seremos.

Esta es la razón por la que hablamos de frutos? Por tenerlos en abundancia y para que se nos reconozca que somos buenos segadores? Este es el propósito de la cosecha?

No podemos dar respuestas concretas porque no somos muy afectos a realizar tareas que no tengan asegurados los frutos y dudamos cuando pensamos que no serán abundantes.

Si pensamos en quién sembró para que nosotros recogiéramos los frutos, tal vez tengamos una respuesta acorde con la importancia que tiene ser el encargado de cosechar.

Si pensamos que hubo alguien que sembró con diligencia, con entusiasmo, sabiendo que no sería quién recogería los frutos de su labor, entonces nos daremos cuenta que tanto la siembra como la cosecha son igualmente importantes.

Solamente que sembrar se nos ocurre que es menos trascendente que cosechar, porque los frutos estarán en nuestras manos o pasarán por nuestras manos y entonces nos sentiremos importantes.

Una vez más nos encontramos que estamos obrando para recibir reconocimiento de hombres y no el reconocimiento de Dios,  que valora tanto o más al que siembra, como al que cosecha.

2 Corintios 9:10
Diego Acosta García

YO SI PUEDO…

Muchas veces nos encontramos frente a situaciones que superan largamente nuestras capacidades, nuestras más optimistas posibilidades y aún nuestros sueños más aventurados.

Son las ocasiones en los que muchos hombres y mujeres abandonan ante empresas que parecen irrealizables por las dificultades que presentan o por los sacrificios que demandan.

Son los momentos en los que nadie puede criticar a nadie, por abandonar antes de comenzar, por renunciar antes de iniciar cualquier empresa por lo difícil o gigantesca que resulta.

Entonces, por qué siempre hay alguien dispuesto a enfrentarse a esos retos que parecen imposibles para los hombres? Por qué siempre hay alguien que asume lo que otros declinan?

Las respuestas son bastante sencillas, porque están orientadas a saber que cada uno de nosotros debe ser consciente de sus capacidades y habilidades, debe ser conscientes de sus propios límites.

Pero también debemos ser conscientes de que nada de lo que intentemos lo lograremos o por nuestros esfuerzos o por nuestros méritos. Nada, ni siquiera las más pequeñas batallas.

Por tanto ante los grandes desafíos, aceptemos que el Espíritu Santo nos guíe y entonces no dudemos ni un momento, en aceptar los desafíos que se nos propongan. El Espíritu luchará por nosotros!

1 Samuel 17:47
Diego Acosta García

Y TE ALEGRARÁS…

Cuando leemos la Biblia y buscamos en ella la verdadera Sabiduría, nos podemos sorprender cuántos mensajes han estado ocultos a nuestra comprensión.

Esto ocurre cuando vemos la obra misericordiosa del Espíritu Santo que nos revela los tesoros escondidos, para que luego los llevemos como mensajes de Esperanza para otras personas.

Uno de esos pasajes que tal vez hayamos leído más de una vez sin percatarnos del significado profundo que tiene,  es el mensaje que Dios da a su Pueblo luego de la salida de Egipto.

Les dicta normas para las fiestas y de forma reiterada les dice: Y te alegrarás… Podemos pensar que ese mensaje estaba destinado para hombres y mujeres que vivieron en un determinado tiempo.

Y por qué no pensar que nosotros también hemos salido de un Egipto espiritual? Por qué no pensar la infinita Gracia de nuestro Dios que nos sacó del cautiverio espiritual en que vivíamos?

Podemos estar convencidos que cuando Dios nos sacó de las penurias de nuestro Egipto, también nos manda que estemos alegres, porque hemos pasado de la esclavitud a la Libertad.

Y esa alegría la tenemos que compartir con nuestra familia, con nuestros hermanos de fe, con las viudas y con los huérfanos. No dudemos que es Dios quién nos manda: Y te alegrarás…

Deuteronomio 16:14
Diego Acosta García

EL DRAMA DE LA AVARICIA

Cuando éramos niños se nos decía que un avaro era simplemente un señor codicioso que pretendía más de lo que en realidad debería de tener y se nos enseñaba que ese concepto de la vida estaba equivocado.

Solamente cuando llegamos a determinadas edades comenzamos a comprender el verdadero sentido de la avaricia y de lo que representa en la vida de las personas.

No basta con definir el término de que un avaro es que desea tener riquezas excesivas o ama el poder de una manera desaforada, no es suficiente esta precisión idiomática.

Si entramos a analizar la avaricia podremos apreciar cómo va transformando el carácter, la mentalidad e incluso la conducta de las personas.

El avaro cae en las miserias más profundas con tal de conseguir sus propósitos, se convierte en un mezquino, en un mentiroso, en un ambicioso que  todo lo justifica con tal de lograr sus objetivos de dinero y poder.

