COMPETIR

Hace algún tiempo en una congregación se hablaba acerca de cumplir determinados objetivos, para que de esta manera se pudiera medir el grado de compromiso de los miembros de la Iglesia.

Fue entonces cuando uno de los implicados en esa tarea preguntó: Entonces vamos a competir? Cuál es el premio que tendremos? Esta pregunta dejó impávidos a unos y preocupados a otros.
Algunos nos preguntamos: desde cuando podemos competir por cumplir los objetivos de una congregación? Es que la Iglesia es un lugar para competir?

Esto nos lleva a una reflexión que nos deja apesadumbrados. Habíamos convertido a la congregación en el mismo escenario de muchas empresas que estimulan a sus empleados haciéndoles competir entre ellos.

Qué objetivos debemos cumplir en una congregación? Acaso se pueden cuantificar los hechos de los creyentes, convirtiéndolos en meros objetivos para lograr resultados satisfactorios?

Qué nos está pasando? Es que el mundo ha impregnado a la Iglesia de sus ansias de competir y de lograr resultados? Qué respaldo bíblico tienen estas orientaciones?

Debemos reflexionar acerca de nuestra relación con Dios desde la perspectiva de una congregación. Dios no busca resultados ni mucho menos que nos atrevamos a medirlos. Dios busca de nosotros obediencia y amor.

Miqueas 3:4
Diego Acosta García

LA CREACIÓN

Nuestros amados maestros nos enseñaron que debíamos de estar atentos a todo lo que nos rodea, porque en esa actitud de atención podríamos descubrir los mensajes del Señor.

Almorzando plácidamente en las orillas de un lago, con una temperatura agradable y en un clima de asombrosa paz, vimos frente a nosotros a varios cisnes que se movían lentamente por las aguas.

La actitud racional fue pensar para que servían los cisnes? Qué sentido tiene su creación? Mientras tanto disfrutábamos del espectáculo de verlos deslizarse como en un ballet en el agua.

Mientras nuestra mente buscaba una respuesta, vino la de Dios. Los cisnes fueron creados para que disfrutemos de su presencia, para que recordemos la grandeza de la Creación.

Es tan absolutamente inabarcable para el hombre, que cuando vemos a unos preciosos cisnes nos desconcertamos y no sabemos cómo reaccionar. Ellos fueron creados para disfrute de los hombres.

Por eso también podemos decir que la Voluntad de Dios es buena, perfecta y agradable. Así como nos sentimos empequeñecidos con la grandeza que adivinamos del universo, así nos sorprende Dios con los cisnes.

Dios nos enseña a ser humildes en cada situación, mostrándonos la grandeza de su Creación aún con sus criaturas menos prácticas según nuestra mente de hombres pequeños.

Génesis 1:21
Diego Acosta García

EL MÁS PEQUEÑO

Un joven creyente comentaba que le costaba trabajo comprender como siendo débiles podíamos ser fuertes, como siendo el más pequeño podía ser el más fuerte.

Estos son los preciosos momentos en los que debemos obrar como hermanos mayores y poner toda nuestra misericordia y nuestro amor para llevar el mensaje correcto.

Son también estos momentos en los que debemos obrar con humildad y mansedumbre para que nuestra vanidad no se ufane al advertir que sabemos más que otra persona.

Esa es la cuestión: No sentirnos más que nadie ni menos que nadie. Como ocurre con los débiles que se transforman en fuertes cuando obran bajo el Poder de Dios.

El joven creyente advirtió que esta era una cuestión espiritual y no material, que nada tenía que ver ni la fortaleza física ni tampoco el dinero o la prepotencia con la que obramos.

El débil es fuerte porque Dios lo hace fuerte, porque Dios conoce el corazón de los suyos y sabe cuando estamos obrando con humildad y bajo su Soberana Voluntad.

Nunca nos olvidemos que un día fuimos jóvenes creyentes y nunca nos olvidemos que nuestra sabiduría humana se transforma en una sabiduría superior, cuando procede de Dios.

Romanos 14:1
Diego Acosta García

NO CREER EN NADA

Con más frecuencia de la que nos podemos imaginar podemos encontrar a personas que radicalmente manifiestan que no creen en nada y obviamente no creen en Dios.

Una de esas personas se quedó asombrada cuando vio a un conjunto de rock punk cristiano. Ella dijo que esa era una absoluta tontería porque nunca un punk podría creer en Dios.

Sin embargo le hicimos notar que no era uno solo, sino también los integrantes de la banda y las personas que habían ido a su concierto, sabiendo que escucharían música que exaltaba a Jesús.

La protagonista de la historia comenzó a tener una actitud de histeria muy agresiva diciendo que eso era imposible y que seguramente le estábamos mintiendo.

Fue posible por la gracia mantener el dominio propio y responderle con la mayor cortesía primero y la más grande misericordia después que no le mentíamos y que la banda punk existía y el concierto también se realizó.

No la convencimos, porque el convencimiento es obra del Espíritu, pero le dimos un testimonio que seguramente cuando se hubo calmado la pudo hacer reflexionar sobre dejar creer en nada y dejar de negar a Dios.

Salmos 150:6
Diego Acosta García

SEAMOS COHERENTES

Para los creyentes la Biblia tiene el valor de ser nada más y nada menos que la Palabra de Dios. Para quienes lo niegan pero la estudian, la Biblia es un grandioso ejercicio de coherencia.

Esta visión de la Biblia nos obliga a una profunda reflexión acerca de cómo la leemos, como la interpretamos y sobre todo como la aplicamos a los distintos tiempos de nuestra vida.

La coherencia nos permite afrontar cada situación desde la perspectiva esencial de lo que nos manda y enseña el propio Dios a través de su Palabra.

Siendo así nunca nos encontraremos en la necesidad de tener que rectificar nuestras afirmaciones o modificar nuestras negaciones, porque siempre habremos sido fieles al espíritu de la Palabra.

Este ejercicio de vivir sin doble ánimo nos ayudará en la educación de nuestros hijos, en la fidelidad con relación a nuestro llamado, en el aporte para la fortaleza para nuestro matrimonio.

Nos alejará de los malos entendidos o de las cuestiones que puedan convertir a nuestras palabras en dudosas o contradictorias, según como hayan sido las circunstancias.

La Biblia nos enseña que tenemos un solo Camino, sin atajos ni desviaciones y es el único por el que debemos transitar para no equivocarnos y para poder vivir como hijos de Dios.

Santiago 1:8
Diego Acosta García

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE (I)

Frecuentemente nos olvidamos que los mandatos de Dios son a perpetuidad e irrevocables, que fueron dados para su pueblo y como coherederos de las promesas, también los debemos acatar.

Uno de ellos es de una impresionante magnitud: Honra a tu padre y a tu madre y es el único mandato que tiene como agregado una promesa para el futuro.

Dios establece de manera drástica e inexcusable que debemos honrar a nuestro padre y a nuestra madre, sin ninguna clase de condicionantes y además para siempre.

Esto quiere decir que la honra que debemos al padre y a la madre, excede por completo quienes son ellos, lo que han hecho, lo que nos han hecho y como ha sido su vida.

El mandato es para que ese hombre y esa mujer, nuestros padres, reciban todos los días de su vida nuestra honra, con independencia de cómo hayan sido sus hechos o sus días.

Este irrevocable mandamiento nos debe hacer reflexionar acerca de cómo son nuestros comportamientos con nuestros padres, con nuestros mayores y lo que le enseñamos a nuestros hijos.

Es tan grande el mandamiento y su promesa, que cabe preguntarse qué nos puede ocurrir si no somos fieles en su cumplimiento y lo que puede ocurrirnos por rebelarnos a cumplirlo.

Deuteronomio 5:16
Diego Acosta García

ESTAMOS PERDONADOS

El día que por la Gracia reconocimos que Jesús es el Señor de nuestra vida y nos arrepentimos, ese día fuimos perdonados y nuestros pecados fueron olvidados para siempre.

Esta es la contundente realidad con relación a nuestros pecados del pasado y como opera el perdón en nuestras vidas, de una vez y para siempre y todo lo que hicimos queda olvidado.

Pero por qué entonces seguimos teniendo acusaciones? Es la propia Palabra quién nos revela la respuesta: Es el enemigo quién nos ataca, para que perdamos la Gracia del Perdón.

Cada vez que aceptamos una acusación sobre nuestro pasado estamos impidiendo que la Gracia del Amor de Dios actúe sobre nuestras vidas y quedamos sometidos a la dictadura del miedo y de la memoria.

Como obramos en situaciones como esta? Apelando a la autoridad que nos ha sido dada para quebrar toda palabra, sentencia, pensamiento, acusación que se haya levantado contra nosotros.