Sin embargo el avaro no sabe que todo lo que ambiciona no tiene ningún valor, porque lo que le llevó una vida conseguir lo puede perder en un minuto y entonces comprenderá la magnitud de su error.

Debemos aceptar con sabiduría lo que tenemos, sin compararnos ni establecer juicios sobre nuestra realidad y la realidad de los demás. Solamente así seremos verdaderamente humildes como el Señor.

Salmos 119:36
Diego Acosta García

NUESTROS PLANES

Es sorprendente con cuanta frecuencia elaboramos planes que nos parecen perfectos o rozando la perfección y que luego se van complicando hasta llegar a desaparecer.

Entonces nos preguntamos sobre las razones para que un plan tan minucioso no pudiera concretarse y nos rebelamos contra las causas que impidieron que se materializaran.

En esa actitud persistimos e incluso comenzamos una nueva y peligrosa fase de nuestra rebeldía, porque ahora la dirigimos no solo contra las razones sino contra el propio Dios.

No podemos llegar a entender porqué si hemos sido tan perfeccionistas en elaborar un determinado plan, porqué Dios no lo ha respaldado con su Gracia.

Iniciamos un debate interior que va saltando desde las esferas materiales a las espirituales, de lo que se concibe con nuestro raciocinio hasta lo que solamente se puede entender desde el Espíritu.

Pero no apreciamos lo evidente. En qué momento de la elaboración de nuestro plan consultamos a Dios? En qué lugar dejamos a Dios cuando nuestra inteligencia o nuestro saber hacer estaban trabajando?

Cuánto nos cuesta entender que lo primero es saber lo que Dios tiene para nosotros y luego elaborar los planes para ejecutarlo. Nunca debemos pedir a Dios que bendiga lo que nosotros hayamos dispuesto hacer.

Si obramos según nuestras decisiones corremos el riesgo no solo de enfadarnos sino de cometer graves errores en nuestra vida. Dios perdona nuestra arrogancia pero no nos libra de sus consecuencias.

1 Pedro 4:2
Diego Acosta García

SEÑOREAR O DAÑAR LA TIERRA?

Nuestros padres Adán y Eva recibieron el mandato de Dios de señorear sobre todo lo creado en la tierra, un mandato que lleva implícito la gran responsabilidad de la mayordomía.

Este mandato se prolonga a través de las generaciones  a todos los hombres y las mujeres que en distintos tiempos históricos habitamos la tierra.

Si observamos los resultados podremos afirmar que hemos sido malos mayordomos sobre todo lo creado y que además insistimos en seguir dañando la tierra.

Es tan grave la violación del mandato recibido, que hasta se han inventado artimañas supuestamente legales por las cuáles se cambian daños por dinero.

Los países que causan daño pagan a los países que por distintas razones no son contaminantes, con lo cual se establece una especie de acuerdo para seguir dañando el planeta.

Este perverso sistema lo único que facilita es seguir manteniendo las actuales condiciones, en las que progresivamente la tierra sufre la acción del hombre en su condición de máximo predador.

Por mucho que encontremos fórmulas más o menos ingeniosas, lo cierto es que los hombres y las mujeres estamos violando el mandato de señorear la tierra, que supone que seamos mayordomos fieles delante del Creador.

Debemos pensar que señorear la tierra es responsabilidad de cada uno de nosotros y la mayordomía que está implícita, es también una responsabilidad personal por la tendremos que responder ante Dios.

Génesis 1:28
Diego Acosta García

LA HORA DE LA PRUEBA

Hace algún tiempo alguien comentó que creía que estaba viviendo el tiempo de la prueba que el Señor nos pone y en esa afirmación estaba implícito el peso que constituía para él ese momento.

En el fondo este amigo estaba buscando el apoyo y la solidaridad de quienes estábamos a su lado, para que intentáramos hacer más llevadero ese enfrentarse con la realidad.

Me sorprendió cuando uno de los que escuchábamos el relato de los “porque” y de los “como” relacionados con la prueba, tuvo una palabra de sabiduría que siempre recordaré.

Le dijo: puedes estar muy contento porque esta prueba significa que Dios te tiene muy presente y de que te ama mucho, porque caso contrario no se estaría ocupando de tí.

Fue tan impactante este mensaje que nadie permaneció impasible y todos comprendimos que esa frase encerraba una profunda reflexión vinculada con las pruebas de Dios.

Nos quedó claro que el Señor siempre está atento a nosotros y así como en determinados momentos sentimos su Gracia en otros nos toca vivir su preocupación y amor por cada uno de nosotros.

Recordemos siempre en la hora de la prueba que nunca deberemos soportar nada que sea superior a nuestras fuerzas y que siempre en esos momentos su Gracia estará con nosotros.

2 Corintios 12:9
Diego Acosta García

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