Si establecimos que Jesús es el Señor de nuestra vida nada ni nadie podrá impedir que sea nuestra Señor, salvo que sigamos aceptando las acusaciones por el pasado.

Debemos obrar con firmeza en estas situaciones porque el enemigo está al acecho y usa a personas o circunstancias para atacarnos y quitarnos la Paz y el gozo que solo Jesús nos puede dar.

Apocalipsis 12:10
Diego Acosta García

UNA FRASE PELIGROSA (I)

Todos los días escuchamos o leemos frases que son francamente ingeniosas o reveladoras de cómo son los actitudes de las personas en el mundo en el que vivimos.

Una de ellas es esta: Si las personas que hablan mal de mí supiesen lo que pienso de ellas, hablarían mucho más. Sin la menor duda es una frase interesante.

Pero que enseñanzas nos puede dejar? En realidad ninguna que sea edificante, porque todo el argumento se basa en la afirmación de que una persona habla mal de otras.

Desde la perspectiva espiritual esta frase tiene el peligro de ser muy atractiva, pero desvirtúa la enseñanza que recibimos acerca de la maledicencia.

Debemos recordar que con nuestra boca podemos dar vida o podemos dar muerte., Aunque nos parezca una exageración esto es lo que ocurre cuando maldecimos o hablamos mal de alguien, es decir practicamos la maledicencia.

Cuando en la Palabra de Dios se nos reclama que escudriñemos constantemente para poder distinguir el bien y el mal, se nos está advirtiendo acerca de estas frases.

No nos dejemos engañar por los contenidos ingeniosos o afortunados, porque no siempre son espiritualmente buenos y generalmente se oponen a la Verdad.

Números 23:8
Diego Acosta García

LA RESPUESTA PERFECTA

En una reunión dedicada a los estudios bíblicos alguien preguntó si existían las respuestas perfectas a los interrogantes que nos podíamos plantear los creyentes.

Como pregunta era excelente y exigía no solo conocimiento de la Biblia, sino también tener Sabiduría de lo Alto para no confundir a los jóvenes que comenzaban a estudiar los textos sagrados.

Mientras debatíamos la respuesta advertimos que el maestro que estaba a cargo del estudio se sonreía y nos llamaba a reflexionar acerca de la naturaleza de la respuesta.

Explicó que si buscábamos respuestas perfectas no las deberíamos buscar como humanos sino como creyentes y por tanto el único camino que teníamos era buscar en la Biblia lo que Dios responde.

El maestro enseñó que no hay fuente más segura para encontrar respuestas a cualquier interrogante que la propia Palabra de Dios, porque es perfecta e inmutable.

Buscar en la Palabra las respuestas que precisamos nos garantiza que tendremos lo que buscamos de una manera categórica y sin errores. Esto no quiere decir que la respuesta de la Biblia sea la que a nosotros nos guste.

Salmos 119:42
Diego Acosta García

LA PERPLEJIDAD

Debemos de reconocer que en ocasiones nos quedamos perplejos ante la frivolidad con que muchos de nosotros obramos frente a graves situaciones.

Pareciera, por ejemplo,  que no nos afecta que muchos hermanos vean sus locales de Culto cerrados y por tanto se vean imposibilitados de vivir los hechos cotidianos de una congregación.

Tampoco pareciera que nos afecta que algunos hermanos estén sufriendo necesidades vitales y no pensamos como los podemos ayudar, dejando que otros asuman esa responsabilidad.

Nos podríamos preguntar: Qué podemos hacer? Lo primero es no dejarnos arrastrar por las conductas de otras personas que miran con indiferencia lo que deberían mirar con amor.

Lo segundo es obrar, comenzar a dar pasos aunque creamos que sean pequeños e irrelevantes ante la magnitud de los problemas o ante el juicio de los hombres.

Pero no debemos olvidar que todas esas pequeñas obras de fe, son las que mira el Señor que conoce nuestro corazón y sabe porque obramos y para quién trabajamos.

Si nos quedáramos estáticos nadie nos podrá reclamar ningún error, pero también se nos podrá reclamar porque no fuimos capaces de cumplir con el mandato divino.

Es bueno que nos sorprendamos por las actitudes de indiferencia, pero mejor será que cumplamos con nuestra parte para que seamos un estímulo para los demás y para que nos podamos presentar confiados ante el Señor.

Salmos 119:24
Diego Acosta García